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viernes, 31 de mayo de 2013

La Sombra (Capítulo 11)

Abi se quedó en medio del pasillo sin saber muy bien que hacer; se sentía estúpida y tenía la sensación de que un enorme agujero se había abierto en su estómago.
La chica decidió explorar el inmenso edificio, en las plantas superiores la mayoría de las habitaciones eran dormitorios con baños incorporados.Pero en la primera planta había una inmensa sala llena de cuchillos, espadas, ballestas, arcos y flechas, hachas y otras muchas armas de fuego que jamás había visto.También había varias taquillas con los nombre de Rose,Ventua, Caleb, Hans... Hans, su padre... un cosquilleo le subió por toda la espina dorsal; era una sensación extraña.¿qué pintaba su padre en todo aquello?¿qué paso con su supuesta muerte en Irak?¿sabría su madre algo de todo aquello?
Rose irrumpió en la habitación con sus despampanante estilo de super modelo e interrumpió los pensamientos de la muchacha.
-¿Ha pasado algo? Caleb está muy raro, parece...-Dijo buscando la palabra adecuada.
-¿Enfadado?-Preguntó Abi.-Sí.-Dijo tras ver el asentimiento de Rose.-Solo le pregunté si él era humano y le pregunté si era un cambiante.-Explicó encogiéndose de hombros.
Rose se dio un pequeño golpe en la frente con la mano
-Por el amor de Dios,-dijo para sí-a Caleb no le gusta anda que le llamen así. Él es un Kalatary.
-Pero el dijo que ser un Kalatary y ser un cambiante es lo mismo.
-Sí, pero ``cambiante´´ es una forma de llamarle muy despectiva.Es como si a una persona con problemas mentales le llamas loca, puede ser muy molesto.Además, aunque no lo parezca, Caleb tiene sentimientos.
Abi bajó la vista al suelo avergonzada, pensó en como el chico se había enfadado con ella y se sintió de nuevo culpable e idiota.
-Yo no quería hacerle daño.-Murmuró.
-No te pongas así, Caleb es un poco melodramático; s ele pasará.-Dijo guiñándole un ojo.
Abi asintió no muy convencida.
-Bueno, a lo que iba,-dijo echándose un mechón de pelo hacia atrás.-Hans ha venido y Lord...-Abi no le dio tiempo a su compañera de acabar la frase.Salió corriendo de la sala de armas y fue directa al despacho de Lord Peniston, dónde supuso que se encontraría con su padre.
Abrió la puerta sin llamar, los dos hombres que charlaban animádamente, giraron sus cabezas al unísona y clavaron sus respectivas miradas en la muchacha.Pero Abi solo se fijó en el más alto.Un hombre de media edad; musculoso y atractivo a pesar de las canas que ya afloraban entre sus rubios cabellos.Sus ojos marrones se clavaron en los de ella y su pequeña boca se torció en una sonrisa amargada, que descubría unos pequeños hoyuelos a cada lado. Abi abrió más sus ojos.
-Hija...-Murmuró.-Hija mía...
Abi corrió hacia él; ambos se fusionaron en un abrazo.Todos los sentimientos negativos que la chica había experimentado hacía él durante las últimas horas se desvanecieron por completo; el odio, la frustración, inquietud, preocupación... uno a uno cayeron por sus mejillas en forma de lágrimas.
-Mi pequeña, mi niña.-Susurró al oído de Abi.
Hans la cogió en brazos como cuando era pequeña y la siguió abrazando mientras acariciaba suavemente sus rizos. Abi no podía ver sus rostro porque lo tenía escondido entre sus rizos; pero supo que estaba llorando por el temblor de sus hombros-Jamás había visto a su padre llorar; y eso hizo que se olvidase de todos aquellos años en los que ella y su madre sufrieron la pérdida de la persona más importante en sus vidas.
-Papá.-Murmuró.-Papá, te quiero.-Dijo.El hombre aún la abrazó más fuerte.
-Y yo a ti, pequeña.-Dijo entre sollozos.
Lord Peniston carraspeó y ambos se soltaron. Hans dejó a su hija en el suelo, pero la cogió de la mano.
Abi vio por el rabillo del ojo como su padre se secaba las lágrimas.Se fijo en su aspecto; estaba demacrado y sucio; su ropa estaba cubierta de una extraña substancia negra pegajosa y sangre .Abi se asustó por un momento al pensar que esa sangre era de su padre.
-¿Acabaste con la camada del norte?-Preguntó lord Peniston.
Su semblante estaba totalmente serio, le hacía parecer más viejo.Por primera vez Abi se fijó en una cicatriz que le cruzaba la frente y le llegaba hasta la sien; la chica juraría que antes no estaba ahí.Lord Peniston parecía un personaje sacado de un libro.
-Diez, una camada de diez Nanturias.-Dijo su padre pasándose la mano por el revuelto pelo.
-Bien,¿hubo pérdidas?_preguntó cruzando los brazos sobre el pecho.
-Dos niños murieron y la huerta de la familia ha sido arrasada.-Respondió agarrando más fuerte la mano de su hija al recordar los cuerpos destrozados de los niños tendidos en el suelo.
-¿Pudiste reconocerlos?-Preguntó.
-Louis Run y Peter Tommo; estaban jugando cuando les atacaron.-Respondió.
Abi sintió que el corazón se le encogía al recordar al niño con el que habían hablando ella y Caleb cuando iban hacia Campbell. ``Yo de mayor quiero ser como tú ´´ le había dicho a Caleb
 cuando éste le reveló que era un Guardián. Abi recordó como le brillaban los ojos al niño, y se lo imaginó tendido en el suelo, inerte.Desterró esa imagen de su mente al sentir un escalofrío a lo largo de su columna vertebral.
Lord Peniston asintió bajando la mirada a sus botas.
-Cada día hay más, y se están volviendo realmente peligrosos; ya no atacan solos, es como si hubieran desarrollado la  inteligencia; atacan en grupo y sin piedad.-Comentó Hans.
.Sí, lo he notado; las cosas están cambiando no solo en los Nanturias; el resto de Dolontes se comportan igual y los daños son cuantiosos; tanto personales como materiales.-Dijo Lord Peniston.
-Se están aliando; como si algo los uniera; como si algo o alguien los estuviese llamando a obedecerle...-Hans miró al suelo al igual que Lord Peniston.-Atacan las casas y arrasan con todo, nunca antes había visto algo así, antes no hacían eso.
De repente ambos levantaron la cabeza y se miraron fijamente.
-La Sombra.-Dijeron al unísono.
Abi, que había asistido a toda la conversación en un silencio total, soltó la mano de su padre.Él la miró desconcertado.
-¿Que pasa?-Preguntó la muchacha.
-Hay problemas, pequeña; no pasa nada, lo solucionaremos.-Dijo acariciándole la mejilla con delicadeza.
-Abi, ¿no tenías que amueblar tu habitación?-Preguntó Lord Peniston.
La chica asintió, era lo suficientemente lista como para darse cuenta de que quería hablar con su padre a solas; pero una parte de su mente exigía una explicación. Abi no movió ni un músculo, pero la mirada de su padre hizo que cambiase de opinión y que abandonase el despacho a regañadientes.
Allí fuera, esperándola, apoyada en la pared estaba Rose, la chica clavó sus oscuros ojos en los de ella de manera inquisitiva.
-¿Que ha pasado?-Preguntó.
-Mi padre estaba ahí; dijo algo de que una camada de Nanturias mató a dos niños, también dijo que se comportan de manera extraña, de que se están aliando y que son muchos.-Explicó atropelladamente.-También mencionó algo sobre una sombra.
Rose se enderezó y abrió muchos los ojos, el color había huido de su cara, y ahora estaba blanca como un fantasma.
-¿Sombra?¿La Sombra?-Preguntó incrédula.
-Sí, fue como si tuviesen miedo...
-¡Que Dios nos proteja!-Dijo elevando la voz.
Abi la miró boquiabierta, jamás habría pensado que una chica como Rose fuera creyente.
-¿Crees en Dios?-Preguntó.
La chica le miró sorprendida.
-Espero que haya alguien ahí arriba; pero, sobretodo, espero que esté de nuestro lado.-Dijo.-¿Acaso no creéis los humanos en un Dios?-Preguntó viendo la incrédula mirada de Abi.


