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viernes, 28 de junio de 2013

Brooke (Capítulo 15)

Rose se arrodilló junto a su cama y saco un libro enorme; estaba forrado en cuero marrón, en el medio de la portada había el dibujo en relieve de la cara de un anciano, sus ojos estaba cerrados y su boca sellada; una hebilla dorada situada en el medio de la portada mantenía el libro herméticamente cerrado; la chica se fijó que de la hebilla colgaba un pequeño candado del mismo material que ésta.
Rose se desabrochó el cuello de su vestido y sacó una cadena que rodeaba su cuello, de ella colgaba una pequeña llave ricamente adornada; la chica la metió en el candado y con un suave ¡clic! se abrió y el libro abrió los ojos: Abi lanzó una exclamación ahogada; los ojos de un color negro azabache se clavaron en los de ella.
-Brooke, ella es Abi; Abi éste es Brooke, es un libro mágico, no te asustes.-Dijo la chica.
-¡¿Que no me asuste?! Ha abierto los ojos, se ha movido, él solo.-chilló asustada.
-Tranquila, no te va a morder.
-¿Humana?-Preguntó el libro en tono despectivo.
Abi se puso de pie de un salto y señaló el libro aún mas asombrada.
-Rose... ha hablado, el libro... habló...-Tartamudeó la muchacha.
-Claro, uno tiene boca para algo.-Dijo el libro.
-Abi, cálmate, los demás ya estarán durmiendo, y si sigues chillando se van a despertar.
-Pero él habló, abre los ojos y, y...
-Tranquila, solo es magia, Brooke es mi libro de hechizos, no hay ningún conjuro que no tenga.-Explicó Rose mostrándole las páginas a la muchacha.
-Rose, ahí solo hay páginas en blanco; no hay nada escrito.
-Fíjate más, concéntrate.-Dijo Rose.
Abi hizo lo que la chica le pedía, pero seguía sin ver nada.La chica la miró inquisitivamente.
Rose le puso la mano sobre la frente y formuló unas palabras en un idioma que Abi no conocía. Cuando la chica abrió los ojos de nuevo vislumbró las letras negras escritas en estilo gótico.
-Esta en Zariano, es el idioma de los magos.-Explicó la chica.
-¿Zariano?-Preguntó confusa la chica.
-Sí, es el idioma de Zarion, la ciudad dónde nace la magia de Arthros.
-Creía que todo en este mundo era mágico.-Comentó la chica.
-Sí, pero Zarion es dónde se concentra el mayor nivel de poder mágico, es allí dónde se creo La Cúpula que proteje todo Arthros.-Explicó Rose.-Además, es allí dónde los niños con poderes aprenden el oficio de magos, o brujas en el caso de las niñas.-Añadió Rose.
-¿Tú eres una bruja?-Preguntó Abi.
-Bueno, aún me queda mucho por aprender, además sucederé a mi padre en el rango de Guardián y tendré que dejar los estudios de magia.
-Es una verdadera lastima que tanto talento se desperdicie en cazar a esos bichos.-Murmuró Brooke.
-¡Brooke! Los Guardianes protejen a los ciudadanos de Arthros desde que se llevó a cabo La División y el simple hecho de descender de una familia de Guardianes ya es algo de lo que la gente debería sentirse orgullosa.
Rose parecía realmente molesta por el comentario de Brooke y había ido elevando la voz con cada palabra que había dicho.
De repente sonaron unos golpes en la puerta y ésta se abrió.
-¡Chicas! podíais armar menos jaleo, se os oye desde la otra punta del pasillo, no sé cómo no se ha despertado nadie.-Dijo Caleb.
Llevaba su gabardina negra y sus botas a juego, del cinturón colgaban un arsenal de cuchillos y dagas, y a la espalda llevaba aquella enorme espada que había intimidado a Abi cuando le vio en su forma humana.
-No estaba gritando.-Protestó Rose.
-Bueno, pues déjate de discusiones, no tenemos toda la noche.-Dijo Caleb.
Rose puso los ojos en blanco y cogió una tiza blanca de su tocador, apartó la alfombra de pelo rosa sintético, situada a los pies de la cama y dibujó un círculo dividido en dos, en cuyo centro había dibujado una estrella de cinco puntas.Colocó a Brooke sobre la estrella e hizo que los tres chicos formasen un círculo alrededor de él cogidos de la manos y comenzó a recitar algo en Zariano.El círculo se iluminó con una luz cegadora que hizo que Abi cerrase los ojos; y acto seguido desaparecieron sin dejar rastro, tan solo quedó el dibujo del círculo y la estrella emitiendo una ténue luz.
Aparecieron junto al árbol del instituto que había llevado a Caleb y a Abi a Arthros.
La chica se empezó a marear y tuvo que apoyarse en el tronco del árbol para no caerse.
-Abi¿estás bien?-Rose la miró preocupada.
