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sábado, 4 de mayo de 2013

Arthros (Capítulo 5)

La gente ya se había ido, Abi se dio cuenta de que la verja del instituto estaría cerrada.
-Espera aquí, tengo que buscar algo en lo que te pueda llevarte.-Le dijo.
Abi recorrió el campus del instituto y se dirigió hacia el cobertizo dónde estaban guardados los utensilios de jardinería.Allí había una carretilla, la cogió y se dirigió hacia los arbustos; pero el perro ya no estaba allí.La chica dio un silbido, nada, el perro había desaparecido.``Que extraño pensó´´.Volvió a dejar la carretilla junto al cobertizo.
Corrió a intentar abrir la verja, pero estaba cerrada con llave y era demasiado alta como para intentar saltarla. Volvió a los arbustos, dónde hacía un momento había estado el perro.Se fijó en un roble que estaba cerca de la verja. Abi trepó por el árbol y con sumo cuidado avanzó por una rama que colgaba al otro lado de la verja. La rama estaba demasiado alta como para alcanzar el suelo. Abi suspiró cerró los ojos durante un segundo y saltó hacia la acera, dio una voltereta en el suelo y acabó de pie.``Después del todo las clases de ballet, han servido para algo´´ pensó .Miró a ambos lados y luego consultó su reloj.Ya era casi la hora de la cena, tenía diez minutos para llegar a casa.
Comenzó a correr tan rápido como pudo, el corazón se le quería salir del pecho y las piernas le protestaban a cada zancada que daba, pero finalmente llegó, tomó aire y abrió la puerta justo cuando Mery les llamaba a cenar.
La mujer se giró al oír el ruido de la puerta al abrirse, Abi se encontró con unos ojos grises y fríos.
-¿Qué son estas horas de llegar a casa?¿Dónde estabas?-Preguntó.
-En el instituto, fue la exposición de ciencias.-Dijo tras tomar una bocanada de aire para serenarse.
-Bueno, pues ve a lavarte las manos, hoy hay pizza para cenar.-Dijo mientras señalaba el baño.
Cuando salió ya estaban todos sentados en la mesa, esperándola para poder empezar a cenar.
Durante toda la cena Abi estuvo pensando en el misterioso perro. No parecía que con aquella herida pudiese caminar.
Cuando acabó de cenar formuló una excusa acerca de los deberes y subió a su habitación.Poco después Michael subió y se apoyó en el marco de la puerta.
-Yo sé que tú te traes algo entre manos y lo de los deberes no era más que una excusa.-Dijo.
Abi levantó la vista de su libro y enarcó una ceja como solía hacer Michael.
-No, no hagas como que no sabes de lo que te estoy hablando.-Dijo.
-``Eso´´ que se supone que tengo entre manos, debe de ser algo muy gordo por que ni yo sé lo que es.-Respondió guiñándole un ojo.
Michael puso los ojos en blanco y se fue a su cuarto.La chica se puso su pijama y se metió en la cama; aún seguía pensando en el perro cuando se quedo dormida.
El estridente sonido de su despertador la sacó de su sueño y le recordó que, otro día más, había instituto.Se levantó y fue a darse una ducha para despejar los últimos recuerdos de su sueño, pero otra vez el misterioso perro acaparó sus pensamientos.
Salió de la ducha y se enrolló en una toalla, comenzó a secarse el pelo, pero al ver la hora que era optó por dejar que los rizos le cayesen húmedos a la mitad de la espalda, y se vistió a las carreras.
Bajó las escaleras dando zancadas que abarcaban dos escalones y fue a la cocina. Michael ya estaba allí, tomándose su desayuno, cuando ella entró.
La chica se tomó su tazón de leche y cogió unas tostadas antes de abandonar la casa seguida de Michael.
Josh, el amigo de Michael, les estaba esperando en la puerta de su casa.
-Buenos días chicos.-Saludó con una sonrisa.
Abi  le propinó un leve codazo a Michael y se puso de puntillas para ponerse a la altura de su oído ``No me dijiste que iba a venir´´ le susurró.
Michael se encogió de hombros y le devolvió el saludo a su amigo.
Abi metió las manos en los bolsillos de su chaqueta y se echó a andar a la par de los chicos.
Cogieron el bus y llegaron al instituto.Durante todo el trayecto Abi no dijo nada, tan solo se puso sus cascos y dejó que Michael hablase con su amigo de sus cosas.
Al llegar al arco del instituto se despidieron con un simple ``Nos vemos en casa´´.
-¿Le pasa algo a Abi?-Preguntó Josh, cuando la chica ya se había ido.
-No tengo ni idea, pero está muy rara.-Comentó Michael.
Los chicos se dirigieron a su clase de física, mientras, Abi se fue a su aula. Nathalie ya estaba allí.
-¡Buenos días pelirroja!-Exclamó.
-¡Hey!-Contestó.-¿Qué tal se tomaron tus padres el segundo premio?.-Preguntó.
-Extrañamente bien para ser un segundo premio.-Explicó.
El timbre sonó cortando las conversaciones de los alumnos y anunciando el  comienzo de la primera  la primera clase del día.
