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jueves, 16 de mayo de 2013

Lunyep (Capítulo 8)

Estuvieron caminando durante toda la mañana y al mediodía, cuando el sol estaba en su punto más alto llegaron a la ciudad de Lunyep. Caleb tenía razón, allí todos vestían trajes de aspecto medieval.Era como si hubiera viajado atrás en el tiempo y hubiese ido a parar a la Edad Media, solo que la magia de los libros de fantasía allí era real.
Las calles estaban atestadas de gente que la miraba con extrañeza e incluso miedo.
Caleb intentaba avanzar por las calles menos transitadas para evitar llamar mucho la atención, pero en la ciudad se debía de estar celebrando alguna festividad porque la gente iba vestida con su mejores galas y los bufones bailaban al son de la música.Incluso en alguna esquina entre dos calles había un mago mostrando sus habilidades a los niños que le prestaban atención. Caleb los miraba despectivamente.
-Tan solo son hombres normales y corrientes, eso que hacen es una burda imitación de los verdaderos magos. Todos sus trucos baratos no son comparables con la magia.-explicó Caleb.
-Pero se ganan la vida con eso ¿no?-Preguntó la chica.
-Mientras la gente siga siendo así de ingenua sí, no tienen ni idea de lo que es la magia.-Respondió, miró a Caleb y lanzó un suspiro.-Mira, será mejor que te pongas esto.-Dijo mientras le tendía su gabardina de cuero.-Con esto no llamaremos tanto la atención.-Añadió.
Abi se lo puso, pero la gabardina llegaba hasta el suelo debido a su estatura, y las mangas le quedaban demasiado largas. Abi miró a Caleb.
-Bueno, no es exactamente de tu talla, pero puede valer, tan solo tenemos que encontrar una tienda y comprar un vestido.
Los chicos subieron por una estrecha calle cubierta de piedras y cuando salieron a la calle principal se encontraron con una pequeña tienda que exhibía la ropa en un diminuto escaparate.
Al abrir la puerta y entrar en la tienda una campanilla anunció a la dependienta la llegada de clientes.
Una señora bajita y regordeta de aproximádamente sesenta años salió de la trastienda. Tenía el pelo canoso recogido en un moño y vestía una blusa blanca con una falda de terciopelo rojo que le llegaba a los pies.
-Buenas tardes, jovencitos.-Saludó con una amplia sonrisa.-¿En qué puedo ayudarles?
-Buenas tardes tenga usted.-Dijo Caleb mientras cogía la mano que le tendía la mujer y se la besaba.La mujer se sonrojó levemente ante la reacción del chico.
-Mi hermana pequeña necesita un vestido nuevo.-Explicó.-Esperaba que usted nos pudiera aconsejar sobre cuál es el mejor.
Abi estaba boqueabierta ante el repentino cambio de Caleb de chico misterioso a perfecto y cortés caballero de cuentos de hadas, que era capaz de sonrojar a una anciana con un simple beso en su mano.
-Claro, hoy es un día muy especial, y vamos a dejar a esta muchachita como a una princesa.-Dijo mientras cogía a Abi de la mano y la conducía hacia el interior de una sala que usaba como probador. A la chica le dieron ganas de contestarle que ella no era ninguna princesa y que odiaba los vestidos, pero la mirada seria de Caleb le advirtió de que sería mala idea.
La mujer recorrió la tienda cogiendo vestidos para la chica,Caleb se sentó en un pequeño sofá que había situado enfrente del probador.
Tras probarse el quinto vestido la chica empezó a impacientarse porque aquello no tenía pinta de acabar pronto, y la mirada burlona de Caleb solo lograba crisparle más los nervios .
-Oiga, no es por ser mal educada pero yo creo que este está bien, no quiero probarme más.-Explicó Abi a la mujer intentando ser lo más educadas posible.
Caleb asintió pero ni dijo nada, tan solo se levantó del sofá y entregó a la mujer el importe del vestido.
-Un placer conocerla.-Dijo a modo de despedida cuando ya estaban en la puerta.
-Volved cuando queráis niños.-Respondió la mujer desde el interior de la tienda.
Cuando ya estaban fuera Abi clavó sus ojos verdes en los de Caleb malhumorada.
-¿En serio era necesario probarme todo aquello?-Le espetó.
-Creía que a las chicas os gustaba eso de probaros ropa y zapatos.-Respondió mostrándole una de sus sonrisas burlonas.
Abi cruzó los brazos sobre su pecho y puso los ojos en blanco.
-Pero falta una cosa.-Abi enarcó una ceja.