Caleb se arrodilló junto a ella y le puso la mano sobre la frente.
-Está helada.-Dijo el muchacho.
-Seguramente se habrá mareado, a mí también me pasó la primera vez que me teletransporté.
Caleb le tendió la mano y la ayudo a incorporarse.
-Cierra los ojos con fuerza y vuelve a abrirlos un par de veces.-Aconsejó el chico.
Abi hizo lo que le mandó.
-¿Mejor?-La chica asintió.
-Bien, pues pongámonos en marcha, tenemos que estar de vuelta antes de que amanezca.-Dijo Rose.
Los tres se encaminaron hacia el árbol por el que Abi había trepado el día de la exposición de Nathalie. Una imagen suya apareció en la cabeza de Abi como si fuese un relámpago.
Caleb fue el primero en saltar al otro lado de la verja, cogió a rose cuando saltó y después a Abi.
Los chicos comenzaron a correr por la acera esquivando a las parejas que paseaban, cogidos de la mano, a la luz de la luna.
Abi estaba acostumbrada a correr, el entrenador siempre le decía que a pesar de su corta edad era muy rápida; pero ya hacía tiempo que no había ido a entrenar y le costó un poco adaptarse al paso rápido de sus compañeros.
Cuando ya habían recorrido cuatro manzanas la chica se dio cuenta de que nadie se había fijado en ellos, era como si nunca hubiesen pasado por allí. Rose, adivinando sus pensamientos, la miró sonriente.
-Es magia, somos totalmente invisibles.-Explicó la chica.
-Creía que no podíais hacer magia en mi mundo.-Jadeó.
-Puedo, si tengo a Brooke.-Dijo señalando la mochila de cuero que llevaba a la espalda.
Abi se preguntó cuando había recogido Rose el libro, la última vez que lo había visto estaba abierto sobre la estrella del círculo que había dibujado la muchacha.
Llegaron al hospital en apenas quince minutos, Abi estaba jadeando, intentando recuperar la compostura; Caleb y Rose no parecían cansados en absoluto, incluso estaban perfectamente peinados, como si se acabaran de arreglar en ese preciso instante.Ambos miraban con curiosidad el gran edificio.
-Rose, no podemos entrar, la hora de las visitas ha acabado ya, son las once y media.-Dijo Abi consultando su reloj; que, curiosamente, tenía la hora exacta a pesar de que en Arthros no funcionó.
Rose dijo algo en Zariano y los tres desaparecieron en la recepción del hospital; Abi no dejaba de sorprenderse de los poderes de la muchacha.
-Bueno, tú dirás a dónde quieres ir, pelirroja.-Dijo Caleb.
Abi echó a andar por el pasillo y llegó a la habitación de su madre.Allí estaba ella, tendida sobre la cama; conectada a esos monitores que registraban sus pulsaciones. Abi abrió la puerta con suavidad y entró en la habitación; Caleb hizo ademán de seguirla, pero Rose le cogió de un brazo y negó con la cabeza. La chica se acercó a la camilla y tomó de la mano a su madre, hubiera jurado que estaba más pálida que la última vez que la vio. Parecía que hubiesen pasado años, pero tan solo eran dos días; dos días en los que Abi se había dado cuenta de lo mucho que necesitaba a su madre. Cuarenta y ocho horas en las que había seguido a un lobo a través de un árbol y que había ido a parar a un mundo completamente nuevo, distinto al suyo, en el que había magos y brujas; vampiros y hadas, seres que mataban indiscriminadamente.
Era increíble pensar que todo aquello había sucedido en apenas dos días, pero lo que era aún más increíble, si cabe, era saber que todo lo que podría ser la perfecta trama de una novela fantástica, era totalmente real, desde el simple hecho de respirar el aire de Arthros, hasta los libros que almacenaban cientos de conjuros.
Las imágenes de todo lo que había vivido desde que atravesó el árbol hasta el mismo instante en el que llegaron al hospital, pasaron veloces por la cabeza de la muchacha.
Abi acarició la mano de su madre con cariño.
-Si te contara una cosa, dirías que estoy loca.-Murmuró pensando en su padre.

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viernes, 21 de junio de 2013

Indicios de magia (Capítulo 14)

Abi pensaba que todos cenarían en la cocina, pero tras llevar los alimentos al inmenso comedor, todos se sentaron alrededor de la mesa de roble.Lord Peniston presidía la mesa desde la silla con respaldo alto y posabrazos. La mesa era lo suficientemente larga como para que más de una treintena de personas comiesen cómodamente; pero tan solo las dos sillas situadas a ambos extremos de la mesa tenían posabrazos y estaban ricamente adornadas.
Todos habían comenzado a devorar sus respectivas cenas, pero el plato de Ventua esperaba, humeante, la llegada de su comensal.
