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sábado, 24 de enero de 2015

Capítulo 26: El Portal

El tiempo pasaba y ni Hans ni el resto de los Guardianes de Campbell regresaba. Pero, cuando su esperanza estaba bajo mínimos, dos puntos luminosos se unieron a los diez que ya estaban brillando; Ghasor y Beneah habían cedido a activar el Círculo tras recibir una exhaustiva explicación por parte de los Campbellienses.
La luz que iluminaba el mapa de las ciudades, dónde aparecían iluminadas por un puntito, se intensificó hasta obligar a todos los presentes a apartar la vista.
-¡Necios!
Todos se giraron para ver quién había gritado, pero su voz era inconfundible. Lord Peniston les sostuvo la mirada con entereza, aún así, no puedo evitar que sus compañeros notasen ese incipiente nerviosismo que llevaba hormigueando en sus venas desde que mencionaron viajar hasta Zarion y entrar en la sede de la Selbua.
-¡Sois unos necios!-repitió sin apartar la vista del grupo-eso traerá la desgracia a todo Arthros.
-Bastak...-comenzó Marcus.
El director centró su atención en el padre de Rose, dedicándole una reprochadora mirada.
-¡No tenéis ni idea de lo que habéis hecho! Acabais de abrir las puertas del mismísimo infierno-la voz del hombre fue subiendo de tono, sonaba cómo si estuviese recitando una profecía, el eco de sus palabras rebotaba una y otra vez en los muros de la estancia, poco a poco iban calando hondamente en las mentes de todos los allí reunidos sin que ellos fuesen conscientes,
De repente, la intensa luz que había surgido sobre el mapa de Arthros cuando las dos últimas ciudades se unieron al Círculo, se extinguió. El suelo comenzó a vibrar haciendo que se desprendiesen del techo y de las paredes pequeñas piedrecillas.
El mapa desapareció en el aire sin previo aviso para dar paso a una masa negruzca que comenzó a invadir toda la pared hasta cubrirla por completo. Todos dieron un paso atrás, intimidados por esa cosa que estaba creciendo en el edificio. Ventua desenvainó dos espadas y se colocó en una posición de defensa, alerta a cualquier ataque de aquella cosa.
Anne, la mujer de Marcus, se acercó al muchacho para posar la mano sobre su hombro en un gesto protector; pero el chico no relajó su postura, estaba acostumbrado a no confiar en nadie y aunque los Guardianes de Campbell eran lo más parecido a su familia, no se fiaba totalmente de ellos.
Abi permaneció al lado de Caleb, el kalatary paseaba la vista de la pared cubierta por aquella extraña masa a la chica, preparado para alejarla de allí si se avecinaba cualquier tipo de peligro. Tenía la necesidad de protegerla, y sentía la necesidad de esconderla de todo aquello.
La masa comenzó a girar lentamente sobre sí misma.
-Es un portal-sentenció Rose, que estaba consultando las páginas de Brooke.
-El Portal de Zarion-añadió Soul, que era incapaz de apartar la vista de la pared.
Lord Peniston comenzó a alejarse, primero, lentamente para luego salir corriendo, sabía perfectamente que si quería escapar solo tendría una oportunidad para hacerlo, y esta era la suya.
Bajó las escaleras a todo correr, con cuidado de no tropezarse con la capa que lo identificaba como director de aquella escuela.
La repentina claridad del sol le obligó a pestañear varias veces para poder adaptar sus pupilas a la luz.
Nathan, que había abandonado el edificio minutos después de la repentina intromisión de Abi, descansaba en su forma lobuna sobre el camino que dividía el patio del edificio en dos. El lobo se puso alerta al oír unos pasos; levantó la cabeza para encontrarse con un apurado director que abandonaba el edificio. Se levantó y se puso frente a él para cortarle el paso, ¿a dónde iba ahora? ¿por qué tanta prisa?¿tendría eso algo que ver con la activación del Círculo?
-¡Largo de aquí, chucho!-exclamó el hombre justo antes de propinarle una patada en el costado izquierdo.
Nathan dejó escapar un aullido, más por la sorpresa que por el dolor. No tardó en recuperar la compostura y agarrar con los dientes la capa de Bastak, impidiéndole seguir. el hombre se giró para dedicarle una mirada envenenada.
Nathan no pasó por alto cómo la mano del director se dirigía a la empuñadura de un cuchillo que quedaba semioculto por la capa.
El arma pasó rozándole el lomo, recortándole unos cuantos milímetros el pelaje de esa zona. Estaba claro que ese hombre no jugaba en su bando.


