Abi había permanecido callada desde que salieron del reino de las hadas; las palabras de Bellie se habían quedado firmemente ancladas en su mente; ¿desde cuándo estaba ella destinada a hacer grandes cosas?¿Que diablos se suponía que tenía que hacer?¿Por qué le cambiaron el nombre?¿Acaso querían ocultar algo? Su cabeza se estaba convirtiendo en un inmenso océano lleno de preguntas.
Caleb jugueteaba con uno de sus cuchillos, distraídamente; parecía que él ya se esperaba aquello; aunque Caleb parecía que jamás se sorprendida de nada. Nathan, por otra parte, seguía sin creerse las palabras de la reina, parecía tan contrariado como la chica.
Era increíble verlos, eran como el día y la noche. Si uno decía blanco, el otro diría negro. Pero ambos tenían algo especial, algo que Abi intentaba descifrar sin éxito alguno.
El único sonido que se apreciaba eran los crujidos de las botas sobre las hojas secas que hacían de alfombra al bosque.
Todos estaban ensimismados cuando un gruñido desgarrador rompió el silencio. Caleb desenvainó la gran espada que llevaba a la espalda, el sol se reflejo en su hoja haciendo brillar los numerosos gravados que la recorrían desde la empuñadura hasta la punta.
¿Cómo un objeto mortífero puede ser tan bello?-pensó Abi
El chico se puso en tensión y todos se quedaron en un silencio sepulcral, sin atreverse a respirar. Otro rugido espantó a los pájaros, que descansaban en las copas de los árboles, que huyeron batiendo sus alas tan rápido como podían.
-Quedaos aquí, -dijo Caleb mirando fijamente a la chica.
Las chispas de sus ojos volvían a saltar frenéticamente dentro de sus pupilas. Caleb siguió caminando y se adentró en un frondoso arbusto.
Abi le siguió, haciendo caso omiso a las palabras de su compañero; encontró a Caleb tumbado en el suelo boca abajo, mirando a través de las hojas; Abi le imitó.
-¿¡Qué diablos haces aquí?!-dijo en un susurró.
La chica le ignoró.
-¡Te dije que te quedases allí, con Nathan!- acto seguido el chico del pelo platino se acuclilló junto a ellos.
-¿Acaso crees que iba a hacerte caso? No soy tu perrito faldero.-el chico le lanzó una acusadora mirada.
Abi no puedo evitar soltar una leve carcajada; resultaba bastante irónico oír eso de un hombre lobo.
Caleb se abalanzó sobre ella, empujándola de lado, justo antes de que una especie de rinoceronte, de alrededor de cuatro metros de altura los aplastase.
El chico se puso en pie de un salto, apartando a la chica; Nathan comenzó a cambiar de forma, rasgando de nuevo la ropa.
Caleb corrió hacia la bestia blandiendo su gran espada; el chico arremetió contra el, pero éste giro con sorprendente rapidez y golpeó al muchacho con una de las púas que nacían en su espalda. Caleb salió disparado por los aires, pero cayó de pie con un equilibrio sorprendente.
Nathan ya saltaba sobre aquel Dolonte en su forma lobuna, parecía una estrella fugaz, su pelaje tenía un brillo platino increíble a la luz del sol.
Ambos atacaban a aquel ser continuamente, intentando matarle. El animal gruñía cada vez que Nathan le mordía o cuando Caleb lograba clavarle la espada.
Abi se fijó en la yugular del animal, un corte en ella lo mataría.
No lo hagas- la parte racional de su cerebro intentaba reprimir sus impulsivos pensamientos.
-¡Caleb, dame un cuchillo!-gritó mientras corría hacia el monstruo.
El muchacho la miró entre asustado y enfadado .
-No seas imbécil, vuelve a dónde estabas-gritó mientras le clavaba la espada e uno de los dedos de la pata, seccionándoselo.
El Dolonte emitió un grito ensordecedor y se dispuso a atacar al muchacho.
-¡Caleb!- el chico la miró preocupado.
-¡Cógelo!- gritó lanzándole uno de los numerosos cuchillos que colgaban de su cinturón. La chica corrió a cogerlo sin saber muy bien que hacía; la voz de su cabeza seguía chillándole que aquello no estaba bien, que se iba a matar, pero la fuerza que le impulsaba a pelear contra aquel ser era mucho más fuerte.
``Estás destinada a hacer grandes cosas´´
¿Y si las palabras de la reina, Bellie eran ciertas? ¿Por qué no intentarlo?
La chica corría hacia la bestia con el cuchillo en mano ante la atenta mirada de Caleb, que comenzaba a arrepentirse de haberle echo caso y darle un cuchillo.
Por un momento todo a su alrededor desapareció y solo estaba ella ante ese repugnante ser; solo quería luchar contra el y matarlo. Sus ojos se tornaron de un verde esmeraldino y sus pupilas comezaron a dilatarse.
Caleb intentaba clavarle de nuevo la espada, pero estaba más pendiente de la chica que de la bestia.Algo en él le decía que debía bajar a por la chica, cogerla y alejarla del peligro.Nunca antes había sentido esa necesidad por nadie, siempre había luchado junto a Rose o a Ventua y jamás tuvo esa sensación. Pero con Abi era distinto, tenía miedo de que le pasase algo malo, quería protegerla.
Nathan seguía intentando desgarrarle la zona del pecho, dónde debería de estar el corazón del Dolonte.
Abi se apoyó en la pata delantera del ser para saltar de una manera increíble hacia su yugular; era como si de repente fuese un pájaro, parecía que el tiempo se había detenido y que la chica se había quedado flotando en el aire. Abi pasó el cuchillo por el rugoso cuello del Dolonte, rasgándole la piel y seccionándole la yugular; la chica cayó al suelo haciendo una voltereta y volviéndose a poner en pie en apenas unos segundos. Una substancia negra la cubría de pies a cabeza, estaba caliente y resultaba bastante asquerosa al tacto; era la misma substancia que manaba del cuello del ser. Aquella especie de rinoceronte gigante lanzó un último grito haciendo que la sangre de su cuello saliese como una cascada por la herida abierta y por la boca, para más tarde caer pesadamente hacia un lado; haciendo que el suelo temblase bajo su peso.
Caleb la miró sin acabar de creerse lo que acababa de ver. Nathan se acercó a ella, todos estaban salpicados por la misma substancia negra.
-¿estás bien?-preguntó preocupado el rubio.
Abi asintió, ella tampoco estaba muy segura de cómo había saltado de aquella manera.
-Aunque no me vendría mal comer algo,me muero de hambre-había pasado la mayor parte del día funcionando a base de adrenalina y su estómago empezaba a recordarle que seguía ahí.
-Acabas de matar a tu primer Nantura y lo primero que se te ocurre decir es ``me muero de hambre´´ ¿enserio?
La chica se encogió de hombros.
Caleb soltó una sonora carcajada, a la que Abi se unió. Nathan seguía en su forma lobuna, pero enseñó los dientes haciendo un amago de una sonrisa con sus labios de lobo.
-Aunque tienes razón, deberíamos comer algo-sentenció el muchacho.
Nathan salió corriendo hacia el bosque en busca de alguna presa y Caleb se dispuso a encender una pequeña hoguera.
El humo dio paso a una pequeña llama que crepitaba entre las hojas y los pequeños palos que tenía sobre ella.
El chico echó algo más de madera para que el fuego no se extinguiese y se sentó junto a Abi.
-¿Cómo saltaste?Me refiero a... bueno, para no haber tenido nada de entrenamiento manejaste bastante bien la situación.-preguntó con curiosidad.
-Admítelo, rubiales, ha sido increíble; ambos lo sabemos- dijo la chica guiñándole un ojo.
Caleb esbozó una media sonrisa.
-Vale, no lo negaré; jamás he visto algo así, ni los novatos son capaces de hacer eso.¿Cómo lo hiciste?
-Si te digo la verdad, no tengo ni la más remota idea; fue como si de repente todos esos movimientos los hubiese practicado durante toda mi vida; resultó ser demasiado...fácil-dijo tras buscar la palabra adecuada.
-Quizás ya sabías todo eso por ser hija de un Guardián. Cuando éramos pequeños, Lord Peniston siempre nos decía que un futuro Guardián podría enfrentarse a los Dolontes sin haber tenido un entrenamiento previo. Decía que teníamos algo que nos impulsaba a la lucha, no sé como explicarlo.
La chica lo miró pensativamente.
Adoraba la forma en la que aquellos mechones de pelo le caían sobre sus ojos, haciendo que tuviese una apariencia aún más misteriosa y sexy; y sus ojos, sus electrizantes ojos... podría pasarse el día contemplándolos, intentando descifrar los dibujos que esas chispas formaban en sus pupilas.
Abi se dio cuenta de que el chico la miraba fijamente, y notó como el calor subía a sus mejillas sin que ella pudiese hacer nada por evitarlo. Caleb se acercó a ella y le colocó un rizo tras la oreja con delicadeza, dejó que su mano se entretuviese con él y la fue bajando por la acalorada mejilla de la chica sin separar sus ojos de los de Abi. La chica se mordió el labio inferior, sus rostros estaban a escasos centímetros y podía notar el suave aliento del chico; notó como su corazón comenzaba a acelerarse con cada caricia que le hacía Caleb y rezó para que este no pudiese oírlo.
Esas mismas manos que clavaban la espada con decisión sobre un Dolonte, eran ahora extremadamente delicadas y suaves, como si tuviese miedo a herir a la chica.
Abi notó como se le formaba un nudo en la garganta que impedía que la saliva pasase con normalidad. El corazón parecía querer salirse de su pecho.
¿Por qué diablos la miraba así?¿Por qué se comportaba de ese modo? ¿Acaso él no era el chico que la había obligado a ir con él cuando aterrizó en Arthros? Sí, era el mismo chico, el que causó admiración, el chico de los ojos eléctricos.
Por una parte quería besarle, sentir sus labios junto a los suyos; pero por otra parte tenía miedo de la reacción del chico.
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domingo, 1 de diciembre de 2013
viernes, 1 de noviembre de 2013
Bellie, la reina de las hadas (Capítulo 21)
Sus labios eran delicados junto a los de ella, se movían con suavidad, como si el chico tuviese miedo de lastimarla; Nathan bajó su mano hasta su cintura, pero rodeó su cuello con la mano que le quedaba libre para atraerla más hacia él., Abi lanzó una exclamación ahogada y cerró los ojos para dejarse llevar; paso sus brazos por la nuca de Nathan y entrelazó sus dedos con sus cabellos de plata. El chico separó sus labios con los suyos, dando paso a su lengua, que jugaba frenética con la suya; el beso se fue tornando cada vez más salvaje, parecía que el chico no se iba a separar de ella jamás. Abi lo apartó con suavidad para coger aire, pero él apenas le dio tiempo, porque la volvió a asfixiar con otro de sus salvajes besos.
``¡Para! ¡¿Qué haces?!´´ la voz en la mente de Nathan no paraba de chillarle, pero cuanto más le gritaba que aquello no estaba bien más ganas tenía él de seguir; el calor recorría sus venas, quemándole, tenía la sensación de que comenzaría a cambiar en cualquier instante; pero le gustaba sentir ese miedo, hacía que subiese su adrenalina.
Abi abrió los ojos y por un momento vio a Caleb y no a Nathan, la chica le empujó asustada. Nathan la miró sorprendido.
-Esto no está bien-dijo la chica.
-¿Por qué no?- preguntó Nathan acercándose a ella.
-¡Porque no!
Abi se giró, cogió sus cosas y bajó a todo correr por la escalera de mano, pasó por delante de todos los lobos sin parar a mirarles y siguió corriendo tan rápido como se lo permitía su vestido.
Su cabeza era un cúmulo de preguntas ``¿Qué he hecho? ¿Por qué?¿Quién es Meredith?´´
Nathan tardó un poco en reaccionar, pero cuando lo hizo bajó las escaleras y la siguió corriendo; comenzó a cambiar, la ropa quedó en el suelo hecha jirones, Nathan pasó de ser un chico a un lobo polar, de pelaje blanco, en apenas un minuto.
Abi chocó contra alguien y calló al suelo de espaldas.
-Pelirroja ¿qué haces?-la chica subió la vista, ante el sol, se recortaba la figura de un chico rubio con una gran espada en la espalda.
-¡Caleb!-dijo poniéndose en pie sobresaltada.-¿Qué haces aquí?-preguntó recuperando la compostura.
-¿Acaso no es obvio?-preguntó sarcástico- he venido a buscarte, al parecer dedo seguir cuidando de ti y estuvo mal dejarte sola. Sabría que te alegrarías de verme, pero no pensé que te fueras a lanzar de esa manera a mis brazos.
La chica le propinó un puñetazo en el hombro.
-Idiota-dijo.
Acto seguido un lobo blanco apareció junto a ellos. Abi reconoció al instante a su amigo.
Las miradas del Guardián y del lobo se cruzaron, y en los ojos de Caleb comenzaron a saltar esas chispas que hipnotizaban a la chica; pero la mano del chico en la empuñadura de la espada no le daba muy buenas vibraciones a Abi. Nathan le sostuvo su mirada de lobo, desafiante.
-Fuera de aquí, chucho.-dijo Caleb.
Nathan sonrió mostrando sus afilados colmillos.
-Tranquilo,-dijo Abi- es Nathan.
Caleb la miró sorprendido.
-¿Le conoces?- la chica asintió.
Esto es increíble, te dejo sola cinco minutos y te haces amiga de un lobo, ¿en qué piensas?-la chica le dedicó una mirada de odio.
-Ni que te importase mucho lo que me pueda pasar.
-¿cómo?- el chico clavó su eléctrica mirada en la suya.
-Sí, está muy bien abandonar a alguien en el bosque.
Nathan, viendo que aquella discusión podría hacerse más larga, se sentó y estiró las orejas para prestarles atención.
-No soy yo la que se para cada cinco minutos para descansar, ¿sabes? No he venido hasta aquí para escucharte decir tonterías de niña pequeña.
-Nadie te mandó venir, puedo cuidarme sola, no soy ninguna cría.-contestó acusadoramente.
-Por Dios, deja de comportarte como una niña malcriada. No sabes lo preocupado que está tu padre.
-¿Tú sabes quién es Meredith Grunklee?
El chico la miró extrañado.
-¿Qué tiene eso que ver?-Dijo aún más enfadado.
-Pues que al parecer mi padre tiene una hija de la que nadie sabe nada.
-Yo jamás he oído ese nombre, pero podríamos averiguar si esa tal Meredith es tu hermana.
El lobo soltó un gemido.
-Sí, vamos a hacerle una visita a las hadas-Nathan se levantó de mala gana.
El reino de las hadas era realmente increíble, parecía que en sí, era otro mundo dentro de Arthros; todo allí inspiraba paz y el aire estaba inundado por delicados aromas de las diminutas flores que se extendían por todo el valle.
Un inmenso árbol ocupaba todo el círculo de la Luna; un dibujo en el suelo con forma de luna llena que estaba ahí desde que las hadas existían; le había explicado Caleb.
No era un árbol cualquiera, sus ramas se extendían hacia el cielo, formando una inmensa copa que la vista no podía abarcar. De las hojas caía un polvo blanquecino realmente brillante.Era como una cortina inmaterial que caía siempre, sin llegar a agotarse. en el tronco del roble había unas escaleras perfectamente talladas que conducían al interior de la copa.
Caleb empujó levemente a su compañera para que subiese; esta se giró con una acusadora mirada y el muchacho asintió afirmativamente, indicándole el camino. Los chicos subieron escoltados por los pequeños duendes que les habían acompañada desde su llegada al reino de las hadas.
La enorme dopa del árbol era aún más impresionante desde dentro. Las hojas dejaban entrar tímidos rayos de luz, y de las ramas colgaban delicadas guirnaldas de flores entrelazadas. El suelo de la sala estaba hecho de la propia madera del árbol y alrededor de él había una especia de gradas llenas de hadas que debatían algo sobre polvo mágico. Cuando repararon en la presencia de los muchachos comenzaron a cuchichear entre ellos dedicándoles miradas desconfiadas.
Dos tronos, uno hecho con robustas y elegantes ramas, y otro revestido de pequeñas flores; ocupaban la zona más alejada de la entrada. De pie, junto a ambos tronos, la figura de una hermosa mujer se erguía ante ellos.
Abi jamás había visto nada igual. Era una mujer joven, aparentaba unos veinticinco años; su pelo dorado caía hasta el suelo en una cascada de reflejos solares, perfectamente peinada, en los cuales se entrelazaban pequeñas flores blancas. Sobre su cabeza portaba una sencilla corona que formaba un triángulo invertido sobre su frente, en la que brillaba un pequeño diamante. De su espalda salían dos alas idénticas en forma de medias lunas, por las que se extendían pequeñas ramificaciones; en el extremo superior de cada ala colgaba una diminuta campanilla que emitía destellos plateados y un suave y melodioso tintineo con cada movimiento de la mujer.
-Bienvenidos seáis a mi humilde reino- su voz sonaba como el trino de un delicado pájaro y como el rumor de un riachuelo. Todo en ella inspiraba paz y tranquilidad.
Caleb se arrodilló ante ella e inclinó la cabeza hacia adelante, en un acto de cortesía y respecto hacia la reina. Abi y Nathan le imitaron.
-Majestad, es un honor estar ante vuestra persona,-la voz de Caleb sonó firme y segura; haciendo eco en toda la estancia.
La mujer esbozó una delicada sonrisa, adulada por las palabras de el chico; pero acto seguido recuperó la compostura mostrando su semblante serio.
-Supongo que no habéis venido a visitarme para charlar. He oído que necesitáis mi ayuda; pero será mejor que toméis asiento; estaremos más cómodos y disfrutaremos de la privacidad de la Corte-dijo señalando unos cojines con motivos florales esparcidos por el suelo.
Justo después de que la reina formulase esas palabras las hadas comenzaron a abandonar la sala en un silencio sepulcral. Por unos escasos minutos la sala se inundó de un leve batir de las membranosas alas de las hadas.
En apenas dos minutos la sala quedó totalmente vacía, dejando a la reina y a sus invitados solos. Los muchachos tomaron asiento y Nathan se tumbó en el suelo; unos segundos después dos pequeños duendes depositaron ante los invitados una bandeja con pequeñas galletas y unas copas con una bebida de un extraño color púrpura.
La reina miró a Nathan, que seguía en su forma de lobo.
-Supongo que necesitarás algo de ropa si quieres cambiar de forma ¿no?- El lobo hizo un leve asentimiento y los duendes lo condujeron a una sala contigua.
-Bueno, contadme pues, el motivo de vuestra visita-dijo sentándose en el trono de las flores. La mujer colocó su vestido a su alrededor formando una cascada blanca. El hada apoyó su codo sobre el posabrazos para sujetar su cabeza con la mano; sus ojos se clavaron en los de los chicos.
Abi se quedó himnotizada con ellos, a simple vista eran de un color azul oscuro, pero el iris tenía una pequeña parte violácea que rodeaba el otro color.
-Hemos oído que en la familia de los Grunklee hubo una niña, Meredith; esperábamos que usted nos dijese quién es ella- dijo Caleb sacando a Abi de su ensimismamiento. La reina esbozó una sonrisa que mostró sus dientes perfectamente alineados y del color de la nieve.
Acto seguido Nathan entró en su forma de humana vistiendo con la colorida ropa de las hadas; el chico tomó asiento junto a Abi sin decir palabra.
-Meredith, sí, recuerdo a esa niña; jamás hubo un bebé en este mundo con esos ojos; deberíais haberla visto, esa niña está destinada a hacer grandes cosas.
-Entonces... ¿es verdad?... ¿tengo una hermana?-Preguntó Abi.
-Yo no dije tal cosa- contestó la reina con una delicada sonrisa- ¿no te das cuenta?-La chica miró a Caleb desconcertada, pero este tan solo se encogió de hombros.
-Disculpe mi intromisión; pero me temo que ninguno de nosotros entiende lo que nos está diciendo-Nathan no apartó la vista de los ojos de la reina cuando sus compañeros le miraron.
-Que ingenuos sois...Meredith desapareció cuando tan solo era un bebé, pero ha vuelto; ella es una Grunklee; una de las familias de Guardianes; y aunque ella piense que ha llegado a Arthros por una extraña casualidad, no es así; la hora se acerca y es el deber de cualquier Guardián defender nuestro mundo- la mujer hablaba en un tono solemne sin apartar la vista de ellos.
-Pero ¿que tengo yo que ver en todo esto?-Preguntó contrariada- Majestad-añadió al ver la reprochadora mirada de Caleb.
-Pequeña,¿no te das cuenta de que tú eres Meredith? Es tu destino salvar Arthros.
``¡Para! ¡¿Qué haces?!´´ la voz en la mente de Nathan no paraba de chillarle, pero cuanto más le gritaba que aquello no estaba bien más ganas tenía él de seguir; el calor recorría sus venas, quemándole, tenía la sensación de que comenzaría a cambiar en cualquier instante; pero le gustaba sentir ese miedo, hacía que subiese su adrenalina.
Abi abrió los ojos y por un momento vio a Caleb y no a Nathan, la chica le empujó asustada. Nathan la miró sorprendido.
-Esto no está bien-dijo la chica.
-¿Por qué no?- preguntó Nathan acercándose a ella.
-¡Porque no!
Abi se giró, cogió sus cosas y bajó a todo correr por la escalera de mano, pasó por delante de todos los lobos sin parar a mirarles y siguió corriendo tan rápido como se lo permitía su vestido.
Su cabeza era un cúmulo de preguntas ``¿Qué he hecho? ¿Por qué?¿Quién es Meredith?´´
Nathan tardó un poco en reaccionar, pero cuando lo hizo bajó las escaleras y la siguió corriendo; comenzó a cambiar, la ropa quedó en el suelo hecha jirones, Nathan pasó de ser un chico a un lobo polar, de pelaje blanco, en apenas un minuto.
Abi chocó contra alguien y calló al suelo de espaldas.
-Pelirroja ¿qué haces?-la chica subió la vista, ante el sol, se recortaba la figura de un chico rubio con una gran espada en la espalda.
-¡Caleb!-dijo poniéndose en pie sobresaltada.-¿Qué haces aquí?-preguntó recuperando la compostura.
-¿Acaso no es obvio?-preguntó sarcástico- he venido a buscarte, al parecer dedo seguir cuidando de ti y estuvo mal dejarte sola. Sabría que te alegrarías de verme, pero no pensé que te fueras a lanzar de esa manera a mis brazos.
La chica le propinó un puñetazo en el hombro.
-Idiota-dijo.
Acto seguido un lobo blanco apareció junto a ellos. Abi reconoció al instante a su amigo.
Las miradas del Guardián y del lobo se cruzaron, y en los ojos de Caleb comenzaron a saltar esas chispas que hipnotizaban a la chica; pero la mano del chico en la empuñadura de la espada no le daba muy buenas vibraciones a Abi. Nathan le sostuvo su mirada de lobo, desafiante.
-Fuera de aquí, chucho.-dijo Caleb.
Nathan sonrió mostrando sus afilados colmillos.
-Tranquilo,-dijo Abi- es Nathan.
Caleb la miró sorprendido.
-¿Le conoces?- la chica asintió.
Esto es increíble, te dejo sola cinco minutos y te haces amiga de un lobo, ¿en qué piensas?-la chica le dedicó una mirada de odio.
-Ni que te importase mucho lo que me pueda pasar.
-¿cómo?- el chico clavó su eléctrica mirada en la suya.
-Sí, está muy bien abandonar a alguien en el bosque.
Nathan, viendo que aquella discusión podría hacerse más larga, se sentó y estiró las orejas para prestarles atención.
-No soy yo la que se para cada cinco minutos para descansar, ¿sabes? No he venido hasta aquí para escucharte decir tonterías de niña pequeña.
-Nadie te mandó venir, puedo cuidarme sola, no soy ninguna cría.-contestó acusadoramente.
-Por Dios, deja de comportarte como una niña malcriada. No sabes lo preocupado que está tu padre.
-¿Tú sabes quién es Meredith Grunklee?
El chico la miró extrañado.
-¿Qué tiene eso que ver?-Dijo aún más enfadado.
-Pues que al parecer mi padre tiene una hija de la que nadie sabe nada.
-Yo jamás he oído ese nombre, pero podríamos averiguar si esa tal Meredith es tu hermana.
El lobo soltó un gemido.
-Sí, vamos a hacerle una visita a las hadas-Nathan se levantó de mala gana.
El reino de las hadas era realmente increíble, parecía que en sí, era otro mundo dentro de Arthros; todo allí inspiraba paz y el aire estaba inundado por delicados aromas de las diminutas flores que se extendían por todo el valle.
Un inmenso árbol ocupaba todo el círculo de la Luna; un dibujo en el suelo con forma de luna llena que estaba ahí desde que las hadas existían; le había explicado Caleb.
No era un árbol cualquiera, sus ramas se extendían hacia el cielo, formando una inmensa copa que la vista no podía abarcar. De las hojas caía un polvo blanquecino realmente brillante.Era como una cortina inmaterial que caía siempre, sin llegar a agotarse. en el tronco del roble había unas escaleras perfectamente talladas que conducían al interior de la copa.
