Abi pensaba que todos cenarían en la cocina, pero tras llevar los alimentos al inmenso comedor, todos se sentaron alrededor de la mesa de roble.Lord Peniston presidía la mesa desde la silla con respaldo alto y posabrazos. La mesa era lo suficientemente larga como para que más de una treintena de personas comiesen cómodamente; pero tan solo las dos sillas situadas a ambos extremos de la mesa tenían posabrazos y estaban ricamente adornadas.
Todos habían comenzado a devorar sus respectivas cenas, pero el plato de Ventua esperaba, humeante, la llegada de su comensal.
De repente este comenzó a levitar en el aire haciendo que Abi saltara de su silla y lanzase una exclamación ahogada.Todos la miraron sorprendidos, y luego dirigieron su mirada hacia dónde el dedo de Abi apuntaba; un silencio incómodo se instaló en el comedor, y acto seguido la risa de Soul comenzó a hacerse eco por toda la estancia, el niño intentaba controlar sus carcajadas tapándose la boca con las manos, Rose le propinó un codazo para que se callase, al mismo tiempo que intentaba borrar la sonrisa de su cara.Los chicos no pudieron resistir más y sus carcajadas sonaron en toda la estancia; cuando Abi se quiso dar cuenta la cena de Ventua había desaparecido.
-Ya basta.-Dijo Lord Peniston.
Los chicos silenciaron sus risas al momento y dirigieron sus miradas hacia el hombre.
-Lo siento.-Se disculpó Rose.
-Abi, tenías que haber visto tu cara, ¡parecía que hubieses visto un fantasma!-Exclamó Soul.
La chica regresó a su silla, avergonzada por su reacción y clavó la vista en su plato.
-Cariño, aquí se puede hacer magia, Ventua solo ha hacho que la comida subiese a donde quiera que esté.-Explicó su padre.
-Ya...debí de darme cuenta.-Murmuró.
-No tienes por qué disculparte, es lógico que te asustases, la magia es algo a lo que tienes que acostumbrate.-Dijo Lord Peniston.
Durante el resto de la cena nadie mencionó nada sobre el tema y Abi mantuvo la vista fija en su comida.
Lord Peniston y Hans fueron los primeros en abandonar la estancia, Caleb quiso unirse a su conversación, pero el mayor de ellos dijo algo sobre que eran asuntos de la Selbua y abandonaron la estancia dejando a los cuatro muchachos solos; pero Soul se escabuyó murmurando algo de que quería acabar de organizar su ejército.
El plato de Ventua bajó flotando en el aire, totalmente vacío, y se posó con delicadeza sobre la mesa; esta vez Abi intentó no asustarse, pero Rose y Caleb notaron su asombro.
-Ventua cena casi siempre en la biblioteca o en su habitación, le gusta estar solo.-Explicó Rose.
-Ya veo...-Murmuró Abi.
Abatwa entró en el comedor y fue recogiendo las cosas en silencio.
-¿Os gustó la tarta?-Preguntó con curiosidad.
-Claro, debería de volver a hacer una visita a los humanos, sus recetas no están nada mal.-Respondió Caleb mientras el guiñaba un ojo a la mujer.
-Ya sabes que ni a Lord Peniston ni a Hans les gusta que andes mucho por allí, es peligroso.
-Abat, por favor, se controlar mis cambios, nadie sospecharía de un pequeño cachorro, son demasiado adorables.
-Sí, pero se supone que os estoy vigilando, no quiero tener que aguantar un enfado de Bastak, ese hombre se pone realmente furioso cuando alguien le desobedece.-Caleb puso los ojos en blanco.
-De vez en cuando hay que divertirse, y los humanos saben como hacerlo.
-Además, su ropa es mucho más cómoda y glamurosa.-Añadió Rose.-Es una lástima que no la pueda usar aquí.
-Sí, pero lo mejor son esas cosas que corren tanto, las motos; eso es realmente fantástico...
-¡Niños! ya basta, no me apetece que me contéis todos vuestros viajecitos por allí; por si no os habéis dado cuenta, tengo muchas cosas que hacer.-Dijo la mujer.
-Apuesto lo que quieras a que te lo pasarías bien si viniese con nosotros.-Dijo Caleb.
-Jovencito, yo me dedico a la cocina y a cuidar de la casa, y ya sabes que a mí las cosas esas de magia no me importan lo más mínimo.Soy demasiado vieja para ir a vivir aventuras con vosotros.
-Si vinieras de compras, cambiarías de opinión.-Comentó Rose.
Abatwa acabó de recoger la mesa y desapareció en la cocina sin darles una contestación.
-Rose, Caleb, ¿creeís que podríamos ir a mi mundo?-Los chicos la miraron perplejos.
-¡Para qué?-Preguntó el chico.
-Necesito ver que mi madre esta bien, y los demás estarás buscándome...