Una fuerza invisible tiró de Abi hacia dentro y, durante unos segundos que se le hicieron eternos, quedó suspendida en medio de ninguna parte, rodeada de la masa negruzca que, desde allí dentro, lanzaba pequeños destellos dorados a su alrededor. De repente, la gravedad volvió a reclamarla y el suelo se abrió paso entre la masa sin previo aviso, Abi cerró los ojos en un acto reflejo y colocó los brazos formando una cruz delante de su cara para amortiguar una caída que nunca llegó. Unos brazos firmes y fuertes impidieron que quedase hecha papilla contra el pavimento, cuando se atrevió a abrir los ojos de nuevo se encontró con unas pupilas en las que pequeñas chispas azuladas bailoteaban inquietas, Caleb le sostuvo la mirada durante unos segundos más y, por segunda vez, Abi tuvo la sensación de que el tiempo se paraba.
-¿Todo bien, pelirroja?
La voz del chico la devolvió a la tierra, agitó la cabeza afirmativamente.
-¡Esto es una pasada!-exclamó Soul, que admiraba maravillado la estancia en la que se encontraban.
La chica se incorporó, no sin que una ligera sensación de mareo la invadiese.
Estaban en una especie de cueva oval, iluminada por unas pequeñas bolas de fuego que crepitaban a un metro del suelo, ocupando todo el largo de la pared. El suelo estaba cubierto por una alfombra ricamente adornada. Abi se dio cuenta de que el dibujo era un mapa de Arthros.
No tardó en aparecer una figura cubierta de pies a cabeza con una túnica de un blanco impoluto, a la altura del pecho llevaba una M llena de florituras hecha con hilo dorado. La misteriosa figura se quitó la capucha que le cubría la cabeza y les impedía ver su rostro.
Unos ojos ambarinos los miraron con seriedad.
-Bienvenidos, Guardianes de Campbell-dijo con una voz clara y sonora que hizo eco en toda la estancia.