Caleb empujó levemente a su compañera para que subiese; esta se giró con una acusadora mirada y el muchacho asintió afirmativamente, indicándole el camino. Los chicos subieron escoltados por los pequeños duendes que les habían acompañada desde su llegada al reino de las hadas.
La enorme dopa del árbol era aún más impresionante desde dentro. Las hojas dejaban entrar tímidos rayos de luz, y de las ramas colgaban delicadas guirnaldas de flores entrelazadas. El suelo de la sala estaba hecho de la propia madera del árbol y alrededor de él había una especia de gradas llenas de hadas que debatían algo sobre polvo mágico. Cuando repararon en la presencia de los muchachos comenzaron a cuchichear entre ellos dedicándoles miradas desconfiadas.
Dos tronos, uno hecho con robustas y elegantes ramas, y otro revestido de pequeñas flores; ocupaban la zona más alejada de la entrada. De pie, junto a ambos tronos, la figura de una hermosa mujer se erguía ante ellos.
Abi jamás había visto nada igual. Era una mujer joven, aparentaba unos veinticinco años; su pelo dorado caía hasta el suelo en una cascada de reflejos solares, perfectamente peinada, en los cuales se entrelazaban pequeñas flores blancas. Sobre su cabeza portaba una sencilla corona que formaba un triángulo invertido sobre su frente, en la que brillaba un pequeño diamante. De su espalda salían dos alas idénticas en forma de medias lunas, por las que se extendían pequeñas ramificaciones; en el extremo superior de cada ala colgaba una diminuta campanilla que emitía destellos plateados y un suave y melodioso tintineo con cada movimiento de la mujer.
-Bienvenidos seáis a mi humilde reino- su voz sonaba como el trino de un delicado pájaro y como el rumor de un riachuelo. Todo en ella inspiraba paz y tranquilidad.
Caleb se arrodilló ante ella e inclinó la cabeza hacia adelante, en un acto de cortesía y respecto hacia la reina. Abi y Nathan le imitaron.
-Majestad, es un honor estar ante vuestra persona,-la voz de Caleb sonó firme y segura; haciendo eco en toda la estancia.
La mujer esbozó una delicada sonrisa, adulada por las palabras de el chico; pero acto seguido recuperó la compostura mostrando su semblante serio.
-Supongo que no habéis venido a visitarme para charlar. He oído que necesitáis mi ayuda; pero será mejor que toméis asiento; estaremos más cómodos y disfrutaremos de la privacidad de la Corte-dijo señalando unos cojines con motivos florales esparcidos por el suelo.
Justo después de que la reina formulase esas palabras las hadas comenzaron a abandonar la sala en un silencio sepulcral. Por unos escasos minutos la sala se inundó de un leve batir de las membranosas alas de las hadas.
En apenas dos minutos la sala quedó totalmente vacía, dejando a la reina y a sus invitados solos. Los muchachos tomaron asiento y Nathan se tumbó en el suelo; unos segundos después dos pequeños duendes depositaron ante los invitados una bandeja con pequeñas galletas y unas copas con una bebida de un extraño color púrpura.
La reina miró a Nathan, que seguía en su forma de lobo.
-Supongo que necesitarás algo de ropa si quieres cambiar de forma ¿no?- El lobo hizo un leve asentimiento y los duendes lo condujeron a una sala contigua.
-Bueno, contadme pues, el motivo de vuestra visita-dijo sentándose en el trono de las flores. La mujer colocó su vestido a su alrededor formando una cascada blanca. El hada apoyó su codo sobre el posabrazos para sujetar su cabeza con la mano; sus ojos se clavaron en los de los chicos.
Abi se quedó himnotizada con ellos, a simple vista eran de un color azul oscuro, pero el iris tenía una pequeña parte violácea que rodeaba el otro color.
-Hemos oído que en la familia de los Grunklee hubo una niña, Meredith; esperábamos que usted nos dijese quién es ella- dijo Caleb sacando a Abi de su ensimismamiento. La reina esbozó una sonrisa que mostró sus dientes perfectamente alineados y del color de la nieve.
Acto seguido Nathan entró en su forma de humana vistiendo con la colorida ropa de las hadas; el chico tomó asiento junto a Abi sin decir palabra.
-Meredith, sí, recuerdo a esa niña; jamás hubo un bebé en este mundo con esos ojos; deberíais haberla visto, esa niña está destinada a hacer grandes cosas.
-Entonces... ¿es verdad?... ¿tengo una hermana?-Preguntó Abi.
-Yo no dije tal cosa- contestó la reina con una delicada sonrisa- ¿no te das cuenta?-La chica miró a Caleb desconcertada, pero este tan solo se encogió de hombros.
-Disculpe mi intromisión; pero me temo que ninguno de nosotros entiende lo que nos está diciendo-Nathan no apartó la vista de los ojos de la reina cuando sus compañeros le miraron.
-Que ingenuos sois...Meredith desapareció cuando tan solo era un bebé, pero ha vuelto; ella es una Grunklee; una de las familias de Guardianes; y aunque ella piense que ha llegado a Arthros por una extraña casualidad, no es así; la hora se acerca y es el deber de cualquier Guardián defender nuestro mundo- la mujer hablaba en un tono solemne sin apartar la vista de ellos.
-Pero ¿que tengo yo que ver en todo esto?-Preguntó contrariada- Majestad-añadió al ver la reprochadora mirada de Caleb.
-Pequeña,¿no te das cuenta de que tú eres Meredith? Es tu destino salvar Arthros.
viernes, 25 de octubre de 2013
¿Quién es Meredith?(Capítulo 20)
La sensación de arrepentimiento fue brutal, ella sabía que no había sido justa con su padre a veces las palabras pueden herir más que un puñetazo o una patada. Pero una parte de su mente seguía recordándole lo destrozada que estuvo su madre al enterarse de la supuesta muerte de su marido. Las lágrimas comezaron a nacer en sus ojos, una pequeña gota salada resbaló sobre su mejilla izquierda, y las demás no tardaron en seguirla, empapando su cara, la chica comenzó a reducir el paso hasta quedarse parada, de pie, en mitad del bosque sin saber que hacer ni a dónde ir. Abi parpadeó un par de veces, todo era borroso, se secó las lágrimas con la manga de su vestido, pero seguían brotando más, descontroladamente. La muchacha se apoyó contra el tronco de un árbol y resbaló por el hasta quedarse sentada sobre las hojas; dobló las rodillas, rodeándolas con los brazos para enterrar el rostro en ellos y dejar que las lágrimas recorriesen su cara empapando la tela del vestido. Quería olvidarse de todo, estar en su casa, con su familia y sus amigos; despertar de esa horrible pesadilla...
Nathan agudizó su oído de lobo y escuchó los sollozos de la chica; comenzó a caminar hacia ellos. La chica estaba echa un ovillo, sentada, junto al árbol, parecía tan frágil... como una niña.
Había algo en ella que le traía extraños recuerdos, un escalofrío le recorrió la espalda al darse cuenta de el qué. La imagen de sus padres afloró en la mente del muchacho. Su padre chillándole que era un monstruo mientras le pegaba y su madre rezando a Dios para que desapareciese, al ver como su cuerpo comenzaba a cambiar para convertirse en un lobezno. Nathan recordaba perfectamente como se hacía un ovillo para protegerse de los ataques de su padre cuando tan solo tenía siete años. El chico salió de sus pensamientos y se acercó a Abi para sentarse a su lado sin decir nada, a veces las palabras sobran. La chica levantó la vista, sus ojos estaban más verdes que nunca y brillaban como estrellas.-Nathan se vio así mismo reflejado en ellos.
-Abi...-empezó.
La chica se lanzó a él y le abrazó entre sollozos a Nathan, sorprendido por la repentina reacción de la chica puso los brazos lentamente sobre su espalda y la estrechó contra sí; comenzó a acariciarle el pelo con delicadeza, a pesar de los nudos que tenía en los rizos, su cabello estaba extrañamente suave, y aún conservaba ese olor a pino del champú, ¿ o era el aroma del bosque?
Permanecieron abrazados durante unos minutos, hasta que Abi se calmó y se separó lentamente de él. Sus ojos estaban enrojecidos.
El chico se levantó del suelo y ayudó a Abi a incorporarse.
-Supongo que pensarás que soy una niña llorona-comentó girando la cara.
Nathan puso la mano bajo el mentón de la chica, obligándola a mirarla a los ojos.
-Yo no creo eso-dijo colocándole un mechón de pelo tras la oreja.
Abi notó como se encendían sus mejillas. Nathan bajó la mano, sonrojándose también.
-Tenemos que volver al refugio-dijo evitando mirarla a los ojos.
-Sí.
Ambos echaron a andar sumidos en un profundo silencio que solo se veía interrumpido por el crujido de las hojas bajo sus botas.
El silencioso refugio se había llenado de gente que llevaba su caza a la hoguera para asarla, y de niños que correteaban por los alrededores, ajenos a la llegada de los muchachos.
Todos comezaron a sentarse en el suelo formando un círculo cuando las primeras piezas estuvieron asadas. Y por primera vez repararon en la presencia de los muchachos. La gente comenzó a murmurarse cosas unos a otros sin dejar de mirar a Abi y Nathan, incluso algunos niños la señalaban preguntándose quién era y qué hacía allí.
Nathan, al ver que su compañera comenzaba a sentirse incómoda ante todas las miradas ordenó a todos que guardasen silencio.
-Compañeros, os presento a Abi, la hija de los Grunklee-un corro de exclamaciones rompieron el silencio.
-Eso es imposible,-todas las miradas se posaron sobre un muchacho que jugueteaba con su navaja.-la hija de los Grunklee se llamaba Meredith, y murió cuando era una recién nacida.
Abi abrió los ojos de par en par, sabía que los Arthrosianos pensaban que estaba muerta, o que había desaparecido; pero nadie había mencionado jamás el nombre de Meredith. La chica miró a Nathan confundida, pero este no dijo nada; solo la cogió de la mano y la llevo a una de las casas que colgaban en los árboles. Ambos subieron a todo correr por la escalerara de mano, dejando atrás el coro de murmullos.
-Nathan,-el chico se giró para mirarla -¿tengo una hermana?
-Es la primera vez que oigo ese nombre, yo no sabía que los Grunklee, nunca tuve noticia de que antes que tú hubiese otro bebé.
-¿Y si yo no soy su hija?-Nathan la miró desconcertado.-Piénsalo nunca estuve aquí, que yo recuerde, nadie me conoce, solo mis padres y ahora sale ese nombre, Meredith...
-Es imposible que no seas la hija de Hans, te pareces mucho a él y también a tu madre.Además apostaría el cuello a que tienes la Marca.
-¿La Marca?- preguntó desconcertada.
-Sí, en cada familia de Guardianes hay una Marca, que todos los descendientes directos llevan. Por ejemplo; los Grunklee, tú familia tiene la marca de una estrella.
Abi asintió recordando la pequeña estrella que tenía en el tobillo izquierdo; sabía que su padre tenía una igual, pero nunca le dio demasiada importancia, para ella era una simple marca de nacimiento.
-¿Vosotros tenéis Marcas?- preguntó con curiosidad.
-¿Los lobos?- el chico soltó una carcajada- claro que no, solo los Guardianes tienen Marcas.
-¿Por qué?
-La leyenda dice que cuando se produjo la División; Dios eligió a unos cuantos hombres y los marcó con distintos símbolos.-hizo una pausa para coger aire-Esos elegidos son los Guardianes, ellos se encargarían de proteger a los demás.
-Tú también crees en Dio, ¿verdad?- el chico la miró contrariado.
-No, eso son todo historias que inventaron los Guardianes.
-¿Por que inventarían algo así?
-Para darse importancia; aunque si que hay algo de cierto en esa historia; al menos al principio de los tiempos sí que nos protegían, pero eso fue hace mucho. Apenas quedan Guardianes dignos de ser respetados, como tu padre.
Abi le miró a los ojos, sin dar crédito a lo que oía.
-Tu concepto de dignidad y el mío son completamente distintos; no creo que sea muy digno abandonar a su familia para venirse a... bueno, a este mundo.-Nathan la miraba entristecido.
-Tú al menos tienes una familia que te quiere; deberías sentirte orgullosa de tu padre, por dejarlo todo para ayudar a su pueblo.-El chico salió de la estancia para apoyarse en la barandilla y contemplar a sus compañeros; que seguían cuchicheando sobre la chica entre bocado y bocado.
-Ponte en mi lugar, nos mintió- dijo al situarse a su lado- lo dimos por muerto y ahora llego aquí y está vivo, con gente que jamás he visto, ¿quién sabe si no tiene otra familia?- La chica tenía las manos cerradas en puños, a ambos lados, su semblante estaba serio, y sus verdosos ojos fueron oscureciéndose hasta llegar a un marrón oscuro, como el de los troncos de los árboles. Nathan se vio , de nuevo, reflejado en ellos, los ojos de la chica brillaban intentando retener las lágrimas. Y por un breve instante Nathan sintió la necesidad de estrecharla entre sus brazos; pero se contuvo al ver que se giraba y volvía a entrar en la cabaña.
No hacía mucho tiempo que la había conocido, pero cuando estaba sola en el bosque le había parecido una niña indefensa, a la que debía proteger; pero ahora veía a una chica fuerte y capaz de valerse por sí misma; por un momento un sentimiento de decepción afloró en él. Su cabeza le decía que era una extraña, Una Grunklee, una futura Guardiana. Pero desde lo más hondo de su corazón un pequeño sentimiento comenzó a crecer, era distinto a todo lo que había sentido antes; y que, por un momento, le asustó.
``¿Qué me pasa?´´
Sus manos temblaban y las cerró en puños para que no se notase; un nudo se formó en su garganta, impidiéndole tragar saliva con facilidad.
-¿Qué haces?-Dijo al ver que la chica recogía sus cosas.
-Quizás tengas razón, quizás mi padre no se merezca que le haga esto; lo mejor será que vuelva...
-¡No!-la cortó, la chica se giró sorprendida- no debes... quiero decir... tu padre te mintió, ¿le vas a perdonar tan fácilmente?- Abi lo miró confusa.
-Pero tú dijiste que debía perdonarlo porque es admirable que viniese a proteger a el pueblo y que es uno de los pocos Guardianes a los que se le debería guardar respeto.
-Ya sé lo que dije, pero no quiero que te vayas- dijo sorprendiendo a Abi y así mismo- al menos deberías comer algo- añadió para disimular.
Sus manos seguían temblando y notaba como el sudor bajaba por su espalda; él mismo se asustó de aquellos nervios incontrolables.
-¿Nathan?-la chica se acercó a él-¿estás bien?-le puso la mano en la frente, el chico podía notar su respiración y el dulce olor de su pelo, un rizo escapó de su coleta y se situó frente a ellos.
Nathan lo cogió con suavidad y se lo colocó detrás de la oreja,acariciándole la mejilla levemente. Abi sintió un escalofrío, sus caras estaban a escasos centímetros de distancia, la chica notó como sus mejillas comenzaban a arder y su corazón comenzaba a latir irregularmente. Nathan acarició sus labio con delicadeza. ``¿Qué estoy haciendo?´´ La mente del chico le chillaba que parase, pero su corazón le ordenaba seguir.
Nathan agudizó su oído de lobo y escuchó los sollozos de la chica; comenzó a caminar hacia ellos. La chica estaba echa un ovillo, sentada, junto al árbol, parecía tan frágil... como una niña.
Había algo en ella que le traía extraños recuerdos, un escalofrío le recorrió la espalda al darse cuenta de el qué. La imagen de sus padres afloró en la mente del muchacho. Su padre chillándole que era un monstruo mientras le pegaba y su madre rezando a Dios para que desapareciese, al ver como su cuerpo comenzaba a cambiar para convertirse en un lobezno. Nathan recordaba perfectamente como se hacía un ovillo para protegerse de los ataques de su padre cuando tan solo tenía siete años. El chico salió de sus pensamientos y se acercó a Abi para sentarse a su lado sin decir nada, a veces las palabras sobran. La chica levantó la vista, sus ojos estaban más verdes que nunca y brillaban como estrellas.-Nathan se vio así mismo reflejado en ellos.
-Abi...-empezó.
La chica se lanzó a él y le abrazó entre sollozos a Nathan, sorprendido por la repentina reacción de la chica puso los brazos lentamente sobre su espalda y la estrechó contra sí; comenzó a acariciarle el pelo con delicadeza, a pesar de los nudos que tenía en los rizos, su cabello estaba extrañamente suave, y aún conservaba ese olor a pino del champú, ¿ o era el aroma del bosque?
Permanecieron abrazados durante unos minutos, hasta que Abi se calmó y se separó lentamente de él. Sus ojos estaban enrojecidos.
El chico se levantó del suelo y ayudó a Abi a incorporarse.
-Supongo que pensarás que soy una niña llorona-comentó girando la cara.
Nathan puso la mano bajo el mentón de la chica, obligándola a mirarla a los ojos.
-Yo no creo eso-dijo colocándole un mechón de pelo tras la oreja.
Abi notó como se encendían sus mejillas. Nathan bajó la mano, sonrojándose también.
-Tenemos que volver al refugio-dijo evitando mirarla a los ojos.
-Sí.
Ambos echaron a andar sumidos en un profundo silencio que solo se veía interrumpido por el crujido de las hojas bajo sus botas.
El silencioso refugio se había llenado de gente que llevaba su caza a la hoguera para asarla, y de niños que correteaban por los alrededores, ajenos a la llegada de los muchachos.
Todos comezaron a sentarse en el suelo formando un círculo cuando las primeras piezas estuvieron asadas. Y por primera vez repararon en la presencia de los muchachos. La gente comenzó a murmurarse cosas unos a otros sin dejar de mirar a Abi y Nathan, incluso algunos niños la señalaban preguntándose quién era y qué hacía allí.
Nathan, al ver que su compañera comenzaba a sentirse incómoda ante todas las miradas ordenó a todos que guardasen silencio.
-Compañeros, os presento a Abi, la hija de los Grunklee-un corro de exclamaciones rompieron el silencio.
-Eso es imposible,-todas las miradas se posaron sobre un muchacho que jugueteaba con su navaja.-la hija de los Grunklee se llamaba Meredith, y murió cuando era una recién nacida.
Abi abrió los ojos de par en par, sabía que los Arthrosianos pensaban que estaba muerta, o que había desaparecido; pero nadie había mencionado jamás el nombre de Meredith. La chica miró a Nathan confundida, pero este no dijo nada; solo la cogió de la mano y la llevo a una de las casas que colgaban en los árboles. Ambos subieron a todo correr por la escalerara de mano, dejando atrás el coro de murmullos.
-Nathan,-el chico se giró para mirarla -¿tengo una hermana?
-Es la primera vez que oigo ese nombre, yo no sabía que los Grunklee, nunca tuve noticia de que antes que tú hubiese otro bebé.
-¿Y si yo no soy su hija?-Nathan la miró desconcertado.-Piénsalo nunca estuve aquí, que yo recuerde, nadie me conoce, solo mis padres y ahora sale ese nombre, Meredith...
-Es imposible que no seas la hija de Hans, te pareces mucho a él y también a tu madre.Además apostaría el cuello a que tienes la Marca.
-¿La Marca?- preguntó desconcertada.
-Sí, en cada familia de Guardianes hay una Marca, que todos los descendientes directos llevan. Por ejemplo; los Grunklee, tú familia tiene la marca de una estrella.
Abi asintió recordando la pequeña estrella que tenía en el tobillo izquierdo; sabía que su padre tenía una igual, pero nunca le dio demasiada importancia, para ella era una simple marca de nacimiento.
-¿Vosotros tenéis Marcas?- preguntó con curiosidad.
-¿Los lobos?- el chico soltó una carcajada- claro que no, solo los Guardianes tienen Marcas.
-¿Por qué?
-La leyenda dice que cuando se produjo la División; Dios eligió a unos cuantos hombres y los marcó con distintos símbolos.-hizo una pausa para coger aire-Esos elegidos son los Guardianes, ellos se encargarían de proteger a los demás.
-Tú también crees en Dio, ¿verdad?- el chico la miró contrariado.
-No, eso son todo historias que inventaron los Guardianes.
-¿Por que inventarían algo así?
-Para darse importancia; aunque si que hay algo de cierto en esa historia; al menos al principio de los tiempos sí que nos protegían, pero eso fue hace mucho. Apenas quedan Guardianes dignos de ser respetados, como tu padre.
Abi le miró a los ojos, sin dar crédito a lo que oía.
-Tu concepto de dignidad y el mío son completamente distintos; no creo que sea muy digno abandonar a su familia para venirse a... bueno, a este mundo.-Nathan la miraba entristecido.
-Tú al menos tienes una familia que te quiere; deberías sentirte orgullosa de tu padre, por dejarlo todo para ayudar a su pueblo.-El chico salió de la estancia para apoyarse en la barandilla y contemplar a sus compañeros; que seguían cuchicheando sobre la chica entre bocado y bocado.
-Ponte en mi lugar, nos mintió- dijo al situarse a su lado- lo dimos por muerto y ahora llego aquí y está vivo, con gente que jamás he visto, ¿quién sabe si no tiene otra familia?- La chica tenía las manos cerradas en puños, a ambos lados, su semblante estaba serio, y sus verdosos ojos fueron oscureciéndose hasta llegar a un marrón oscuro, como el de los troncos de los árboles. Nathan se vio , de nuevo, reflejado en ellos, los ojos de la chica brillaban intentando retener las lágrimas. Y por un breve instante Nathan sintió la necesidad de estrecharla entre sus brazos; pero se contuvo al ver que se giraba y volvía a entrar en la cabaña.
No hacía mucho tiempo que la había conocido, pero cuando estaba sola en el bosque le había parecido una niña indefensa, a la que debía proteger; pero ahora veía a una chica fuerte y capaz de valerse por sí misma; por un momento un sentimiento de decepción afloró en él. Su cabeza le decía que era una extraña, Una Grunklee, una futura Guardiana. Pero desde lo más hondo de su corazón un pequeño sentimiento comenzó a crecer, era distinto a todo lo que había sentido antes; y que, por un momento, le asustó.
``¿Qué me pasa?´´
Sus manos temblaban y las cerró en puños para que no se notase; un nudo se formó en su garganta, impidiéndole tragar saliva con facilidad.
-¿Qué haces?-Dijo al ver que la chica recogía sus cosas.
-Quizás tengas razón, quizás mi padre no se merezca que le haga esto; lo mejor será que vuelva...
-¡No!-la cortó, la chica se giró sorprendida- no debes... quiero decir... tu padre te mintió, ¿le vas a perdonar tan fácilmente?- Abi lo miró confusa.
-Pero tú dijiste que debía perdonarlo porque es admirable que viniese a proteger a el pueblo y que es uno de los pocos Guardianes a los que se le debería guardar respeto.
-Ya sé lo que dije, pero no quiero que te vayas- dijo sorprendiendo a Abi y así mismo- al menos deberías comer algo- añadió para disimular.
Sus manos seguían temblando y notaba como el sudor bajaba por su espalda; él mismo se asustó de aquellos nervios incontrolables.
-¿Nathan?-la chica se acercó a él-¿estás bien?-le puso la mano en la frente, el chico podía notar su respiración y el dulce olor de su pelo, un rizo escapó de su coleta y se situó frente a ellos.
Nathan lo cogió con suavidad y se lo colocó detrás de la oreja,acariciándole la mejilla levemente. Abi sintió un escalofrío, sus caras estaban a escasos centímetros de distancia, la chica notó como sus mejillas comenzaban a arder y su corazón comenzaba a latir irregularmente. Nathan acarició sus labio con delicadeza. ``¿Qué estoy haciendo?´´ La mente del chico le chillaba que parase, pero su corazón le ordenaba seguir.
sábado, 5 de octubre de 2013
El refugio (Capítulo 19)
El sol estaba ya en su punto más alto cuando Nathan hizo que Abi se parase ante una enorme casa de madera situada en la copa de un árbol, como si estuviese suspendida en el aire.Para acceder a ella había una escalera, con una barandilla de madera, que llegaba hasta el suelo rodeando el árbol, como si se tratase de una hiedra.
La chica la contempló boqueabierta.
-Bueno, no te quedes ahí parada; sube-le indicó el muchacho.
Abi, aún sorprendida, comenzó a subir los escalones poco a poco, notando con cada pisada el crujir de la madera. Los escalones dejaron paso a una plataforma de madera que rodeaba toda la casa. Nathan enseguida se situó a su lado. La chica contemplaba anonadada todo. Desde aquella casa se habían construido unas pasarelas de madera con una pequeña tela a ambos lados que hacía de pasamanos, que comunicaba esa casa con otras un poco más pequeñas.
Nathan se apoyó en la barandilla de madera que rodeaba toda la plataforma de la cabaña.
-Bonito ¿verdad?
-Es precioso-Susurró Abi.
-Bienvenida a nuestro refugio-sonrió el muchacho.
-¿Refugio?
-Sí, todas estas cabañas son nuestras casas, vivimos aquí desde niños-explicó.