viernes, 24 de mayo de 2013

La Bienvenida (Capítulo 10)

-Tú nos dijiste que la familia Grunklee se había extinguido y que Hans era el único que quedaba.-Dijo el chico que estaba apoyado en la pared más alejada de la puerta.
La escasa luz y el flequillo negro del muchacho le impedía a Abi ver su rostro; tenía un aspecto misterioso y atrayente a la vez.
-Ventua, todos sabíamos que Hans y Evelyn esperaban una hija.-Contestó Lord Peniston.
-Sí, pero nadie sabía que estaba viva.-Comentó Caleb.
Abi miró interrogante a Lord Peniston, pero este tenía la mirada clavada en Caleb.
-Eso no viene al caso, ahora lo importante es acomodarte.-Dijo mientras le dedicaba a Abi una amigable sonrisa.-Rose, ¿te importaría buscarle una habitación y prepararla para nuestra invitada?-Preguntó dirigiéndose a la muchacha que estaba junto a Caleb.
La muchacha se puso en pie y miró a Abi a los ojos; le sacaba a la chica una cabeza. Era como una modelo, aparentaba veinte años, su melena castaña,perfectamente lisa le llegaba hasta la cintura. Sus ojos eran marrones, casi negros y algo en su mirada hacía que la viera como a la persona mas sexy del mundo. Sus labios estaban torcidos en una perfecta sonrisa.Todo en ella inspiraba paz pero al mismo tiempo admiración.
La chica le hizo un gesto para que Abi la siguiera y salió de la cocina. Rose tenía un andar majestuoso y su melena se balanceaba sobre su espalda con cada paso. Abi tuvo que caminar rápido para situarse a su altura.
Subieron al cuarto piso,dónde estaban situadas las habitaciones de los Guardianes, recorrieron todo el pasillo, Rose abrió la puerta de una habitación de paredes grisáceas, sin más decoración que un viejo y destartalado armario, un pequeño escritorio y una cama doble.
-Ya sé que esto no tiene muy buena pinta...-Comenzó Rose.
-Tampoco está tan mal.-Dijo Abi.
-Por Dios, da asco, la pintaremos y la decoraremos; esto tiene que ser habitable.-Dijo Rose.- Y tampoco vendría mal comprarte algo de ropa.-Dijo señalando su vestido.
-A mí me gusta este.-Comentó Abi encogiéndose de hombros.
-Sí, pero necesitarás algo más que eso si te quedas aquí.Además, Caleb no tiene muy buen gusto para la ropa.-Añadió la muchacha.
-Quizás podríamos empezar por pintar las paredes, ¿no?-Preguntó Abi.
-¡Claro!-Contestó con una sonrisa.-La mía es de color rosa ¿quieres verla?-Preguntó cogiendo a Abi del brazo y llevándola a la habitación contigua sin darle tiempo a responder.
La habitación de Rose era preciosa, muy femenina para el gusto de Abi, pero ideal para alguien como Rose. Las paredes eran totalmente rosas, llenas de pequeños dibujos de flores negras; estaba mucho más amueblada que la suya; había una cama enorme con dosel, una mesilla a cada lado de la cama. Un enorme armario de color negro que tenía un espejo en un lateral, un escritorio perfectamente ordenado y un biombo blanco y negro del que colgaba ropa.
-Cuando acabemos, tu habitación se parecerá a esta, ¿de qué color te gustaría pintarla?-Preguntó.
-Bueno el verde me gusta mucho.-Comentó.
-¡Pues, vamos! Hay mucho que hacer.
Ambas regresaron a la que sería la habitación de Abi y quitaron los muebles de ella, y comenzaron a limpiar las telarañas que se acumulaban en las esquinas.
Cuando ya habían limpiado todo bajaron al piso principal dispuestas a salir para comprar pintura cuando se toparon con el chico al que Lord Peniston había llamado Ventua. El chico iba jugueteando con una pequeña daga entre los dedos. Tenía el pelo totalmente negro y, cuando alzó la vista, Abi vio por primera vez sus ojos; eran totalmente grises y algo en ellos le inspiraba a la chica desconfianza.
-Ventua, ¿has visto a Caleb?-El chico miró a rose y después a Abi.
-Estaba en la cocina.-Dijo mientras echaba a andar hacia el segundo piso.
Las muchachas se dirigieron a la cocina.Allí estaba Caleb, aún apoyado en la encimera y charlando animádamente con Lord Peniston.
-Caleb, ¿nos acompañas a comprar pintura verde para la habitación de Abi?-Preguntó Rose.
-Hay pintura en el sótano.-Dijo secamente.
Las chicas abandonaron la cocina y recorrieron el pasillo hasta llegar a una puerta de roble más pequeña que las demás, situada al fondo del pasillo. La puerta crujió al abrirse y dio paso a unos peldaños de piedra desgastadas por el paso de los años. El sótano estaba a oscuras, era un lugar frío y húmedo, de paredes y suelo de piedra. Abi se abrazó a sí misma mientras temblaba levemente.
Rose salió triunfante de un rincón con un cubo lleno de pintura en la mano.
-¡Bingo!-Dijo con una sonrisa.
Cuando subían hacia la habitación de la chica se encontraron con Caleb; se había quitado la gabardina y ahora llevaba una camisa blanca y unos vaqueros desgastados. En la mano sostenía un par de brochas y un rodillo.
Abi miró interrogante sus vaqueros
-Vuestro mundo también tiene algunas cosas buenas, estos pantalones son muy cómodos.-Dijo encogiéndose de hombros.-Además vais a necesitar una ayudita y no quiero manchar mi gabardina.
-Por favor, nos las arreglamos bien solas, Caleb.-Respondió Rose sarcásticamente.
-Bueno, no dirás lo mismo después de hablar con Bastak, ha encontrado a Soul jugueteando en la sala de armas y no le ha hecho ninguna gracias, me ha dicho que te avisase, quiere hablar contigo.
-¡Ese niño nunca está quieto!-Exclamó Rose mientras salía corriendo.
-Bueno... parece que solo quedamos tu y yo, pequeña, así que vamos a pintar.-Dijo guiñándole un ojo y subían el último tramo de escaleras hacia la nueva habitación de Abi.
-Por cierto,no me vuelvas a llamar pequeña.
-Lo que tu digas, pelirroja.
Empezaron a pintar en silencio; pero la chica no tardó en romperlo con sus preguntas.
-¿Quién es Soul?
-Es el hermano pequeño de Rose, estaba antes en la cocina.-Respondió.
Abi empezó a hacer memoria pero no recordaba a ningún niño.
-¿Es un Guardián?-Pregunto de nuevo.
-No, es demasiado pequeño, pero su padre sí; hasta los doce años no empiezas la iniciación.
-Pero ¿será un Guardián?-Preguntó la chica.
-Quizás... aunque es muy difícil que haya dos Guardianes en una familia.-Explicó.
-¿Qué se supone que hacéis los Guardianes?
-Mantenemos a raya a los Raudons, a los Leependas, a los Nanturias... hay muchos tipos de Dolontes. Y también intentamos combatir a La Sombra.-Explicó mientras pasaba el rodillo cubierto de pintura por la pared.
-¿Qué es eso de La Sombra?-Preguntó mientras miraba a su compañero.
Caleb lanzó un suspiro pero no la miró.
-Como sabes, siempre hay un lado bueno y un lado malo; La Sombra es un antigua espíritu muy poderoso y digamos que esta relacionado con los Dolontes. Hace años se creó un grupo de magia negra, como una secta; se hacían llamar los Blackshadow, ellos se aliaron con La Sombra. Fueron ellos los que crearon los primeros  Dolontes, pero  con el paso de los años nos dimos cuenta que esos seres se pueden reproducir trayendo camadas de doce o incluso más.-Abi le miró atónita.
-¿Pero no necesitaban magia negra para poder vivir?-Pregunto confusa.
-Ya no, he visto camadas de quince, y en apenas tres meses llegan a la edad adulta, y se vuelven más violentos.Muchos de ellos son venenosos y con una solo mordedura podrían matar a cualquier humano.-Abi le miró a los ojos sin parpadear.
-Humano...tú... no eres...¿humano?-Dijo bajando la vista hacia el suelo.
-Soy un Kalatary, puedo adoptar cualquier forma animal.-Dijo tapando el bote de pintura. Habían acabado bastante rápido.
El chico salió de la habitación dando por zanjada su conversación. Abi salió detrás de él.
-¡Caleb!, espera.-Gritó.Pero el chico hizo caso omiso a sus llamadas y comenzó a bajar las escaleras para dirigirse al sótano.
Abi le siguió medio corriendo, para adaptarse a su apurado paso.
-Caleb, espera-Dijo cuando ya estaba a su lado.El chico siguió sin responder.-¿Estás bien?-Preguntó mientras intentaba mirarle a los ojos, pero el chico evitaba que sus miradas se cruzasen.
-¿Es por lo de que no eres humano?¿que eres un Kalatary, un cambiante?-El chico se paró en seco y la miró directamente.Sus ojos se habían vuelto de un azul más eléctrico y la chica juraría que vio una chispa saltar en ellos.
-Mira, niña; nunca jamás me vuelvas a llamar cambiante; no tienes ni idea  de lo que soy ni de este mundo; no tienes derecho a opinar.Si estás aquí es por Lord Peniston, a mí no me importa que seas una Grunklee, para mí sigues siendo una niña que solo sabe incordiar haciendo preguntas.-Caleb estaba visiblemente enfadado, se giró y corrió escaleras abajo dejando a Abi sola con una sensación de vacío y vulnerabilidad inmensa.