De repente este comenzó a levitar en el aire haciendo que Abi saltara de su silla y lanzase una exclamación ahogada.Todos la miraron sorprendidos, y luego dirigieron su mirada hacia dónde el dedo de Abi apuntaba; un silencio incómodo se instaló en el comedor, y acto seguido la risa de Soul comenzó a hacerse eco por toda la estancia, el niño intentaba controlar sus carcajadas tapándose la boca con las manos, Rose le propinó un codazo para que se callase, al mismo tiempo que intentaba borrar la sonrisa de su cara.Los chicos no pudieron resistir más y sus carcajadas sonaron en toda la estancia; cuando Abi se quiso dar cuenta la cena de Ventua había desaparecido.
-Ya basta.-Dijo Lord Peniston.
Los chicos silenciaron sus risas al momento y dirigieron sus miradas hacia el hombre.
-Lo siento.-Se disculpó Rose.
-Abi, tenías que haber visto tu cara, ¡parecía que hubieses visto un fantasma!-Exclamó Soul.
La chica regresó a su silla, avergonzada por su reacción y clavó la vista en su plato.
-Cariño, aquí se puede hacer magia, Ventua solo ha hacho que la comida subiese a donde quiera que esté.-Explicó su padre.
-Ya...debí de darme cuenta.-Murmuró.
-No tienes por qué disculparte, es lógico que te asustases, la magia es algo a lo que tienes que acostumbrate.-Dijo Lord Peniston.
Durante el resto de la cena nadie mencionó nada sobre el tema y Abi mantuvo la vista fija en su comida.
Lord Peniston y Hans fueron los primeros en abandonar la estancia, Caleb quiso unirse a su conversación, pero el mayor de ellos  dijo algo sobre que eran asuntos de la Selbua y abandonaron la estancia dejando a los cuatro muchachos solos; pero Soul se escabuyó murmurando algo de que quería acabar de organizar su ejército.
El plato de Ventua bajó flotando en el aire, totalmente vacío, y se posó con delicadeza sobre la mesa; esta vez Abi intentó no asustarse, pero Rose y Caleb notaron su asombro.
-Ventua cena casi siempre en la biblioteca o en su habitación, le gusta estar solo.-Explicó Rose.
-Ya veo...-Murmuró Abi.
Abatwa entró en el comedor y fue recogiendo las cosas en silencio.
-¿Os gustó la tarta?-Preguntó con curiosidad.
-Claro, debería de volver a hacer una visita a los humanos, sus recetas no están nada mal.-Respondió Caleb mientras el guiñaba un ojo a la mujer.
-Ya sabes que ni a Lord Peniston ni a Hans les gusta que andes mucho por allí, es peligroso.
-Abat, por favor, se controlar mis cambios, nadie sospecharía de un pequeño cachorro, son demasiado adorables.
-Sí, pero se supone que os estoy vigilando, no quiero tener que aguantar un enfado de Bastak, ese hombre se pone realmente furioso cuando alguien le desobedece.-Caleb puso los ojos en blanco.
-De vez en cuando hay que divertirse, y los humanos saben como hacerlo.
-Además, su ropa es mucho más cómoda y glamurosa.-Añadió Rose.-Es una lástima que no la pueda usar aquí.
-Sí, pero lo mejor son esas cosas que corren tanto, las motos; eso es realmente fantástico...
-¡Niños! ya basta, no me apetece que me contéis todos vuestros viajecitos por allí; por si no os habéis dado cuenta, tengo muchas cosas que hacer.-Dijo la mujer.
-Apuesto lo que quieras a que te lo pasarías bien si viniese con nosotros.-Dijo Caleb.
-Jovencito, yo me dedico a la cocina y a cuidar de la casa, y ya sabes que a mí las cosas esas de magia no me importan lo más mínimo.Soy demasiado vieja para ir a vivir aventuras con vosotros.
-Si vinieras de compras, cambiarías de opinión.-Comentó Rose.
Abatwa acabó de recoger la mesa y desapareció en la cocina sin darles una contestación.
-Rose, Caleb, ¿creeís que podríamos ir a mi mundo?-Los chicos la miraron perplejos.
-¡Para qué?-Preguntó el chico.
-Necesito ver que mi madre esta bien, y los demás estarás buscándome...
-No, no te preocupes,-la cotó Rose-hice un hechizo de magia en el que no notan tu ausencia; es como si estuvieses allí, solo que no lo estás-Explicó la muchacha.
-¿Una doble?-Preguntó la pelirroja.
-No, ellos te ven, hablan contigo y tu les contestas; pero a los ojos de la gente que no te conoce eres invisible; el conjuro para hacer dobles es muy complicado y Rose aún no sabe hacerlo, así que hizo una imagen tuya a tamaño real con la que pueden convivir, solo que no es real.-Aclaró Caleb.
-¿están viviendo con alguien invisible a los ojos de los demás?
Caleb chasqueó la lengua.
-Exacto.
-Bueno, ¿y que pasa con mamá? Ella está en coma, no podía verme, pero sí oírme.
