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sábado, 15 de junio de 2013

Abatwa (Capítulo 13)

Se hizo un silencio incómodo entre los dos chicos; que ninguno de ellos se atrevía a romper.
De repente la puerta de la habitación se abrió dejando ver a un niño de aproximadamente diez años de mediana estatura. Su pelo castaño le hacía unas pequeñas ondas a la altura de la nuca y sus ojos oscuros miraron a Abi y a Caleb respectivamente.
Abi dio por echo que aquel niño era el hermano pequeño de Rose; tenían el mismo color de pelo y ojos, pero él era mucho más delgado y bajito que ella.Llevaba una camisa gris y unos pantalones negros llenos de bolsillos que se abultaban al rededor de sus piernas.
-Caleb, Lord Peniston quiere que vayas a hablar con él.-El niño no apartó loa mirada de Abi, y la chica comenzó a sentirse incómoda.
-Bueno, pues vamos a ver que quiere,-dijo poniendo los ojos en blanco,- espérame aquí.-Le dijo a Abi.
Caleb salió de la habitación y el niño miró a los dos chicos sin saber muy bien que hacer.Decidió dejar sola a Abi e irse a su habitación mientras botaba una pelota a lo largo del pasillo.
LA chica se quedó sentada sobre la cama pensando en todo lo que Caleb le había explicado, pero nada cuadraba en su cabeza.Todo era demasiado irreal y complejo para ser cierto.``Desnudos ante el peligro´´ la voz de Caleb resonaba en su cabeza como un eco constante, repitiendo esa frase.
-Tiene que haber alguna forma de destruir a La Sombra.- pensó. La chica se puso en pie y salió en busca de Rose, sumida en sus pensamientos.Los pasillos estaban totalmente desiertos y Abi comenzó a preguntarse por qué aquella gente vivía en un edificio tan grande; las siete plantas que tenía en total eran enormes y la mayoría de las habitaciones estaban abandonadas. LA chica estuvo deambulando por todo el edificio sin saber que hacer, al final, decidió ir a la primera planta; de la cocina provenía un dulce olor a mantequilla derritiéndose. El estómago de la muchacha rugió recordándole que lo último que había comido era el conejo que Caleb había cazado cuando iban camino a Campbell; la chica entró en la cocina.Una mujer de avanzada edad estaba de espaldas a ella.Llevaba una blusa blanca remangada y una falda azul cubría por completo sus cortas piernas.
La mujer se giró al sentir su presencia y una amistosa sonrisa se dibujó en su cara provocando que le salieran un montón de pequeñas arrugas al rededor de sus ojos negros.
-Hola, jovencita.-Saludó.
-Hola.-Dijo Abi mientras le sonreía.
-¿Visitando las instalaciones?-Preguntó. Abi asintió a modo de respuesta.
-Un consejo, si te pierdes, baja a esta planta y ven a la cocina, aquí viene todo el mundo siempre que necesita un consejo.-Dijo mientras le guiñaba un ojo.
-Lo tendré en cuenta.
-Bueno, pues ya que estás aquí, prueba esto y dime que te parece.-Dijo ofreciéndole una mezcla amarillenta con olor a mantequilla. Abi la miró desconfiadamente, pero tras cavilar durante unos segundos se dejó llevar por su enfurecido estómago y optó por probarla .La mujer sonrió de nuevo.
-¿Y bien?
-Está muy buena, ¿qué es?.-Preguntó la muchacha.
-Es la mezcla para mi tarta, estoy segura de que te gustan los postres.
-Mucho.
-¡Vaya! Que despistada soy, me llamo Abatwa, no nos habían presentado.-Dijo mientras se ajustaba el pañuelo a la cabeza. Abi se fijó en sus puntiagudas orejas y se quedó observándolas boquiabierta. Abatwa notó su sorpresa.
-Provengo de un linaje de gnomos, pero en realidad soy una enana, por eso mis orejas son tan puntiagudas.-Explicó.
-Creía que los gnomos no existían, que solo eran personajes ficticios de cuentos para niños.-Dijo Abi.
Abatwa comenzó a reír a carcajada limpia sorprendiendo a la muchacha.
-Pequeña, probablemente, en los cuentos  para los niños de tu mundo se encuentra la única verdad que allí.
-¿Todos?-La mujer asintió.
-¿Hadas?¿Duendes, sirenas, dragones, elfos, vampiros, hombres lobo?-La mujer asintió de nuevo.
-Todos, esto es un mundo de magia, y aquí hay cualquier ser que se haya nombrado en los cuentos infantiles.Por desgracia, todo incluye a los espíritus malignos.-Dijo bajando la mirada hacia el bol donde tenía la masa.
-Sí,La Sombra... .-Dijo recordando las palabras de Caleb.
Abatwa no contestó, se limitó a seguir removiendo la masa.
-Abatwa, ¿puedo preguntarte algo?
-¿Puedo yo prohibírtelo?-Dijo con una amable sonrisa.Había algo en aquella mujer que le inspiraba paz y tranquilidad.