martes, 21 de mayo de 2013

Los Gunklee (Capítulo 9)

Al ir en el carro llegaron a Campbell cuando empezaba a anochecer.
Caleb y Abi le dieron las gracias a Louis y a su padre.
-¿Por qué siempre que hablamos con desconocidos me presentas como tu hermana y mientes sobre mi nombre?-Preguntó cuando ya se habían ido
-La vida me ha enseñado que no debes confiar en nadie.-Respondió mirando hacia otro lado.
Ambos cruzaron el centro de la ciudad y se dirigieron una inmensa edificación hecha de piedra que contaba con cinco plantas, más la del sótano y la buhardilla.El edificio tenía un patio delantero dividido en dos por un camino de piedra que conducía a la entrada principal.Todo el complejo estaba cercado con una verja alta de color negro.
Los chicos cruzaron el patio delantero y llamaron a unas imponentes puertas metálicas de al menos cuatro metros de altura.Estas se abrieron, pero nadie los esperaba tras de ellas. Abi lanzó una exclamación ahogada de puro asombro.
-Te acostumbrarás, será cosa de Bastak. Él es el gerente de todo esto, algo así como el director, y también es un miembro de la Selbua.-Explicó.-Por cierto, nunca le llames Bastak, siempre Lord Peniston.
Subieron unas escaleras llenas de ricos adornos en los pasamanos, a lo largo de los pasillos se veían colgadas lámparas de arañas y cuadros de seres mitológicos:Había unos centauros lanzando flechas; hipocampos, sirenas, minotauros, dragones...A la chica todo aquello le recordaba a su libro de mitología que le habían regalado cuando era pequeña.
-¿Te gustan?-Preguntó una voz a su espalda. Abi se giró, un hombre de pelo cano le sonreía.
-Buenas noches Lord.-Saludó Caleb.-Ella es la chica de la que te hablé.
-Un placer señorita,-dijo besándole la mano,-sea bienvenida a nuestra casa.
Abi se sonrojó levemente y asintió.
-¿Dónde están Rose y los demás?-Preguntó Caleb.
-En la cocina.-Respondió el hombre.
Caleb le dedicó a Abi una media sonrisa y salió corriendo escaleras abajo.
De repente Abi se sintió sola y desprotegida al no estar el muchacho con ella.
-¿Por qué estoy aquí?-Preguntó Abi sorprendiendo a Lord Peniston y a sí misma.
-¿Caleb no te explicó nada?Es usted un caso especial, normalmente no traemos humanos a nuestras tierras, señorita...
-Fischer, Abi Fischer.-Contestó la muchacha.
Muy bien, señorita Fischer, si no le importa iremos a mi despacho; allí estaremos más cómodos.-Dijo mientras giraba sobre sus talones y echaba a andar seguido de la chica.
Subieron al tercer piso y se dirigieron a una puerta de roble en la que había una placa dorada en la que se podía leer ``Despacho´´. Lord Peniston abrió la puerta sujetándola por delante de él e invitando a Abi a pasar.
La habitación era realmente acojedora, había una gran ventana de la que provenía toda la luz que inundaba la estancia.El hombre se sentó en una butaca de cuero negro situada tras un enorme escritorio de roble. Lord Peniston hizo un gesto hacia Abi invitándola a tomar asiento en uno de los sillones situados al otro lado del escritorio.
-Supongo que tiene muchas preguntas, señorita Fischer...-Comenzó.
-Si no es molestia, prefiero que me tuteé.-Le interrumpió la muchacha.
-Claro.Bueno, esto será difícil de explicar.¿Te habló Caleb de los Guardianes?-Preguntó.
-Me dijo que son como la policía de mi mundo; que se encargan de mantener a raya a unos seres que se llaman Dolontes .-Respondió mientras hacía memoria.
-Exacto.Normalmente los Guardianes son seres de este mundo; por ejemplo Caleb, un Kalatary.¿Entiendes?-Preguntó clavándole a Abi la mirada. La chica asintió.-Hay muchos tipos de Guardianes.Rose es una elfa.
-¿Los Dolontes son animales?-Preguntó con curiosidad la chica.
-Bueno, son seres en los que, al principio de los tiempos, se les había practicado magia negra que les provocó mutaciones; solo sienten dolor y atacan con el único objetivo de matar.-Explicó.
-Caleb me dijo algo así, pero parece tan subreal...-Dijo en un murmullo casi inaudible.
-No es subreal, la magia se puede usar para el bien y para el mal.
-Pero, sigo sin saber que pinto yo aquí. Caleb me contó que los humanos no somos bienvenidos porque por nuestra culpa hubo una división que separo mi mundo de este.-Dijo mientras miraba a Lord Peniston en busca de alguna explicación coherente.
-Vaya, veo que estás bien informada.-Dijo mientras se levantaba de su sillón y se dirigía hacia la ventana.Se quedó allí parado contemplando el paisaje. Su gabardina negra era como la de Caleb, a diferencia que esta tenía una una P dorada  en la espalda, También usaba unas botas negras como las del muchacho.
-Pero aún no se casi nada.-Dijo mientras jugueteaba con uno de sus rizos.
-Estás aquí porque hace años que buscamos a la descendiente de la familia Grunklee; era una de las familias de Guardianes más importantes.-Dijo mientras se giraba y la miraba directamente.-¿Me permites ver si tienes La Marca?-Preguntó.
Abi asintió no muy convencida de lo que hacía.
-Los Grunklee tenían una marca en forma de estrella en el tobillo derecho.-Dijo señalándole la bota.
-Yo no tengo ninguna maraca de ese tipo en el tobillo derecho.-Dijo ante la sorpresa de Lord Peniston.-Pero tengo una en el izquierdo.-La chica se quitó la bota y dejó que el hombre examinara su tobillo.Allí estaba, una pequeña marca blanca de nacimiento, no mas grande que un pulgar.
-Sí, tú eres la hija de Hans, la heredera de los Grunklee.-Dijo con una amplia sonrisa.
Abi se colocó la bota sin decir nada.
-¿Qué le paso a mi familia?-Preguntó mientras se mordía el labio inferior.
-Tus padres desaparecieron  cuando tu madre  estaba embarazada.-Explicó.-Desde el principio pensamos que os podríais haber escondido en el mundo de los humanos y os estuvimos buscando durante dieciséis años.
-Pero mi madre es humana, como yo.-Dijo la chica.
-Tu madre es una bruja blanca, y tu padre un humano que llegó a ser Guardián; nunca antes había pasado tal cosa.Ambos se enamoraron y decidieron casarse, justo dos años antes de tu nacimiento.
-Pero mi padre, está muerto.Murió hace dos años, en el ejército.-Explicó Abi mientras dirigía su mirada hacia el suelo.
-Tu padre regresó a Arthros para defender su tierra de los ataques de los Dolontes, su número ha ido en aumento y necesitábamos su ayuda.Aprovechamos la bomba del campamento de Iraq para haceros creer que murió.-Explicó mientras clavaba sus oscuros ojos en los de la chica.
A Abi se le hizo un nudo en la garganta y las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos; la chica tragó saliva y se las secó antes de que comenzasen a resbalarle por las mejillas.
-¿Mi padre está vivo?¿Aquí?-Preguntó mientras intentaba mantener la compostura.
-Sí, pero tuvo que salir de cacería, volverá al final del día.Aunque creo que ahora, lo mejor es que conozcas a los demás Guardianes y después deberíamos cenar.-Dijo mientras abandonaba la estancia seguido de la chica.
Bajaron las escaleras de los dos pisos y se dirigieron a la cocina.
Había cinco personas en la estancia.La mujer que estaba cocinando le llamó especialmente la atención., le recordó a Dorothy, la enfermera del hospital.
-Muy bien, compañeros. Prestad un segundo de atención.-Todas las cabezas se giraron y sus miradas se clavaron en Lord Peniston y luego en ella.
-Esta es Abi, la hija de Hans.-Explicó.
-¿Hans Grunklee?-Preguntó Caleb, que estaba apoyado sobre la encimera en compañía de una muchacha de aproximadamente su edad.Aquella chica parecía una modelo de las revistas que compraba su madre y que luego apenas leía.
-Sí, la última heredera.-Dijo el hombre.
Abi se sonrojó y se mordió el labio inferior; no estaba acostumbrada a ser el centro de atención y aquella situación la incomodaba un poco.-
-Te dije que eras especial.-Comentó Caleb guiñándole un ojo a la chica.