-No, no te preocupes,-la cotó Rose-hice un hechizo de magia en el que no notan tu ausencia; es como si estuvieses allí, solo que no lo estás-Explicó la muchacha.
-¿Una doble?-Preguntó la pelirroja.
-No, ellos te ven, hablan contigo y tu les contestas; pero a los ojos de la gente que no te conoce eres invisible; el conjuro para hacer dobles es muy complicado y Rose aún no sabe hacerlo, así que hizo una imagen tuya a tamaño real con la que pueden convivir, solo que no es real.-Aclaró Caleb.
-¿están viviendo con alguien invisible a los ojos de los demás?
Caleb chasqueó la lengua.
-Exacto.
-Bueno, ¿y que pasa con mamá? Ella está en coma, no podía verme, pero sí oírme.
-Vale, vale, esta noche nos daremos una vueltecita por tu mundo; pero no digas nada; Lord Peniston me mataría si se llegase a enterar que te llevo por ahí.-Dijo Caleb.
-Pues yo también voy.-Dijo Rose.
-¿Y Soul?
-Caleb, Soul se queda, es demasiado pequeño...-Empezó Rose.
-Soy demasiado pequeño ¿para qué?-Soul estaba en la puerta del comedor con dos muñecos vestidos de militares; el niño miraba inquisitivamente a Caleb y a Rose respectivamente a la espera de una respuesta.
-Para anda, Soul, vete a tu cuarto.-Dijo Rose.
-Mientes, dijiste que era muy pequeño; pero sabes que soy mayor.-Respondió testarudo.
-Soul, tu hermana decía que eres demasiado pequeño para ayudarnos a amueblar la habitación de Abi, los muebles son muy pesados.-Dijo Caleb inventándose una excusa.
Soul le miró sin creerse del todo su explicación, pero al final se encogió de hombros.
-No me gusta decorar las habitaciones,yo solo quería saber si queréis jugar conmigo.-Dijo mostrándoles sus juguetes.
-Claro, ahora subo, vete a sacar los juguetes.-Soul hizo caso a Caleb y salió corriendo camino a su habitación.
-Buena excusa, yo no habría hecho mejor.-Comentó Rose.
Caleb le dedicó una de sus medias sonrisas.
-Bueno, esta noche os iré a buscar a vuestros cuartos y nos iremos; así que no os quedéis dormidas.
-No te preocupes, Abi y yo estaremos en mi habitación,-dijo Rose-las paredes de tu habitación están recién pintadas, no me gustaría verte intoxicada por el olor.-Añadió mirando a Abi.
-Pues hasta después.-Caleb se levantó de su silla y salió del comedor para dirigirse a la habitación de Soul y jugar con él.
Las chicas también subieron tras ayudarle a Abatwa a fregar los platos.
Rose tenía toda su habitación perfectamente ordenada, excepto el biombo con motivos japoneses, del que colgaban numerosas prendas de ropa.El aire olía a una mezcla entre colonia de rosas y maquillaje.
Sobre el tocador había varios neceseres y botes de colonia. Rose se dirigió hacia el y se sentó en la butaca de cuero negro situada en frente del tocador.Abrió un neceser y comenzó a sacar montones de botecitos con esmalte de uñas de distintos colores.-Abi miraba todo aquello asombrada por la cantidad de cosméticos de su compañera.
-Maldita sea, no encuentro nada.-Murmuró la chica mientras comenzaba a rebuscar en el siguiente neceser.
-¿Todo lo que tienes ahí es maquillaje?-Preguntó Abi.
-Claro, en vuestro mundo hay un montón de tiendas dónde se pueden comprar, aquí no hay casi nada; me encantaría poder vivir en tu mundo; pero por otra parte creo que echaría de menos la caza.-Contestó la muchacha.
-¿Os gusta cazar a los Dolontes?-Preguntó la pelirroja.
-Bueno, no nos desagrada, lo único que es asqueroso es su sangre; es de color verde oscuros y es viscosa, se queda pegada a la ropa y es muy difícil de quitarla.
-¿No os da miedo que esos bichos os puedan matar?
-Siempre digo que la adrenalina supera al miedo.
Abi la miró sin entender lo que decía.
-Cuando estás ante un Dolonte sabes que lo tienes que matar, llevas años de entrenamiento, durante casi toda tu vida te preparan para esa lucha; pero podría decirse que es mágico.En los entrenamientos sabes que movimientos hay que hacer, que hay que matar sin piedad, pero en la realidad, la adrenalina y el ritmo frenético al que nos movemos cuando peleamos es frenético.Es algo especial, algo sin lo que no podría vivir.
Abi escuchaba atentamente su atención, cuando, de repente Rose se alzó triunfante con un pequeño bote de esmalte negro en la mano.
-Lo encontré-Declaró con una sonrisa.
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