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martes, 14 de mayo de 2013

Arco y flechas (Capítulo 7)

Caleb y Abi improvisaron una pequeña tienda de campaña en la que pasar la noche y encendieron una hoguera.
Abi consultó  su reloj digital; pero este, al igual que su móvil, no funcionaba.
-Deben de ser las once.-Explicó Caleb al ver como la chica miraba su reloj.
-¿No tienes hambre?-Preguntó Abi.
-Sí, pero no tengo ganas de cazar, además, los animales ya estarán en sus madrigueras a estas horas.-Contestó el muchacho.
Abi rebuscó en su mochila, tenía un par de barritas energéticas, eso podría valer.La chica le tendió una a Caleb, éste la miró con cara de asco, pero la cogió.
-Gracias.-Dijo mientras empezaba a sacarle el envoltorio y comérsela.
Abi se acercó más al fuego, hacía frío y ella solo llevaba unos vaqueros y una sudadera. Caleb cogió un palo y comenzó a afilarlo con uno de sus cuchillos; en la empuñadura había un grabado de un dragón azul, como el de su gabardina, y en la hoja había una inscripción en un idioma que Abi no conocía.La chica se quedó mirando como su compañero pasaba una y otra vez la hoja sobre el palo quitando pequeñas virutas de madera.
-En cuanto lleguemos a la primera ciudad vamos a tener que comprarte algo de ropa.-Comentó sin apartar la vista del cuchillo.
Abi puso los ojos en blanco, odiaba ir de compras.
-¿Qué tiene de malo mi ropa?-Preguntó mirándose sus zapatillas de deporte.
-No puedes llamar la atención, y aquí los pantalones, los llevan los hombres.-Explicó.
-Además, tu pelo no ayuda a pasar desapercibida.-Añadió-Aunque si fueras un hada quizás..., pero nunca he visto un hada pelirroja.
-Perdone el señor, siento mucho no ser perfecta y no encajar en su mundo, si me hubiera avisado tal vez podría haberme teñido.-Dijo sarcásticamente.
Caleb paró de afilar su palo y le clavó la mirada.Sus ojos eran extrañamente azules, magnéticos; Abi se quedó embobada observándolos.
-Eres una humana,el simple hecho de que estés aquí ya quebranta la ley; no puedes pasearte por las calles con esa ropa. No podemos llamar la atención.-Su mirada seria no admitía reproche. Abi se sentía fascinada y al mismo tiempo intimidada por aquel muchacho.
-¿Por qué decías antes que soy especial?-Preguntó cambiando de tema.
-Para que Bastak me haga traerte, tienes que ser bastante importante.-Contestó.
-¿Bastak?-Preguntó enarcando una ceja.
-Bastak es un miembro de la Selbua. La Selbua es una especie de ``Sociedad de los Manda Mases´´.Todos ellos saben hacer magia, y digamos que Bastak es un pez gordo en todo esto.
-¿Trabajas para un mago o algo así?
-Me tengo que ganar la vida, yo solo hago lo que me piden; y, por cierto, no es un mago.-Respondió.
-¿Y tus padres?¿No cuidan de ti?-Preguntó desconcertada.
-Ya soy lo suficientemente mayorcito como para cuidarme solo.Además mis padres...bueno, yo no tengo porqué contarte mi vida.-Dijo malhumorado. Abi se levantó y fue a sentarse a su lado. Caleb guardó su cuchillo y lanzó el palo hacia el fuego.
-Claro, tú puedes saberlo todo sobre mí y yo tengo que quedarme con un completo desconocido del que solo sé su nombre.-Caleb giró su cabeza para mirarla a los ojos.La chica le mantuvo la mirada.
-¿Murieron?-Preguntó. Caleb asintió.
-Mi madre murió cuando yo nací y de mi padre no se nada, siempre di por echo que estaba muerto.
-¿Nunca lo buscaste?
-¿Para qué buscar a una persona que se olvidó de ti?Una persona que te tiene que odiar lo suficiente como para dejarte en el bosque no quiere que la busques.Prefiero pensar que está muerto.-El chico se pasó la mano por el pelo.
Abi se mordió el labio, nerviosa, sin saber que decir.
-¿Quién te encontró?-Preguntó dando por echo que alguien tuvo que recogerlo del bosque.
-Ni idea.Solo sé que me dejó en un orfanato y que con doce años me cambiaron de orfanato por mis cambios y empecé mi formación como ``Kalatary´´.