-Vale, vale, esta noche nos daremos una vueltecita por tu mundo; pero no digas nada; Lord Peniston me mataría si se llegase a enterar que te llevo por ahí.-Dijo Caleb.
-Pues yo también voy.-Dijo Rose.
-¿Y Soul?
-Caleb, Soul se queda, es demasiado pequeño...-Empezó Rose.
-Soy demasiado pequeño ¿para qué?-Soul estaba en la puerta del comedor con dos muñecos vestidos de militares; el niño miraba inquisitivamente a Caleb y a Rose respectivamente a la espera de una respuesta.
-Para anda, Soul, vete a tu cuarto.-Dijo Rose.
-Mientes, dijiste que era muy pequeño; pero sabes que soy mayor.-Respondió testarudo.
-Soul, tu hermana decía que eres demasiado pequeño para ayudarnos a amueblar la habitación de Abi, los muebles son muy pesados.-Dijo Caleb inventándose una excusa.
Soul le miró sin creerse del todo su explicación, pero al final se encogió de hombros.
-No me gusta decorar  las habitaciones,yo solo quería saber si queréis jugar conmigo.-Dijo mostrándoles sus juguetes.
-Claro, ahora subo, vete a sacar los juguetes.-Soul hizo caso a Caleb y salió corriendo camino a su habitación.
-Buena excusa, yo no habría hecho mejor.-Comentó Rose.
Caleb le dedicó una de sus medias sonrisas.
-Bueno, esta noche os iré a buscar a vuestros cuartos y nos iremos; así que no os quedéis dormidas.
-No te preocupes, Abi y yo estaremos en mi habitación,-dijo Rose-las paredes de tu habitación están recién pintadas, no me gustaría verte intoxicada por el olor.-Añadió mirando a Abi.
-Pues hasta después.-Caleb se levantó de su silla y salió del comedor para dirigirse a la habitación de Soul y jugar con él.
Las chicas también subieron tras ayudarle a Abatwa a fregar los platos.
Rose tenía toda su habitación perfectamente ordenada, excepto el biombo con motivos japoneses, del que colgaban numerosas prendas de ropa.El aire olía a una mezcla entre colonia de rosas y maquillaje.
Sobre el tocador había varios neceseres y botes de colonia. Rose se dirigió hacia el y se sentó en la butaca de cuero negro situada en frente del tocador.Abrió un neceser y comenzó a sacar montones de botecitos con esmalte de uñas de distintos colores.-Abi miraba todo aquello asombrada por la cantidad de cosméticos de su compañera.
-Maldita sea, no encuentro nada.-Murmuró la chica mientras comenzaba a rebuscar en el siguiente neceser.
-¿Todo lo que tienes ahí es maquillaje?-Preguntó Abi.
-Claro, en vuestro mundo hay un montón de tiendas dónde se pueden comprar, aquí no hay casi nada; me encantaría poder vivir en tu mundo; pero por otra parte creo que echaría de menos la caza.-Contestó la muchacha.
-¿Os gusta cazar a los Dolontes?-Preguntó la pelirroja.
-Bueno, no nos desagrada, lo único que es asqueroso es su sangre; es de color verde oscuros y es viscosa, se queda pegada a la ropa y es muy difícil de quitarla.
-¿No os da miedo que esos bichos os puedan matar?
-Siempre digo que la adrenalina supera al miedo.
Abi la miró sin entender lo que decía.
-Cuando estás ante un Dolonte sabes que lo tienes que matar, llevas años de entrenamiento, durante casi toda tu vida te preparan para esa lucha; pero podría decirse que es mágico.En los entrenamientos sabes que movimientos hay que hacer, que hay que matar sin piedad, pero en la realidad, la adrenalina y el ritmo frenético al que nos movemos cuando peleamos es frenético.Es algo especial, algo sin lo que no podría vivir.
Abi escuchaba atentamente su atención, cuando, de repente Rose se alzó triunfante con un pequeño bote de esmalte negro en la mano.
-Lo encontré-Declaró con una sonrisa.











sábado, 15 de junio de 2013

Abatwa (Capítulo 13)

Se hizo un silencio incómodo entre los dos chicos; que ninguno de ellos se atrevía a romper.
De repente la puerta de la habitación se abrió dejando ver a un niño de aproximadamente diez años de mediana estatura. Su pelo castaño le hacía unas pequeñas ondas a la altura de la nuca y sus ojos oscuros miraron a Abi y a Caleb respectivamente.
Abi dio por echo que aquel niño era el hermano pequeño de Rose; tenían el mismo color de pelo y ojos, pero él era mucho más delgado y bajito que ella.Llevaba una camisa gris y unos pantalones negros llenos de bolsillos que se abultaban al rededor de sus piernas.