Al rededor de la cabaña principal, en la que se encontraban, había otras cuatro, una por cada punto cardinal; todas ellas tenían una escalera de mano que llegaba hasta el suelo, y se comunicaban con la principal mediante pasarelas de madera.
De vez en cando por la cabaña situada al este, se veía a una mujer.
-¿Quién es?-preguntó la chica.
-Es Anabela, es como una madre para nosotros.
-¿Nosotros?-la chica enarcó una ceja.
-Sí, todos los que vivimos aquí somos huérfanos, esta es nuestra casa.Normalmente la gente no quieren licántropos en sus familias-dijo el muchacho.
La chica lo miró boqueabierta.
-¿Eres un lobo?
-Hombre lobo, para ser exactos; pero sí. Todos los que vivimos aquí lo somos-dijo señalando las casas de los árboles.
Abi siguió con la mirada el dedo del muchacho sin ver a nadie; excepto aquella mujer, Anabela, todo estaba desierto.La chica lo miró enarcando una ceja.
-Bueno, ahora quizás estén correteando por el bosque, pero jamás se saltan las comidas, así que dentro de
poco estarán aquí-dijo mirando la posición del sol.
Hans se detuvo ante el árbol que contenía el Portal y miró al rededor.
-¡Abi!-chilló.
Unos pájaros que estaban posados sobre las ramas de los árboles salieron volando, emitiendo unos chillidos de protesta.
-¡Abi!
Nada, silencio.
Hans se adentró en el bosque gritando el nombre de su hija y escuchando el rumor del viento entre las hojas, con la esperanza de oír la voz de su hija.
De repente oyó unas fuertes pisadas sobre las crujientes hojas que hacían de alfombra sobre el césped del bosque, se giró sobre sus talones, desenvainando las dos espadas que llevaba a ambos lados del cinturón.
Un enorme lagarto, del tamaño de un hombre, se apoyaba sobre sus dos únicas patas, que acababan en unas afiladas garras, y una cola llena de espinas venenosas que recorría toda su columna, hasta llegar al cráneo, en el que apenas se distinguían los pequeños ojos negros, del tamaño de canicas. Excepto algún diente roto, los demás eran afilados como cuchillos y la biscosa lengua se movía entre ellos, soltando pequeños chorros negruzcos de veneno, que brotaban de los numerosos grumos que tenía. Su piel estaba llena de escamas negras y rojas, del color de la sangre.
-Genial-murumuró el hombre por lo bajo, antes de correr hacia él para clavar sobre la parte superior de una de sus patas sus dos espadas.
El animal gimió y giró su cabeza rápidamente hacia el hombre, dispuesto a morderle para inyectar su veneno en su cuerpo; pero Hans fue más rápido y le propinó una patada en el ojo. El animal chilló, retrocediendo dos pasos, de su ojo izquierdo comenzó a brotar sangre.
-¿Qué ha sido eso?-preguntó Abi al escuchar un chillido que rompió la calma del bosque.
-Apostaría el cuello a que es un Dolonte.-dijo el muchacho mientras echaba a correr por la plataforma y bajaba las escaleras.
Abi bajó tras él.
-¿Qué haces?Quédate aquí.
-¡No! Voy contigo.
El chico la miró a los ojos, Abi no se dejó intimidar y le mantuvo la mirada.
-En serio, es peligroso.
Abi se cruzó de brazos, y Nathan puso los ojos en blanco.
-No me harás caso, ¿verdad?-la chica negó con la cabeza y esbozó una tímida sonrisa.
-Si, claro, pon cara de niña buena,-Abi enseguida borró su sonrisa-anda, coge esto-dijo dándole un cuchillo.
Abi pasó el dedo índice sobre la fina hoja del cuchillo y lo guardó en el cinturón del vestido.
El chico echó a correr seguido de Abi hacia el lugar de dónde producía aquel chillido desgarrador.
Cuando llegaron encontraron a un hombre de espaldas limpiando una espada ensangrentada sobre el cuerpo de un animal.
La chica enseguida desvió la mirada hacia el ser que yacía inerte en el suelo, manando sangre negruzca de dónde debía estar situado el corazón.
El hombre se giró al sentir la presencia de los muchachos y pasó su mirada de Nathan a Abi, deteniéndose sobre ella, mientras sus labios pronunciaban su nombre. Hans se acercó a ella y la abrazó.
-¿Dónde se supone que estabas?-preguntó entre enfadado y aliviado.
-Nathan me iba a llevar con vosotros...-comenzó.
-¿¡Qué?!-exclamó.-¿Cómo se te ocurre irte así?¿Y quién se supone qué es él?Te he dicho mil veces que no hables con desconocidos y menos irte con ellos...
-¡Papá!-le cortó-Estoy viva ¿vale? y Nathan tan solo quería ayudarme.
-¿Un lobo?¿pero no ves lo peligroso que es? podría haberte matado-dijo mirando al muchacho despectivamente.
-Perdone por ayudar a su hija cuando sus ``amigos´´ la dejan sola. Tanto usted como yo sabemos que este mundo es peligroso-dijo sosteniéndole la mirada.
-Cuando tengas una hija entenderás por qué me preocupo tanto por ella-dijo acusadoramente.
-No eres el mejor ejemplo de padre ¿sabes?-Hans miró sorprendido a la chica.
-¿Cómo dices?
-Ni que fueras tan buen padre-Hans abrió los ojos como platos, sorprendido ante las crudas palabras de su hija.-Fingir tu propia muerte para venirte a un mundo totalmente independiente al nuestro, dejando a tu familia sola.
Un incómodo silencio se quedó flotando en el aire, podría cortarse la tensión con un cuchillo.
El hombre tragó saliva.
-En cierto modo, entiendo que estés enfadada conmigo, y no espero que me perdones;-el hombre hizo una pausa para coger aire-pero tienes que entender que aquí me necesitaban...
-¿Quién?¿Acaso hay alguien aquí más importante que mamá? No se si eres consciente de que ella está en un hospital, intentando despertar de un coma.
El hombre abrió la boca para replicar, pero la cerró sin emitir sonido alguno. Abi se giró y salió corriendo por dónde habían llegado.
Nathan miró a Hans y luego a la figura de la chica que ya se perdía entre los árboles.El chico se encogió de hombros y cuando iba a echar a correr detrás de Abi, Hans le agarró por el brazo deteniéndole. El chico se giró y clavó su mirada en los ojos del hombre, de dónde las lágrimas luchaban por salir. El hombre tragó saliva antes de hablar, para deshacer el nudo que tenía en la garganta.
-Cuida de ella-susurró.
El chico asintió.
Hans soltó su brazo, se dio la vuelta, cogió la espada que estaba limpiando justo antes de que llegasen los chicos. Cuidadosamente la envainó en la funda que colgaba de su cinturón y hachó a andar, roto por las duras palabras de su hija.
La chica la contempló boqueabierta.
-Bueno, no te quedes ahí parada; sube-le indicó el muchacho.
Abi, aún sorprendida, comenzó a subir los escalones poco a poco, notando con cada pisada el crujir de la madera. Los escalones dejaron paso a una plataforma de madera que rodeaba toda la casa. Nathan enseguida se situó a su lado. La chica contemplaba anonadada todo. Desde aquella casa se habían construido unas pasarelas de madera con una pequeña tela a ambos lados que hacía de pasamanos, que comunicaba esa casa con otras un poco más pequeñas.
Nathan se apoyó en la barandilla de madera que rodeaba toda la plataforma de la cabaña.
-Bonito ¿verdad?
-Es precioso-Susurró Abi.
-Bienvenida a nuestro refugio-sonrió el muchacho.
-¿Refugio?
-Sí, todas estas cabañas son nuestras casas, vivimos aquí desde niños-explicó.
Al rededor de la cabaña principal, en la que se encontraban, había otras cuatro, una por cada punto cardinal; todas ellas tenían una escalera de mano que llegaba hasta el suelo, y se comunicaban con la principal mediante pasarelas de madera.
De vez en cando por la cabaña situada al este, se veía a una mujer.
-¿Quién es?-preguntó la chica.
-Es Anabela, es como una madre para nosotros.
-¿Nosotros?-la chica enarcó una ceja.
-Sí, todos los que vivimos aquí somos huérfanos, esta es nuestra casa.Normalmente la gente no quieren licántropos en sus familias-dijo el muchacho.
La chica lo miró boqueabierta.
-¿Eres un lobo?
-Hombre lobo, para ser exactos; pero sí. Todos los que vivimos aquí lo somos-dijo señalando las casas de los árboles.
Abi siguió con la mirada el dedo del muchacho sin ver a nadie; excepto aquella mujer, Anabela, todo estaba desierto.La chica lo miró enarcando una ceja.
-Bueno, ahora quizás estén correteando por el bosque, pero jamás se saltan las comidas, así que dentro de
poco estarán aquí-dijo mirando la posición del sol.
Hans se detuvo ante el árbol que contenía el Portal y miró al rededor.
-¡Abi!-chilló.
Unos pájaros que estaban posados sobre las ramas de los árboles salieron volando, emitiendo unos chillidos de protesta.
-¡Abi!
Nada, silencio.
Hans se adentró en el bosque gritando el nombre de su hija y escuchando el rumor del viento entre las hojas, con la esperanza de oír la voz de su hija.
De repente oyó unas fuertes pisadas sobre las crujientes hojas que hacían de alfombra sobre el césped del bosque, se giró sobre sus talones, desenvainando las dos espadas que llevaba a ambos lados del cinturón.
Un enorme lagarto, del tamaño de un hombre, se apoyaba sobre sus dos únicas patas, que acababan en unas afiladas garras, y una cola llena de espinas venenosas que recorría toda su columna, hasta llegar al cráneo, en el que apenas se distinguían los pequeños ojos negros, del tamaño de canicas. Excepto algún diente roto, los demás eran afilados como cuchillos y la biscosa lengua se movía entre ellos, soltando pequeños chorros negruzcos de veneno, que brotaban de los numerosos grumos que tenía. Su piel estaba llena de escamas negras y rojas, del color de la sangre.
-Genial-murumuró el hombre por lo bajo, antes de correr hacia él para clavar sobre la parte superior de una de sus patas sus dos espadas.
El animal gimió y giró su cabeza rápidamente hacia el hombre, dispuesto a morderle para inyectar su veneno en su cuerpo; pero Hans fue más rápido y le propinó una patada en el ojo. El animal chilló, retrocediendo dos pasos, de su ojo izquierdo comenzó a brotar sangre.
-¿Qué ha sido eso?-preguntó Abi al escuchar un chillido que rompió la calma del bosque.
-Apostaría el cuello a que es un Dolonte.-dijo el muchacho mientras echaba a correr por la plataforma y bajaba las escaleras.
Abi bajó tras él.
-¿Qué haces?Quédate aquí.
-¡No! Voy contigo.
El chico la miró a los ojos, Abi no se dejó intimidar y le mantuvo la mirada.
-En serio, es peligroso.
Abi se cruzó de brazos, y Nathan puso los ojos en blanco.
-No me harás caso, ¿verdad?-la chica negó con la cabeza y esbozó una tímida sonrisa.
-Si, claro, pon cara de niña buena,-Abi enseguida borró su sonrisa-anda, coge esto-dijo dándole un cuchillo.
Abi pasó el dedo índice sobre la fina hoja del cuchillo y lo guardó en el cinturón del vestido.
El chico echó a correr seguido de Abi hacia el lugar de dónde producía aquel chillido desgarrador.
Cuando llegaron encontraron a un hombre de espaldas limpiando una espada ensangrentada sobre el cuerpo de un animal.
La chica enseguida desvió la mirada hacia el ser que yacía inerte en el suelo, manando sangre negruzca de dónde debía estar situado el corazón.
El hombre se giró al sentir la presencia de los muchachos y pasó su mirada de Nathan a Abi, deteniéndose sobre ella, mientras sus labios pronunciaban su nombre. Hans se acercó a ella y la abrazó.
-¿Dónde se supone que estabas?-preguntó entre enfadado y aliviado.
-Nathan me iba a llevar con vosotros...-comenzó.
-¿¡Qué?!-exclamó.-¿Cómo se te ocurre irte así?¿Y quién se supone qué es él?Te he dicho mil veces que no hables con desconocidos y menos irte con ellos...
-¡Papá!-le cortó-Estoy viva ¿vale? y Nathan tan solo quería ayudarme.
-¿Un lobo?¿pero no ves lo peligroso que es? podría haberte matado-dijo mirando al muchacho despectivamente.
-Perdone por ayudar a su hija cuando sus ``amigos´´ la dejan sola. Tanto usted como yo sabemos que este mundo es peligroso-dijo sosteniéndole la mirada.
-Cuando tengas una hija entenderás por qué me preocupo tanto por ella-dijo acusadoramente.
-No eres el mejor ejemplo de padre ¿sabes?-Hans miró sorprendido a la chica.
-¿Cómo dices?
-Ni que fueras tan buen padre-Hans abrió los ojos como platos, sorprendido ante las crudas palabras de su hija.-Fingir tu propia muerte para venirte a un mundo totalmente independiente al nuestro, dejando a tu familia sola.
Un incómodo silencio se quedó flotando en el aire, podría cortarse la tensión con un cuchillo.
El hombre tragó saliva.
-En cierto modo, entiendo que estés enfadada conmigo, y no espero que me perdones;-el hombre hizo una pausa para coger aire-pero tienes que entender que aquí me necesitaban...
-¿Quién?¿Acaso hay alguien aquí más importante que mamá? No se si eres consciente de que ella está en un hospital, intentando despertar de un coma.
El hombre abrió la boca para replicar, pero la cerró sin emitir sonido alguno. Abi se giró y salió corriendo por dónde habían llegado.
Nathan miró a Hans y luego a la figura de la chica que ya se perdía entre los árboles.El chico se encogió de hombros y cuando iba a echar a correr detrás de Abi, Hans le agarró por el brazo deteniéndole. El chico se giró y clavó su mirada en los ojos del hombre, de dónde las lágrimas luchaban por salir. El hombre tragó saliva antes de hablar, para deshacer el nudo que tenía en la garganta.
-Cuida de ella-susurró.
El chico asintió.
Hans soltó su brazo, se dio la vuelta, cogió la espada que estaba limpiando justo antes de que llegasen los chicos. Cuidadosamente la envainó en la funda que colgaba de su cinturón y hachó a andar, roto por las duras palabras de su hija.
domingo, 1 de septiembre de 2013
El miedo acecha (Capítulo 18)
Aquel chico tenía algo raro; Abi sentía una extraña atracción hacia él, como le había pasado con Caleb; pero Nathan se mostraba mucho más amable con ella.La chica calculó que tenía la misma edad que el Guardián.
Abi se fijó que a la espalda llevaba una funda con la forma de una guitarra.El chico advirtió su mirada.
-¿Te gusta la música?-Preguntó sorprendiendo a la chica.
-Mucho.-El muchacho exhibió una amistosa sonrisa.
-¿Tocas la guitarra?
-Lo intento, no soy muy bueno-respondió tímido-¿tú sabes tocarla?
Abi negó con la cabeza.
-Mi padre me estaba enseñando, cuando...-la chica buscó la palabra adecuada-desapareció.
El chico la miró confuso.
-Bueno, al parecer mi padre llevaba una segunda vida...
-Un Guardián.-Escupió Nathan.
Abi lo miró asqueada.
-¿Cómo sabes que es un Guardián?
-¿Por qué si no abandonaría a su familia?
La chica bajo la mirada.
-Además los Guardianes se creen los reyes de todo esto.-Dijo haciendo un gesto con la mano que abarcaba todo el bosque.
-Pensaba que los Guardianes eran los que os protegían.
-¿Quién te dijo eso?
-Caleb.
el chico soltó una sonora carcajada.
-¿Y acaso te crees todo lo que dice ese niñato?
-¡No le llames niñato! Tú no le conoces.-Dijo enfurecida
-¡Uy! a ti te gusta el rubio no?-Abi aparto su encendida mirada de el al notar el calor en sus mejillas.-Bueno, tú tampoco le conoces muy bien.
La chica abrió la boca para contestarle pero al cerró.
-No debes fiarte de los desconocidos, y menos de un Guardián.
-Si no debo fiarme de desconocidos no debería ir contigo.-Respondió.
-Sí, siempre puedes quedarte sentada esperándoles.
Abi miró hacia la lejanía y luego echó a andar; y la boca de Nathan se torció en una sonrisa.
Rose y Caleb entraron a todo correr en el instituto en busca de Bastak para ponerle al corriente de su teoría.Rose casi tiró a Soul, que paseaba despreocupádamente con un montón de libros.
-¡Rose! Lord Peniston te va a matar.-Dijo al ver a su hermana.
-Soul, no tengo tiempo para tus tonterías; tengo que hablar con él ahora.-Respondió esquivando a su hermano ágilmente.
-¿Qué ha pasado?-Preguntó el muchacho, pero su hermana ya subía las escaleras a todo correr, tras su compañero.
Ambos entraron atropelladamente en la biblioteca, recibiendo una reprochadora mirada por parte de Ventua. Bastak y Hans los miraron sobresaltados, estaban sentados en los sofás tapizados de terciopelo, hablando sobre unas técnicas de ataque y el elevado número de Dolontes que tuvieron que combatir durante las últimas semanas.Lord Peniston les dedicó una mirada reprochadora y Hans se puso en pie de un salto.
-¿Se puede saber dónde diablos estábais?-Preguntó enfadado.
Caleb miró a Rose.
-Los hechizos de invisibilidad no funcionan al otro lado.-Explicó la chica.
Ventua, que estaba hojeando un libro, lo cerró y se acercó a ellos para unirse a su conversación.
-¿Y qué hacíais allí?-Preguntó Lord Peniston.
Rose intercambió una mirada con Caleb, este asintió.
-Abi quería ver a su madre...-Hans clavó sus oscuros ojos en los de la chica.
Por la cabeza del hombre pasaron miles de imágenes de su mujer; sus ojos se humedecieron pero Hans no dejó escapar ninguna la lágrima, en lugar de eso tragó saliva intentando deshacer el nudo de su garganta.
-¿Y os vais sin decir nada?-Dijo Lord Peniston.
-¿Dónde está Abi?-Preguntó Hans.
-Vinimos corriendo, no dio seguido nuestro ritmo y se quedó atrás...
-¡¿Qué?!-Exclamó el hombre.
-Cálmate, está bien.-Dijo Caleb.
Hans salió de la biblioteca corriendo, los demás se quedaron en la estancia con el ruido de los pasos del hombre alejándose, rompiendo el silencio.
-Bastak,-el hombre le lanzó una mirada de advertencia-Lord Peniston, en El Inicio hay un fragmento que dice que ``la magia va ligada a la vida, del mismo modo que el bien va ligado al mal...´´-Comenzó Caleb.
Lord Peniston levantó una ceja inquisitívamente.
-La Sombra necesita magia para sobrevivir, pero también necesita vida.Al otro lado los hechizos no funcionaron y Brooke dijo que noto una presencia demoníaca.¿ Es posible que haya logrado atravesar un Portal?-Preguntó el muchacho.
Lord Peniston se pasó la mano por la barbilla pensatívamente, ante la atenta mirada de los chicos.
-Teniendo en cuanta que puede adoptar cualquier forma, es perfectamente factible.
Todos giraron la cabeza hacia Ventua, había permanecido en silencio durante toda la conversación, escuchándola, pero ahora por fin había hablado.
Rose pasó su mirada a Lord Peniston.
-¿Se extiende?-Preguntó-¿Puede matar al otro lado?
-Si puede pasar, sí; necesita una fuente de energía y si vuestra teoría es válida; lo más probable es que ya haya matado.
-Tenemos que hacer algo.
-Rose, me temo que nosotros no podemos hacer nada.-Dijo Lord Peniston pasándole un brazo por su hombro.
La chica rehuyó de él.
-Tenemos que ocuparnos de nuestro propio mundo, La Sombra también nos acecha a nosotros.-Dijo Ventua.
-Pero aún faltan años para que coja fuerza; faltan treinta, es imposible.
-No, los astros se están alineando, en cuanto el Sol estea en su posición puede pasar cualquier cosa.-Dijo Caleb.-Además, si no me equivoco, cada vez hay más Dolontes; cada vez que un ataque de La Sombra estaba cerca el número de esos bichos se disparaba.
Lord Peniston asintió.
Rose miró a su compañero asustada.
-Pero aún falta, son cien años, está escrito.-Susurró.
-Rose, si los astros se alinean antes no podemos hacer nada.
-Pero... la Cúpula...
-La cúpula caerá, no hay suficiente magia para sostenerla, es demasiado frágil cuando La Sombra cobra fuerza.
-Chicos, calmaos, no va a pasar nada; Rose, aún falta mucho tiempo para un ataque a gran escala...-Comenzó Lord Peniston.
-No nos mientas, tú sabes perfectamente que el ataque sucederá pronto; hay demasiados Dolontes, y si es verdad lo que dicen, La Sombra se está alimentando con la vida del otro lado y nuestra magia.-Dijo clavando sus grises en los del hombre.
No había ni pizca de miedo en ellos, era, más bien, expectación; como si quisiera que la batalla comenzase, eso inquieto a la chica, que cerró sus manos en puños y apretó los dientes. Ella sabía que contra un ataque de La Sombra ninguna de sus técnicas de combata serviría para nada.
-De todos modos, nunca se sabe el momento preciso de un ataque; solo podemos esperar... y rezar.-Añadió Lord Peniston.
Hans corría a toda velocidad por el campo; la ciudad de Campbell se perdía en la lejanía.
Las botas del hombre crujían con cada paso sobre las secas hojas de los árboles. La mente del hombre estaba ocupada con una imagen se su hija; y en su corazón afloró un sentimiento de angustia y miedo por lo que le pudiese suceder a su hija.
Abi se fijó que a la espalda llevaba una funda con la forma de una guitarra.El chico advirtió su mirada.
-¿Te gusta la música?-Preguntó sorprendiendo a la chica.
-Mucho.-El muchacho exhibió una amistosa sonrisa.
-¿Tocas la guitarra?
-Lo intento, no soy muy bueno-respondió tímido-¿tú sabes tocarla?
Abi negó con la cabeza.
-Mi padre me estaba enseñando, cuando...-la chica buscó la palabra adecuada-desapareció.
El chico la miró confuso.
-Bueno, al parecer mi padre llevaba una segunda vida...
-Un Guardián.-Escupió Nathan.
Abi lo miró asqueada.
-¿Cómo sabes que es un Guardián?
-¿Por qué si no abandonaría a su familia?
La chica bajo la mirada.
-Además los Guardianes se creen los reyes de todo esto.-Dijo haciendo un gesto con la mano que abarcaba todo el bosque.
-Pensaba que los Guardianes eran los que os protegían.
-¿Quién te dijo eso?
-Caleb.
el chico soltó una sonora carcajada.
-¿Y acaso te crees todo lo que dice ese niñato?
-¡No le llames niñato! Tú no le conoces.-Dijo enfurecida
-¡Uy! a ti te gusta el rubio no?-Abi aparto su encendida mirada de el al notar el calor en sus mejillas.-Bueno, tú tampoco le conoces muy bien.
La chica abrió la boca para contestarle pero al cerró.
-No debes fiarte de los desconocidos, y menos de un Guardián.
-Si no debo fiarme de desconocidos no debería ir contigo.-Respondió.
-Sí, siempre puedes quedarte sentada esperándoles.
Abi miró hacia la lejanía y luego echó a andar; y la boca de Nathan se torció en una sonrisa.
Rose y Caleb entraron a todo correr en el instituto en busca de Bastak para ponerle al corriente de su teoría.Rose casi tiró a Soul, que paseaba despreocupádamente con un montón de libros.
-¡Rose! Lord Peniston te va a matar.-Dijo al ver a su hermana.
-Soul, no tengo tiempo para tus tonterías; tengo que hablar con él ahora.-Respondió esquivando a su hermano ágilmente.
-¿Qué ha pasado?-Preguntó el muchacho, pero su hermana ya subía las escaleras a todo correr, tras su compañero.
Ambos entraron atropelladamente en la biblioteca, recibiendo una reprochadora mirada por parte de Ventua. Bastak y Hans los miraron sobresaltados, estaban sentados en los sofás tapizados de terciopelo, hablando sobre unas técnicas de ataque y el elevado número de Dolontes que tuvieron que combatir durante las últimas semanas.Lord Peniston les dedicó una mirada reprochadora y Hans se puso en pie de un salto.
-¿Se puede saber dónde diablos estábais?-Preguntó enfadado.
Caleb miró a Rose.
-Los hechizos de invisibilidad no funcionan al otro lado.-Explicó la chica.
Ventua, que estaba hojeando un libro, lo cerró y se acercó a ellos para unirse a su conversación.
-¿Y qué hacíais allí?-Preguntó Lord Peniston.
Rose intercambió una mirada con Caleb, este asintió.
-Abi quería ver a su madre...-Hans clavó sus oscuros ojos en los de la chica.
Por la cabeza del hombre pasaron miles de imágenes de su mujer; sus ojos se humedecieron pero Hans no dejó escapar ninguna la lágrima, en lugar de eso tragó saliva intentando deshacer el nudo de su garganta.