jueves, 16 de mayo de 2013

Lunyep (Capítulo 8)

Estuvieron caminando durante toda la mañana y al mediodía, cuando el sol estaba en su punto más alto llegaron a la ciudad de Lunyep. Caleb tenía razón, allí todos vestían trajes de aspecto medieval.Era como si hubiera viajado atrás en el tiempo y hubiese ido a parar a la Edad Media, solo que la magia de los libros de fantasía allí era real.
Las calles estaban atestadas de gente que la miraba con extrañeza e incluso miedo.
Caleb intentaba avanzar por las calles menos transitadas para evitar llamar mucho la atención, pero en la ciudad se debía de estar celebrando alguna festividad porque la gente iba vestida con su mejores galas y los bufones bailaban al son de la música.Incluso en alguna esquina entre dos calles había un mago mostrando sus habilidades a los niños que le prestaban atención. Caleb los miraba despectivamente.
-Tan solo son hombres normales y corrientes, eso que hacen es una burda imitación de los verdaderos magos. Todos sus trucos baratos no son comparables con la magia.-explicó Caleb.
-Pero se ganan la vida con eso ¿no?-Preguntó la chica.
-Mientras la gente siga siendo así de ingenua sí, no tienen ni idea de lo que es la magia.-Respondió, miró a Caleb y lanzó un suspiro.-Mira, será mejor que te pongas esto.-Dijo mientras le tendía su gabardina de cuero.-Con esto no llamaremos tanto la atención.-Añadió.
Abi se lo puso, pero la gabardina llegaba hasta el suelo debido a su estatura, y las mangas le quedaban demasiado largas. Abi miró a Caleb.
-Bueno, no es exactamente de tu talla, pero puede valer, tan solo tenemos que encontrar una tienda y comprar un vestido.
Los chicos subieron por una estrecha calle cubierta de piedras y cuando salieron a la calle principal se encontraron con una pequeña tienda que exhibía la ropa en un diminuto escaparate.
Al abrir la puerta y entrar en la tienda una campanilla anunció a la dependienta la llegada de clientes.
Una señora bajita y regordeta de aproximádamente sesenta años salió de la trastienda. Tenía el pelo canoso recogido en un moño y vestía una blusa blanca con una falda de terciopelo rojo que le llegaba a los pies.
-Buenas tardes, jovencitos.-Saludó con una amplia sonrisa.-¿En qué puedo ayudarles?
-Buenas tardes tenga usted.-Dijo Caleb mientras cogía la mano que le tendía la mujer y se la besaba.La mujer se sonrojó levemente ante la reacción del chico.
-Mi hermana pequeña necesita un vestido nuevo.-Explicó.-Esperaba que usted nos pudiera aconsejar sobre cuál es el mejor.
Abi estaba boqueabierta ante el repentino cambio de Caleb de chico misterioso a perfecto y cortés caballero de cuentos de hadas, que era capaz de sonrojar a una anciana con un simple beso en su mano.
-Claro, hoy es un día muy especial, y vamos a dejar a esta muchachita como a una princesa.-Dijo mientras cogía a Abi de la mano y la conducía hacia el interior de una sala que usaba como probador. A la chica le dieron ganas de contestarle que ella no era ninguna princesa y que odiaba los vestidos, pero la mirada seria de Caleb le advirtió de que sería mala idea.
La mujer recorrió la tienda cogiendo vestidos para la chica,Caleb se sentó en un pequeño sofá que había situado enfrente del probador.
Tras probarse el quinto vestido la chica empezó a impacientarse porque aquello no tenía pinta de acabar pronto, y la mirada burlona de Caleb solo lograba crisparle más los nervios .
-Oiga, no es por ser mal educada pero yo creo que este está bien, no quiero probarme más.-Explicó Abi a la mujer intentando ser lo más educadas posible.
Caleb asintió pero ni dijo nada, tan solo se levantó del sofá y entregó a la mujer el importe del vestido.
-Un placer conocerla.-Dijo a modo de despedida cuando ya estaban en la puerta.
-Volved cuando queráis niños.-Respondió la mujer desde el interior de la tienda.
Cuando ya estaban fuera Abi clavó sus ojos verdes en los de Caleb malhumorada.
-¿En serio era necesario probarme todo aquello?-Le espetó.
-Creía que a las chicas os gustaba eso de probaros ropa y zapatos.-Respondió mostrándole una de sus sonrisas burlonas.
Abi cruzó los brazos sobre su pecho y puso los ojos en blanco.
-Pero falta una cosa.-Abi enarcó una ceja.
Caleb hizo que se girase de manera que ella de diese la espalda. Caleb se soltó la cinta que tenía en el pelo intentado mantenerlo en su sitio y se la puso a la chica a modo de diadema. Caleb hizo que Abi se girase de nuevo y la miró a los ojos.
-Mucho mejor, ahora se e ven los ojos.-Dijo con una sonrisa.
Abi se sonrojó y cogió uno de sus rizos y comenzó a alisarlo entre sus dedos, como cuando estaba nerviosa o en una situación incómoda.
-Bueno será mejor que nos pongamos en camino, quizás podemos llegar mañana a la mañana.-Dijo el muchacho.
Abi asintió sin decir palabra.Quería olvidar ese incómodo momento.Se le hacía raro que Caleb la tratase de un modo cariñoso; pero ella sabía, en los más profundo de su corazón, que le había gustado.
Durante el camino los chicos acabaron de comer el poco conejo que les había sobrado del desayuno.
-Caleb ¿falta mucho?-Preguntó Abi.
El chico siguió con la vista al frente.
-Te dije antes que con suerte llegaríamos mañana.-Contestó.
-Estoy cansada...-Murmuró.
-Ahora que lo pienso... podríamos haber alquilado un carro.-Comentó mientras se frotaba la barbilla con gesto pensativo.
-¡¿Qué?!-La chica le miró atónita.
-Era broma, no me queda casi dinero, fuimos a comprarte un vestido ¿recuerdas?-Dijo sarcásticamente.
-Eso fue idea tuya ``debes pasar desapercibida´´ ¿recuerdas?-Contestó en una perfecta imitación del muchacho.
Caleb soltó una sonora carcajada y le revolvió el pelo. Abi tenía la sensación de que aquel chico tenía un trastorno de bipolariedad, podía estar totalmente cariñoso con ella, que en dos segundos sacaba su faceta guerrera a relucir.Era un tanto escalofriante pero fascinante a la vez.
Caleb decidió parar al lado del camino para sentarse bajo un árbol y descansar, tras las continuas peticiones de la chica.
-Pufff...-Suspiró.-En serio, prefiero los pantalones..-Dijo la chica.
Caleb estaba jugueteando con una brizna de hierba, pero se giró para clavarle la mirada a la chica.
Un carro tirado por bueyes pasó por el camino.
-Buenas tardes muchachos.-Saludó el hombre que conducía;un niño les miró con curiosidad, debía de ser el hijo de aquel hombre.
-Buenas tardes.-Contestó Caleb. ¿Van hacia Campbell?.-Preguntó cortésmente.
-Sí, ¿necesitais que os acerquemos?-Preguntó el hombre.
-Nos haría un gran favor, mi hermana y yo tenemos asuntos pendientes allí.-Dijo Caleb.
Abi se preguntó por qué cada vez que Caleb se dirigía a alguien que no era ella la presentaba como a su hermana.
-Subid, pues.-Contestó el hombre.
Los chicos subieron al carro; notaban como el niño les observaba.El niño se dio cuenta de que los chicos se sentían incómodos ante su curiosa mirada y se acercó.El niño le recordó a Abi a la foto de Michael cuando era pequeño que había en el salón de su tío;cuando el pelo del niño era totalmente rubio y sus ojos marrones.El niño se sentó al lado de Caleb.
-Me llamo Louis.-Dijo tendiéndoles la mano.
-Yo soy Caleb, y ella es mi hermana Marion.-Dijo dándole la mano.
Abi tampoco comprendía porque la presentaba con un nombre falso.
-¿Eres un Guardián?-Preguntó Louis abriendo mucho sus ojos, le brillaban de la emoción.
-Sí.-Respondió el chico con sequedad.
-¡Eso es genial! Yo de mayor quiero ser como tú, pero papá dice que mi deber es ayudarle.-Explicó.-Él no lo entiende.-Añadió con tristeza.
-Si algo te gusta verdaderamente debes luchar por ello sin importar lo que la gente piense.-Comentó Abi pensando en las palabras que le había dicho Mery cuando tenía la caja con las zapatillas de baile en sus manos.
-En cierto modo, ella tiene razón.-Dijo con una falsa sonrisa.-Pero a veces las cosas tienen que suceder de una determinada manera y tú no puedes hacer nada para evitarlo.-Explicó.-Además, las pruebas para Guardián son muy duras y ningún humano las ha pasado jamás.-Añadió dirigiéndole una mirada a Abi.
Abi le mantuvo la mirada indignada ante sus palabras y luego miró a Louis.
-Pero hubo una vez en la que un hombre llegó a ser Guardián...-Murmuró Louis.
-Murió al poco de acabar su entrenamiento.-Dijo Caleb secamente.
-Nunca te rindas, tienes que pelear y perseguir tus sueños.
Caleb la miró incrédulo, los ojos de la chica brillaban como si de dos estrellas se tratasen.