-Caleb, Lord Peniston quiere que vayas a hablar con él.-El niño no apartó loa mirada de Abi, y la chica comenzó a sentirse incómoda.
-Bueno, pues vamos a ver que quiere,-dijo poniendo los ojos en blanco,- espérame aquí.-Le dijo a Abi.
Caleb salió de la habitación y el niño miró a los dos chicos sin saber muy bien que hacer.Decidió dejar sola a Abi e irse a su habitación mientras botaba una pelota a lo largo del pasillo.
LA chica se quedó sentada sobre la cama pensando en todo lo que Caleb le había explicado, pero nada cuadraba en su cabeza.Todo era demasiado irreal y complejo para ser cierto.``Desnudos ante el peligro´´ la voz de Caleb resonaba en su cabeza como un eco constante, repitiendo esa frase.
-Tiene que haber alguna forma de destruir a La Sombra.- pensó. La chica se puso en pie y salió en busca de Rose, sumida en sus pensamientos.Los pasillos estaban totalmente desiertos y Abi comenzó a preguntarse por qué aquella gente vivía en un edificio tan grande; las siete plantas que tenía en total eran enormes y la mayoría de las habitaciones estaban abandonadas. LA chica estuvo deambulando por todo el edificio sin saber que hacer, al final, decidió ir a la primera planta; de la cocina provenía un dulce olor a mantequilla derritiéndose. El estómago de la muchacha rugió recordándole que lo último que había comido era el conejo que Caleb había cazado cuando iban camino a Campbell; la chica entró en la cocina.Una mujer de avanzada edad estaba de espaldas a ella.Llevaba una blusa blanca remangada y una falda azul cubría por completo sus cortas piernas.
La mujer se giró al sentir su presencia y una amistosa sonrisa se dibujó en su cara provocando que le salieran un montón de pequeñas arrugas al rededor de sus ojos negros.
-Hola, jovencita.-Saludó.
-Hola.-Dijo Abi mientras le sonreía.
-¿Visitando las instalaciones?-Preguntó. Abi asintió a modo de respuesta.
-Un consejo, si te pierdes, baja a esta planta y ven a la cocina, aquí viene todo el mundo siempre que necesita un consejo.-Dijo mientras le guiñaba un ojo.
-Lo tendré en cuenta.
-Bueno, pues ya que estás aquí, prueba esto y dime que te parece.-Dijo ofreciéndole una mezcla amarillenta con olor a mantequilla. Abi la miró desconfiadamente, pero tras cavilar durante unos segundos se dejó llevar por su enfurecido estómago y optó por probarla .La mujer sonrió de nuevo.
-¿Y bien?
-Está muy buena, ¿qué es?.-Preguntó la muchacha.
-Es la mezcla para mi tarta, estoy segura de que te gustan los postres.
-Mucho.
-¡Vaya! Que despistada soy, me llamo Abatwa, no nos habían presentado.-Dijo mientras se ajustaba el pañuelo a la cabeza. Abi se fijó en sus puntiagudas orejas y se quedó observándolas boquiabierta. Abatwa notó su sorpresa.
-Provengo de un linaje de gnomos, pero en realidad soy una enana, por eso mis orejas son tan puntiagudas.-Explicó.
-Creía que los gnomos no existían, que solo eran personajes ficticios de cuentos para niños.-Dijo Abi.
Abatwa comenzó a reír a carcajada limpia sorprendiendo a la muchacha.
-Pequeña, probablemente, en los cuentos  para los niños de tu mundo se encuentra la única verdad que allí.
-¿Todos?-La mujer asintió.
-¿Hadas?¿Duendes, sirenas, dragones, elfos, vampiros, hombres lobo?-La mujer asintió de nuevo.
-Todos, esto es un mundo de magia, y aquí hay cualquier ser que se haya nombrado en los cuentos infantiles.Por desgracia, todo incluye a los espíritus malignos.-Dijo bajando la mirada hacia el bol donde tenía la masa.
-Sí,La Sombra... .-Dijo recordando las palabras de Caleb.
Abatwa no contestó, se limitó a seguir removiendo la masa.
-Abatwa, ¿puedo preguntarte algo?
-¿Puedo yo prohibírtelo?-Dijo con una amable sonrisa.Había algo en aquella mujer que le inspiraba paz y tranquilidad.
-¿Eres una Guardiana?-La mujer soltó una sonora carcajada y clavó sus oscuros ojos en la muchacha.
-Cielo, yo no puedo pasarme el día correteando por ahí mientras intento cazar monstruos; la gente tiene que comer y si yo no cocino, nadie lo hará.-Explicó.-Además alguien tendrá que controlar a todos esos niños, incluida tú. Yo soy demasiado vieja para todo eso de la lucha y los enanos no desarrollamos la magia.Somos un pueblo que vive en equilibrio con la naturaleza.-Añadió
-¿Por qué no podéis hacer magia?-Preguntó de nuevo la chica.