-¿Y os vais sin decir nada?-Dijo Lord Peniston.
-¿Dónde está Abi?-Preguntó Hans.
-Vinimos corriendo, no dio seguido nuestro ritmo y se quedó atrás...
-¡¿Qué?!-Exclamó el hombre.
-Cálmate, está bien.-Dijo Caleb.
Hans salió de la biblioteca corriendo, los demás se quedaron en la estancia con el ruido de los pasos del hombre alejándose, rompiendo el silencio.
-Bastak,-el hombre le lanzó una mirada de advertencia-Lord Peniston, en El Inicio hay un fragmento que dice que ``la magia va ligada a la vida, del mismo modo que el bien va ligado al mal...´´-Comenzó Caleb.
Lord Peniston levantó una ceja inquisitívamente.
-La Sombra necesita magia para sobrevivir, pero también necesita vida.Al otro lado los hechizos no funcionaron y Brooke dijo que noto una presencia demoníaca.¿ Es posible que haya logrado atravesar un Portal?-Preguntó el muchacho.
Lord Peniston se pasó la mano por la barbilla pensatívamente, ante la atenta mirada de los chicos.
-Teniendo en cuanta que puede adoptar cualquier forma, es perfectamente factible.
Todos giraron la cabeza hacia Ventua, había permanecido en silencio durante toda la conversación, escuchándola, pero ahora por fin había hablado.
Rose pasó su mirada a Lord Peniston.
-¿Se extiende?-Preguntó-¿Puede matar al otro lado?
-Si puede pasar, sí; necesita una fuente de energía y si vuestra teoría es válida; lo más probable es que ya haya matado.
-Tenemos que hacer algo.
-Rose, me temo que nosotros no podemos hacer nada.-Dijo Lord Peniston pasándole un brazo por su hombro.
La chica rehuyó de él.
-Tenemos que ocuparnos de nuestro propio mundo, La Sombra también nos acecha a nosotros.-Dijo Ventua.
-Pero aún faltan años para que coja fuerza; faltan treinta, es imposible.
-No, los astros se están alineando, en cuanto el Sol estea en su posición puede pasar cualquier cosa.-Dijo Caleb.-Además, si no me equivoco, cada vez hay más Dolontes; cada vez que un ataque de La Sombra estaba cerca el número de esos bichos se disparaba.
Lord Peniston asintió.
Rose miró a su compañero asustada.
-Pero aún falta, son cien años, está escrito.-Susurró.
-Rose, si los astros se alinean antes no podemos hacer nada.
-Pero... la Cúpula...
-La cúpula caerá, no hay suficiente magia para sostenerla, es demasiado frágil cuando La Sombra cobra fuerza.
-Chicos, calmaos, no va a pasar nada; Rose, aún falta mucho tiempo para un ataque a gran escala...-Comenzó Lord Peniston.
-No nos mientas, tú sabes perfectamente que el ataque sucederá pronto; hay demasiados Dolontes, y si es verdad lo que dicen, La Sombra se está alimentando con la vida del otro lado y nuestra magia.-Dijo clavando sus grises en los del hombre.
No había ni pizca de miedo en ellos, era, más bien, expectación; como si quisiera que la batalla comenzase, eso inquieto a la chica, que cerró sus manos en puños y apretó los dientes. Ella sabía que contra un ataque de La Sombra ninguna de sus técnicas de combata serviría para nada.
-De todos modos, nunca se sabe el momento preciso de un ataque; solo podemos esperar... y rezar.-Añadió Lord Peniston.
Hans corría a toda velocidad por el campo; la ciudad de Campbell se perdía en la lejanía.
Las botas del hombre crujían con cada paso sobre las secas hojas de los árboles. La mente del hombre estaba ocupada con una imagen se su hija; y en su corazón afloró un sentimiento de angustia y miedo por lo que le pudiese suceder a su hija.
lunes, 12 de agosto de 2013
Nathan (Capítulo 17)
Abi no estaba segura de cómo llegaron tan rápido al instituto, mientras recuperaba la compostura alzó la vista hacia la alta verja y se preguntó cómo llegar al otro lado.
-¡Abi!¿Qué haces? ven aquí.-Ordenó Rose; estaba justo bajo la rama del árbol que habían usado para salir del recinto del instituto.
Caleb juntó las manos formando una especie de cuenco en el que Rose apoyó su pie y el muchacho la impulsó; la chica se agarró a la rama y se sentó sobre ella con la elegancia de un felino. Caleb hizo lo mismo con Abi y cuando ambas estaban sobre el árbol el muchacho cogió carrerilla y saltó encaramándose a la rama, con un elegante balanceo se puso de pie y caminó sobre ella como si fuese la acera de la ciudad, con otro movimiento se dejó caer en la hierba; el chico le ofreció su mano a Rose pero esta la rechazó y se dejó caer con suavidad; Abi, en cambio, aceptó la ayuda del muchacho.
-Vamos, tenemos que irnos ya.-Los apremió Rose.
-Tranquila hay tiempo.-Contestó Caleb.
-No debimos pegarles, fue horrible.-Murmuró Abi.
Los chicos la miraron sin dar crédito a lo que oían.
-Bueno, si aún quieres pasar la noche en mugriento calabozo, por mí adelante, aunque tendrías que dar muchas explicaciones.-Comentó el chico.
Abi puso los ojos en blanco y comenzó a buscar el árbol que llevaba a a Arthros.
-¿Qué paso con tu hechizo?Pensaba que tenías controlado todo ese asunto de la magia.
-No sé, nunca me había pasado algo igual; de repente fue como si nunca hubiese tenido capacidad mágica; los conjuros no funcionaban...
-Eso ya lo vi, la próxima vez asegúrate de que no falle nada; no podemos pasearnos por la ciudad pegando a la gente.-Le reprochó Caleb.
-No fue culpa mía, no sé que ha pasado.-Se disculpó la chica.
-Si no eres capaz ni de memorizar un par de hechizo es mejor que no vengas, te convertirás en un estorbo.
-Vale, pues a ver que tal se te da a ti la magia.-respondió enfadada.
Caleb fijó sus eléctricos ojos en ella, pequeños destellos luminosos bailaban en ellos, saltando de un lado a otro. Rose apartó su mirada, se sentó en el suelo cruzando las piernas y sacó a Brooke de su mochila, el libro abrió los ojos cuando la chica introdujo la llave en el candado.
-Brooke, ¿por qué no funcionó el conjuro?-Preguntó la chica.
-Este mundo apenas tiene magia, ya lo sabes; aquí es más difícil mantener los conjuros durante mucho tiempo.Pero,además de eso, hay algo distinto; como una presencia maligna, de origen demoníaco.
-¿Dolontes?-Preguntó la muchacha.
-No creo, es más poderoso.
-¿Origen demoníaco?Ummm...-La chica comenzó a arrancar briznas de hierba pensativamente.
Caleb estaba a unos metros más alejado de las chicas,apoyado en el tronco de un árbol jugueteando con uno de sus cuchillos.
-¿La Sombra?-Dijo levantando la mirada de su cuchillo.
Abi y Rose se giraron al unísono y le miraron fijamente.
-Caleb, La Sombra no afecta a este mundo, apenas hay magia en él; y necesita la magia para vivir.-Dijo la chica.
-Sí, pero hay algo que también necesita.
-¿El qué?-Preguntó Abi con curiosidad.
El chico paso la mirada de Abi a Rose y luego volvió a detenerla sobre la pelirroja.
-Vida.
Rose lanzó una exclamación ahogada.
-Piénsalo, Rose, tiene sentido, ``La magia va ligada a la vida...´´
-``...del mismo modo que el bien va ligado al mal.´´-Acabó Rose.
-Está todo en el Inicio.-Dijo Caleb.
La imagen del libro apareció en la mente de Abi; Rose y Caleb se dirigieron hacia el árbol por el que Abi había llegado a Arthros por primera vez; la chica los siguió.
-¿Cómo no nos dimos cuenta antes?Durante todo nuestro entrenamiento, resulta demasiado obvio.-Comentó Rose.
-Lo más raro es que nadie se haya dado cuenta de ello, el Inicio existe desde la División y todos los Guardianes lo han leído a lo largo de generaciones.-Dijo Caleb atravesando el árbol.
Rose y Abi le siguieron, la sensación de levitación las inundó, pero esta vez Abi no se mareó; aterrizaron en el otro lado con un elegante salto.
Calen había echado a correr por el bosque, Rose enseguida se unió a su carrera con la mochila golpeándole la espalda con cada movimiento de la chica; Abi intentaba situarse a su altura, pero cada vez que lograba acercarse a ellos sus piernas protestaban.
-Chicos, esperadme.-Jadeó.
-Abi, espéranos aquí, tenemos que hablar con Bastak urgentemente.-Dijo Rose sin parar su alocada carrera.
La chica se paró en seco, su corazón martilleaba frenéticamente contra su pecho como si quisiera desgarrar su carne para salir al exterior. Abi se apoyó en sus rodillas para recuperar el aliento.
-``Y yo que pensaba que los entrenamientos eran duros´´-Pensó
La chica alzó la vista hacia el cielo; a lo lejos el manto nocturno de las estrellas comenzaba a dar paso a unas luces rosadas que indicaban el comienzo de un nuevo día en aquel mundo. Abi cogió una bocanada de aire para luego quedarse sin aliento ante la atenta mirada del muchacho que colgaba boca abajo de la rama de un árbol.
-¡Hola!-Saludó
Abi dio un paso hacia atrás sin apartar la vista de él.
-Tranquila, no muerdo.-dijo con una sonrisa,-bueno, no a las chicas estraviadas.-Añadió mientras se soltaba del árbol y aterrizaba tras dar una voltereta en el aire.
La chica no dijo nada se limitó a evaluarlo con la mirada. Su pelo era blanco, con unos pequeños toques azules, estaba recogido en una pequeña coleta situada sobre su nuca, pero los mechones del flequillo,demasiado largos, caían sobre sus oscuros ojos.
-Que descortés por mi parte, me llamo Nathan, Nathan Leemarcks.-Dijo con una leve reverencia.
-Abi Fis... Abi Grunklee.-Dijo al recordar el apellido de su padre.
El chico no puedo ocultar su asombro.
-Grunklee dices, esa familia hace años que desapareció.
-Mi padre, Hans, sigue vivo y mi madre también.
-He dicho que han desaparecido, no que hayan muerto. Huir no es lo mismo que morir.-Comentó el muchacho.
-Bueno, no tengo por qué escucharte, tengo cosas mejores que hacer.-Dijo malhumorada.
-¿cómo esperar a esos ``amiguitos´´ tuyos que te dejan tirada?-Preguntó.
La chica lo miró a los ojos; en la cara del muchacho se dibujó una sonrisa como la de Michael.
-Tú no sabes nada, es un asunto muy importante.
-Sí, eso ya lo pude comprobar, para que tus ``amigos´´ se olviden de ti debe de ser algo muy importante.
Abi bajó la vista al suelo sin querer admitir las palabras del muchacho.
-Anda, ven conmigo, no es bueno que andes sola.-Y otra vez apareció aquella media sonrisa.
-¡Abi!¿Qué haces? ven aquí.-Ordenó Rose; estaba justo bajo la rama del árbol que habían usado para salir del recinto del instituto.
Caleb juntó las manos formando una especie de cuenco en el que Rose apoyó su pie y el muchacho la impulsó; la chica se agarró a la rama y se sentó sobre ella con la elegancia de un felino. Caleb hizo lo mismo con Abi y cuando ambas estaban sobre el árbol el muchacho cogió carrerilla y saltó encaramándose a la rama, con un elegante balanceo se puso de pie y caminó sobre ella como si fuese la acera de la ciudad, con otro movimiento se dejó caer en la hierba; el chico le ofreció su mano a Rose pero esta la rechazó y se dejó caer con suavidad; Abi, en cambio, aceptó la ayuda del muchacho.
-Vamos, tenemos que irnos ya.-Los apremió Rose.
-Tranquila hay tiempo.-Contestó Caleb.
-No debimos pegarles, fue horrible.-Murmuró Abi.
Los chicos la miraron sin dar crédito a lo que oían.
-Bueno, si aún quieres pasar la noche en mugriento calabozo, por mí adelante, aunque tendrías que dar muchas explicaciones.-Comentó el chico.
Abi puso los ojos en blanco y comenzó a buscar el árbol que llevaba a a Arthros.
-¿Qué paso con tu hechizo?Pensaba que tenías controlado todo ese asunto de la magia.
-No sé, nunca me había pasado algo igual; de repente fue como si nunca hubiese tenido capacidad mágica; los conjuros no funcionaban...
-Eso ya lo vi, la próxima vez asegúrate de que no falle nada; no podemos pasearnos por la ciudad pegando a la gente.-Le reprochó Caleb.
-No fue culpa mía, no sé que ha pasado.-Se disculpó la chica.
-Si no eres capaz ni de memorizar un par de hechizo es mejor que no vengas, te convertirás en un estorbo.
-Vale, pues a ver que tal se te da a ti la magia.-respondió enfadada.
Caleb fijó sus eléctricos ojos en ella, pequeños destellos luminosos bailaban en ellos, saltando de un lado a otro. Rose apartó su mirada, se sentó en el suelo cruzando las piernas y sacó a Brooke de su mochila, el libro abrió los ojos cuando la chica introdujo la llave en el candado.
-Brooke, ¿por qué no funcionó el conjuro?-Preguntó la chica.
-Este mundo apenas tiene magia, ya lo sabes; aquí es más difícil mantener los conjuros durante mucho tiempo.Pero,además de eso, hay algo distinto; como una presencia maligna, de origen demoníaco.
-¿Dolontes?-Preguntó la muchacha.
-No creo, es más poderoso.
-¿Origen demoníaco?Ummm...-La chica comenzó a arrancar briznas de hierba pensativamente.
Caleb estaba a unos metros más alejado de las chicas,apoyado en el tronco de un árbol jugueteando con uno de sus cuchillos.
-¿La Sombra?-Dijo levantando la mirada de su cuchillo.
Abi y Rose se giraron al unísono y le miraron fijamente.
-Caleb, La Sombra no afecta a este mundo, apenas hay magia en él; y necesita la magia para vivir.-Dijo la chica.
-Sí, pero hay algo que también necesita.
-¿El qué?-Preguntó Abi con curiosidad.
El chico paso la mirada de Abi a Rose y luego volvió a detenerla sobre la pelirroja.
-Vida.
Rose lanzó una exclamación ahogada.
-Piénsalo, Rose, tiene sentido, ``La magia va ligada a la vida...´´
-``...del mismo modo que el bien va ligado al mal.´´-Acabó Rose.
-Está todo en el Inicio.-Dijo Caleb.
La imagen del libro apareció en la mente de Abi; Rose y Caleb se dirigieron hacia el árbol por el que Abi había llegado a Arthros por primera vez; la chica los siguió.
-¿Cómo no nos dimos cuenta antes?Durante todo nuestro entrenamiento, resulta demasiado obvio.-Comentó Rose.
-Lo más raro es que nadie se haya dado cuenta de ello, el Inicio existe desde la División y todos los Guardianes lo han leído a lo largo de generaciones.-Dijo Caleb atravesando el árbol.
Rose y Abi le siguieron, la sensación de levitación las inundó, pero esta vez Abi no se mareó; aterrizaron en el otro lado con un elegante salto.
Calen había echado a correr por el bosque, Rose enseguida se unió a su carrera con la mochila golpeándole la espalda con cada movimiento de la chica; Abi intentaba situarse a su altura, pero cada vez que lograba acercarse a ellos sus piernas protestaban.
-Chicos, esperadme.-Jadeó.
-Abi, espéranos aquí, tenemos que hablar con Bastak urgentemente.-Dijo Rose sin parar su alocada carrera.
La chica se paró en seco, su corazón martilleaba frenéticamente contra su pecho como si quisiera desgarrar su carne para salir al exterior. Abi se apoyó en sus rodillas para recuperar el aliento.
-``Y yo que pensaba que los entrenamientos eran duros´´-Pensó
La chica alzó la vista hacia el cielo; a lo lejos el manto nocturno de las estrellas comenzaba a dar paso a unas luces rosadas que indicaban el comienzo de un nuevo día en aquel mundo. Abi cogió una bocanada de aire para luego quedarse sin aliento ante la atenta mirada del muchacho que colgaba boca abajo de la rama de un árbol.
-¡Hola!-Saludó
Abi dio un paso hacia atrás sin apartar la vista de él.
-Tranquila, no muerdo.-dijo con una sonrisa,-bueno, no a las chicas estraviadas.-Añadió mientras se soltaba del árbol y aterrizaba tras dar una voltereta en el aire.
La chica no dijo nada se limitó a evaluarlo con la mirada. Su pelo era blanco, con unos pequeños toques azules, estaba recogido en una pequeña coleta situada sobre su nuca, pero los mechones del flequillo,demasiado largos, caían sobre sus oscuros ojos.
-Que descortés por mi parte, me llamo Nathan, Nathan Leemarcks.-Dijo con una leve reverencia.
-Abi Fis... Abi Grunklee.-Dijo al recordar el apellido de su padre.
El chico no puedo ocultar su asombro.
-Grunklee dices, esa familia hace años que desapareció.
-Mi padre, Hans, sigue vivo y mi madre también.
-He dicho que han desaparecido, no que hayan muerto. Huir no es lo mismo que morir.-Comentó el muchacho.
-Bueno, no tengo por qué escucharte, tengo cosas mejores que hacer.-Dijo malhumorada.
-¿cómo esperar a esos ``amiguitos´´ tuyos que te dejan tirada?-Preguntó.
La chica lo miró a los ojos; en la cara del muchacho se dibujó una sonrisa como la de Michael.
-Tú no sabes nada, es un asunto muy importante.
-Sí, eso ya lo pude comprobar, para que tus ``amigos´´ se olviden de ti debe de ser algo muy importante.
Abi bajó la vista al suelo sin querer admitir las palabras del muchacho.
-Anda, ven conmigo, no es bueno que andes sola.-Y otra vez apareció aquella media sonrisa.
jueves, 4 de julio de 2013
Incidenete en la comisaría (Capítulo 16)
Abi apenas pudo dedicarle unas palabras a su madre.En la recepción del hospital se encendió una lucecita amarilla y dos enfermeras oyeron el sonoro pitido que ésta emitió; ambas se dirigieron hacia la habitación contigua a la de Evelyn. La chica reconoció a una de ellas; era Dorothy, la enfermera con la que siempre hablaba cuando iba a visitar a su madre.
-¿Abi?-La mujer la miró a los ojos.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la chica y miró entre sorprendida y asustada a Rose, la muchacha había sacado a Brooke de su mochila y no paraba de pasar las páginas a todo correr, buscando algún conjuro.
-¿Abi, eres tú?-La mujer no había apartado su vista de Abi, pero su compañera no la podía ver.
Caleb se interpuso entre ambas pero la mujer no lo percibió.Rose murmuraba unas palabras a todo correr con el dedo índice y el corazón levantados en el aire; una pequeña chispa azulada salió de ellos, pero en apenas dos segundos se extinguió.Rose miró asustada a Caleb y a Abi. El chico cogió a Abi de la mano y hecho a correr seguido por Rose.
Dorothy miró confusa a Abi, que se perdía con sus compañeros por el largo pasillo del edificio, su compañera se acercó a ella.
-¿Dorothy? ¿con quién hablas?-Preguntó.
-Juraría que ahí mismo estaba Abi .
-¿La hija de Evelyn, la que está en coma?
La mujer asintió.
-Deberías irte a casa, pareces cansada, llevas varios días haciendo horas extras.Áconsejó la mujer.
Dorothy cerró los ojos
-No es mala idea, te veré mañana a las ocho.-Se despidió la mujer aún con la imagen de Abi en su cabeza.
Los chicos salieron del hospital corriendo y comenzaron a recorrer la ciudad en una alocada carrera.
-¡Eh! ¡Mirad por dónde vais!-Gritó el hombre al que Caleb casi tiró al pasar por su lado.
Rose miraba a la gente incrédula mientras rebuscaba en su cabeza el conjuro de invisibilidad.
Pasaron corriendo por delante de un coche de policía sobresaltando a su ocupante; el hombre de mediana edad, bajo y gordo, salió de su coche malhumorado; dejo la hamburguesa mordisqueada sobre el asiento del copiloto.
-¡Niños!¡Deteneos!-Gritó.
Rose y Caleb le ignoraron y aceleraron la marcha, pero Abi frenó en seco y se giró hacia el obeso policía que corría hacia ellos, su barriga se movía a ambos lados colgándole sobre sus pantalones.
-¡Abi!¿Qué diablos estás haciendo?-Chilló Rose en medio de su carrera.
El hombre ya casi estaba su lado.La chica calculó que no mediría mucho más del metro y medio, el hombre la miró enfadado; tenía unos ojos pequeños, que se hundían en sus cuencas y bajo su enorme nariz lucía un espeso bigote negro que parecía una oruga peluda.El hombre se quitó la gorra y se paso un pañuelo por la calva perlada de sudor.Los chicos respiraban entrecortadamente; Abi miró al hombre fijamente.
-¿Qué se supone que estábais haciendo?-Preguntó mirándolos de arriba abajo.
-Agente, llegamos tarde a casa.-Comenzó Caleb.
El hombre no le prestó atención; miraba a Rose que intentaba cerrar su mochila, una parte del libro asomaba por un lado.El hombre se dirigió hacia ella y le arrebató el libro.
-¿Qué es esto?
-Es obvio que un libro.-Respondió Caleb poniendo los ojos en blanco.
El hombre examinó el libro con sus grasientas manos, ignorando a Caleb. Brooke tenía los ojos cerrados y parecía dormido; Abi cruzó los dedos para que no se despertase, o tendrían que dar muchas explicaciones.
-Señor, tenemos que irnos ya, sentimos haberle molestado.-Dijo Rose intentando recuperar el libro; pero el hombre lo apartó.
-No parece un libro corriente, ¡de dónde lo habéis sacado?-Preguntó frunciendo el ceño.
-Fue un regalo de mi difunta abuela.-Mintió Rose.
El hombre la miró a los ojos sin terminas de creerse su historia.
-No os creo, vosotros habéis robado esto.
-No es cierto.-Protestó Abi.
El hombre la cogió del antebrazo rodeándolo con solo una mano y la miró a los ojos.
-Bueno, pues si es verdad vuestros padres no tendrán problema en ir a recogeros a la comisaría.-Dijo empujando a Abi al asiento trasero del coche.
Rose y Caleb entraron a regañadientes.El muchacho apartó la asquerosa hamburguesa del policía y ocupó el asiento del copiloto.
El motor ronroneó y se puso en marcha; durante el trayecto hasta la comisaría el hombre acabó de comerse su grasienta hamburguesa .Caleb miró a Abi a través de su retrovisor con reproche, y Rose intentaba entender por qué su hechizo de invisibilidad no funcionó.
Brooke estaba en la polvorienta guantera del conductor, entre envoltorios de chocolatinas y snaks. Por primera vez, Abi se fijó en el aspecto del coche; era un Ford bastante viejo, tenía varias abolladuras junto a la puerta del copiloto y en la defensa trasera; además de las abolladuras, el coche, también tenía numerosos rasguños.El interior no estaba mucho mejor, todo estaba lleno de envoltorios y pequeñas manchas de ketchup, chocolate, y unas manchas amarillentas que la chica no puedo adivinar de qué eran.Un diminuto ambientador en forma del pino, colgado del retrovisor, intentaba combatir el apestoso olor a comida precocinada y a sudor.
La comisaría no tenía mejor aspecto que el coche.La pintura azulada de las paredes estaba agrietada y descascarillada, las bombillas de las lamparas parpadeaban de vez en cuando dejando a oscuras la estancia; todo tenía un aspecto lúgubre.Sobre la mayor parte de las mesas se apilaban los papeles de las denuncias mezclados con folletos informativos y periódicos deportivos; también había varios vasos de café para llevar vacíos y algunos envoltorios de comida china desperdigados por la mesa del agente.
Lo único que parecía medianamente ordenado en medio de aquel caos era la mesa del compañero del agente; un tal Rudens, un hombre que rondaba los treinta años,tan solo había unos cuantos informes que revisaba constantemente mientras tecleaba algo en su ordenador.
-Buenas noches, Rudens.-Saludó el hombre.
-Buenas noches, Gary, ¿alguna novedad?-Preguntó sin apartar la vista de la pantalla.
-Unos mocosos corriendo por la calle, intentado esconder esto.-Dijo dejando caer el libro sobre la mesa de su compañero con un sonoro golpe.
El hombre apartó la vista del ordenador para mirar, curioso, el libro; levantó la vista y miró a cada uno de los chicos, hizo una mueca extraña al ver su ropa y centró su atención en Caleb y en su arsenal de cuchillos; lo miró inquisitivamente.
-Espero que esas cosas sean parte de tu disfraz de... lo que sea de que vayas disfrazado.-Murmuró levantándose de su silla y dirigiéndose a él.
Abi comenzó a morderse las uñas, aquello no podía ir peor.
-¿Cuantos años tienes?-Preguntó el llamado Gary, que acababa de darse cuenta de la presencia del chico por primera vez.
