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viernes, 28 de junio de 2013

Brooke (Capítulo 15)

Rose se arrodilló junto a su cama y saco un libro enorme; estaba forrado en cuero marrón, en el medio de la portada había el dibujo en relieve de la cara de un anciano, sus ojos estaba cerrados y su boca sellada; una hebilla dorada situada en el medio de la portada mantenía el libro herméticamente cerrado; la chica se fijó que de la hebilla colgaba un pequeño candado del mismo material que ésta.
Rose se desabrochó el cuello de su vestido y sacó una cadena que rodeaba su cuello, de ella colgaba una pequeña llave ricamente adornada; la chica la metió en el candado y con un suave ¡clic! se abrió y el libro abrió los ojos: Abi lanzó una exclamación ahogada; los ojos de un color negro azabache se clavaron en los de ella.
-Brooke, ella es Abi; Abi éste es Brooke, es un libro mágico, no te asustes.-Dijo la chica.
-¡¿Que no me asuste?! Ha abierto los ojos, se ha movido, él solo.-chilló asustada.
-Tranquila, no te va a morder.
-¿Humana?-Preguntó el libro en tono despectivo.
Abi se puso de pie de un salto y señaló el libro aún mas asombrada.
-Rose... ha hablado, el libro... habló...-Tartamudeó la muchacha.
-Claro, uno tiene boca para algo.-Dijo el libro.
-Abi, cálmate, los demás ya estarán durmiendo, y si sigues chillando se van a despertar.
-Pero él habló, abre los ojos y, y...
-Tranquila, solo es magia, Brooke es mi libro de hechizos, no hay ningún conjuro que no tenga.-Explicó Rose mostrándole las páginas a la muchacha.
-Rose, ahí solo hay páginas en blanco; no hay nada escrito.
-Fíjate más, concéntrate.-Dijo Rose.
Abi hizo lo que la chica le pedía, pero seguía sin ver nada.La chica la miró inquisitivamente.
Rose le puso la mano sobre la frente y formuló unas palabras en un idioma que Abi no conocía. Cuando la chica abrió los ojos de nuevo vislumbró las letras negras escritas en estilo gótico.
-Esta en Zariano, es el idioma de los magos.-Explicó la chica.
-¿Zariano?-Preguntó confusa la chica.
-Sí, es el idioma de Zarion, la ciudad dónde nace la magia de Arthros.
-Creía que todo en este mundo era mágico.-Comentó la chica.
-Sí, pero Zarion es dónde se concentra el mayor nivel de poder mágico, es allí dónde se creo La Cúpula que proteje todo Arthros.-Explicó Rose.-Además, es allí dónde los niños con poderes aprenden el oficio de magos, o brujas en el caso de las niñas.-Añadió Rose.
-¿Tú eres una bruja?-Preguntó Abi.
-Bueno, aún me queda mucho por aprender, además sucederé a mi padre en el rango de Guardián y tendré que dejar los estudios de magia.
-Es una verdadera lastima que tanto talento se desperdicie en cazar a esos bichos.-Murmuró Brooke.
-¡Brooke! Los Guardianes protejen a los ciudadanos de Arthros desde que se llevó a cabo La División y el simple hecho de descender de una familia de Guardianes ya es algo de lo que la gente debería sentirse orgullosa.
Rose parecía realmente molesta por el comentario de Brooke y había ido elevando la voz con cada palabra que había dicho.
De repente sonaron unos golpes en la puerta y ésta se abrió.
-¡Chicas! podíais armar menos jaleo, se os oye desde la otra punta del pasillo, no sé cómo no se ha despertado nadie.-Dijo Caleb.
Llevaba su gabardina negra y sus botas a juego, del cinturón colgaban un arsenal de cuchillos y dagas, y a la espalda llevaba aquella enorme espada que había intimidado a Abi cuando le vio en su forma humana.
-No estaba gritando.-Protestó Rose.
-Bueno, pues déjate de discusiones, no tenemos toda la noche.-Dijo Caleb.
Rose puso los ojos en blanco y cogió una tiza blanca de su tocador, apartó la alfombra de pelo rosa sintético, situada a los pies de la cama y dibujó un círculo dividido en dos, en cuyo centro había dibujado una estrella de cinco puntas.Colocó a Brooke sobre la estrella e hizo que los tres chicos formasen un círculo alrededor de él cogidos de la manos y comenzó a recitar algo en Zariano.El círculo se iluminó con una luz cegadora que hizo que Abi cerrase los ojos; y acto seguido desaparecieron sin dejar rastro, tan solo quedó el dibujo del círculo y la estrella emitiendo una ténue luz.