-No tenemos la necesidad de forzar a la naturaleza.Pero tú quizás puedas aprender.
-¿Yo?
-Sí, claro¿ quién si no?No hay nadie más aquí.
-Sí, bueno...no creo que se me de bien.Nunca aprendí ningún truco de magia en mi mundo...
-Por favor, en tu mundo no existe la magia, se ha extinguido, lo único que hay son un puñado de humanos que barajan unas cartas y te dicen cual es la que elegiste, tan solo son unos estafadores que se gana la vida así.
-Sí, pero eso es lo más parecido a la magia que he visto.
-¿Llamarías a esto tarta?-Dijo mostrándole la masa.
-No, eso solo son ingredientes mezclados.-Respondió la chica.
-Pues con la magia es igual; no por llamar a una cosa de forma distinta a lo que es en la realidad, se convertirá en ello.Así que basta de cháchara, tengo que hacer mi trabajo; y tú, señorita, me vas a hechar una mano.
-No sé cocinar.-Dijo a modo de disculpa.
-Bueno, pues habrá que enseñarte; nadie nace aprendido.-Contestó mientras le ataba a la cintura un delantal blanco y le colocaba un pañuelo en la cabeza.
LA mujer siguió removiendo su mezcla mientras le pedía a Abi que fuera añadiendo más ingredientes.
Al cabo de una hora ya estaban decorando la tarta con la manga pastelera de nata.
-¿Se te da bien dibujar?-Preguntó de pronto la mujer.
-Sí.-Respondió con una sonrisa.
-Bueno, pues comienza a decorar los bordes.-Dijo tendiéndole un pincel fino y un cuenco rebosante de chocolate.
Abi se mordió el labio interior como solía hacer cuando no sabía que dibujar.
Empezó trazando una fina línea y luego comenzó a dibujar pequeñas ramificaciones, en torno a ella.Un rizo se escurrió de su pañuelo y resbaló sobre su mejilla hasta situarse justo delante de sus ojos; con un leve soplido lo apartó de su vista, consciente de que en menos de dos minutos estaría de nuevo bamboleándose ante sus ojos.
Abatwa fregaba los útiles de cocina mientras silbaba una delicada melodía.La mujer consultó su reloj, ya casi eran las dos del mediodía.La mujer fue hacia Abi y miró su dibujo.
-Esta muy bien, pero debería de poner ``Bienvenida´´.-Comentó.
Abi se giró y la miró interrogativamente.
-Una bienvenida no es lo mismo sin tarta.-Dijo guiñándole un ojo.
-Pero, no hacía falta...yo no necesitaba esto...
-Caleb me trae recetas de tu mundo, hacía tiempo que me trajo la de esta tarta y nunca tenía oportunidad de hacerla, tu llegada se merece una tarta.-Abi se sonrojó levemente.
Un niño entró trotando en la cocina.
-Abat, tengo hambre¿que hay de comer?-Dijo sin reparar en la presencia de Abi.
La mujer señaló la tarta y Soul vio a Abi.
-¿Tarta?¿Comeremos tarta?-Los ojos del niño se iluminaron ante la idea.
-Sí, pero antes hay verdura y carne, no puedes comer solo tarta.
-¿Por qué no?
-Te pondrás malo y no me apetece tener que llevarte la cena a la cama.-Dijo Abatwa.-Así que avisa a los demás y ve a lavarte las manos, muchachito.-Añadió.
Soul se cruzó de brazos y abrió la boca para protestar, pero la seria mirada de la mujer no admitía reproche alguno, Soul se giró y salió de la cocina refunfuñando.
-Si no te pones firme, no hay quien pueda con ese niño.-Dijo la mujer.
-Venga ya, pobrecito...-Comenzó Abi.
-No me vengas con lo de``pobre, no es más que un niño´´.-La cortó.-¿Acaso no te ha enseñado tu padre que a los mayores no se les discute nada?-Abi quiso responderle, pero al mujer continuó.-Además, esta es mi cocina, la única parte de la casa dónde puedo hacer lo que me venga en gana sin que nadie me lo lo reproche; y mientras siga siendo la cocinera, se hará lo que yo diga con la comida.-Dijo amenazándole con una cuchara de madera.
-Ya sé con quién no me debo de meter.-Dijo Abi con una sonrisa.
La expresión severa de la mujer se borró y dejó paso a una amable sonrisa.
-¿sabes?Tengo el presentimiento de que tú y yo nos vamos a llevar muy bien.-Dijo guiñándole un ojo.














sábado, 8 de junio de 2013

Cambiantes (Capítulo 12)

-Algunas personas creen en él.-Respondió.
-¿Y tú?¿Crees en Dios?-Preguntó de nuevo.
-La gente cree que Dios es nuestro padre.Pero un padre jamás se olvida de sus hijos, y si se ha olvidado, es que no es un Dios.-Contestó.