-¿Es eso de su incumbencia?-Preguntó el muchacho desafiante.
-Niño, no te hagas el duro y contesta.
-Primero, si no le importa, no me llame niño; y segundo no tengo porque hablar con usted.
El hombre comenzó a enfadarse e intentó quitarle la espada que llevaba a la espalda; pero Caleb se movió más rápido, cogió su brazo, lo giró sobre si mismo y lo colocó a la espalda del hombre; éste maldijo entre dientes. Abi recordó que Michael también le había enseñado esa llave a ella, la había aprendido en sus clases de taekwondo.
El agente más joven se acercó a todo correr intentando parar a Caleb, pero rose se adelantó y le propinó un puñetazo en la cara haciendo se oyera un ¡Clac! y de su nariz comenzó a brotar sangre; el hombre soltó un grito y se llevó las manos a su nariz; Rose corrió a recuperar su libro y Caleb ya sujetaba la puerta de la comisaría; Rose salió la primera, abrazando a Brooke, Abi corría hacia la puerta confusa cunado Gary la cogió del brazo y tiró de ella hacia dentro; el hombre levanto una mano dispuesto a abofetearla en la cara, peor la chica se giró y en un arrebato le propinó una patada en la entrepierna del hombre, éste soltó una maldición haciendo referencia a la madre de la chica y calló de rodillas al suelo, agarrándose la parte golpeada.
La chica corrió hacia un sorprendido Caleb.
-Lo siento.-Gritó mientras salía corriendo de la comisaría.
-¿Dónde aprendiste eso?Creo que me ha dolido hasta a mí.-Comentó el chico.
-No quería, ¿estará bien?-Preguntó preocupada.
El chico estalló en una sonora carcajada, mientras ambos corrían hacia Rose.
-¿Abi?-La mujer la miró a los ojos.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la chica y miró entre sorprendida y asustada a Rose, la muchacha había sacado a Brooke de su mochila y no paraba de pasar las páginas a todo correr, buscando algún conjuro.
-¿Abi, eres tú?-La mujer no había apartado su vista de Abi, pero su compañera no la podía ver.
Caleb se interpuso entre ambas pero la mujer no lo percibió.Rose murmuraba unas palabras a todo correr con el dedo índice y el corazón levantados en el aire; una pequeña chispa azulada salió de ellos, pero en apenas dos segundos se extinguió.Rose miró asustada a Caleb y a Abi. El chico cogió a Abi de la mano y hecho a correr seguido por Rose.
Dorothy miró confusa a Abi, que se perdía con sus compañeros por el largo pasillo del edificio, su compañera se acercó a ella.
-¿Dorothy? ¿con quién hablas?-Preguntó.
-Juraría que ahí mismo estaba Abi .
-¿La hija de Evelyn, la que está en coma?
La mujer asintió.
-Deberías irte a casa, pareces cansada, llevas varios días haciendo horas extras.Áconsejó la mujer.
Dorothy cerró los ojos
-No es mala idea, te veré mañana a las ocho.-Se despidió la mujer aún con la imagen de Abi en su cabeza.
Los chicos salieron del hospital corriendo y comenzaron a recorrer la ciudad en una alocada carrera.
-¡Eh! ¡Mirad por dónde vais!-Gritó el hombre al que Caleb casi tiró al pasar por su lado.
Rose miraba a la gente incrédula mientras rebuscaba en su cabeza el conjuro de invisibilidad.
Pasaron corriendo por delante de un coche de policía sobresaltando a su ocupante; el hombre de mediana edad, bajo y gordo, salió de su coche malhumorado; dejo la hamburguesa mordisqueada sobre el asiento del copiloto.
-¡Niños!¡Deteneos!-Gritó.
Rose y Caleb le ignoraron y aceleraron la marcha, pero Abi frenó en seco y se giró hacia el obeso policía que corría hacia ellos, su barriga se movía a ambos lados colgándole sobre sus pantalones.
-¡Abi!¿Qué diablos estás haciendo?-Chilló Rose en medio de su carrera.
El hombre ya casi estaba su lado.La chica calculó que no mediría mucho más del metro y medio, el hombre la miró enfadado; tenía unos ojos pequeños, que se hundían en sus cuencas y bajo su enorme nariz lucía un espeso bigote negro que parecía una oruga peluda.El hombre se quitó la gorra y se paso un pañuelo por la calva perlada de sudor.Los chicos respiraban entrecortadamente; Abi miró al hombre fijamente.
-¿Qué se supone que estábais haciendo?-Preguntó mirándolos de arriba abajo.
-Agente, llegamos tarde a casa.-Comenzó Caleb.
El hombre no le prestó atención; miraba a Rose que intentaba cerrar su mochila, una parte del libro asomaba por un lado.El hombre se dirigió hacia ella y le arrebató el libro.
-¿Qué es esto?
-Es obvio que un libro.-Respondió Caleb poniendo los ojos en blanco.
El hombre examinó el libro con sus grasientas manos, ignorando a Caleb. Brooke tenía los ojos cerrados y parecía dormido; Abi cruzó los dedos para que no se despertase, o tendrían que dar muchas explicaciones.
-Señor, tenemos que irnos ya, sentimos haberle molestado.-Dijo Rose intentando recuperar el libro; pero el hombre lo apartó.
-No parece un libro corriente, ¡de dónde lo habéis sacado?-Preguntó frunciendo el ceño.
-Fue un regalo de mi difunta abuela.-Mintió Rose.
El hombre la miró a los ojos sin terminas de creerse su historia.
-No os creo, vosotros habéis robado esto.
-No es cierto.-Protestó Abi.
El hombre la cogió del antebrazo rodeándolo con solo una mano y la miró a los ojos.
-Bueno, pues si es verdad vuestros padres no tendrán problema en ir a recogeros a la comisaría.-Dijo empujando a Abi al asiento trasero del coche.
Rose y Caleb entraron a regañadientes.El muchacho apartó la asquerosa hamburguesa del policía y ocupó el asiento del copiloto.
El motor ronroneó y se puso en marcha; durante el trayecto hasta la comisaría el hombre acabó de comerse su grasienta hamburguesa .Caleb miró a Abi a través de su retrovisor con reproche, y Rose intentaba entender por qué su hechizo de invisibilidad no funcionó.
Brooke estaba en la polvorienta guantera del conductor, entre envoltorios de chocolatinas y snaks. Por primera vez, Abi se fijó en el aspecto del coche; era un Ford bastante viejo, tenía varias abolladuras junto a la puerta del copiloto y en la defensa trasera; además de las abolladuras, el coche, también tenía numerosos rasguños.El interior no estaba mucho mejor, todo estaba lleno de envoltorios y pequeñas manchas de ketchup, chocolate, y unas manchas amarillentas que la chica no puedo adivinar de qué eran.Un diminuto ambientador en forma del pino, colgado del retrovisor, intentaba combatir el apestoso olor a comida precocinada y a sudor.
La comisaría no tenía mejor aspecto que el coche.La pintura azulada de las paredes estaba agrietada y descascarillada, las bombillas de las lamparas parpadeaban de vez en cuando dejando a oscuras la estancia; todo tenía un aspecto lúgubre.Sobre la mayor parte de las mesas se apilaban los papeles de las denuncias mezclados con folletos informativos y periódicos deportivos; también había varios vasos de café para llevar vacíos y algunos envoltorios de comida china desperdigados por la mesa del agente.
Lo único que parecía medianamente ordenado en medio de aquel caos era la mesa del compañero del agente; un tal Rudens, un hombre que rondaba los treinta años,tan solo había unos cuantos informes que revisaba constantemente mientras tecleaba algo en su ordenador.
-Buenas noches, Rudens.-Saludó el hombre.
-Buenas noches, Gary, ¿alguna novedad?-Preguntó sin apartar la vista de la pantalla.
-Unos mocosos corriendo por la calle, intentado esconder esto.-Dijo dejando caer el libro sobre la mesa de su compañero con un sonoro golpe.
El hombre apartó la vista del ordenador para mirar, curioso, el libro; levantó la vista y miró a cada uno de los chicos, hizo una mueca extraña al ver su ropa y centró su atención en Caleb y en su arsenal de cuchillos; lo miró inquisitivamente.
-Espero que esas cosas sean parte de tu disfraz de... lo que sea de que vayas disfrazado.-Murmuró levantándose de su silla y dirigiéndose a él.
Abi comenzó a morderse las uñas, aquello no podía ir peor.
-¿Cuantos años tienes?-Preguntó el llamado Gary, que acababa de darse cuenta de la presencia del chico por primera vez.
-¿Es eso de su incumbencia?-Preguntó el muchacho desafiante.
-Niño, no te hagas el duro y contesta.
-Primero, si no le importa, no me llame niño; y segundo no tengo porque hablar con usted.
El hombre comenzó a enfadarse e intentó quitarle la espada que llevaba a la espalda; pero Caleb se movió más rápido, cogió su brazo, lo giró sobre si mismo y lo colocó a la espalda del hombre; éste maldijo entre dientes. Abi recordó que Michael también le había enseñado esa llave a ella, la había aprendido en sus clases de taekwondo.
El agente más joven se acercó a todo correr intentando parar a Caleb, pero rose se adelantó y le propinó un puñetazo en la cara haciendo se oyera un ¡Clac! y de su nariz comenzó a brotar sangre; el hombre soltó un grito y se llevó las manos a su nariz; Rose corrió a recuperar su libro y Caleb ya sujetaba la puerta de la comisaría; Rose salió la primera, abrazando a Brooke, Abi corría hacia la puerta confusa cunado Gary la cogió del brazo y tiró de ella hacia dentro; el hombre levanto una mano dispuesto a abofetearla en la cara, peor la chica se giró y en un arrebato le propinó una patada en la entrepierna del hombre, éste soltó una maldición haciendo referencia a la madre de la chica y calló de rodillas al suelo, agarrándose la parte golpeada.
La chica corrió hacia un sorprendido Caleb.
-Lo siento.-Gritó mientras salía corriendo de la comisaría.
-¿Dónde aprendiste eso?Creo que me ha dolido hasta a mí.-Comentó el chico.
-No quería, ¿estará bien?-Preguntó preocupada.
El chico estalló en una sonora carcajada, mientras ambos corrían hacia Rose.
viernes, 28 de junio de 2013
Brooke (Capítulo 15)
Rose se arrodilló junto a su cama y saco un libro enorme; estaba forrado en cuero marrón, en el medio de la portada había el dibujo en relieve de la cara de un anciano, sus ojos estaba cerrados y su boca sellada; una hebilla dorada situada en el medio de la portada mantenía el libro herméticamente cerrado; la chica se fijó que de la hebilla colgaba un pequeño candado del mismo material que ésta.
Rose se desabrochó el cuello de su vestido y sacó una cadena que rodeaba su cuello, de ella colgaba una pequeña llave ricamente adornada; la chica la metió en el candado y con un suave ¡clic! se abrió y el libro abrió los ojos: Abi lanzó una exclamación ahogada; los ojos de un color negro azabache se clavaron en los de ella.
-Brooke, ella es Abi; Abi éste es Brooke, es un libro mágico, no te asustes.-Dijo la chica.
-¡¿Que no me asuste?! Ha abierto los ojos, se ha movido, él solo.-chilló asustada.
-Tranquila, no te va a morder.
-¿Humana?-Preguntó el libro en tono despectivo.
Abi se puso de pie de un salto y señaló el libro aún mas asombrada.
-Rose... ha hablado, el libro... habló...-Tartamudeó la muchacha.
-Claro, uno tiene boca para algo.-Dijo el libro.
-Abi, cálmate, los demás ya estarán durmiendo, y si sigues chillando se van a despertar.
-Pero él habló, abre los ojos y, y...
-Tranquila, solo es magia, Brooke es mi libro de hechizos, no hay ningún conjuro que no tenga.-Explicó Rose mostrándole las páginas a la muchacha.
-Rose, ahí solo hay páginas en blanco; no hay nada escrito.
-Fíjate más, concéntrate.-Dijo Rose.
Abi hizo lo que la chica le pedía, pero seguía sin ver nada.La chica la miró inquisitivamente.
Rose le puso la mano sobre la frente y formuló unas palabras en un idioma que Abi no conocía. Cuando la chica abrió los ojos de nuevo vislumbró las letras negras escritas en estilo gótico.
-Esta en Zariano, es el idioma de los magos.-Explicó la chica.
-¿Zariano?-Preguntó confusa la chica.
-Sí, es el idioma de Zarion, la ciudad dónde nace la magia de Arthros.
-Creía que todo en este mundo era mágico.-Comentó la chica.
-Sí, pero Zarion es dónde se concentra el mayor nivel de poder mágico, es allí dónde se creo La Cúpula que proteje todo Arthros.-Explicó Rose.-Además, es allí dónde los niños con poderes aprenden el oficio de magos, o brujas en el caso de las niñas.-Añadió Rose.
-¿Tú eres una bruja?-Preguntó Abi.
-Bueno, aún me queda mucho por aprender, además sucederé a mi padre en el rango de Guardián y tendré que dejar los estudios de magia.
-Es una verdadera lastima que tanto talento se desperdicie en cazar a esos bichos.-Murmuró Brooke.
-¡Brooke! Los Guardianes protejen a los ciudadanos de Arthros desde que se llevó a cabo La División y el simple hecho de descender de una familia de Guardianes ya es algo de lo que la gente debería sentirse orgullosa.
Rose parecía realmente molesta por el comentario de Brooke y había ido elevando la voz con cada palabra que había dicho.
De repente sonaron unos golpes en la puerta y ésta se abrió.
-¡Chicas! podíais armar menos jaleo, se os oye desde la otra punta del pasillo, no sé cómo no se ha despertado nadie.-Dijo Caleb.
Llevaba su gabardina negra y sus botas a juego, del cinturón colgaban un arsenal de cuchillos y dagas, y a la espalda llevaba aquella enorme espada que había intimidado a Abi cuando le vio en su forma humana.
-No estaba gritando.-Protestó Rose.
-Bueno, pues déjate de discusiones, no tenemos toda la noche.-Dijo Caleb.
Rose puso los ojos en blanco y cogió una tiza blanca de su tocador, apartó la alfombra de pelo rosa sintético, situada a los pies de la cama y dibujó un círculo dividido en dos, en cuyo centro había dibujado una estrella de cinco puntas.Colocó a Brooke sobre la estrella e hizo que los tres chicos formasen un círculo alrededor de él cogidos de la manos y comenzó a recitar algo en Zariano.El círculo se iluminó con una luz cegadora que hizo que Abi cerrase los ojos; y acto seguido desaparecieron sin dejar rastro, tan solo quedó el dibujo del círculo y la estrella emitiendo una ténue luz.
Aparecieron junto al árbol del instituto que había llevado a Caleb y a Abi a Arthros.
La chica se empezó a marear y tuvo que apoyarse en el tronco del árbol para no caerse.
-Abi¿estás bien?-Rose la miró preocupada.
Caleb se arrodilló junto a ella y le puso la mano sobre la frente.
-Está helada.-Dijo el muchacho.
-Seguramente se habrá mareado, a mí también me pasó la primera vez que me teletransporté.
Caleb le tendió la mano y la ayudo a incorporarse.
-Cierra los ojos con fuerza y vuelve a abrirlos un par de veces.-Aconsejó el chico.
Abi hizo lo que le mandó.
-¿Mejor?-La chica asintió.
-Bien, pues pongámonos en marcha, tenemos que estar de vuelta antes de que amanezca.-Dijo Rose.
Los tres se encaminaron hacia el árbol por el que Abi había trepado el día de la exposición de Nathalie. Una imagen suya apareció en la cabeza de Abi como si fuese un relámpago.
Caleb fue el primero en saltar al otro lado de la verja, cogió a rose cuando saltó y después a Abi.
Los chicos comenzaron a correr por la acera esquivando a las parejas que paseaban, cogidos de la mano, a la luz de la luna.
Abi estaba acostumbrada a correr, el entrenador siempre le decía que a pesar de su corta edad era muy rápida; pero ya hacía tiempo que no había ido a entrenar y le costó un poco adaptarse al paso rápido de sus compañeros.
Cuando ya habían recorrido cuatro manzanas la chica se dio cuenta de que nadie se había fijado en ellos, era como si nunca hubiesen pasado por allí. Rose, adivinando sus pensamientos, la miró sonriente.
-Es magia, somos totalmente invisibles.-Explicó la chica.
-Creía que no podíais hacer magia en mi mundo.-Jadeó.
-Puedo, si tengo a Brooke.-Dijo señalando la mochila de cuero que llevaba a la espalda.
Abi se preguntó cuando había recogido Rose el libro, la última vez que lo había visto estaba abierto sobre la estrella del círculo que había dibujado la muchacha.
Llegaron al hospital en apenas quince minutos, Abi estaba jadeando, intentando recuperar la compostura; Caleb y Rose no parecían cansados en absoluto, incluso estaban perfectamente peinados, como si se acabaran de arreglar en ese preciso instante.Ambos miraban con curiosidad el gran edificio.
-Rose, no podemos entrar, la hora de las visitas ha acabado ya, son las once y media.-Dijo Abi consultando su reloj; que, curiosamente, tenía la hora exacta a pesar de que en Arthros no funcionó.
Rose dijo algo en Zariano y los tres desaparecieron en la recepción del hospital; Abi no dejaba de sorprenderse de los poderes de la muchacha.
-Bueno, tú dirás a dónde quieres ir, pelirroja.-Dijo Caleb.
Abi echó a andar por el pasillo y llegó a la habitación de su madre.Allí estaba ella, tendida sobre la cama; conectada a esos monitores que registraban sus pulsaciones. Abi abrió la puerta con suavidad y entró en la habitación; Caleb hizo ademán de seguirla, pero Rose le cogió de un brazo y negó con la cabeza. La chica se acercó a la camilla y tomó de la mano a su madre, hubiera jurado que estaba más pálida que la última vez que la vio. Parecía que hubiesen pasado años, pero tan solo eran dos días; dos días en los que Abi se había dado cuenta de lo mucho que necesitaba a su madre. Cuarenta y ocho horas en las que había seguido a un lobo a través de un árbol y que había ido a parar a un mundo completamente nuevo, distinto al suyo, en el que había magos y brujas; vampiros y hadas, seres que mataban indiscriminadamente.
Era increíble pensar que todo aquello había sucedido en apenas dos días, pero lo que era aún más increíble, si cabe, era saber que todo lo que podría ser la perfecta trama de una novela fantástica, era totalmente real, desde el simple hecho de respirar el aire de Arthros, hasta los libros que almacenaban cientos de conjuros.
Las imágenes de todo lo que había vivido desde que atravesó el árbol hasta el mismo instante en el que llegaron al hospital, pasaron veloces por la cabeza de la muchacha.
Abi acarició la mano de su madre con cariño.
-Si te contara una cosa, dirías que estoy loca.-Murmuró pensando en su padre.
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Rose se desabrochó el cuello de su vestido y sacó una cadena que rodeaba su cuello, de ella colgaba una pequeña llave ricamente adornada; la chica la metió en el candado y con un suave ¡clic! se abrió y el libro abrió los ojos: Abi lanzó una exclamación ahogada; los ojos de un color negro azabache se clavaron en los de ella.
-Brooke, ella es Abi; Abi éste es Brooke, es un libro mágico, no te asustes.-Dijo la chica.
-¡¿Que no me asuste?! Ha abierto los ojos, se ha movido, él solo.-chilló asustada.
-Tranquila, no te va a morder.
-¿Humana?-Preguntó el libro en tono despectivo.
Abi se puso de pie de un salto y señaló el libro aún mas asombrada.
-Rose... ha hablado, el libro... habló...-Tartamudeó la muchacha.
-Claro, uno tiene boca para algo.-Dijo el libro.
-Abi, cálmate, los demás ya estarán durmiendo, y si sigues chillando se van a despertar.
-Pero él habló, abre los ojos y, y...
-Tranquila, solo es magia, Brooke es mi libro de hechizos, no hay ningún conjuro que no tenga.-Explicó Rose mostrándole las páginas a la muchacha.
-Rose, ahí solo hay páginas en blanco; no hay nada escrito.
-Fíjate más, concéntrate.-Dijo Rose.
Abi hizo lo que la chica le pedía, pero seguía sin ver nada.La chica la miró inquisitivamente.
Rose le puso la mano sobre la frente y formuló unas palabras en un idioma que Abi no conocía. Cuando la chica abrió los ojos de nuevo vislumbró las letras negras escritas en estilo gótico.
-Esta en Zariano, es el idioma de los magos.-Explicó la chica.
-¿Zariano?-Preguntó confusa la chica.
-Sí, es el idioma de Zarion, la ciudad dónde nace la magia de Arthros.
-Creía que todo en este mundo era mágico.-Comentó la chica.
-Sí, pero Zarion es dónde se concentra el mayor nivel de poder mágico, es allí dónde se creo La Cúpula que proteje todo Arthros.-Explicó Rose.-Además, es allí dónde los niños con poderes aprenden el oficio de magos, o brujas en el caso de las niñas.-Añadió Rose.
-¿Tú eres una bruja?-Preguntó Abi.
-Bueno, aún me queda mucho por aprender, además sucederé a mi padre en el rango de Guardián y tendré que dejar los estudios de magia.
-Es una verdadera lastima que tanto talento se desperdicie en cazar a esos bichos.-Murmuró Brooke.
-¡Brooke! Los Guardianes protejen a los ciudadanos de Arthros desde que se llevó a cabo La División y el simple hecho de descender de una familia de Guardianes ya es algo de lo que la gente debería sentirse orgullosa.
Rose parecía realmente molesta por el comentario de Brooke y había ido elevando la voz con cada palabra que había dicho.
De repente sonaron unos golpes en la puerta y ésta se abrió.
-¡Chicas! podíais armar menos jaleo, se os oye desde la otra punta del pasillo, no sé cómo no se ha despertado nadie.-Dijo Caleb.
Llevaba su gabardina negra y sus botas a juego, del cinturón colgaban un arsenal de cuchillos y dagas, y a la espalda llevaba aquella enorme espada que había intimidado a Abi cuando le vio en su forma humana.
-No estaba gritando.-Protestó Rose.
-Bueno, pues déjate de discusiones, no tenemos toda la noche.-Dijo Caleb.
Rose puso los ojos en blanco y cogió una tiza blanca de su tocador, apartó la alfombra de pelo rosa sintético, situada a los pies de la cama y dibujó un círculo dividido en dos, en cuyo centro había dibujado una estrella de cinco puntas.Colocó a Brooke sobre la estrella e hizo que los tres chicos formasen un círculo alrededor de él cogidos de la manos y comenzó a recitar algo en Zariano.El círculo se iluminó con una luz cegadora que hizo que Abi cerrase los ojos; y acto seguido desaparecieron sin dejar rastro, tan solo quedó el dibujo del círculo y la estrella emitiendo una ténue luz.
Aparecieron junto al árbol del instituto que había llevado a Caleb y a Abi a Arthros.
La chica se empezó a marear y tuvo que apoyarse en el tronco del árbol para no caerse.
-Abi¿estás bien?-Rose la miró preocupada.
Caleb se arrodilló junto a ella y le puso la mano sobre la frente.
-Está helada.-Dijo el muchacho.
-Seguramente se habrá mareado, a mí también me pasó la primera vez que me teletransporté.
Caleb le tendió la mano y la ayudo a incorporarse.
-Cierra los ojos con fuerza y vuelve a abrirlos un par de veces.-Aconsejó el chico.
Abi hizo lo que le mandó.
-¿Mejor?-La chica asintió.
-Bien, pues pongámonos en marcha, tenemos que estar de vuelta antes de que amanezca.-Dijo Rose.
Los tres se encaminaron hacia el árbol por el que Abi había trepado el día de la exposición de Nathalie. Una imagen suya apareció en la cabeza de Abi como si fuese un relámpago.
Caleb fue el primero en saltar al otro lado de la verja, cogió a rose cuando saltó y después a Abi.
Los chicos comenzaron a correr por la acera esquivando a las parejas que paseaban, cogidos de la mano, a la luz de la luna.
Abi estaba acostumbrada a correr, el entrenador siempre le decía que a pesar de su corta edad era muy rápida; pero ya hacía tiempo que no había ido a entrenar y le costó un poco adaptarse al paso rápido de sus compañeros.
Cuando ya habían recorrido cuatro manzanas la chica se dio cuenta de que nadie se había fijado en ellos, era como si nunca hubiesen pasado por allí. Rose, adivinando sus pensamientos, la miró sonriente.
-Es magia, somos totalmente invisibles.-Explicó la chica.
-Creía que no podíais hacer magia en mi mundo.-Jadeó.
-Puedo, si tengo a Brooke.-Dijo señalando la mochila de cuero que llevaba a la espalda.
Abi se preguntó cuando había recogido Rose el libro, la última vez que lo había visto estaba abierto sobre la estrella del círculo que había dibujado la muchacha.
Llegaron al hospital en apenas quince minutos, Abi estaba jadeando, intentando recuperar la compostura; Caleb y Rose no parecían cansados en absoluto, incluso estaban perfectamente peinados, como si se acabaran de arreglar en ese preciso instante.Ambos miraban con curiosidad el gran edificio.