martes, 14 de mayo de 2013

Arco y flechas (Capítulo 7)

Caleb y Abi improvisaron una pequeña tienda de campaña en la que pasar la noche y encendieron una hoguera.
Abi consultó  su reloj digital; pero este, al igual que su móvil, no funcionaba.
-Deben de ser las once.-Explicó Caleb al ver como la chica miraba su reloj.
-¿No tienes hambre?-Preguntó Abi.
-Sí, pero no tengo ganas de cazar, además, los animales ya estarán en sus madrigueras a estas horas.-Contestó el muchacho.
Abi rebuscó en su mochila, tenía un par de barritas energéticas, eso podría valer.La chica le tendió una a Caleb, éste la miró con cara de asco, pero la cogió.
-Gracias.-Dijo mientras empezaba a sacarle el envoltorio y comérsela.
Abi se acercó más al fuego, hacía frío y ella solo llevaba unos vaqueros y una sudadera. Caleb cogió un palo y comenzó a afilarlo con uno de sus cuchillos; en la empuñadura había un grabado de un dragón azul, como el de su gabardina, y en la hoja había una inscripción en un idioma que Abi no conocía.La chica se quedó mirando como su compañero pasaba una y otra vez la hoja sobre el palo quitando pequeñas virutas de madera.
-En cuanto lleguemos a la primera ciudad vamos a tener que comprarte algo de ropa.-Comentó sin apartar la vista del cuchillo.
Abi puso los ojos en blanco, odiaba ir de compras.
-¿Qué tiene de malo mi ropa?-Preguntó mirándose sus zapatillas de deporte.
-No puedes llamar la atención, y aquí los pantalones, los llevan los hombres.-Explicó.
-Además, tu pelo no ayuda a pasar desapercibida.-Añadió-Aunque si fueras un hada quizás..., pero nunca he visto un hada pelirroja.
-Perdone el señor, siento mucho no ser perfecta y no encajar en su mundo, si me hubiera avisado tal vez podría haberme teñido.-Dijo sarcásticamente.
Caleb paró de afilar su palo y le clavó la mirada.Sus ojos eran extrañamente azules, magnéticos; Abi se quedó embobada observándolos.
-Eres una humana,el simple hecho de que estés aquí ya quebranta la ley; no puedes pasearte por las calles con esa ropa. No podemos llamar la atención.-Su mirada seria no admitía reproche. Abi se sentía fascinada y al mismo tiempo intimidada por aquel muchacho.
-¿Por qué decías antes que soy especial?-Preguntó cambiando de tema.
-Para que Bastak me haga traerte, tienes que ser bastante importante.-Contestó.
-¿Bastak?-Preguntó enarcando una ceja.
-Bastak es un miembro de la Selbua. La Selbua es una especie de ``Sociedad de los Manda Mases´´.Todos ellos saben hacer magia, y digamos que Bastak es un pez gordo en todo esto.
-¿Trabajas para un mago o algo así?
-Me tengo que ganar la vida, yo solo hago lo que me piden; y, por cierto, no es un mago.-Respondió.
-¿Y tus padres?¿No cuidan de ti?-Preguntó desconcertada.
-Ya soy lo suficientemente mayorcito como para cuidarme solo.Además mis padres...bueno, yo no tengo porqué contarte mi vida.-Dijo malhumorado. Abi se levantó y fue a sentarse a su lado. Caleb guardó su cuchillo y lanzó el palo hacia el fuego.
-Claro, tú puedes saberlo todo sobre mí y yo tengo que quedarme con un completo desconocido del que solo sé su nombre.-Caleb giró su cabeza para mirarla a los ojos.La chica le mantuvo la mirada.
-¿Murieron?-Preguntó. Caleb asintió.
-Mi madre murió cuando yo nací y de mi padre no se nada, siempre di por echo que estaba muerto.
-¿Nunca lo buscaste?
-¿Para qué buscar a una persona que se olvidó de ti?Una persona que te tiene que odiar lo suficiente como para dejarte en el bosque no quiere que la busques.Prefiero pensar que está muerto.-El chico se pasó la mano por el pelo.
Abi se mordió el labio, nerviosa, sin saber que decir.
-¿Quién te encontró?-Preguntó dando por echo que alguien tuvo que recogerlo del bosque.
-Ni idea.Solo sé que me dejó en un orfanato y que con doce años me cambiaron de orfanato por mis cambios y empecé mi formación como ``Kalatary´´.
-¿Sabes? Quizás tú y yo no somos tan diferentes después de todo.-Caleb la miró desconcertado.- mi padre también murió y mi madre no se si vivirá.-Explicó.
-¿Qué le pasó a tu padre?-Preguntó con curiosidad.
-Estaba destinado en Irak, ya sabes el ejército y todo eso, los musulmanes pusieron una bomba en el campamento.-Respondió mientras bajaba la vista hacia el fuego.
-Un hombre valiente.-Comentó Caleb.-Los hombres que ponen su vida al servicio de la de los demás son dignos de ser respetados.-Añadió mientras le sonreía.No era una sonrisa sarcástica, era pura amabilidad.
-Lo admiro mucho, me enseño un montón de cosas. Montar en bici, dibujar, pelear, manejar el arco y las flechas...-En la cabeza de la chica comenzaron a florecer los recuerdos de su familia.
Caleb volvió a dedicarle una sonrisa y fue a recostarse en el interior de la cabaña.La chica se quedó contemplando el cielo, siempre le había fascinado la astrología.
-Bonito¿verdad?-Preguntó el muchacho. Abi asintió y bostezó.
-Será mejor que duermas, mañana tendremos que caminar bastante.
Abi se metió en la cabaña y se tumbó dándole la espalda.
-Buenas noches, Caleb.-Susurró.
-Buenas noches, Abi.-Contestó.
Era la primera vez que el chico la llamaba por su nombre y Abi sonrió para sí; quizás, después de todo, ella le caía bien.Se quedó dormida pensando en su padre y reviviendo los momentos en los que estaban juntos, junto a su madre.
Los pájaros ensayaban sus primeros trinos del día y el sol comenzaba a brillar en el horizonte.
Abi se levantó y se desperezó.
-Caleb ¿Hacia dónde tenemos que ir?-No obtuvo respuesta.
-¿Caleb?¿Dónde estás?-todo estaba en silencio.
La chica se levantó y empezó a caminar por el bosque sin alejarse demasiado del campamento, tenía miedo de perderse.
-Tranquila pequeña; tú príncipe ha regresado.-Saludó con una sonrisa sarcástica en la boca.
Abi dio un respingo y puso los ojos en blanco al oír su sarcástica frase.
-Mira lo que cacé.-Dijo exhibiendo un conejo.
Lo prepararon para cocinar y después de asarlo en el fuego de la hoguera se lo comieron.
-Hay que destruir el campamento, no podemos arriesgarnos a que los Dolontes nos sigan.
-¿Dolontes?-Preguntó la chica.
-Sí son seres que comen pelirrojas, y creo que Bastak se enfadaría si se enterase de que te mueres en un ataque de Dolontes.-Dijo sarcásticamente.
-Claaro.... ahora los animales siguen una dieta estricta de pelirrojas.-La chica puso los ojos en blanco.-Ahora en serio, ¿qué son?.
-Bueno, en teoría son animales en los que se ha usado magia negra, solo sienten dolor y odio y por eso atacan a la gente.Tienen veneno... bueno, ya te enterarás de los detalles.-Explicó Caleb.
-Prefiero no saberlos, no me quiero cruzar con esas cosas.-Comentó la chica.
-Nadie quiere, pero nunca se sabe cuando pueden atacar.Siempre lo hacen individualmente, pero son bastante peligrosos para ser tan estúpidos.-Explicó mientras se remangaba la gabardina y le mostraba a la chica un vendaje.
Abi recordó a Caleb en su forma lobuna con su herida.
-¿Un Dolonte?-Preguntó.
-Sí, odio a esos seres, ni siquiera son considerados animales.-Dijo haciendo una mueca de asco.-Además hay muchos tipos de Dolontes y cada uno es más raro que el anterior.
-Pero, ¿si no son animales qué son?-Preguntó Abi.
-En un principio eran animales pero al ser modificados con magia negra son como ``creaciones del mal´´.
-Pobres...-Comentó la chica.
-¡No digas eso!-Dijo enfadado.-La muerte es mejor para ellos; así no sufren.
-¿A dónde vamos?-Preguntó Abi para cambiar de tema.
-A Lunyep, es la ciudad más cercana y allí podremos comprar comida y algo de ropa. Y quizás un arco y unas flechas.
-¿Para que quiero yo un arco y unas flechas?-Preguntó confusa.
-Dijiste que tu padre te enseñó a usarlo, espero que te acuerdes de ello; porque no podré protegerte si nos atacan.Tendrás que usarlo.








viernes, 10 de mayo de 2013

La División (Capítulo 6)