-¿Eres una Guardiana?-La mujer soltó una sonora carcajada y clavó sus oscuros ojos en la muchacha.
-Cielo, yo no puedo pasarme el día correteando por ahí mientras intento cazar monstruos; la gente tiene que comer y si yo no cocino, nadie lo hará.-Explicó.-Además alguien tendrá que controlar a todos esos niños, incluida tú. Yo soy demasiado vieja para todo eso de la lucha y los enanos no desarrollamos la magia.Somos un pueblo que vive en equilibrio con la naturaleza.-Añadió
-¿Por qué no podéis hacer magia?-Preguntó de nuevo la chica.
-No tenemos la necesidad de forzar a la naturaleza.Pero tú quizás puedas aprender.
-¿Yo?
-Sí, claro¿ quién si no?No hay nadie más aquí.
-Sí, bueno...no creo que se me de bien.Nunca aprendí ningún truco de magia en mi mundo...
-Por favor, en tu mundo no existe la magia, se ha extinguido, lo único que hay son un puñado de humanos que barajan unas cartas y te dicen cual es la que elegiste, tan solo son unos estafadores que se gana la vida así.
-Sí, pero eso es lo más parecido a la magia que he visto.
-¿Llamarías a esto tarta?-Dijo mostrándole la masa.
-No, eso solo son ingredientes mezclados.-Respondió la chica.
-Pues con la magia es igual; no por llamar a una cosa de forma distinta a lo que es en la realidad, se convertirá en ello.Así que basta de cháchara, tengo que hacer mi trabajo; y tú, señorita, me vas a hechar una mano.
-No sé cocinar.-Dijo a modo de disculpa.
-Bueno, pues habrá que enseñarte; nadie nace aprendido.-Contestó mientras le ataba a la cintura un delantal blanco y le colocaba un pañuelo en la cabeza.
LA mujer siguió removiendo su mezcla mientras le pedía a Abi que fuera añadiendo más ingredientes.
Al cabo de una hora ya estaban decorando la tarta con la manga pastelera de nata.
-¿Se te da bien dibujar?-Preguntó de pronto la mujer.
-Sí.-Respondió con una sonrisa.
-Bueno, pues comienza a decorar los bordes.-Dijo tendiéndole un pincel fino y un cuenco rebosante de chocolate.
Abi se mordió el labio interior como solía hacer cuando no sabía que dibujar.
Empezó trazando una fina línea y luego comenzó a dibujar pequeñas ramificaciones, en torno a ella.Un rizo se escurrió de su pañuelo y resbaló sobre su mejilla hasta situarse justo delante de sus ojos; con un leve soplido lo apartó de su vista, consciente de que en menos de dos minutos estaría de nuevo bamboleándose ante sus ojos.
Abatwa fregaba los útiles de cocina mientras silbaba una delicada melodía.La mujer consultó su reloj, ya casi eran las dos del mediodía.La mujer fue hacia Abi y miró su dibujo.
-Esta muy bien, pero debería de poner ``Bienvenida´´.-Comentó.
Abi se giró y la miró interrogativamente.
-Una bienvenida no es lo mismo sin tarta.-Dijo guiñándole un ojo.
-Pero, no hacía falta...yo no necesitaba esto...
-Caleb me trae recetas de tu mundo, hacía tiempo que me trajo la de esta tarta y nunca tenía oportunidad de hacerla, tu llegada se merece una tarta.-Abi se sonrojó levemente.
Un niño entró trotando en la cocina.
-Abat, tengo hambre¿que hay de comer?-Dijo sin reparar en la presencia de Abi.
La mujer señaló la tarta y Soul vio a Abi.
-¿Tarta?¿Comeremos tarta?-Los ojos del niño se iluminaron ante la idea.
-Sí, pero antes hay verdura y carne, no puedes comer solo tarta.
-¿Por qué no?
-Te pondrás malo y no me apetece tener que llevarte la cena a la cama.-Dijo Abatwa.-Así que avisa a los demás y ve a lavarte las manos, muchachito.-Añadió.
Soul se cruzó de brazos y abrió la boca para protestar, pero la seria mirada de la mujer no admitía reproche alguno, Soul se giró y salió de la cocina refunfuñando.
-Si no te pones firme, no hay quien pueda con ese niño.-Dijo la mujer.
-Venga ya, pobrecito...-Comenzó Abi.
-No me vengas con lo de``pobre, no es más que un niño´´.-La cortó.-¿Acaso no te ha enseñado tu padre que a los mayores no se les discute nada?-Abi quiso responderle, pero al mujer continuó.-Además, esta es mi cocina, la única parte de la casa dónde puedo hacer lo que me venga en gana sin que nadie me lo lo reproche; y mientras siga siendo la cocinera, se hará lo que yo diga con la comida.-Dijo amenazándole con una cuchara de madera.
-Ya sé con quién no me debo de meter.-Dijo Abi con una sonrisa.
La expresión severa de la mujer se borró y dejó paso a una amable sonrisa.
-¿sabes?Tengo el presentimiento de que tú y yo nos vamos a llevar muy bien.-Dijo guiñándole un ojo.














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