-Rose, no podemos entrar, la hora de las visitas ha acabado ya, son las once y media.-Dijo Abi consultando su reloj; que, curiosamente, tenía la hora exacta a pesar de que en Arthros no funcionó.
Rose dijo algo en Zariano y los tres desaparecieron en la recepción del hospital; Abi no dejaba de sorprenderse de los poderes de la muchacha.
-Bueno, tú dirás a dónde quieres ir, pelirroja.-Dijo Caleb.
Abi echó a andar por el pasillo y llegó a la habitación de su madre.Allí estaba ella, tendida sobre la cama; conectada a esos monitores que registraban sus pulsaciones. Abi abrió la puerta con suavidad y entró en la habitación; Caleb hizo ademán de seguirla, pero Rose le cogió de un brazo y negó con la cabeza. La chica se acercó a la camilla y tomó de la mano a su madre, hubiera jurado que estaba más pálida que la última vez que la vio. Parecía que hubiesen pasado años, pero tan solo eran dos días; dos días en los que Abi se había dado cuenta de lo mucho que necesitaba a su madre. Cuarenta y ocho horas en las que había seguido a un lobo a través de un árbol y que había ido a parar a un mundo completamente nuevo, distinto al suyo, en el que había magos y brujas; vampiros y hadas, seres que mataban indiscriminadamente.
Era increíble pensar que todo aquello había sucedido en apenas dos días, pero lo que era aún más increíble, si cabe, era saber que todo lo que podría ser la perfecta trama de una novela fantástica, era totalmente real, desde el simple hecho de respirar el aire de Arthros, hasta los libros que almacenaban cientos de conjuros.
Las imágenes de todo lo que había vivido desde que atravesó el árbol hasta el mismo instante en el que llegaron al hospital, pasaron veloces por la cabeza de la muchacha.
Abi acarició la mano de su madre con cariño.
-Si te contara una cosa, dirías que estoy loca.-Murmuró pensando en su padre.
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viernes, 21 de junio de 2013
Indicios de magia (Capítulo 14)
Abi pensaba que todos cenarían en la cocina, pero tras llevar los alimentos al inmenso comedor, todos se sentaron alrededor de la mesa de roble.Lord Peniston presidía la mesa desde la silla con respaldo alto y posabrazos. La mesa era lo suficientemente larga como para que más de una treintena de personas comiesen cómodamente; pero tan solo las dos sillas situadas a ambos extremos de la mesa tenían posabrazos y estaban ricamente adornadas.
Todos habían comenzado a devorar sus respectivas cenas, pero el plato de Ventua esperaba, humeante, la llegada de su comensal.
De repente este comenzó a levitar en el aire haciendo que Abi saltara de su silla y lanzase una exclamación ahogada.Todos la miraron sorprendidos, y luego dirigieron su mirada hacia dónde el dedo de Abi apuntaba; un silencio incómodo se instaló en el comedor, y acto seguido la risa de Soul comenzó a hacerse eco por toda la estancia, el niño intentaba controlar sus carcajadas tapándose la boca con las manos, Rose le propinó un codazo para que se callase, al mismo tiempo que intentaba borrar la sonrisa de su cara.Los chicos no pudieron resistir más y sus carcajadas sonaron en toda la estancia; cuando Abi se quiso dar cuenta la cena de Ventua había desaparecido.
-Ya basta.-Dijo Lord Peniston.
Los chicos silenciaron sus risas al momento y dirigieron sus miradas hacia el hombre.
-Lo siento.-Se disculpó Rose.
-Abi, tenías que haber visto tu cara, ¡parecía que hubieses visto un fantasma!-Exclamó Soul.
La chica regresó a su silla, avergonzada por su reacción y clavó la vista en su plato.
-Cariño, aquí se puede hacer magia, Ventua solo ha hacho que la comida subiese a donde quiera que esté.-Explicó su padre.
-Ya...debí de darme cuenta.-Murmuró.
-No tienes por qué disculparte, es lógico que te asustases, la magia es algo a lo que tienes que acostumbrate.-Dijo Lord Peniston.
Durante el resto de la cena nadie mencionó nada sobre el tema y Abi mantuvo la vista fija en su comida.
Lord Peniston y Hans fueron los primeros en abandonar la estancia, Caleb quiso unirse a su conversación, pero el mayor de ellos dijo algo sobre que eran asuntos de la Selbua y abandonaron la estancia dejando a los cuatro muchachos solos; pero Soul se escabuyó murmurando algo de que quería acabar de organizar su ejército.
El plato de Ventua bajó flotando en el aire, totalmente vacío, y se posó con delicadeza sobre la mesa; esta vez Abi intentó no asustarse, pero Rose y Caleb notaron su asombro.
-Ventua cena casi siempre en la biblioteca o en su habitación, le gusta estar solo.-Explicó Rose.
-Ya veo...-Murmuró Abi.
Abatwa entró en el comedor y fue recogiendo las cosas en silencio.
-¿Os gustó la tarta?-Preguntó con curiosidad.
-Claro, debería de volver a hacer una visita a los humanos, sus recetas no están nada mal.-Respondió Caleb mientras el guiñaba un ojo a la mujer.
-Ya sabes que ni a Lord Peniston ni a Hans les gusta que andes mucho por allí, es peligroso.
-Abat, por favor, se controlar mis cambios, nadie sospecharía de un pequeño cachorro, son demasiado adorables.
-Sí, pero se supone que os estoy vigilando, no quiero tener que aguantar un enfado de Bastak, ese hombre se pone realmente furioso cuando alguien le desobedece.-Caleb puso los ojos en blanco.
-De vez en cuando hay que divertirse, y los humanos saben como hacerlo.
-Además, su ropa es mucho más cómoda y glamurosa.-Añadió Rose.-Es una lástima que no la pueda usar aquí.
-Sí, pero lo mejor son esas cosas que corren tanto, las motos; eso es realmente fantástico...
-¡Niños! ya basta, no me apetece que me contéis todos vuestros viajecitos por allí; por si no os habéis dado cuenta, tengo muchas cosas que hacer.-Dijo la mujer.
-Apuesto lo que quieras a que te lo pasarías bien si viniese con nosotros.-Dijo Caleb.
-Jovencito, yo me dedico a la cocina y a cuidar de la casa, y ya sabes que a mí las cosas esas de magia no me importan lo más mínimo.Soy demasiado vieja para ir a vivir aventuras con vosotros.
-Si vinieras de compras, cambiarías de opinión.-Comentó Rose.
Abatwa acabó de recoger la mesa y desapareció en la cocina sin darles una contestación.
-Rose, Caleb, ¿creeís que podríamos ir a mi mundo?-Los chicos la miraron perplejos.
-¡Para qué?-Preguntó el chico.
-Necesito ver que mi madre esta bien, y los demás estarás buscándome...
-No, no te preocupes,-la cotó Rose-hice un hechizo de magia en el que no notan tu ausencia; es como si estuvieses allí, solo que no lo estás-Explicó la muchacha.
-¿Una doble?-Preguntó la pelirroja.
-No, ellos te ven, hablan contigo y tu les contestas; pero a los ojos de la gente que no te conoce eres invisible; el conjuro para hacer dobles es muy complicado y Rose aún no sabe hacerlo, así que hizo una imagen tuya a tamaño real con la que pueden convivir, solo que no es real.-Aclaró Caleb.
-¿están viviendo con alguien invisible a los ojos de los demás?
Caleb chasqueó la lengua.
-Exacto.
-Bueno, ¿y que pasa con mamá? Ella está en coma, no podía verme, pero sí oírme.
-Vale, vale, esta noche nos daremos una vueltecita por tu mundo; pero no digas nada; Lord Peniston me mataría si se llegase a enterar que te llevo por ahí.-Dijo Caleb.
-Pues yo también voy.-Dijo Rose.
-¿Y Soul?
-Caleb, Soul se queda, es demasiado pequeño...-Empezó Rose.
-Soy demasiado pequeño ¿para qué?-Soul estaba en la puerta del comedor con dos muñecos vestidos de militares; el niño miraba inquisitivamente a Caleb y a Rose respectivamente a la espera de una respuesta.
-Para anda, Soul, vete a tu cuarto.-Dijo Rose.
-Mientes, dijiste que era muy pequeño; pero sabes que soy mayor.-Respondió testarudo.
-Soul, tu hermana decía que eres demasiado pequeño para ayudarnos a amueblar la habitación de Abi, los muebles son muy pesados.-Dijo Caleb inventándose una excusa.
Soul le miró sin creerse del todo su explicación, pero al final se encogió de hombros.
-No me gusta decorar las habitaciones,yo solo quería saber si queréis jugar conmigo.-Dijo mostrándoles sus juguetes.
-Claro, ahora subo, vete a sacar los juguetes.-Soul hizo caso a Caleb y salió corriendo camino a su habitación.
-Buena excusa, yo no habría hecho mejor.-Comentó Rose.
Caleb le dedicó una de sus medias sonrisas.
-Bueno, esta noche os iré a buscar a vuestros cuartos y nos iremos; así que no os quedéis dormidas.
-No te preocupes, Abi y yo estaremos en mi habitación,-dijo Rose-las paredes de tu habitación están recién pintadas, no me gustaría verte intoxicada por el olor.-Añadió mirando a Abi.
-Pues hasta después.-Caleb se levantó de su silla y salió del comedor para dirigirse a la habitación de Soul y jugar con él.
Las chicas también subieron tras ayudarle a Abatwa a fregar los platos.
Rose tenía toda su habitación perfectamente ordenada, excepto el biombo con motivos japoneses, del que colgaban numerosas prendas de ropa.El aire olía a una mezcla entre colonia de rosas y maquillaje.
Sobre el tocador había varios neceseres y botes de colonia. Rose se dirigió hacia el y se sentó en la butaca de cuero negro situada en frente del tocador.Abrió un neceser y comenzó a sacar montones de botecitos con esmalte de uñas de distintos colores.-Abi miraba todo aquello asombrada por la cantidad de cosméticos de su compañera.
-Maldita sea, no encuentro nada.-Murmuró la chica mientras comenzaba a rebuscar en el siguiente neceser.
-¿Todo lo que tienes ahí es maquillaje?-Preguntó Abi.
-Claro, en vuestro mundo hay un montón de tiendas dónde se pueden comprar, aquí no hay casi nada; me encantaría poder vivir en tu mundo; pero por otra parte creo que echaría de menos la caza.-Contestó la muchacha.
-¿Os gusta cazar a los Dolontes?-Preguntó la pelirroja.
-Bueno, no nos desagrada, lo único que es asqueroso es su sangre; es de color verde oscuros y es viscosa, se queda pegada a la ropa y es muy difícil de quitarla.
-¿No os da miedo que esos bichos os puedan matar?
-Siempre digo que la adrenalina supera al miedo.
Abi la miró sin entender lo que decía.
-Cuando estás ante un Dolonte sabes que lo tienes que matar, llevas años de entrenamiento, durante casi toda tu vida te preparan para esa lucha; pero podría decirse que es mágico.En los entrenamientos sabes que movimientos hay que hacer, que hay que matar sin piedad, pero en la realidad, la adrenalina y el ritmo frenético al que nos movemos cuando peleamos es frenético.Es algo especial, algo sin lo que no podría vivir.
Abi escuchaba atentamente su atención, cuando, de repente Rose se alzó triunfante con un pequeño bote de esmalte negro en la mano.
-Lo encontré-Declaró con una sonrisa.
Todos habían comenzado a devorar sus respectivas cenas, pero el plato de Ventua esperaba, humeante, la llegada de su comensal.
De repente este comenzó a levitar en el aire haciendo que Abi saltara de su silla y lanzase una exclamación ahogada.Todos la miraron sorprendidos, y luego dirigieron su mirada hacia dónde el dedo de Abi apuntaba; un silencio incómodo se instaló en el comedor, y acto seguido la risa de Soul comenzó a hacerse eco por toda la estancia, el niño intentaba controlar sus carcajadas tapándose la boca con las manos, Rose le propinó un codazo para que se callase, al mismo tiempo que intentaba borrar la sonrisa de su cara.Los chicos no pudieron resistir más y sus carcajadas sonaron en toda la estancia; cuando Abi se quiso dar cuenta la cena de Ventua había desaparecido.
-Ya basta.-Dijo Lord Peniston.
Los chicos silenciaron sus risas al momento y dirigieron sus miradas hacia el hombre.
-Lo siento.-Se disculpó Rose.
-Abi, tenías que haber visto tu cara, ¡parecía que hubieses visto un fantasma!-Exclamó Soul.
La chica regresó a su silla, avergonzada por su reacción y clavó la vista en su plato.
-Cariño, aquí se puede hacer magia, Ventua solo ha hacho que la comida subiese a donde quiera que esté.-Explicó su padre.
-Ya...debí de darme cuenta.-Murmuró.
-No tienes por qué disculparte, es lógico que te asustases, la magia es algo a lo que tienes que acostumbrate.-Dijo Lord Peniston.
Durante el resto de la cena nadie mencionó nada sobre el tema y Abi mantuvo la vista fija en su comida.
Lord Peniston y Hans fueron los primeros en abandonar la estancia, Caleb quiso unirse a su conversación, pero el mayor de ellos dijo algo sobre que eran asuntos de la Selbua y abandonaron la estancia dejando a los cuatro muchachos solos; pero Soul se escabuyó murmurando algo de que quería acabar de organizar su ejército.
El plato de Ventua bajó flotando en el aire, totalmente vacío, y se posó con delicadeza sobre la mesa; esta vez Abi intentó no asustarse, pero Rose y Caleb notaron su asombro.
-Ventua cena casi siempre en la biblioteca o en su habitación, le gusta estar solo.-Explicó Rose.
-Ya veo...-Murmuró Abi.
Abatwa entró en el comedor y fue recogiendo las cosas en silencio.
-¿Os gustó la tarta?-Preguntó con curiosidad.
-Claro, debería de volver a hacer una visita a los humanos, sus recetas no están nada mal.-Respondió Caleb mientras el guiñaba un ojo a la mujer.
-Ya sabes que ni a Lord Peniston ni a Hans les gusta que andes mucho por allí, es peligroso.
-Abat, por favor, se controlar mis cambios, nadie sospecharía de un pequeño cachorro, son demasiado adorables.
-Sí, pero se supone que os estoy vigilando, no quiero tener que aguantar un enfado de Bastak, ese hombre se pone realmente furioso cuando alguien le desobedece.-Caleb puso los ojos en blanco.
-De vez en cuando hay que divertirse, y los humanos saben como hacerlo.
-Además, su ropa es mucho más cómoda y glamurosa.-Añadió Rose.-Es una lástima que no la pueda usar aquí.
-Sí, pero lo mejor son esas cosas que corren tanto, las motos; eso es realmente fantástico...
-¡Niños! ya basta, no me apetece que me contéis todos vuestros viajecitos por allí; por si no os habéis dado cuenta, tengo muchas cosas que hacer.-Dijo la mujer.
-Apuesto lo que quieras a que te lo pasarías bien si viniese con nosotros.-Dijo Caleb.
-Jovencito, yo me dedico a la cocina y a cuidar de la casa, y ya sabes que a mí las cosas esas de magia no me importan lo más mínimo.Soy demasiado vieja para ir a vivir aventuras con vosotros.
-Si vinieras de compras, cambiarías de opinión.-Comentó Rose.
Abatwa acabó de recoger la mesa y desapareció en la cocina sin darles una contestación.
-Rose, Caleb, ¿creeís que podríamos ir a mi mundo?-Los chicos la miraron perplejos.
-¡Para qué?-Preguntó el chico.
-Necesito ver que mi madre esta bien, y los demás estarás buscándome...
-No, no te preocupes,-la cotó Rose-hice un hechizo de magia en el que no notan tu ausencia; es como si estuvieses allí, solo que no lo estás-Explicó la muchacha.
-¿Una doble?-Preguntó la pelirroja.
-No, ellos te ven, hablan contigo y tu les contestas; pero a los ojos de la gente que no te conoce eres invisible; el conjuro para hacer dobles es muy complicado y Rose aún no sabe hacerlo, así que hizo una imagen tuya a tamaño real con la que pueden convivir, solo que no es real.-Aclaró Caleb.
-¿están viviendo con alguien invisible a los ojos de los demás?
Caleb chasqueó la lengua.
-Exacto.
-Bueno, ¿y que pasa con mamá? Ella está en coma, no podía verme, pero sí oírme.
-Vale, vale, esta noche nos daremos una vueltecita por tu mundo; pero no digas nada; Lord Peniston me mataría si se llegase a enterar que te llevo por ahí.-Dijo Caleb.
-Pues yo también voy.-Dijo Rose.
-¿Y Soul?
-Caleb, Soul se queda, es demasiado pequeño...-Empezó Rose.
-Soy demasiado pequeño ¿para qué?-Soul estaba en la puerta del comedor con dos muñecos vestidos de militares; el niño miraba inquisitivamente a Caleb y a Rose respectivamente a la espera de una respuesta.
-Para anda, Soul, vete a tu cuarto.-Dijo Rose.
-Mientes, dijiste que era muy pequeño; pero sabes que soy mayor.-Respondió testarudo.
-Soul, tu hermana decía que eres demasiado pequeño para ayudarnos a amueblar la habitación de Abi, los muebles son muy pesados.-Dijo Caleb inventándose una excusa.
Soul le miró sin creerse del todo su explicación, pero al final se encogió de hombros.
-No me gusta decorar las habitaciones,yo solo quería saber si queréis jugar conmigo.-Dijo mostrándoles sus juguetes.
-Claro, ahora subo, vete a sacar los juguetes.-Soul hizo caso a Caleb y salió corriendo camino a su habitación.
-Buena excusa, yo no habría hecho mejor.-Comentó Rose.
Caleb le dedicó una de sus medias sonrisas.
-Bueno, esta noche os iré a buscar a vuestros cuartos y nos iremos; así que no os quedéis dormidas.
-No te preocupes, Abi y yo estaremos en mi habitación,-dijo Rose-las paredes de tu habitación están recién pintadas, no me gustaría verte intoxicada por el olor.-Añadió mirando a Abi.
-Pues hasta después.-Caleb se levantó de su silla y salió del comedor para dirigirse a la habitación de Soul y jugar con él.
Las chicas también subieron tras ayudarle a Abatwa a fregar los platos.
Rose tenía toda su habitación perfectamente ordenada, excepto el biombo con motivos japoneses, del que colgaban numerosas prendas de ropa.El aire olía a una mezcla entre colonia de rosas y maquillaje.
Sobre el tocador había varios neceseres y botes de colonia. Rose se dirigió hacia el y se sentó en la butaca de cuero negro situada en frente del tocador.Abrió un neceser y comenzó a sacar montones de botecitos con esmalte de uñas de distintos colores.-Abi miraba todo aquello asombrada por la cantidad de cosméticos de su compañera.
-Maldita sea, no encuentro nada.-Murmuró la chica mientras comenzaba a rebuscar en el siguiente neceser.
-¿Todo lo que tienes ahí es maquillaje?-Preguntó Abi.
-Claro, en vuestro mundo hay un montón de tiendas dónde se pueden comprar, aquí no hay casi nada; me encantaría poder vivir en tu mundo; pero por otra parte creo que echaría de menos la caza.-Contestó la muchacha.
-¿Os gusta cazar a los Dolontes?-Preguntó la pelirroja.
-Bueno, no nos desagrada, lo único que es asqueroso es su sangre; es de color verde oscuros y es viscosa, se queda pegada a la ropa y es muy difícil de quitarla.
-¿No os da miedo que esos bichos os puedan matar?
-Siempre digo que la adrenalina supera al miedo.
Abi la miró sin entender lo que decía.
-Cuando estás ante un Dolonte sabes que lo tienes que matar, llevas años de entrenamiento, durante casi toda tu vida te preparan para esa lucha; pero podría decirse que es mágico.En los entrenamientos sabes que movimientos hay que hacer, que hay que matar sin piedad, pero en la realidad, la adrenalina y el ritmo frenético al que nos movemos cuando peleamos es frenético.Es algo especial, algo sin lo que no podría vivir.
Abi escuchaba atentamente su atención, cuando, de repente Rose se alzó triunfante con un pequeño bote de esmalte negro en la mano.
-Lo encontré-Declaró con una sonrisa.
sábado, 15 de junio de 2013
Abatwa (Capítulo 13)
Se hizo un silencio incómodo entre los dos chicos; que ninguno de ellos se atrevía a romper.
De repente la puerta de la habitación se abrió dejando ver a un niño de aproximadamente diez años de mediana estatura. Su pelo castaño le hacía unas pequeñas ondas a la altura de la nuca y sus ojos oscuros miraron a Abi y a Caleb respectivamente.
Abi dio por echo que aquel niño era el hermano pequeño de Rose; tenían el mismo color de pelo y ojos, pero él era mucho más delgado y bajito que ella.Llevaba una camisa gris y unos pantalones negros llenos de bolsillos que se abultaban al rededor de sus piernas.
-Caleb, Lord Peniston quiere que vayas a hablar con él.-El niño no apartó loa mirada de Abi, y la chica comenzó a sentirse incómoda.
-Bueno, pues vamos a ver que quiere,-dijo poniendo los ojos en blanco,- espérame aquí.-Le dijo a Abi.
Caleb salió de la habitación y el niño miró a los dos chicos sin saber muy bien que hacer.Decidió dejar sola a Abi e irse a su habitación mientras botaba una pelota a lo largo del pasillo.
LA chica se quedó sentada sobre la cama pensando en todo lo que Caleb le había explicado, pero nada cuadraba en su cabeza.Todo era demasiado irreal y complejo para ser cierto.``Desnudos ante el peligro´´ la voz de Caleb resonaba en su cabeza como un eco constante, repitiendo esa frase.
-Tiene que haber alguna forma de destruir a La Sombra.- pensó. La chica se puso en pie y salió en busca de Rose, sumida en sus pensamientos.Los pasillos estaban totalmente desiertos y Abi comenzó a preguntarse por qué aquella gente vivía en un edificio tan grande; las siete plantas que tenía en total eran enormes y la mayoría de las habitaciones estaban abandonadas. LA chica estuvo deambulando por todo el edificio sin saber que hacer, al final, decidió ir a la primera planta; de la cocina provenía un dulce olor a mantequilla derritiéndose. El estómago de la muchacha rugió recordándole que lo último que había comido era el conejo que Caleb había cazado cuando iban camino a Campbell; la chica entró en la cocina.Una mujer de avanzada edad estaba de espaldas a ella.Llevaba una blusa blanca remangada y una falda azul cubría por completo sus cortas piernas.
La mujer se giró al sentir su presencia y una amistosa sonrisa se dibujó en su cara provocando que le salieran un montón de pequeñas arrugas al rededor de sus ojos negros.
-Hola, jovencita.-Saludó.
-Hola.-Dijo Abi mientras le sonreía.
-¿Visitando las instalaciones?-Preguntó. Abi asintió a modo de respuesta.
-Un consejo, si te pierdes, baja a esta planta y ven a la cocina, aquí viene todo el mundo siempre que necesita un consejo.-Dijo mientras le guiñaba un ojo.
-Lo tendré en cuenta.
-Bueno, pues ya que estás aquí, prueba esto y dime que te parece.-Dijo ofreciéndole una mezcla amarillenta con olor a mantequilla. Abi la miró desconfiadamente, pero tras cavilar durante unos segundos se dejó llevar por su enfurecido estómago y optó por probarla .La mujer sonrió de nuevo.
-¿Y bien?
-Está muy buena, ¿qué es?.-Preguntó la muchacha.
-Es la mezcla para mi tarta, estoy segura de que te gustan los postres.
-Mucho.
-¡Vaya! Que despistada soy, me llamo Abatwa, no nos habían presentado.-Dijo mientras se ajustaba el pañuelo a la cabeza. Abi se fijó en sus puntiagudas orejas y se quedó observándolas boquiabierta. Abatwa notó su sorpresa.
-Provengo de un linaje de gnomos, pero en realidad soy una enana, por eso mis orejas son tan puntiagudas.-Explicó.
-Creía que los gnomos no existían, que solo eran personajes ficticios de cuentos para niños.-Dijo Abi.
Abatwa comenzó a reír a carcajada limpia sorprendiendo a la muchacha.
-Pequeña, probablemente, en los cuentos para los niños de tu mundo se encuentra la única verdad que allí.
-¿Todos?-La mujer asintió.
-¿Hadas?¿Duendes, sirenas, dragones, elfos, vampiros, hombres lobo?-La mujer asintió de nuevo.
-Todos, esto es un mundo de magia, y aquí hay cualquier ser que se haya nombrado en los cuentos infantiles.Por desgracia, todo incluye a los espíritus malignos.-Dijo bajando la mirada hacia el bol donde tenía la masa.
-Sí,La Sombra... .-Dijo recordando las palabras de Caleb.
Abatwa no contestó, se limitó a seguir removiendo la masa.
-Abatwa, ¿puedo preguntarte algo?
-¿Puedo yo prohibírtelo?-Dijo con una amable sonrisa.Había algo en aquella mujer que le inspiraba paz y tranquilidad.