Aparecieron junto al árbol del instituto que había llevado a Caleb y a Abi a Arthros.
La chica se empezó a marear y tuvo que apoyarse en el tronco del árbol para no caerse.
-Abi¿estás bien?-Rose la miró preocupada.
Caleb se arrodilló junto a ella y le puso la mano sobre la frente.
-Está helada.-Dijo el muchacho.
-Seguramente se habrá mareado, a mí también me pasó la primera vez que me teletransporté.
Caleb le tendió la mano y la ayudo a incorporarse.
-Cierra los ojos con fuerza y vuelve a abrirlos un par de veces.-Aconsejó el chico.
Abi hizo lo que le mandó.
-¿Mejor?-La chica asintió.
-Bien, pues pongámonos en marcha, tenemos que estar de vuelta antes de que amanezca.-Dijo Rose.
Los tres se encaminaron hacia el árbol por el que Abi había trepado el día de la exposición de Nathalie. Una imagen suya apareció en la cabeza de Abi como si fuese un relámpago.
Caleb fue el primero en saltar al otro lado de la verja, cogió a rose cuando saltó y después a Abi.
Los chicos comenzaron a correr por la acera esquivando a las parejas que paseaban, cogidos de la mano, a la luz de la luna.
Abi estaba acostumbrada a correr, el entrenador siempre le decía que a pesar de su corta edad era muy rápida; pero ya hacía tiempo que no había ido a entrenar y le costó un poco adaptarse al paso rápido de sus compañeros.
Cuando ya habían recorrido cuatro manzanas la chica se dio cuenta de que nadie se había fijado en ellos, era como si nunca hubiesen pasado por allí. Rose, adivinando sus pensamientos, la miró sonriente.
-Es magia, somos totalmente invisibles.-Explicó la chica.
-Creía que no podíais hacer magia en mi mundo.-Jadeó.
-Puedo, si tengo a Brooke.-Dijo señalando la mochila de cuero que llevaba a la espalda.
Abi se preguntó cuando había recogido Rose el libro, la última vez que lo había visto estaba abierto sobre la estrella del círculo que había dibujado la muchacha.
Llegaron al hospital en apenas quince minutos, Abi estaba jadeando, intentando recuperar la compostura; Caleb y Rose no parecían cansados en absoluto, incluso estaban perfectamente peinados, como si se acabaran de arreglar en ese preciso instante.Ambos miraban con curiosidad el gran edificio.
-Rose, no podemos entrar, la hora de las visitas ha acabado ya, son las once y media.-Dijo Abi consultando su reloj; que, curiosamente, tenía la hora exacta a pesar de que en Arthros no funcionó.
Rose dijo algo en Zariano y los tres desaparecieron en la recepción del hospital; Abi no dejaba de sorprenderse de los poderes de la muchacha.
-Bueno, tú dirás a dónde quieres ir, pelirroja.-Dijo Caleb.
Abi echó a andar por el pasillo y llegó a la habitación de su madre.Allí estaba ella, tendida sobre la cama; conectada a esos monitores que registraban sus pulsaciones. Abi abrió la puerta con suavidad y entró en la habitación; Caleb hizo ademán de seguirla, pero Rose le cogió de un brazo y negó con la cabeza. La chica se acercó a la camilla y tomó de la mano a su madre, hubiera jurado que estaba más pálida que la última vez que la vio. Parecía que hubiesen pasado años, pero tan solo eran dos días; dos días en los que Abi se había dado cuenta de lo mucho que necesitaba a su madre. Cuarenta y ocho horas en las que había seguido a un lobo a través de un árbol y que había ido a parar a un mundo completamente nuevo, distinto al suyo, en el que había magos y brujas; vampiros y hadas, seres que mataban indiscriminadamente.
Era increíble pensar que todo aquello había sucedido en apenas dos días, pero lo que era aún más increíble, si cabe, era saber que todo lo que podría ser la perfecta trama de una novela fantástica, era totalmente real, desde el simple hecho de respirar el aire de Arthros, hasta los libros que almacenaban cientos de conjuros.
Las imágenes de todo lo que había vivido desde que atravesó el árbol hasta el mismo instante en el que llegaron al hospital, pasaron veloces por la cabeza de la muchacha.
Abi acarició la mano de su madre con cariño.
-Si te contara una cosa, dirías que estoy loca.-Murmuró pensando en su padre.

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