Rose quiso decirle algo para romper aquel incómodo silencio que se había quedado flotando en el aire.
-¿Qué es La Sombra?-Preguntó la pelirroja, cambiando de tema.
ose negó con la cabeza y se fue, dejándola un vez más sola.
Parecía que todo el mundo tenía miedo de eso; evitaban hablar del tema cuando lo preguntaba, o simplemente hacían como que no la habían oído hablar.
La muchacha decidió buscar a Caleb,después de lo que Rose le había dicho sentía la necesidad de disculparse con él. Se paró en la tercera planta dónde había una inmensa puerta de madera de doble hoja llena de relieves que representaban a ángeles y a demonios luchando entre ellos. -¿Cómo no la he visto antes?- pensó. La chica empujó la pesada puerta y esta se abrió con un leve chirrido.
La sala era realmente grande.La chica calculó que debía medir sobre veinte metros de largo y quince de ancho. Las estanterías llegaban hasta el techo y apoyadas sobre algunas de ellas, había unas escaleras.Además de estanterías llenas de polvorientos libros, también había mesas y sillas a disposición de los lectores y una gran chimenea rodeada de butacones aterciopelados.
Los libros estaban perfectamente clasificados en cada estante con una etiqueta con el nombre de su contenido.``Ciencias, Literatura, Astrología, Historia...´´ La chica no buscaba nada en concreto pero quizás en alguno de esos libros hubiese algo escrito sobre La Sombra  empezó a recorrer la estancia leyendo los cartelitos de cada estantería. Al final de la habitación había un cartel con el nombre de Arhtros. Comenzó a pasar el dedo sobre el lomo de los libros para leer sus títulos. ``Magia Negra, Dolontes, Hadas El Inicio, Cambiantes...´´ El dedo de Abi volvió inconscientemente al libro forrado en piel con el título de ``Cambiantes´´ gravado con letras doradas en su lomo. La chica lo cogió con sumo cuidado y sopló sobre él, una pequeña nube de polvo se quedó flotando en el aire.Lo abrió.
´´Los cambiantes son niños que fueron alterados genéticamente cuando aún estaban en el vientre de sus madres. 
Para que un niño tenga los poderes de un cambiantes su madre debe de someterse a conjuros de Magia Negra, y los sacrificios que ellos implican. Tales como derramamiento de sangre, entre otros.
Los cambiantes están considerados seres potencialmente peligrosos; por lo que su creación implica y sus futuros actos que pondrán en peligro la vida de los ciudadanos y de su propia familia. Su creación es totalmente ilegal al ser criaturas antinaturales. Además son incapaces de desarrollar la magia por su inestabilidad corpórea.
Para liberar a un cambiante de sus continuos cambios se debe eliminar los conjuros de Magia Negra practicándole un exorcismo antes de que lleguen a la adolescencia y comiencen a cambiar, a partir de esta edad, la única manera de eliminar la Magia Negra es mediante la muerte...´´
De repente, alguien le arrebató el libro de las manos y lo cerró de golpe provocando que más volutas de polvo se quedasen en una nube suspendida en el aire.
Abi estaba a punto de protestar, pero mantuvo la boca cerrada al toparse con los ojos grises de un muchacho.Era Ventua.
-¿Qué se supone que haces aquí, niña?-Preguntó mientras se inclinaba hacia ella.-Esta es mi biblioteca y que yo sepa te he invitado a pasar.
Abi le miró fijamente: Llevaba el pelo revuelto, al igual que Caleb, pero el suyo era de un color negro azabache.Sus ojos grises mostraban el desprecio que el muchacho sentía hacia ella. Llevaba una gabardina negra abotonada y en el cuello lucía un pañuelo gris, a juego con sus ojos y sus manos estaban cubiertas por unos guantes negros.También usaba unas botas como las de Caleb.
-No me has oído ¿o qué? Te he preguntado que qué hacías husmeando por aquí.-Siseó.
-Solo quería saber que es La Sombra. Respondió retándole con la mirada. Abi notó un atisbo de sorpresa en los ojos del muchacho, pero enseguida recobró la compostura y contraatacó.
-No creo que los libros te sirvan de mucho porque al parecer no leíste que aquí pone ``Cambiantes´´.-Dijo señalando el título del libro.
Abi le sostuvo la mirada, no estaba dispuesta a dejarse intimidar.
-Ventua ¿no?-Preguntó-Sí, creo que alguien me mencionó en algún momento que era mejor no hablar contigo.
-Niña, te lo dejaré muy claro.En esta biblioteca solo hay dos reglas: No molestar al encargado y no entrar si nadie te ha invitado.
-Vaya, no sabía que necesitaba un pase VIP, nadie me lo había mencionado.-Dijo sarcásticamente.
-Que hayas llegado hoy y que seas una Grunklee no quiere decir que seas bienvenida.