Abi aún no había asimilado todo aquello y miraba confusa a aquel muchacho.
-¿Arthros?¿Qué es eso?-La chica no paraba de hacer preguntas.-Quiero volver a casa, ahora, por favor...
-No puedes irte, acabas de llegar.-Dijo acercándose a ella. La chica dio un paso atrás en un acto reflejo.
-No te acerques,quédate lejos de mí niño; digo lobo ¡ahgg!, ni siquiera sé lo que eres:-Dijo mientras se dejaba caer en el suelo y se agarraba de las rodillas haciéndose un pequeño ovillo sobre sí misma.
-No soy ningún licántropo, solo soy un ``Kalatary´´ y no te haré daño.-Explicó.-Mi nombre es Caleb.-Dijo tendiéndole la mano.
Por primera vez Abi se fijó en su aspecto; llevaba una camisa totalmente blanca, unos pantalones negros, con cientos de bolsillos, y unas botas que le llegaban a la altura de las pantorrillas  negras. Llevaba una gabardina de cuero negro que le llegaba a los tobillos,sobre el brazo izquierdo había un dibujo de un dragón de color azul, las solapas de esta estaban levantadas de forma que solo se le podían ver los ojos, de un azul eléctrico realmente excitante. De su cinto colgaban varios sables y cuchillos, pero ninguno era tan grande como el que llevaba a la espalda en una funda negra. El pelo le caía lacio a la altura de la nuca en mechones dorados que intentaba sujetar en una cinta de color verde, pero algunos de ellos tapaban parte de sus preciosos ojos haciéndole tener un aspecto misterioso. En conjunto tenía un aspecto aterrador y fascinante al mismo tiempo. Abi respiró un par de veces e intentó calmarse``ponerse nerviosa no conducirá a ninguna parte´´ pensó.
-Yo soy Abi.-Dijo cogiendo su mano y poniéndose en pie.
-Eso ya lo sé, te he estado observando.
Abi no estaba acostumbrada a que le prestasen atención y menos a que la observasen, ella solía pasar desapercibida entre la multitud.
-¿Observándome?-Preguntó confusa.
-Claro, ¿qué te crees que hacía en tu instituto?-Preguntó mientras sonreía burlonamente.
Abi puso los ojos en blanco.
-Bueno, pues me parece muy bien que te entretengas ``observando´´ a la gente, pero si me pudieras ayudar a volver a casa te estaría muy agradecida.
-¿A casa? No, pequeña, tenemos que hacer unas cuantas cosas antes de volver a casa.Y no te preocupes por James y los demás, no se darán cuenta de tu ausencia.-Añadió al ver que la muchacha iba a replicarle.
-¿Cómo sabes quién es James?-Preguntó.
-¿Acaso no escuchas cuando te hablan? Te dije que te he estado observando, conozco a Charlie, a Mery, a Nathalie, a tu madre biológica y a ese niño...¿cómo se llamaba?-Preguntó chasqueando los dedos.
-¿Michael?-Respondió Abi enarcando una ceja.
-Sí, eso es.-Contestó Caleb.
Abi pensó que aquel muchacho tendría la edad de Michael.
-Bueno, basta de cháchara dijo mientras la cogía de la mano y la empujaba levemente para que caminase.-Nos queda mucho camino que recorrer.-Explicó.
-¿De qué hablas?-Dijo desasiéndose de su mano.-Yo tengo que volver a casa.-Dijo malhumorada.
-Genial...¿no podrías cooperar?no, tenía que ser una cabezota.-Dijo para sí.-Mira niña, no tengo ganas de discutir, puedes venir por las buenas o por las malas, tú eliges.-Añadió.
-Primero, no soy una niña; segundo, no iré contigo a ninguna parte; y tercero, llevar un par de cuchillos no hacen que seas más duro.-Dijo cruzando los brazos sobre el pecho.
En un rápido movimiento que el ojo humano de Abi no pudo perceptir, Caleb la cogió de un brazo, le hizo una llave y se lo pegó a la espalda antes de que ella pudiera darse cuenta de que el ya no estaba delante suya. Caleb inclinó su cabeza hacia adelante, de manera que sus labios quedaron a la altura de la oreja de la chica. Abi pudo sentir su respiración. El muchacho le apartó los rizos y le susurró al oído ``no me subestimes, pequeña; no tienes ni idea de lo que soy capaz de hacer.´´
El corazón de Abi comenzó a latir alocadamente; su respiración se tornó irregular. No conocía a aquel chico, ni tan siquiera estaba segura de si era humano, ¿y le había insinuado que podría morir?
-Y ahora deja de comportarte como una niña malcriada y ven.-Dijo mientras la soltaba y echaba a andar.
Abi abrió la boca para protestar pero la cerró al instante al recordar su cinturón lleno de cuchillos y su amenaza.
La chica comenzó a andar y se puso al lado de Caleb a regañadientes. El muchacho esbozaba una sonrisa al ver la reacción de la chica.
De repente Abi se acordó de Caleb en su forma lobuna y sintió como se ponía colorada al recordar como le había hablado de aquella forma tan tonta e infantil; agradeció la presencia de sus pecas que disimulaban su sonrojo.
-¿Por qué me observabas?-Le espetó.
Caleb la miró desconcertado y volvió a esbozar una de sus sonrisas torcidas.
-Ya lo sabrás.-Contestó.
-Bueno ya que no me lo vas a contar, al menos podrías explicarme porqué eres un lobo.-Dijo sarcástica.
-No solo soy un lobo, puedo cambiar de forma y convertirme en cualquier animal.Pero me gustó la forma en la que me hablaste cuando era un lobo.-Explicó sonriendo.
Abi miró a otro lado malhumorada.Quería ignorarlo, pero él era el único que podía saciar su curiosidad  y lo sabía.
-Pero, entonces...¿qué eres?_preguntó.
-La gente nos llama ``cambiantes´´, pero nosotros preferimos llamarnos ``Kalatary´´.-Explicó.
-¿Y se supone que vigilas a la gente de la tierra para raptarla y traerla a... Artus, Artos...bueno, a como se llame esto.-Preguntó de nuevo.
.Arthros.-Contestó.
Abi puso los ojos en blanco ante la respuesta del muchacho.
-No, tu caso es especial, por eso te traje aquí.Normalmente vamos a vuestro mundo a parar los ataques contra la naturaleza.-Explicó.-No es nada personal, solo intentamos sobrevivir.
-¿Sobrevivir?-Preguntó desconcertada.
-Hace millones de años Arthros y tu mundo eran uno, estaban unidos y los humanos convivían con los Arthrosianos, pero el hombre se volvió egoísta y avaricioso; comenzó a destrozar bosques y a matar seres mágicos, por lo que, según cuenta la leyenda, El Jefe Superior dividió ambos mundos. La magia se quedó aquí y tu mundo comenzó a morir. De echo sigue muriendo, sin que nadie haga nada al respecto. Estáis dejando sin recursos vuestro propio hogar y ya no hay nada de magia.-Explicó.
Abi apenas había parpadeado durante toda la conversación y ahora intentaba asimilar toda esa información y procesarla en su cabeza.
-Por eso los humanos no sois bienvenidos.-Dijo mientras escupía hacia un lado del camino.
-Si no somos bienvenidos¿por qué me has traído aquí?-Preguntó
-Ya te lo dije antes, y te lo repito; eres un caso especial.-Dijo secamente.
-¿Entonces, tú sabes hacer magia?-Preguntó para cambiar de tema; a Caleb no parecía agradarle hablar de humanos.
-Yo no, solo los magos, las brujas y las hadas pueden usar la magia.-Explicó.
-A ver, tu eres un ``Kalatary´´ y cambias de forma constantemente.-Caleb asintió.-Luego la magia solo la pueden practicar los magos, las brujas y las hadas.Y por último hay un Jefe Superior que es como el rey de todo esto ¿no?.
-El Jefe Superior murió, pero más o menos vas entendiendo las cosas.Aprendes rápido pelirroja.-Comentó.
-Bueno, seguro que aún me queda mucho.-Dijo lanzando un leve suspiro.
Caleb miró al cielo.
-Pronto será de noche y tendremos que acampar.-Comentó.-Será mejor buscar un sitio dónde pasar la noche.-Añadió.
Abi recordó a su familia.
-Tengo que avisar a Mery de que no dormiré en casa e inventarme una excusa.-Dijo preocupada mientras sacaba el móvil de la mochila.
-Guarda eso, la tecnología no funciona en un mundo de magia; y no te preocupes por ellos, no se darán cuenta de tu ausencia.-Explicó el muchacho.








sábado, 4 de mayo de 2013

Arthros (Capítulo 5)