-¿Eres una Guardiana?-La mujer soltó una sonora carcajada y clavó sus oscuros ojos en la muchacha.
-Cielo, yo no puedo pasarme el día correteando por ahí mientras intento cazar monstruos; la gente tiene que comer y si yo no cocino, nadie lo hará.-Explicó.-Además alguien tendrá que controlar a todos esos niños, incluida tú. Yo soy demasiado vieja para todo eso de la lucha y los enanos no desarrollamos la magia.Somos un pueblo que vive en equilibrio con la naturaleza.-Añadió
-¿Por qué no podéis hacer magia?-Preguntó de nuevo la chica.
-No tenemos la necesidad de forzar a la naturaleza.Pero tú quizás puedas aprender.
-¿Yo?
-Sí, claro¿ quién si no?No hay nadie más aquí.
-Sí, bueno...no creo que se me de bien.Nunca aprendí ningún truco de magia en mi mundo...
-Por favor, en tu mundo no existe la magia, se ha extinguido, lo único que hay son un puñado de humanos que barajan unas cartas y te dicen cual es la que elegiste, tan solo son unos estafadores que se gana la vida así.
-Sí, pero eso es lo más parecido a la magia que he visto.
-¿Llamarías a esto tarta?-Dijo mostrándole la masa.
-No, eso solo son ingredientes mezclados.-Respondió la chica.
-Pues con la magia es igual; no por llamar a una cosa de forma distinta a lo que es en la realidad, se convertirá en ello.Así que basta de cháchara, tengo que hacer mi trabajo; y tú, señorita, me vas a hechar una mano.
-No sé cocinar.-Dijo a modo de disculpa.
-Bueno, pues habrá que enseñarte; nadie nace aprendido.-Contestó mientras le ataba a la cintura un delantal blanco y le colocaba un pañuelo en la cabeza.
LA mujer siguió removiendo su mezcla mientras le pedía a Abi que fuera añadiendo más ingredientes.
Al cabo de una hora ya estaban decorando la tarta con la manga pastelera de nata.
-¿Se te da bien dibujar?-Preguntó de pronto la mujer.
-Sí.-Respondió con una sonrisa.
-Bueno, pues comienza a decorar los bordes.-Dijo tendiéndole un pincel fino y un cuenco rebosante de chocolate.
Abi se mordió el labio interior como solía hacer cuando no sabía que dibujar.
Empezó trazando una fina línea y luego comenzó a dibujar pequeñas ramificaciones, en torno a ella.Un rizo se escurrió de su pañuelo y resbaló sobre su mejilla hasta situarse justo delante de sus ojos; con un leve soplido lo apartó de su vista, consciente de que en menos de dos minutos estaría de nuevo bamboleándose ante sus ojos.
Abatwa fregaba los útiles de cocina mientras silbaba una delicada melodía.La mujer consultó su reloj, ya casi eran las dos del mediodía.La mujer fue hacia Abi y miró su dibujo.
-Esta muy bien, pero debería de poner ``Bienvenida´´.-Comentó.
Abi se giró y la miró interrogativamente.
-Una bienvenida no es lo mismo sin tarta.-Dijo guiñándole un ojo.
-Pero, no hacía falta...yo no necesitaba esto...
-Caleb me trae recetas de tu mundo, hacía tiempo que me trajo la de esta tarta y nunca tenía oportunidad de hacerla, tu llegada se merece una tarta.-Abi se sonrojó levemente.
Un niño entró trotando en la cocina.
-Abat, tengo hambre¿que hay de comer?-Dijo sin reparar en la presencia de Abi.
La mujer señaló la tarta y Soul vio a Abi.
-¿Tarta?¿Comeremos tarta?-Los ojos del niño se iluminaron ante la idea.
-Sí, pero antes hay verdura y carne, no puedes comer solo tarta.
-¿Por qué no?
-Te pondrás malo y no me apetece tener que llevarte la cena a la cama.-Dijo Abatwa.-Así que avisa a los demás y ve a lavarte las manos, muchachito.-Añadió.
Soul se cruzó de brazos y abrió la boca para protestar, pero la seria mirada de la mujer no admitía reproche alguno, Soul se giró y salió de la cocina refunfuñando.
-Si no te pones firme, no hay quien pueda con ese niño.-Dijo la mujer.
-Venga ya, pobrecito...-Comenzó Abi.
-No me vengas con lo de``pobre, no es más que un niño´´.-La cortó.-¿Acaso no te ha enseñado tu padre que a los mayores no se les discute nada?-Abi quiso responderle, pero al mujer continuó.-Además, esta es mi cocina, la única parte de la casa dónde puedo hacer lo que me venga en gana sin que nadie me lo lo reproche; y mientras siga siendo la cocinera, se hará lo que yo diga con la comida.-Dijo amenazándole con una cuchara de madera.
-Ya sé con quién no me debo de meter.-Dijo Abi con una sonrisa.
La expresión severa de la mujer se borró y dejó paso a una amable sonrisa.
-¿sabes?Tengo el presentimiento de que tú y yo nos vamos a llevar muy bien.-Dijo guiñándole un ojo.
De repente la puerta de la habitación se abrió dejando ver a un niño de aproximadamente diez años de mediana estatura. Su pelo castaño le hacía unas pequeñas ondas a la altura de la nuca y sus ojos oscuros miraron a Abi y a Caleb respectivamente.
Abi dio por echo que aquel niño era el hermano pequeño de Rose; tenían el mismo color de pelo y ojos, pero él era mucho más delgado y bajito que ella.Llevaba una camisa gris y unos pantalones negros llenos de bolsillos que se abultaban al rededor de sus piernas.
-Caleb, Lord Peniston quiere que vayas a hablar con él.-El niño no apartó loa mirada de Abi, y la chica comenzó a sentirse incómoda.
-Bueno, pues vamos a ver que quiere,-dijo poniendo los ojos en blanco,- espérame aquí.-Le dijo a Abi.
Caleb salió de la habitación y el niño miró a los dos chicos sin saber muy bien que hacer.Decidió dejar sola a Abi e irse a su habitación mientras botaba una pelota a lo largo del pasillo.
LA chica se quedó sentada sobre la cama pensando en todo lo que Caleb le había explicado, pero nada cuadraba en su cabeza.Todo era demasiado irreal y complejo para ser cierto.``Desnudos ante el peligro´´ la voz de Caleb resonaba en su cabeza como un eco constante, repitiendo esa frase.
-Tiene que haber alguna forma de destruir a La Sombra.- pensó. La chica se puso en pie y salió en busca de Rose, sumida en sus pensamientos.Los pasillos estaban totalmente desiertos y Abi comenzó a preguntarse por qué aquella gente vivía en un edificio tan grande; las siete plantas que tenía en total eran enormes y la mayoría de las habitaciones estaban abandonadas. LA chica estuvo deambulando por todo el edificio sin saber que hacer, al final, decidió ir a la primera planta; de la cocina provenía un dulce olor a mantequilla derritiéndose. El estómago de la muchacha rugió recordándole que lo último que había comido era el conejo que Caleb había cazado cuando iban camino a Campbell; la chica entró en la cocina.Una mujer de avanzada edad estaba de espaldas a ella.Llevaba una blusa blanca remangada y una falda azul cubría por completo sus cortas piernas.
La mujer se giró al sentir su presencia y una amistosa sonrisa se dibujó en su cara provocando que le salieran un montón de pequeñas arrugas al rededor de sus ojos negros.
-Hola, jovencita.-Saludó.
-Hola.-Dijo Abi mientras le sonreía.
-¿Visitando las instalaciones?-Preguntó. Abi asintió a modo de respuesta.
-Un consejo, si te pierdes, baja a esta planta y ven a la cocina, aquí viene todo el mundo siempre que necesita un consejo.-Dijo mientras le guiñaba un ojo.
-Lo tendré en cuenta.
-Bueno, pues ya que estás aquí, prueba esto y dime que te parece.-Dijo ofreciéndole una mezcla amarillenta con olor a mantequilla. Abi la miró desconfiadamente, pero tras cavilar durante unos segundos se dejó llevar por su enfurecido estómago y optó por probarla .La mujer sonrió de nuevo.
-¿Y bien?
-Está muy buena, ¿qué es?.-Preguntó la muchacha.
-Es la mezcla para mi tarta, estoy segura de que te gustan los postres.
-Mucho.
-¡Vaya! Que despistada soy, me llamo Abatwa, no nos habían presentado.-Dijo mientras se ajustaba el pañuelo a la cabeza. Abi se fijó en sus puntiagudas orejas y se quedó observándolas boquiabierta. Abatwa notó su sorpresa.
-Provengo de un linaje de gnomos, pero en realidad soy una enana, por eso mis orejas son tan puntiagudas.-Explicó.
-Creía que los gnomos no existían, que solo eran personajes ficticios de cuentos para niños.-Dijo Abi.
Abatwa comenzó a reír a carcajada limpia sorprendiendo a la muchacha.
-Pequeña, probablemente, en los cuentos para los niños de tu mundo se encuentra la única verdad que allí.
-¿Todos?-La mujer asintió.
-¿Hadas?¿Duendes, sirenas, dragones, elfos, vampiros, hombres lobo?-La mujer asintió de nuevo.
-Todos, esto es un mundo de magia, y aquí hay cualquier ser que se haya nombrado en los cuentos infantiles.Por desgracia, todo incluye a los espíritus malignos.-Dijo bajando la mirada hacia el bol donde tenía la masa.
-Sí,La Sombra... .-Dijo recordando las palabras de Caleb.
Abatwa no contestó, se limitó a seguir removiendo la masa.
-Abatwa, ¿puedo preguntarte algo?
-¿Puedo yo prohibírtelo?-Dijo con una amable sonrisa.Había algo en aquella mujer que le inspiraba paz y tranquilidad.
-¿Eres una Guardiana?-La mujer soltó una sonora carcajada y clavó sus oscuros ojos en la muchacha.
-Cielo, yo no puedo pasarme el día correteando por ahí mientras intento cazar monstruos; la gente tiene que comer y si yo no cocino, nadie lo hará.-Explicó.-Además alguien tendrá que controlar a todos esos niños, incluida tú. Yo soy demasiado vieja para todo eso de la lucha y los enanos no desarrollamos la magia.Somos un pueblo que vive en equilibrio con la naturaleza.-Añadió
-¿Por qué no podéis hacer magia?-Preguntó de nuevo la chica.
-No tenemos la necesidad de forzar a la naturaleza.Pero tú quizás puedas aprender.
-¿Yo?
-Sí, claro¿ quién si no?No hay nadie más aquí.
-Sí, bueno...no creo que se me de bien.Nunca aprendí ningún truco de magia en mi mundo...
-Por favor, en tu mundo no existe la magia, se ha extinguido, lo único que hay son un puñado de humanos que barajan unas cartas y te dicen cual es la que elegiste, tan solo son unos estafadores que se gana la vida así.
-Sí, pero eso es lo más parecido a la magia que he visto.
-¿Llamarías a esto tarta?-Dijo mostrándole la masa.
-No, eso solo son ingredientes mezclados.-Respondió la chica.
-Pues con la magia es igual; no por llamar a una cosa de forma distinta a lo que es en la realidad, se convertirá en ello.Así que basta de cháchara, tengo que hacer mi trabajo; y tú, señorita, me vas a hechar una mano.
-No sé cocinar.-Dijo a modo de disculpa.
-Bueno, pues habrá que enseñarte; nadie nace aprendido.-Contestó mientras le ataba a la cintura un delantal blanco y le colocaba un pañuelo en la cabeza.
LA mujer siguió removiendo su mezcla mientras le pedía a Abi que fuera añadiendo más ingredientes.
Al cabo de una hora ya estaban decorando la tarta con la manga pastelera de nata.
-¿Se te da bien dibujar?-Preguntó de pronto la mujer.
-Sí.-Respondió con una sonrisa.
-Bueno, pues comienza a decorar los bordes.-Dijo tendiéndole un pincel fino y un cuenco rebosante de chocolate.
Abi se mordió el labio interior como solía hacer cuando no sabía que dibujar.
Empezó trazando una fina línea y luego comenzó a dibujar pequeñas ramificaciones, en torno a ella.Un rizo se escurrió de su pañuelo y resbaló sobre su mejilla hasta situarse justo delante de sus ojos; con un leve soplido lo apartó de su vista, consciente de que en menos de dos minutos estaría de nuevo bamboleándose ante sus ojos.
Abatwa fregaba los útiles de cocina mientras silbaba una delicada melodía.La mujer consultó su reloj, ya casi eran las dos del mediodía.La mujer fue hacia Abi y miró su dibujo.
-Esta muy bien, pero debería de poner ``Bienvenida´´.-Comentó.
Abi se giró y la miró interrogativamente.
-Una bienvenida no es lo mismo sin tarta.-Dijo guiñándole un ojo.
-Pero, no hacía falta...yo no necesitaba esto...
-Caleb me trae recetas de tu mundo, hacía tiempo que me trajo la de esta tarta y nunca tenía oportunidad de hacerla, tu llegada se merece una tarta.-Abi se sonrojó levemente.
Un niño entró trotando en la cocina.
-Abat, tengo hambre¿que hay de comer?-Dijo sin reparar en la presencia de Abi.
La mujer señaló la tarta y Soul vio a Abi.
-¿Tarta?¿Comeremos tarta?-Los ojos del niño se iluminaron ante la idea.
-Sí, pero antes hay verdura y carne, no puedes comer solo tarta.
-¿Por qué no?
-Te pondrás malo y no me apetece tener que llevarte la cena a la cama.-Dijo Abatwa.-Así que avisa a los demás y ve a lavarte las manos, muchachito.-Añadió.
Soul se cruzó de brazos y abrió la boca para protestar, pero la seria mirada de la mujer no admitía reproche alguno, Soul se giró y salió de la cocina refunfuñando.
-Si no te pones firme, no hay quien pueda con ese niño.-Dijo la mujer.
-Venga ya, pobrecito...-Comenzó Abi.
-No me vengas con lo de``pobre, no es más que un niño´´.-La cortó.-¿Acaso no te ha enseñado tu padre que a los mayores no se les discute nada?-Abi quiso responderle, pero al mujer continuó.-Además, esta es mi cocina, la única parte de la casa dónde puedo hacer lo que me venga en gana sin que nadie me lo lo reproche; y mientras siga siendo la cocinera, se hará lo que yo diga con la comida.-Dijo amenazándole con una cuchara de madera.
-Ya sé con quién no me debo de meter.-Dijo Abi con una sonrisa.
La expresión severa de la mujer se borró y dejó paso a una amable sonrisa.
-¿sabes?Tengo el presentimiento de que tú y yo nos vamos a llevar muy bien.-Dijo guiñándole un ojo.
sábado, 8 de junio de 2013
Cambiantes (Capítulo 12)
-Algunas personas creen en él.-Respondió.
-¿Y tú?¿Crees en Dios?-Preguntó de nuevo.
-La gente cree que Dios es nuestro padre.Pero un padre jamás se olvida de sus hijos, y si se ha olvidado, es que no es un Dios.-Contestó.
Rose quiso decirle algo para romper aquel incómodo silencio que se había quedado flotando en el aire.
-¿Qué es La Sombra?-Preguntó la pelirroja, cambiando de tema.
ose negó con la cabeza y se fue, dejándola un vez más sola.
Parecía que todo el mundo tenía miedo de eso; evitaban hablar del tema cuando lo preguntaba, o simplemente hacían como que no la habían oído hablar.
La muchacha decidió buscar a Caleb,después de lo que Rose le había dicho sentía la necesidad de disculparse con él. Se paró en la tercera planta dónde había una inmensa puerta de madera de doble hoja llena de relieves que representaban a ángeles y a demonios luchando entre ellos. -¿Cómo no la he visto antes?- pensó. La chica empujó la pesada puerta y esta se abrió con un leve chirrido.
La sala era realmente grande.La chica calculó que debía medir sobre veinte metros de largo y quince de ancho. Las estanterías llegaban hasta el techo y apoyadas sobre algunas de ellas, había unas escaleras.Además de estanterías llenas de polvorientos libros, también había mesas y sillas a disposición de los lectores y una gran chimenea rodeada de butacones aterciopelados.
Los libros estaban perfectamente clasificados en cada estante con una etiqueta con el nombre de su contenido.``Ciencias, Literatura, Astrología, Historia...´´ La chica no buscaba nada en concreto pero quizás en alguno de esos libros hubiese algo escrito sobre La Sombra empezó a recorrer la estancia leyendo los cartelitos de cada estantería. Al final de la habitación había un cartel con el nombre de Arhtros. Comenzó a pasar el dedo sobre el lomo de los libros para leer sus títulos. ``Magia Negra, Dolontes, Hadas El Inicio, Cambiantes...´´ El dedo de Abi volvió inconscientemente al libro forrado en piel con el título de ``Cambiantes´´ gravado con letras doradas en su lomo. La chica lo cogió con sumo cuidado y sopló sobre él, una pequeña nube de polvo se quedó flotando en el aire.Lo abrió.
´´Los cambiantes son niños que fueron alterados genéticamente cuando aún estaban en el vientre de sus madres.
Para que un niño tenga los poderes de un cambiantes su madre debe de someterse a conjuros de Magia Negra, y los sacrificios que ellos implican. Tales como derramamiento de sangre, entre otros.
Los cambiantes están considerados seres potencialmente peligrosos; por lo que su creación implica y sus futuros actos que pondrán en peligro la vida de los ciudadanos y de su propia familia. Su creación es totalmente ilegal al ser criaturas antinaturales. Además son incapaces de desarrollar la magia por su inestabilidad corpórea.
Para liberar a un cambiante de sus continuos cambios se debe eliminar los conjuros de Magia Negra practicándole un exorcismo antes de que lleguen a la adolescencia y comiencen a cambiar, a partir de esta edad, la única manera de eliminar la Magia Negra es mediante la muerte...´´
De repente, alguien le arrebató el libro de las manos y lo cerró de golpe provocando que más volutas de polvo se quedasen en una nube suspendida en el aire.
Abi estaba a punto de protestar, pero mantuvo la boca cerrada al toparse con los ojos grises de un muchacho.Era Ventua.
-¿Qué se supone que haces aquí, niña?-Preguntó mientras se inclinaba hacia ella.-Esta es mi biblioteca y que yo sepa te he invitado a pasar.
Abi le miró fijamente: Llevaba el pelo revuelto, al igual que Caleb, pero el suyo era de un color negro azabache.Sus ojos grises mostraban el desprecio que el muchacho sentía hacia ella. Llevaba una gabardina negra abotonada y en el cuello lucía un pañuelo gris, a juego con sus ojos y sus manos estaban cubiertas por unos guantes negros.También usaba unas botas como las de Caleb.
-No me has oído ¿o qué? Te he preguntado que qué hacías husmeando por aquí.-Siseó.
-Solo quería saber que es La Sombra. Respondió retándole con la mirada. Abi notó un atisbo de sorpresa en los ojos del muchacho, pero enseguida recobró la compostura y contraatacó.
-No creo que los libros te sirvan de mucho porque al parecer no leíste que aquí pone ``Cambiantes´´.-Dijo señalando el título del libro.
Abi le sostuvo la mirada, no estaba dispuesta a dejarse intimidar.
-Ventua ¿no?-Preguntó-Sí, creo que alguien me mencionó en algún momento que era mejor no hablar contigo.
-Niña, te lo dejaré muy claro.En esta biblioteca solo hay dos reglas: No molestar al encargado y no entrar si nadie te ha invitado.
-Vaya, no sabía que necesitaba un pase VIP, nadie me lo había mencionado.-Dijo sarcásticamente.
-Que hayas llegado hoy y que seas una Grunklee no quiere decir que seas bienvenida.
Abi le miró por última vez a los ojos, el muchacho esbozó una media sonrisa y Abi se dio la vuelta y caminó hacia el pasillo; notaba la mirada de Ventua clavada en su nuca.
Al salir cerró la puerta con un golpe seco y recorrió el pasillo sumida en sus pensamientos. No hizo falta que caminase mucho para encontrase con Caleb. Él la miró, no fue nada más que una mirada, pero en ella había una carga de dolor y tal vez...¿desilusión? la chica no estaba segura pero el sentimiento de culpabilidad volvió a aflorar en ella.
-Caleb...-El chico se giró y la miró a los ojos.-lo siento.-Murmuro la chica. El chico abrió más sus elécticos ojos, el chico se dio la vuelta para seguir su camino pero Abi le cogió del brazo e hizo que se girase.-¿Qué es La Sombra?-Preguntó.
-La Sombra es ``la mala de la película´´.-Explicó.-El muchacho echo a andar y Abi le siguió para oír su explicación.-La Sombra existe desde que se produjo La División.-Abi escuchaba atentamente.-Es un espíritu maligno, esta relacionado con los Dolontes, en cierta manera, puede usarlos como si fueran una especie de ejército cuando tiene suficiente energía; y puede adaptar cualquier forma, desde una humana, animal o una nube de azufre.-Explicó.
-¿Azufre, una nube de azufre?-Preguntó.
-En el año 212 hubo un ataque en el que La Sombra apareció en forma de una nube de azufre y arrasó con todo. Cada cien años puede renovar sus fuerzas y atacar.
-Pero¿cual es su objetivo?-Caleb abrió la puerta de su habitación y la invito a pasar.Ambos tomaron asiento en la cama. Su habitación tenía las paredes pintadas de azul y estaba escasamente decorada, tan solo unos mapas de Arthros colgaban de la pared, un escritorio con su silla, la cama, la mesilla de noche y un armario.
-No tiene ningún objetivo, es deseo de matar.
-¿Qué sentido tiene eso?-Preguntó la chica, confusa.
-Ese es el problema, no importa destruir, ni matar; arrasa con todo.Hay la creencia de que La Sombra ya existía, en otro mundo, en otra dimensión y que la destruyó.
-¿Qué dimensión?
-No lo sé.
-A ver, digamos que La Sombra es el mal.¿Cómo hacéis para mantenerla a raya?
-Tenemos construida una barrera mágica alrededor de todo Arthros. Pero necesita mucho poder mágico; y aunque la mayor parte de los seres que pueden hacer magia concentra mucha en ella, La Cúpula es demasiado grande y cada vez hay menos magia; además cuando La Sombra consigue más poder puede tirarla y arrasar con todo de nuevo.
Abi escuchaba atentamente la explicación de Caleb, pero todo aquello seguía pareciéndole irreal.
-¿Y los Guardianes no podéis hacer nada para evitarlo?-Preguntó la muchacha.
-Cuando La Sombra se hace más fuerte el número de Dolontes se incrementa y se vuelven más feroces; atacan en grupos y arrasan con todo. Nosotros intentamos proteger a la gente, pero cuando son muchos es muy difícil.
-¿La Sombra aparece exactamente cada cien años?-Preguntó la chica.
-Hasta ahora sí, pero esta vez parece que se está adelantando; faltan treinta años para que cobrase más fuerza.-Abi tragó saliva.
-¿No podéis matarla?
-¿A La Sombra?-Preguntó sarcástico, pero al ver el asentimiento de Abi suspiró.-Ojalá fuese tan fácil, pero se regenera, es un demonio.
-¿También existen los ángeles?
Caleb clavó su mirada en la de Abi y esbozó una media sonrisa.
-No creo que haya de eso; las leyendas decían que antes de La División sí que había, pero tras ella abandonaron ambos mundos dejando a los hombres ``desnudos antes el peligro´´.
-Eso último ha sonado muy poético.-Comentó.
-Es un pequeño fragmento del Inicio; es el primer libro que se escribió, es algo así como nuestra Biblia.
En la cabeza de Abi empezaron a pasar imágenes de los libros de la biblioteca, la imagen de un libro forrado en cuero con letras en color negro ocupo su mente.
Caleb se levantó y fue hacia la ventana, se quedó allí, contemplando el paisaje. La chica se quedó observándole, a pesar de tener mas o menos su edad la chica lo visualizó como a un hombre adulto.
-A ver, según lo que me acabas de explicar.. ¿estamos solos contra el mal?-Preguntó Abi.
-¿Lo dices por lo de que no hay ángeles?-La chica asintió.
-Nadie ha visto nunca a un ángel, en cambio,La Sombra siempre esta presente.
-Me parece injusto que no haya nada más que una cúpula que nos proteja de las cosas malas, y que tengais que jugaros la vida ante unos monstruos de origen demoníaco.-Explicó la chica.
-Nadie dijo que fuera fácil .-Respondió Caleb.
-¿Y tú?¿Crees en Dios?-Preguntó de nuevo.
-La gente cree que Dios es nuestro padre.Pero un padre jamás se olvida de sus hijos, y si se ha olvidado, es que no es un Dios.-Contestó.
Rose quiso decirle algo para romper aquel incómodo silencio que se había quedado flotando en el aire.
-¿Qué es La Sombra?-Preguntó la pelirroja, cambiando de tema.
ose negó con la cabeza y se fue, dejándola un vez más sola.
Parecía que todo el mundo tenía miedo de eso; evitaban hablar del tema cuando lo preguntaba, o simplemente hacían como que no la habían oído hablar.