Abi le miró por última vez a los ojos, el muchacho esbozó una media sonrisa y Abi se dio la vuelta y caminó hacia el pasillo; notaba la mirada de Ventua clavada en su nuca.
Al salir cerró la puerta con un golpe seco y recorrió el pasillo sumida en sus pensamientos. No hizo falta que caminase mucho para encontrase con Caleb. Él la miró, no fue nada más que una mirada, pero en ella había una carga de dolor y tal vez...¿desilusión? la chica no estaba segura pero el sentimiento de culpabilidad volvió a aflorar en ella.
-Caleb...-El chico se giró y la miró a los ojos.-lo siento.-Murmuro la chica. El chico abrió más sus elécticos ojos, el chico se dio la vuelta para seguir su camino pero Abi le cogió del brazo e hizo que se girase.-¿Qué es La Sombra?-Preguntó.
-La Sombra es ``la mala de la película´´.-Explicó.-El muchacho echo a andar y Abi le siguió para oír su explicación.-La Sombra existe desde que se produjo La División.-Abi escuchaba atentamente.-Es un espíritu maligno, esta relacionado con los Dolontes, en cierta manera, puede usarlos como si fueran una especie de ejército cuando tiene suficiente energía; y puede adaptar cualquier forma, desde una humana, animal o una nube de azufre.-Explicó.
-¿Azufre, una nube de azufre?-Preguntó.
-En el año 212 hubo un ataque en el que La Sombra apareció en forma de una nube de azufre y arrasó con todo. Cada cien años puede renovar sus fuerzas y atacar.
-Pero¿cual es su objetivo?-Caleb abrió la puerta de su habitación y la invito a pasar.Ambos tomaron asiento en la cama. Su habitación tenía las paredes pintadas de azul y estaba escasamente decorada, tan solo unos mapas de Arthros colgaban de la pared, un escritorio con su silla, la cama, la mesilla de noche y un  armario.
-No tiene ningún objetivo, es deseo de matar.
-¿Qué sentido tiene eso?-Preguntó la chica, confusa.
-Ese es el problema, no importa destruir, ni matar; arrasa con todo.Hay la creencia de que La Sombra ya existía, en otro mundo, en otra dimensión y que la destruyó.
-¿Qué dimensión?
-No lo sé.
-A ver, digamos que La Sombra es el mal.¿Cómo hacéis para mantenerla a raya?
-Tenemos construida una barrera mágica alrededor de todo Arthros. Pero necesita mucho poder mágico; y aunque la mayor parte de los seres que pueden hacer magia concentra mucha en ella, La Cúpula es demasiado grande y cada vez hay menos magia; además cuando La Sombra consigue más poder puede tirarla y arrasar con todo de nuevo.
Abi escuchaba atentamente la explicación de Caleb, pero todo aquello seguía pareciéndole irreal.
-¿Y los Guardianes no podéis hacer nada para evitarlo?-Preguntó la muchacha.
-Cuando La Sombra se hace más fuerte el número de Dolontes se incrementa y se vuelven más feroces; atacan en grupos y arrasan con todo. Nosotros intentamos proteger a la gente, pero cuando son muchos es muy difícil.
-¿La Sombra aparece exactamente cada cien años?-Preguntó la chica.
-Hasta ahora sí, pero esta vez parece que se está adelantando; faltan treinta años para que cobrase más fuerza.-Abi tragó saliva.
-¿No podéis matarla?
-¿A La Sombra?-Preguntó sarcástico, pero al ver el asentimiento de Abi suspiró.-Ojalá fuese tan fácil, pero se regenera, es un demonio.
-¿También existen los ángeles?
Caleb clavó su mirada en la de Abi y esbozó una media sonrisa.
-No creo que haya de eso; las leyendas decían que antes de La División sí que había, pero tras ella abandonaron ambos mundos dejando a los hombres ``desnudos antes el peligro´´.
-Eso último ha sonado muy poético.-Comentó.
-Es un pequeño fragmento del Inicio; es el primer libro que se escribió, es algo así como nuestra Biblia.
En la cabeza de Abi empezaron a pasar imágenes de los libros de la biblioteca, la imagen de un libro forrado en cuero con letras en color negro ocupo su mente.
Caleb se levantó y fue hacia la ventana, se quedó allí, contemplando el paisaje. La chica se quedó observándole, a pesar de tener mas o menos su edad la chica lo visualizó como a un hombre adulto.
-A ver, según lo que me acabas de explicar.. ¿estamos solos contra el mal?-Preguntó Abi.
-¿Lo dices  por lo de que no hay ángeles?-La chica asintió.
-Nadie ha visto nunca a un ángel, en cambio,La Sombra  siempre esta presente.
-Me parece injusto que no haya nada más que una cúpula que nos proteja de las cosas malas, y que tengais que jugaros la vida ante unos monstruos de origen demoníaco.-Explicó la chica.
-Nadie dijo que fuera fácil .-Respondió Caleb.