Caleb hizo que se girase de manera que ella de diese la espalda. Caleb se soltó la cinta que tenía en el pelo intentado mantenerlo en su sitio y se la puso a la chica a modo de diadema. Caleb hizo que Abi se girase de nuevo y la miró a los ojos.
-Mucho mejor, ahora se e ven los ojos.-Dijo con una sonrisa.
Abi se sonrojó y cogió uno de sus rizos y comenzó a alisarlo entre sus dedos, como cuando estaba nerviosa o en una situación incómoda.
-Bueno será mejor que nos pongamos en camino, quizás podemos llegar mañana a la mañana.-Dijo el muchacho.
Abi asintió sin decir palabra.Quería olvidar ese incómodo momento.Se le hacía raro que Caleb la tratase de un modo cariñoso; pero ella sabía, en los más profundo de su corazón, que le había gustado.
Durante el camino los chicos acabaron de comer el poco conejo que les había sobrado del desayuno.
-Caleb ¿falta mucho?-Preguntó Abi.
El chico siguió con la vista al frente.
-Te dije antes que con suerte llegaríamos mañana.-Contestó.
-Estoy cansada...-Murmuró.
-Ahora que lo pienso... podríamos haber alquilado un carro.-Comentó mientras se frotaba la barbilla con gesto pensativo.
-¡¿Qué?!-La chica le miró atónita.
-Era broma, no me queda casi dinero, fuimos a comprarte un vestido ¿recuerdas?-Dijo sarcásticamente.
-Eso fue idea tuya ``debes pasar desapercibida´´ ¿recuerdas?-Contestó en una perfecta imitación del muchacho.
Caleb soltó una sonora carcajada y le revolvió el pelo. Abi tenía la sensación de que aquel chico tenía un trastorno de bipolariedad, podía estar totalmente cariñoso con ella, que en dos segundos sacaba su faceta guerrera a relucir.Era un tanto escalofriante pero fascinante a la vez.
Caleb decidió parar al lado del camino para sentarse bajo un árbol y descansar, tras las continuas peticiones de la chica.
-Pufff...-Suspiró.-En serio, prefiero los pantalones..-Dijo la chica.
Caleb estaba jugueteando con una brizna de hierba, pero se giró para clavarle la mirada a la chica.
Un carro tirado por bueyes pasó por el camino.
-Buenas tardes muchachos.-Saludó el hombre que conducía;un niño les miró con curiosidad, debía de ser el hijo de aquel hombre.
-Buenas tardes.-Contestó Caleb. ¿Van hacia Campbell?.-Preguntó cortésmente.
-Sí, ¿necesitais que os acerquemos?-Preguntó el hombre.
-Nos haría un gran favor, mi hermana y yo tenemos asuntos pendientes allí.-Dijo Caleb.
Abi se preguntó por qué cada vez que Caleb se dirigía a alguien que no era ella la presentaba como a su hermana.
-Subid, pues.-Contestó el hombre.
Los chicos subieron al carro; notaban como el niño les observaba.El niño se dio cuenta de que los chicos se sentían incómodos ante su curiosa mirada y se acercó.El niño le recordó a Abi a la foto de Michael cuando era pequeño que había en el salón de su tío;cuando el pelo del niño era totalmente rubio y sus ojos marrones.El niño se sentó al lado de Caleb.
-Me llamo Louis.-Dijo tendiéndoles la mano.
-Yo soy Caleb, y ella es mi hermana Marion.-Dijo dándole la mano.
Abi tampoco comprendía porque la presentaba con un nombre falso.
-¿Eres un Guardián?-Preguntó Louis abriendo mucho sus ojos, le brillaban de la emoción.
-Sí.-Respondió el chico con sequedad.
-¡Eso es genial! Yo de mayor quiero ser como tú, pero papá dice que mi deber es ayudarle.-Explicó.-Él no lo entiende.-Añadió con tristeza.
-Si algo te gusta verdaderamente debes luchar por ello sin importar lo que la gente piense.-Comentó Abi pensando en las palabras que le había dicho Mery cuando tenía la caja con las zapatillas de baile en sus manos.
-En cierto modo, ella tiene razón.-Dijo con una falsa sonrisa.-Pero a veces las cosas tienen que suceder de una determinada manera y tú no puedes hacer nada para evitarlo.-Explicó.-Además, las pruebas para Guardián son muy duras y ningún humano las ha pasado jamás.-Añadió dirigiéndole una mirada a Abi.
Abi le mantuvo la mirada indignada ante sus palabras y luego miró a Louis.
-Pero hubo una vez en la que un hombre llegó a ser Guardián...-Murmuró Louis.
-Murió al poco de acabar su entrenamiento.-Dijo Caleb secamente.
-Nunca te rindas, tienes que pelear y perseguir tus sueños.
Caleb la miró incrédulo, los ojos de la chica brillaban como si de dos estrellas se tratasen.




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