La gente ya se había ido, Abi se dio cuenta de que la verja del instituto estaría cerrada.
-Espera aquí, tengo que buscar algo en lo que te pueda llevarte.-Le dijo.
Abi recorrió el campus del instituto y se dirigió hacia el cobertizo dónde estaban guardados los utensilios de jardinería.Allí había una carretilla, la cogió y se dirigió hacia los arbustos; pero el perro ya no estaba allí.La chica dio un silbido, nada, el perro había desaparecido.``Que extraño pensó´´.Volvió a dejar la carretilla junto al cobertizo.
Corrió a intentar abrir la verja, pero estaba cerrada con llave y era demasiado alta como para intentar saltarla. Volvió a los arbustos, dónde hacía un momento había estado el perro.Se fijó en un roble que estaba cerca de la verja. Abi trepó por el árbol y con sumo cuidado avanzó por una rama que colgaba al otro lado de la verja. La rama estaba demasiado alta como para alcanzar el suelo. Abi suspiró cerró los ojos durante un segundo y saltó hacia la acera, dio una voltereta en el suelo y acabó de pie.``Después del todo las clases de ballet, han servido para algo´´ pensó .Miró a ambos lados y luego consultó su reloj.Ya era casi la hora de la cena, tenía diez minutos para llegar a casa.
Comenzó a correr tan rápido como pudo, el corazón se le quería salir del pecho y las piernas le protestaban a cada zancada que daba, pero finalmente llegó, tomó aire y abrió la puerta justo cuando Mery les llamaba a cenar.
La mujer se giró al oír el ruido de la puerta al abrirse, Abi se encontró con unos ojos grises y fríos.
-¿Qué son estas horas de llegar a casa?¿Dónde estabas?-Preguntó.
-En el instituto, fue la exposición de ciencias.-Dijo tras tomar una bocanada de aire para serenarse.
-Bueno, pues ve a lavarte las manos, hoy hay pizza para cenar.-Dijo mientras señalaba el baño.
Cuando salió ya estaban todos sentados en la mesa, esperándola para poder empezar a cenar.
Durante toda la cena Abi estuvo pensando en el misterioso perro. No parecía que con aquella herida pudiese caminar.
Cuando acabó de cenar formuló una excusa acerca de los deberes y subió a su habitación.Poco después Michael subió y se apoyó en el marco de la puerta.
-Yo sé que tú te traes algo entre manos y lo de los deberes no era más que una excusa.-Dijo.
Abi levantó la vista de su libro y enarcó una ceja como solía hacer Michael.
-No, no hagas como que no sabes de lo que te estoy hablando.-Dijo.
-``Eso´´ que se supone que tengo entre manos, debe de ser algo muy gordo por que ni yo sé lo que es.-Respondió guiñándole un ojo.
Michael puso los ojos en blanco y se fue a su cuarto.La chica se puso su pijama y se metió en la cama; aún seguía pensando en el perro cuando se quedo dormida.
El estridente sonido de su despertador la sacó de su sueño y le recordó que, otro día más, había instituto.Se levantó y fue a darse una ducha para despejar los últimos recuerdos de su sueño, pero otra vez el misterioso perro acaparó sus pensamientos.
Salió de la ducha y se enrolló en una toalla, comenzó a secarse el pelo, pero al ver la hora que era optó por dejar que los rizos le cayesen húmedos a la mitad de la espalda, y se vistió a las carreras.
Bajó las escaleras dando zancadas que abarcaban dos escalones y fue a la cocina. Michael ya estaba allí, tomándose su desayuno, cuando ella entró.
La chica se tomó su tazón de leche y cogió unas tostadas antes de abandonar la casa seguida de Michael.
Josh, el amigo de Michael, les estaba esperando en la puerta de su casa.
-Buenos días chicos.-Saludó con una sonrisa.
Abi  le propinó un leve codazo a Michael y se puso de puntillas para ponerse a la altura de su oído ``No me dijiste que iba a venir´´ le susurró.
Michael se encogió de hombros y le devolvió el saludo a su amigo.
Abi metió las manos en los bolsillos de su chaqueta y se echó a andar a la par de los chicos.
Cogieron el bus y llegaron al instituto.Durante todo el trayecto Abi no dijo nada, tan solo se puso sus cascos y dejó que Michael hablase con su amigo de sus cosas.
Al llegar al arco del instituto se despidieron con un simple ``Nos vemos en casa´´.
-¿Le pasa algo a Abi?-Preguntó Josh, cuando la chica ya se había ido.
-No tengo ni idea, pero está muy rara.-Comentó Michael.
Los chicos se dirigieron a su clase de física, mientras, Abi se fue a su aula. Nathalie ya estaba allí.
-¡Buenos días pelirroja!-Exclamó.
-¡Hey!-Contestó.-¿Qué tal se tomaron tus padres el segundo premio?.-Preguntó.
-Extrañamente bien para ser un segundo premio.-Explicó.
El timbre sonó cortando las conversaciones de los alumnos y anunciando el  comienzo de la primera  la primera clase del día.
Las horas se pasaron rápido y las dos amigas bajaron juntas al patio del instituto cuando el timbre sonó anunciando el esperado recreo.