-¿Sabes? Quizás tú y yo no somos tan diferentes después de todo.-Caleb la miró desconcertado.- mi padre también murió y mi madre no se si vivirá.-Explicó.
-¿Qué le pasó a tu padre?-Preguntó con curiosidad.
-Estaba destinado en Irak, ya sabes el ejército y todo eso, los musulmanes pusieron una bomba en el campamento.-Respondió mientras bajaba la vista hacia el fuego.
-Un hombre valiente.-Comentó Caleb.-Los hombres que ponen su vida al servicio de la de los demás son dignos de ser respetados.-Añadió mientras le sonreía.No era una sonrisa sarcástica, era pura amabilidad.
-Lo admiro mucho, me enseño un montón de cosas. Montar en bici, dibujar, pelear, manejar el arco y las flechas...-En la cabeza de la chica comenzaron a florecer los recuerdos de su familia.
Caleb volvió a dedicarle una sonrisa y fue a recostarse en el interior de la cabaña.La chica se quedó contemplando el cielo, siempre le había fascinado la astrología.
-Bonito¿verdad?-Preguntó el muchacho. Abi asintió y bostezó.
-Será mejor que duermas, mañana tendremos que caminar bastante.
Abi se metió en la cabaña y se tumbó dándole la espalda.
-Buenas noches, Caleb.-Susurró.
-Buenas noches, Abi.-Contestó.
Era la primera vez que el chico la llamaba por su nombre y Abi sonrió para sí; quizás, después de todo, ella le caía bien.Se quedó dormida pensando en su padre y reviviendo los momentos en los que estaban juntos, junto a su madre.
Los pájaros ensayaban sus primeros trinos del día y el sol comenzaba a brillar en el horizonte.
Abi se levantó y se desperezó.
-Caleb ¿Hacia dónde tenemos que ir?-No obtuvo respuesta.
-¿Caleb?¿Dónde estás?-todo estaba en silencio.
La chica se levantó y empezó a caminar por el bosque sin alejarse demasiado del campamento, tenía miedo de perderse.
-Tranquila pequeña; tú príncipe ha regresado.-Saludó con una sonrisa sarcástica en la boca.
Abi dio un respingo y puso los ojos en blanco al oír su sarcástica frase.
-Mira lo que cacé.-Dijo exhibiendo un conejo.
Lo prepararon para cocinar y después de asarlo en el fuego de la hoguera se lo comieron.
-Hay que destruir el campamento, no podemos arriesgarnos a que los Dolontes nos sigan.
-¿Dolontes?-Preguntó la chica.
-Sí son seres que comen pelirrojas, y creo que Bastak se enfadaría si se enterase de que te mueres en un ataque de Dolontes.-Dijo sarcásticamente.
-Claaro.... ahora los animales siguen una dieta estricta de pelirrojas.-La chica puso los ojos en blanco.-Ahora en serio, ¿qué son?.
-Bueno, en teoría son animales en los que se ha usado magia negra, solo sienten dolor y odio y por eso atacan a la gente.Tienen veneno... bueno, ya te enterarás de los detalles.-Explicó Caleb.
-Prefiero no saberlos, no me quiero cruzar con esas cosas.-Comentó la chica.
-Nadie quiere, pero nunca se sabe cuando pueden atacar.Siempre lo hacen individualmente, pero son bastante peligrosos para ser tan estúpidos.-Explicó mientras se remangaba la gabardina y le mostraba a la chica un vendaje.
Abi recordó a Caleb en su forma lobuna con su herida.
-¿Un Dolonte?-Preguntó.
-Sí, odio a esos seres, ni siquiera son considerados animales.-Dijo haciendo una mueca de asco.-Además hay muchos tipos de Dolontes y cada uno es más raro que el anterior.
-Pero, ¿si no son animales qué son?-Preguntó Abi.
-En un principio eran animales pero al ser modificados con magia negra son como ``creaciones del mal´´.
-Pobres...-Comentó la chica.
-¡No digas eso!-Dijo enfadado.-La muerte es mejor para ellos; así no sufren.
-¿A dónde vamos?-Preguntó Abi para cambiar de tema.
-A Lunyep, es la ciudad más cercana y allí podremos comprar comida y algo de ropa. Y quizás un arco y unas flechas.
-¿Para que quiero yo un arco y unas flechas?-Preguntó confusa.
-Dijiste que tu padre te enseñó a usarlo, espero que te acuerdes de ello; porque no podré protegerte si nos atacan.Tendrás que usarlo.








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