Las horas se pasaron rápido y las dos amigas bajaron juntas al patio del instituto cuando el timbre sonó anunciando el esperado recreo.
Nathalie empezó a hablar de su clase de biología y de que el señor Hudson, su profesor, quería llevarlos de excursión.Pero Abi no le estaba prestando atención, tenía la vista fija en los arbustos, dónde el día anterior había visto al perro.Le había parecido que se habían movido otra vez.
-¡Abi!¿Me estás escuchando?.-Nathalie pasó la mano por delante de sus ojos y Abi dio un respingo.-¿Qué te pasa?-Preguntó.
-Aquel arbusto se ha movido.-Dijo Abi señalando hacia dónde había estado el perro.-¿No lo viste?
-Abi, sería el viento; hoy estás muy rara...-El timbre sonó y todo el alumnado se dirigió con resignación a sus respectivas aulas.
Las últimas clases pasaron lentamente, Abi no paraba de mirar a través de la ventana hacia los arbustos sin saber muy bien que esperaba ver.El timbre sonó de nuevo dando por acabado otro aburrido día de instituto.Ahora tenían todo el fin de semana por delante.
Nathalie y Abi fueron a comer juntas al CC para celebrar el segundo puesto de Nathalie.
-No hay nada como una comida a base de chocolate.-Dijo Abi mientras dejaba sobre la mesa el cuarto tazón de chocolate vacío .Nathalie rió.
-Es increíble la cantidad de comida que puedes tomarte.
-Bueno, supongo que sí.-Dijo con una sonrisa.
Ya eran las tres y media cuando las amigas se despidieron.Para volver a casa Abi tenía que pasar por delante del instituto.Puso especial atención en los arbustos situados junto al pabellón, nada, ni un solo movimiento; pero a lo lejos vislumbró la silueta de un perro.
Abi trepó por la reja hasta alcanzar la rama del árbol con la que había abandonado el instituto el día anterior.
Se columpió sobre ella y saltó al césped, dejándose caer en una elegante acrobacia.
Se dirigió hacia el perro con cuidado, no quería asustarlo, pero este ni si inmutó cuando la chica estuvo a su lado; parecía como si se alegrase de verla.
Se dio cuenta de que aquel no era un simple pero, era demasiado grande y a la luz del sol se apreciaba mejor esa diferencia. Abi se dio cuenta de que no era un perro, como había pensado, era un lobo; pero había lago en su comportamiento que a Abi le llamaba poderosamente la atención; parecía como si estuviese domesticado.
Abi se acercó más a él y comenzó a acariciarle.
-Hola, grandullón¿dónde te metiste ayer?-Preguntó poniendo una voz cariñosa e infantil.La chica se fijó en su pata, aún tenía la  herida pero la sangre seca había empezado a hacer una costra sobre ella.
-¿Qué te pasó aquí?-Preguntó de nuevo con esa voz infantil.
El perro comenzó a caminar en dirección a los arbustos dónde Abi lo había encontrado, pero en vez de esconderse tras ellos, desapareció tras un árbol situado en frente de ellos.
Abi abrió los ojos como platos, no había ni rastro del lobo. LA chica rodeó el árbol sin encontrarlo por ninguna parte.
Silvó un poco y la superficie del tronco se onduló y la cabeza del lobo apreció sobre ella. Parecía que tenía una sonrisa burlona, Abi dio un paso atrás sorprendida.
El árbol se abrió, como si de una puerta se tratase y una luz la cegó.El lobo seguía allí y parecía que la invitaba a pasar.
Abi metió un pié dentro de aquel árbol, no sabía lo que estaba haciendo, pero cuando quiso retroceder una fuerza tiró de ella hacia adentro y todo a su alrededor empezó a dar vueltas, se sintió levitar en el aire por un momento y acto seguido cayó sobre un suelo cubierto de hojas rojizas y amarillas.
Se sentó y miró a su alrededor, a su derecha el lobo la  miraba con curiosidad , no había rastro del pabellón ni del instituto. Se puso en pie y golpeó el tronco del árbol, no paso nada. Tenía el aspecto de un árbol normal. Abi lo rodeó, no había nada en él que le llamase la atención, solo parecía un árbol normal y corriente.
-¿Dónde estoy?¿Que ha pasado?¿Qué es esto?-La chica comenzó a ponerse nerviosa y a hiperventilar como cuando se había quedado encerrada en el ascensor y la claustrofobia le hizo perder las riendas del asunto.
El lobo comenzó a hacer ruidos raros, se agazapó sobre si mismo .Las orejas se empezaron a encoger, el hocico se retrajo, los colmillos se empequeñecieron, las zarpas de las patas desaparecieron y todo su pelaje desapareció progresivamente.Su patas delanteras se convirtieron en manos y sus patas traseras se alargaron hasta convertirse en las piernas de un ser humano.
Abi miraba aquél espectáculo atónita.El lobo se había convertido en un muchacho fuerte, de aproximadámente la edad de Michael. El cabello rubio alborotado le caía sobre los ojos y le llegaba a la altura de los hombros; sus ojos eran azules eléctricos, el muchacho esbozó una sonrisa socarrona.
.Bienvenida a Arthros.-Dijo.









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