La muchacha decidió buscar a Caleb,después de lo que Rose le había dicho sentía la necesidad de disculparse con él. Se paró en la tercera planta dónde había una inmensa puerta de madera de doble hoja llena de relieves que representaban a ángeles y a demonios luchando entre ellos. -¿Cómo no la he visto antes?- pensó. La chica empujó la pesada puerta y esta se abrió con un leve chirrido.
La sala era realmente grande.La chica calculó que debía medir sobre veinte metros de largo y quince de ancho. Las estanterías llegaban hasta el techo y apoyadas sobre algunas de ellas, había unas escaleras.Además de estanterías llenas de polvorientos libros, también había mesas y sillas a disposición de los lectores y una gran chimenea rodeada de butacones aterciopelados.
Los libros estaban perfectamente clasificados en cada estante con una etiqueta con el nombre de su contenido.``Ciencias, Literatura, Astrología, Historia...´´ La chica no buscaba nada en concreto pero quizás en alguno de esos libros hubiese algo escrito sobre La Sombra empezó a recorrer la estancia leyendo los cartelitos de cada estantería. Al final de la habitación había un cartel con el nombre de Arhtros. Comenzó a pasar el dedo sobre el lomo de los libros para leer sus títulos. ``Magia Negra, Dolontes, Hadas El Inicio, Cambiantes...´´ El dedo de Abi volvió inconscientemente al libro forrado en piel con el título de ``Cambiantes´´ gravado con letras doradas en su lomo. La chica lo cogió con sumo cuidado y sopló sobre él, una pequeña nube de polvo se quedó flotando en el aire.Lo abrió.
´´Los cambiantes son niños que fueron alterados genéticamente cuando aún estaban en el vientre de sus madres.
Para que un niño tenga los poderes de un cambiantes su madre debe de someterse a conjuros de Magia Negra, y los sacrificios que ellos implican. Tales como derramamiento de sangre, entre otros.
Los cambiantes están considerados seres potencialmente peligrosos; por lo que su creación implica y sus futuros actos que pondrán en peligro la vida de los ciudadanos y de su propia familia. Su creación es totalmente ilegal al ser criaturas antinaturales. Además son incapaces de desarrollar la magia por su inestabilidad corpórea.
Para liberar a un cambiante de sus continuos cambios se debe eliminar los conjuros de Magia Negra practicándole un exorcismo antes de que lleguen a la adolescencia y comiencen a cambiar, a partir de esta edad, la única manera de eliminar la Magia Negra es mediante la muerte...´´
De repente, alguien le arrebató el libro de las manos y lo cerró de golpe provocando que más volutas de polvo se quedasen en una nube suspendida en el aire.
Abi estaba a punto de protestar, pero mantuvo la boca cerrada al toparse con los ojos grises de un muchacho.Era Ventua.
-¿Qué se supone que haces aquí, niña?-Preguntó mientras se inclinaba hacia ella.-Esta es mi biblioteca y que yo sepa te he invitado a pasar.
Abi le miró fijamente: Llevaba el pelo revuelto, al igual que Caleb, pero el suyo era de un color negro azabache.Sus ojos grises mostraban el desprecio que el muchacho sentía hacia ella. Llevaba una gabardina negra abotonada y en el cuello lucía un pañuelo gris, a juego con sus ojos y sus manos estaban cubiertas por unos guantes negros.También usaba unas botas como las de Caleb.
-No me has oído ¿o qué? Te he preguntado que qué hacías husmeando por aquí.-Siseó.
-Solo quería saber que es La Sombra. Respondió retándole con la mirada. Abi notó un atisbo de sorpresa en los ojos del muchacho, pero enseguida recobró la compostura y contraatacó.
-No creo que los libros te sirvan de mucho porque al parecer no leíste que aquí pone ``Cambiantes´´.-Dijo señalando el título del libro.
Abi le sostuvo la mirada, no estaba dispuesta a dejarse intimidar.
-Ventua ¿no?-Preguntó-Sí, creo que alguien me mencionó en algún momento que era mejor no hablar contigo.
-Niña, te lo dejaré muy claro.En esta biblioteca solo hay dos reglas: No molestar al encargado y no entrar si nadie te ha invitado.
-Vaya, no sabía que necesitaba un pase VIP, nadie me lo había mencionado.-Dijo sarcásticamente.
-Que hayas llegado hoy y que seas una Grunklee no quiere decir que seas bienvenida.
Abi le miró por última vez a los ojos, el muchacho esbozó una media sonrisa y Abi se dio la vuelta y caminó hacia el pasillo; notaba la mirada de Ventua clavada en su nuca.
Al salir cerró la puerta con un golpe seco y recorrió el pasillo sumida en sus pensamientos. No hizo falta que caminase mucho para encontrase con Caleb. Él la miró, no fue nada más que una mirada, pero en ella había una carga de dolor y tal vez...¿desilusión? la chica no estaba segura pero el sentimiento de culpabilidad volvió a aflorar en ella.
-Caleb...-El chico se giró y la miró a los ojos.-lo siento.-Murmuro la chica. El chico abrió más sus elécticos ojos, el chico se dio la vuelta para seguir su camino pero Abi le cogió del brazo e hizo que se girase.-¿Qué es La Sombra?-Preguntó.
-La Sombra es ``la mala de la película´´.-Explicó.-El muchacho echo a andar y Abi le siguió para oír su explicación.-La Sombra existe desde que se produjo La División.-Abi escuchaba atentamente.-Es un espíritu maligno, esta relacionado con los Dolontes, en cierta manera, puede usarlos como si fueran una especie de ejército cuando tiene suficiente energía; y puede adaptar cualquier forma, desde una humana, animal o una nube de azufre.-Explicó.
-¿Azufre, una nube de azufre?-Preguntó.
-En el año 212 hubo un ataque en el que La Sombra apareció en forma de una nube de azufre y arrasó con todo. Cada cien años puede renovar sus fuerzas y atacar.
-Pero¿cual es su objetivo?-Caleb abrió la puerta de su habitación y la invito a pasar.Ambos tomaron asiento en la cama. Su habitación tenía las paredes pintadas de azul y estaba escasamente decorada, tan solo unos mapas de Arthros colgaban de la pared, un escritorio con su silla, la cama, la mesilla de noche y un armario.
-No tiene ningún objetivo, es deseo de matar.
-¿Qué sentido tiene eso?-Preguntó la chica, confusa.
-Ese es el problema, no importa destruir, ni matar; arrasa con todo.Hay la creencia de que La Sombra ya existía, en otro mundo, en otra dimensión y que la destruyó.
-¿Qué dimensión?
-No lo sé.
-A ver, digamos que La Sombra es el mal.¿Cómo hacéis para mantenerla a raya?
-Tenemos construida una barrera mágica alrededor de todo Arthros. Pero necesita mucho poder mágico; y aunque la mayor parte de los seres que pueden hacer magia concentra mucha en ella, La Cúpula es demasiado grande y cada vez hay menos magia; además cuando La Sombra consigue más poder puede tirarla y arrasar con todo de nuevo.
Abi escuchaba atentamente la explicación de Caleb, pero todo aquello seguía pareciéndole irreal.
-¿Y los Guardianes no podéis hacer nada para evitarlo?-Preguntó la muchacha.
-Cuando La Sombra se hace más fuerte el número de Dolontes se incrementa y se vuelven más feroces; atacan en grupos y arrasan con todo. Nosotros intentamos proteger a la gente, pero cuando son muchos es muy difícil.
-¿La Sombra aparece exactamente cada cien años?-Preguntó la chica.
-Hasta ahora sí, pero esta vez parece que se está adelantando; faltan treinta años para que cobrase más fuerza.-Abi tragó saliva.
-¿No podéis matarla?
-¿A La Sombra?-Preguntó sarcástico, pero al ver el asentimiento de Abi suspiró.-Ojalá fuese tan fácil, pero se regenera, es un demonio.
-¿También existen los ángeles?
Caleb clavó su mirada en la de Abi y esbozó una media sonrisa.
-No creo que haya de eso; las leyendas decían que antes de La División sí que había, pero tras ella abandonaron ambos mundos dejando a los hombres ``desnudos antes el peligro´´.
-Eso último ha sonado muy poético.-Comentó.
-Es un pequeño fragmento del Inicio; es el primer libro que se escribió, es algo así como nuestra Biblia.
En la cabeza de Abi empezaron a pasar imágenes de los libros de la biblioteca, la imagen de un libro forrado en cuero con letras en color negro ocupo su mente.
Caleb se levantó y fue hacia la ventana, se quedó allí, contemplando el paisaje. La chica se quedó observándole, a pesar de tener mas o menos su edad la chica lo visualizó como a un hombre adulto.
-A ver, según lo que me acabas de explicar.. ¿estamos solos contra el mal?-Preguntó Abi.
-¿Lo dices por lo de que no hay ángeles?-La chica asintió.
-Nadie ha visto nunca a un ángel, en cambio,La Sombra siempre esta presente.
-Me parece injusto que no haya nada más que una cúpula que nos proteja de las cosas malas, y que tengais que jugaros la vida ante unos monstruos de origen demoníaco.-Explicó la chica.
-Nadie dijo que fuera fácil .-Respondió Caleb.
viernes, 31 de mayo de 2013
La Sombra (Capítulo 11)
Abi se quedó en medio del pasillo sin saber muy bien que hacer; se sentía estúpida y tenía la sensación de que un enorme agujero se había abierto en su estómago.
La chica decidió explorar el inmenso edificio, en las plantas superiores la mayoría de las habitaciones eran dormitorios con baños incorporados.Pero en la primera planta había una inmensa sala llena de cuchillos, espadas, ballestas, arcos y flechas, hachas y otras muchas armas de fuego que jamás había visto.También había varias taquillas con los nombre de Rose,Ventua, Caleb, Hans... Hans, su padre... un cosquilleo le subió por toda la espina dorsal; era una sensación extraña.¿qué pintaba su padre en todo aquello?¿qué paso con su supuesta muerte en Irak?¿sabría su madre algo de todo aquello?
Rose irrumpió en la habitación con sus despampanante estilo de super modelo e interrumpió los pensamientos de la muchacha.
-¿Ha pasado algo? Caleb está muy raro, parece...-Dijo buscando la palabra adecuada.
-¿Enfadado?-Preguntó Abi.-Sí.-Dijo tras ver el asentimiento de Rose.-Solo le pregunté si él era humano y le pregunté si era un cambiante.-Explicó encogiéndose de hombros.
Rose se dio un pequeño golpe en la frente con la mano
-Por el amor de Dios,-dijo para sí-a Caleb no le gusta anda que le llamen así. Él es un Kalatary.
-Pero el dijo que ser un Kalatary y ser un cambiante es lo mismo.
-Sí, pero ``cambiante´´ es una forma de llamarle muy despectiva.Es como si a una persona con problemas mentales le llamas loca, puede ser muy molesto.Además, aunque no lo parezca, Caleb tiene sentimientos.
Abi bajó la vista al suelo avergonzada, pensó en como el chico se había enfadado con ella y se sintió de nuevo culpable e idiota.
-Yo no quería hacerle daño.-Murmuró.
-No te pongas así, Caleb es un poco melodramático; s ele pasará.-Dijo guiñándole un ojo.
Abi asintió no muy convencida.
-Bueno, a lo que iba,-dijo echándose un mechón de pelo hacia atrás.-Hans ha venido y Lord...-Abi no le dio tiempo a su compañera de acabar la frase.Salió corriendo de la sala de armas y fue directa al despacho de Lord Peniston, dónde supuso que se encontraría con su padre.
Abrió la puerta sin llamar, los dos hombres que charlaban animádamente, giraron sus cabezas al unísona y clavaron sus respectivas miradas en la muchacha.Pero Abi solo se fijó en el más alto.Un hombre de media edad; musculoso y atractivo a pesar de las canas que ya afloraban entre sus rubios cabellos.Sus ojos marrones se clavaron en los de ella y su pequeña boca se torció en una sonrisa amargada, que descubría unos pequeños hoyuelos a cada lado. Abi abrió más sus ojos.
-Hija...-Murmuró.-Hija mía...
Abi corrió hacia él; ambos se fusionaron en un abrazo.Todos los sentimientos negativos que la chica había experimentado hacía él durante las últimas horas se desvanecieron por completo; el odio, la frustración, inquietud, preocupación... uno a uno cayeron por sus mejillas en forma de lágrimas.
-Mi pequeña, mi niña.-Susurró al oído de Abi.
Hans la cogió en brazos como cuando era pequeña y la siguió abrazando mientras acariciaba suavemente sus rizos. Abi no podía ver sus rostro porque lo tenía escondido entre sus rizos; pero supo que estaba llorando por el temblor de sus hombros-Jamás había visto a su padre llorar; y eso hizo que se olvidase de todos aquellos años en los que ella y su madre sufrieron la pérdida de la persona más importante en sus vidas.
-Papá.-Murmuró.-Papá, te quiero.-Dijo.El hombre aún la abrazó más fuerte.
-Y yo a ti, pequeña.-Dijo entre sollozos.
Lord Peniston carraspeó y ambos se soltaron. Hans dejó a su hija en el suelo, pero la cogió de la mano.
Abi vio por el rabillo del ojo como su padre se secaba las lágrimas.Se fijo en su aspecto; estaba demacrado y sucio; su ropa estaba cubierta de una extraña substancia negra pegajosa y sangre .Abi se asustó por un momento al pensar que esa sangre era de su padre.
-¿Acabaste con la camada del norte?-Preguntó lord Peniston.
Su semblante estaba totalmente serio, le hacía parecer más viejo.Por primera vez Abi se fijó en una cicatriz que le cruzaba la frente y le llegaba hasta la sien; la chica juraría que antes no estaba ahí.Lord Peniston parecía un personaje sacado de un libro.
-Diez, una camada de diez Nanturias.-Dijo su padre pasándose la mano por el revuelto pelo.
-Bien,¿hubo pérdidas?_preguntó cruzando los brazos sobre el pecho.
-Dos niños murieron y la huerta de la familia ha sido arrasada.-Respondió agarrando más fuerte la mano de su hija al recordar los cuerpos destrozados de los niños tendidos en el suelo.
-¿Pudiste reconocerlos?-Preguntó.
-Louis Run y Peter Tommo; estaban jugando cuando les atacaron.-Respondió.
Abi sintió que el corazón se le encogía al recordar al niño con el que habían hablando ella y Caleb cuando iban hacia Campbell. ``Yo de mayor quiero ser como tú ´´ le había dicho a Caleb
cuando éste le reveló que era un Guardián. Abi recordó como le brillaban los ojos al niño, y se lo imaginó tendido en el suelo, inerte.Desterró esa imagen de su mente al sentir un escalofrío a lo largo de su columna vertebral.
Lord Peniston asintió bajando la mirada a sus botas.
-Cada día hay más, y se están volviendo realmente peligrosos; ya no atacan solos, es como si hubieran desarrollado la inteligencia; atacan en grupo y sin piedad.-Comentó Hans.
.Sí, lo he notado; las cosas están cambiando no solo en los Nanturias; el resto de Dolontes se comportan igual y los daños son cuantiosos; tanto personales como materiales.-Dijo Lord Peniston.
-Se están aliando; como si algo los uniera; como si algo o alguien los estuviese llamando a obedecerle...-Hans miró al suelo al igual que Lord Peniston.-Atacan las casas y arrasan con todo, nunca antes había visto algo así, antes no hacían eso.
De repente ambos levantaron la cabeza y se miraron fijamente.
-La Sombra.-Dijeron al unísono.
Abi, que había asistido a toda la conversación en un silencio total, soltó la mano de su padre.Él la miró desconcertado.
-¿Que pasa?-Preguntó la muchacha.
-Hay problemas, pequeña; no pasa nada, lo solucionaremos.-Dijo acariciándole la mejilla con delicadeza.
-Abi, ¿no tenías que amueblar tu habitación?-Preguntó Lord Peniston.
La chica asintió, era lo suficientemente lista como para darse cuenta de que quería hablar con su padre a solas; pero una parte de su mente exigía una explicación. Abi no movió ni un músculo, pero la mirada de su padre hizo que cambiase de opinión y que abandonase el despacho a regañadientes.
Allí fuera, esperándola, apoyada en la pared estaba Rose, la chica clavó sus oscuros ojos en los de ella de manera inquisitiva.
-¿Que ha pasado?-Preguntó.
-Mi padre estaba ahí; dijo algo de que una camada de Nanturias mató a dos niños, también dijo que se comportan de manera extraña, de que se están aliando y que son muchos.-Explicó atropelladamente.-También mencionó algo sobre una sombra.
Rose se enderezó y abrió muchos los ojos, el color había huido de su cara, y ahora estaba blanca como un fantasma.
-¿Sombra?¿La Sombra?-Preguntó incrédula.
-Sí, fue como si tuviesen miedo...
-¡Que Dios nos proteja!-Dijo elevando la voz.
Abi la miró boquiabierta, jamás habría pensado que una chica como Rose fuera creyente.
-¿Crees en Dios?-Preguntó.
La chica le miró sorprendida.
-Espero que haya alguien ahí arriba; pero, sobretodo, espero que esté de nuestro lado.-Dijo.-¿Acaso no creéis los humanos en un Dios?-Preguntó viendo la incrédula mirada de Abi.
La chica decidió explorar el inmenso edificio, en las plantas superiores la mayoría de las habitaciones eran dormitorios con baños incorporados.Pero en la primera planta había una inmensa sala llena de cuchillos, espadas, ballestas, arcos y flechas, hachas y otras muchas armas de fuego que jamás había visto.También había varias taquillas con los nombre de Rose,Ventua, Caleb, Hans... Hans, su padre... un cosquilleo le subió por toda la espina dorsal; era una sensación extraña.¿qué pintaba su padre en todo aquello?¿qué paso con su supuesta muerte en Irak?¿sabría su madre algo de todo aquello?
Rose irrumpió en la habitación con sus despampanante estilo de super modelo e interrumpió los pensamientos de la muchacha.
-¿Ha pasado algo? Caleb está muy raro, parece...-Dijo buscando la palabra adecuada.
-¿Enfadado?-Preguntó Abi.-Sí.-Dijo tras ver el asentimiento de Rose.-Solo le pregunté si él era humano y le pregunté si era un cambiante.-Explicó encogiéndose de hombros.
Rose se dio un pequeño golpe en la frente con la mano
-Por el amor de Dios,-dijo para sí-a Caleb no le gusta anda que le llamen así. Él es un Kalatary.
-Pero el dijo que ser un Kalatary y ser un cambiante es lo mismo.
-Sí, pero ``cambiante´´ es una forma de llamarle muy despectiva.Es como si a una persona con problemas mentales le llamas loca, puede ser muy molesto.Además, aunque no lo parezca, Caleb tiene sentimientos.
Abi bajó la vista al suelo avergonzada, pensó en como el chico se había enfadado con ella y se sintió de nuevo culpable e idiota.
-Yo no quería hacerle daño.-Murmuró.
-No te pongas así, Caleb es un poco melodramático; s ele pasará.-Dijo guiñándole un ojo.
Abi asintió no muy convencida.
-Bueno, a lo que iba,-dijo echándose un mechón de pelo hacia atrás.-Hans ha venido y Lord...-Abi no le dio tiempo a su compañera de acabar la frase.Salió corriendo de la sala de armas y fue directa al despacho de Lord Peniston, dónde supuso que se encontraría con su padre.
Abrió la puerta sin llamar, los dos hombres que charlaban animádamente, giraron sus cabezas al unísona y clavaron sus respectivas miradas en la muchacha.Pero Abi solo se fijó en el más alto.Un hombre de media edad; musculoso y atractivo a pesar de las canas que ya afloraban entre sus rubios cabellos.Sus ojos marrones se clavaron en los de ella y su pequeña boca se torció en una sonrisa amargada, que descubría unos pequeños hoyuelos a cada lado. Abi abrió más sus ojos.
-Hija...-Murmuró.-Hija mía...
Abi corrió hacia él; ambos se fusionaron en un abrazo.Todos los sentimientos negativos que la chica había experimentado hacía él durante las últimas horas se desvanecieron por completo; el odio, la frustración, inquietud, preocupación... uno a uno cayeron por sus mejillas en forma de lágrimas.
-Mi pequeña, mi niña.-Susurró al oído de Abi.
Hans la cogió en brazos como cuando era pequeña y la siguió abrazando mientras acariciaba suavemente sus rizos. Abi no podía ver sus rostro porque lo tenía escondido entre sus rizos; pero supo que estaba llorando por el temblor de sus hombros-Jamás había visto a su padre llorar; y eso hizo que se olvidase de todos aquellos años en los que ella y su madre sufrieron la pérdida de la persona más importante en sus vidas.
-Papá.-Murmuró.-Papá, te quiero.-Dijo.El hombre aún la abrazó más fuerte.
-Y yo a ti, pequeña.-Dijo entre sollozos.
Lord Peniston carraspeó y ambos se soltaron. Hans dejó a su hija en el suelo, pero la cogió de la mano.
Abi vio por el rabillo del ojo como su padre se secaba las lágrimas.Se fijo en su aspecto; estaba demacrado y sucio; su ropa estaba cubierta de una extraña substancia negra pegajosa y sangre .Abi se asustó por un momento al pensar que esa sangre era de su padre.
-¿Acabaste con la camada del norte?-Preguntó lord Peniston.
Su semblante estaba totalmente serio, le hacía parecer más viejo.Por primera vez Abi se fijó en una cicatriz que le cruzaba la frente y le llegaba hasta la sien; la chica juraría que antes no estaba ahí.Lord Peniston parecía un personaje sacado de un libro.
-Diez, una camada de diez Nanturias.-Dijo su padre pasándose la mano por el revuelto pelo.
-Bien,¿hubo pérdidas?_preguntó cruzando los brazos sobre el pecho.
-Dos niños murieron y la huerta de la familia ha sido arrasada.-Respondió agarrando más fuerte la mano de su hija al recordar los cuerpos destrozados de los niños tendidos en el suelo.
-¿Pudiste reconocerlos?-Preguntó.
-Louis Run y Peter Tommo; estaban jugando cuando les atacaron.-Respondió.
Abi sintió que el corazón se le encogía al recordar al niño con el que habían hablando ella y Caleb cuando iban hacia Campbell. ``Yo de mayor quiero ser como tú ´´ le había dicho a Caleb
cuando éste le reveló que era un Guardián. Abi recordó como le brillaban los ojos al niño, y se lo imaginó tendido en el suelo, inerte.Desterró esa imagen de su mente al sentir un escalofrío a lo largo de su columna vertebral.
Lord Peniston asintió bajando la mirada a sus botas.
-Cada día hay más, y se están volviendo realmente peligrosos; ya no atacan solos, es como si hubieran desarrollado la inteligencia; atacan en grupo y sin piedad.-Comentó Hans.
.Sí, lo he notado; las cosas están cambiando no solo en los Nanturias; el resto de Dolontes se comportan igual y los daños son cuantiosos; tanto personales como materiales.-Dijo Lord Peniston.
-Se están aliando; como si algo los uniera; como si algo o alguien los estuviese llamando a obedecerle...-Hans miró al suelo al igual que Lord Peniston.-Atacan las casas y arrasan con todo, nunca antes había visto algo así, antes no hacían eso.
De repente ambos levantaron la cabeza y se miraron fijamente.
-La Sombra.-Dijeron al unísono.
Abi, que había asistido a toda la conversación en un silencio total, soltó la mano de su padre.Él la miró desconcertado.
-¿Que pasa?-Preguntó la muchacha.
-Hay problemas, pequeña; no pasa nada, lo solucionaremos.-Dijo acariciándole la mejilla con delicadeza.
-Abi, ¿no tenías que amueblar tu habitación?-Preguntó Lord Peniston.
La chica asintió, era lo suficientemente lista como para darse cuenta de que quería hablar con su padre a solas; pero una parte de su mente exigía una explicación. Abi no movió ni un músculo, pero la mirada de su padre hizo que cambiase de opinión y que abandonase el despacho a regañadientes.
Allí fuera, esperándola, apoyada en la pared estaba Rose, la chica clavó sus oscuros ojos en los de ella de manera inquisitiva.
-¿Que ha pasado?-Preguntó.
-Mi padre estaba ahí; dijo algo de que una camada de Nanturias mató a dos niños, también dijo que se comportan de manera extraña, de que se están aliando y que son muchos.-Explicó atropelladamente.-También mencionó algo sobre una sombra.
Rose se enderezó y abrió muchos los ojos, el color había huido de su cara, y ahora estaba blanca como un fantasma.
-¿Sombra?¿La Sombra?-Preguntó incrédula.
-Sí, fue como si tuviesen miedo...
-¡Que Dios nos proteja!-Dijo elevando la voz.
Abi la miró boquiabierta, jamás habría pensado que una chica como Rose fuera creyente.
-¿Crees en Dios?-Preguntó.
La chica le miró sorprendida.
-Espero que haya alguien ahí arriba; pero, sobretodo, espero que esté de nuestro lado.-Dijo.-¿Acaso no creéis los humanos en un Dios?-Preguntó viendo la incrédula mirada de Abi.
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