Nathalie empezó a hablar de su clase de biología y de que el señor Hudson, su profesor, quería llevarlos de excursión.Pero Abi no le estaba prestando atención, tenía la vista fija en los arbustos, dónde el día anterior había visto al perro.Le había parecido que se habían movido otra vez.
-¡Abi!¿Me estás escuchando?.-Nathalie pasó la mano por delante de sus ojos y Abi dio un respingo.-¿Qué te pasa?-Preguntó.
-Aquel arbusto se ha movido.-Dijo Abi señalando hacia dónde había estado el perro.-¿No lo viste?
-Abi, sería el viento; hoy estás muy rara...-El timbre sonó y todo el alumnado se dirigió con resignación a sus respectivas aulas.
Las últimas clases pasaron lentamente, Abi no paraba de mirar a través de la ventana hacia los arbustos sin saber muy bien que esperaba ver.El timbre sonó de nuevo dando por acabado otro aburrido día de instituto.Ahora tenían todo el fin de semana por delante.
Nathalie y Abi fueron a comer juntas al CC para celebrar el segundo puesto de Nathalie.
-No hay nada como una comida a base de chocolate.-Dijo Abi mientras dejaba sobre la mesa el cuarto tazón de chocolate vacío .Nathalie rió.
-Es increíble la cantidad de comida que puedes tomarte.
-Bueno, supongo que sí.-Dijo con una sonrisa.
Ya eran las tres y media cuando las amigas se despidieron.Para volver a casa Abi tenía que pasar por delante del instituto.Puso especial atención en los arbustos situados junto al pabellón, nada, ni un solo movimiento; pero a lo lejos vislumbró la silueta de un perro.
Abi trepó por la reja hasta alcanzar la rama del árbol con la que había abandonado el instituto el día anterior.
Se columpió sobre ella y saltó al césped, dejándose caer en una elegante acrobacia.
Se dirigió hacia el perro con cuidado, no quería asustarlo, pero este ni si inmutó cuando la chica estuvo a su lado; parecía como si se alegrase de verla.
Se dio cuenta de que aquel no era un simple pero, era demasiado grande y a la luz del sol se apreciaba mejor esa diferencia. Abi se dio cuenta de que no era un perro, como había pensado, era un lobo; pero había lago en su comportamiento que a Abi le llamaba poderosamente la atención; parecía como si estuviese domesticado.
Abi se acercó más a él y comenzó a acariciarle.
-Hola, grandullón¿dónde te metiste ayer?-Preguntó poniendo una voz cariñosa e infantil.La chica se fijó en su pata, aún tenía la  herida pero la sangre seca había empezado a hacer una costra sobre ella.
-¿Qué te pasó aquí?-Preguntó de nuevo con esa voz infantil.
El perro comenzó a caminar en dirección a los arbustos dónde Abi lo había encontrado, pero en vez de esconderse tras ellos, desapareció tras un árbol situado en frente de ellos.
Abi abrió los ojos como platos, no había ni rastro del lobo. LA chica rodeó el árbol sin encontrarlo por ninguna parte.
Silvó un poco y la superficie del tronco se onduló y la cabeza del lobo apreció sobre ella. Parecía que tenía una sonrisa burlona, Abi dio un paso atrás sorprendida.
El árbol se abrió, como si de una puerta se tratase y una luz la cegó.El lobo seguía allí y parecía que la invitaba a pasar.
Abi metió un pié dentro de aquel árbol, no sabía lo que estaba haciendo, pero cuando quiso retroceder una fuerza tiró de ella hacia adentro y todo a su alrededor empezó a dar vueltas, se sintió levitar en el aire por un momento y acto seguido cayó sobre un suelo cubierto de hojas rojizas y amarillas.
Se sentó y miró a su alrededor, a su derecha el lobo la  miraba con curiosidad , no había rastro del pabellón ni del instituto. Se puso en pie y golpeó el tronco del árbol, no paso nada. Tenía el aspecto de un árbol normal. Abi lo rodeó, no había nada en él que le llamase la atención, solo parecía un árbol normal y corriente.
-¿Dónde estoy?¿Que ha pasado?¿Qué es esto?-La chica comenzó a ponerse nerviosa y a hiperventilar como cuando se había quedado encerrada en el ascensor y la claustrofobia le hizo perder las riendas del asunto.
El lobo comenzó a hacer ruidos raros, se agazapó sobre si mismo .Las orejas se empezaron a encoger, el hocico se retrajo, los colmillos se empequeñecieron, las zarpas de las patas desaparecieron y todo su pelaje desapareció progresivamente.Su patas delanteras se convirtieron en manos y sus patas traseras se alargaron hasta convertirse en las piernas de un ser humano.
Abi miraba aquél espectáculo atónita.El lobo se había convertido en un muchacho fuerte, de aproximadámente la edad de Michael. El cabello rubio alborotado le caía sobre los ojos y le llegaba a la altura de los hombros; sus ojos eran azules eléctricos, el muchacho esbozó una sonrisa socarrona.
.Bienvenida a Arthros.-Dijo.