Lord Peniston desenvainó otro de sus cuchillos, su cinturón parecía albergar cualquier tipo de arma blanca, esta vez, la que eligió tenía una fina hoja de aproximadamente doce centímetros de largo, con una empuñadura adornada de pequeñas inscripciones.
El lobo mostraba sus dientes de manera amenazadora, gruñéndole. El hombre esbozó una media sonrisa al ver la reacción del animal.
-Vamos, Nathan; ambos sabemos que eres incapaz de hacerme daño.
El lobo soltó un gruñido en respuesta y echó las orejas hacia atrás.
-¿Acaso me equivoco?-siguió el director-¿traicionarías a tu patria para matarme?
Esas palabras le sentaron como una bofetada, Nathan no podía creer que Bastak fuese tan ruín de atacarle con eso.
El hombre se quitó la capa y la lanzó al suelo con un simple movimiento lleno de elegancia; llevaba puesto su traje de combate, que lanzaba pequeños destellos plateados a la luz del sol.
Nathan se lanzó hacia su yugular, pero el hombre se giró y el lobo solo consiguió alcanzarle el brazo, haciéndole jirones la manga de su traje. Bastak soltó un grito al sentir los dientes rasgándole la piel; nublado por la ira, el director atacó de nuevo y esta vez Nathan no pudo esquivarle; el cuchillo se introdujo en la carne del animal haciéndole un profundo corte dónde antes le había asestado la patada. Nathan dejó escapar un quejumbroso gemido, de la herida comenzó a brotar sangre y la piel que la rodeaba escocía demasiado para tratarse de un simple corte; fue entonces cuando el lobo comprendió que aquel hombre no dudaría en matarlo si tenía la oportunidad, aquello no era un juego, ni tan siquiera se trataba de una pelea, el arma con la que le había herido era de plata.
Bastak sonrió maliciosamente al ver la expresión del lobo.
-No eres más que un chucho-dijo con desdén-eres la deshonra de tu familia-continuó tras intentar herirle de nuevo.
Nathan intentó ignorar sus palabras, pero estas calaron hondo en su mente, repitiéndose una y otra vez. Aquello le había dolido más que el corte.
Agitó la cabeza para deshacerse de esos pensamientos y saltó sobre el director, dispuesto a deshacerle con sus garras.
Pero, nada más tirarlo al suelo se arrepintió, las patas le ardían, bajo su traje, Bastak llevaba una cota de malla hecha con plata.
El lobo saltó hacia atrás, con las patas delanteras ensangrentadas, habían bastado un par de segundos en contacto con la plata para dejarle unas doloras heridas. Ese tipo de protecciones, al igual que las armas de plata, se habían prohibido hacía años y, cualquiera que hiciese uso de ellas, sufría las represiones de la Selbua.
Más sorprendido por ese hecho que por el dolor producido por las quemaduras, se alejó un par de metros de él; sabía que, probablemente, también llevase protecciones de plata en las piernas, lo que le dejaba los brazos como único punto débil.
Estaba en medio de una lucha para la que no estaba preparado, con un oponente sin escrúpulos que no dudó en saltarse las leyes y usar plata, estaba en una lucha totalmente desigual en la que la suerte brillaba para su adversario.
Nathan esquivaba como podía las armas del director, pero las quemaduras le molestaban y el costado izquierdo le dolía enormemente, seguramente, la patada que le había dado propinado Bastak le había fragmentado alguna costilla y, a pesar de la rápida curación de los licántropos, necesitaría tiempo para que los huesos volviesen a soldarse en el lugar correcto, un tiempo del que carecía.



IMPORTANTE:
Sí, por fin he publicado, después de casi un año desaparecida he vuelto. 
Antes de nada, me gustaría pediros perdón por irme sin avisar, pero estoy en mi último año de instituto (curso 2º Bachillerato) y en mayo acabo las clases y me presento a selectividad, he estado muy ocupada con los estudios (de hecho apenas tengo tiempo libre) y, como espero que comprendáis, me era prácticamente imposible escribir, apenas tenía ideas y no quería publicar nada con lo que no me sintiera santisfecha.
Además de todo el tema escolar, pasé por una etapa bastante complicada y, por motivos familiares, no pude trabajar en la novela tanto como me gustaría. 
Os preguntaréis por qué no hice nada en verano, pero el poco tiempo libre que tuve lo use para descansar y desconectar un poco de todo.
Siento mucho comunicaros que, a pesar de que haya publicado este capítulo, me temo que, hasta mayo seguiré sin estar muy activa.
También he de explicaros, aunque seguramente ya os habreis dado cuenta, la novela está llegando a su fin. 
Desde el principio, esta historia ha tenido muy buena cogida y ha sido increíble, por eso me estoy planteando en hacer una segunda parte pero me gustaría someter a votación esto. Así que dejadme en los comentarios vuestra opinión. ¿Os gustaría que hubiese una segunda parte de Los Guardianes de Arthros?
Por último,pero no menos importante, quería daros las gracias por haberos molestado en leer esto, jamás pensé que os pudiese gustar. Muchas gracias.
¡Ah! Casi se me olvida, he puesto algún comentario por el blog con este enlace: http://www.wattpad.com/myworks ahí, tengo varias historias publicadas, algunos fanfics y otros, simplemente, son ``novelas´´ que me gustaría compartir con vosotros. Por si no os funciona el enlace os dejo mi nombre de usuario para que os paseis por mi perfil y cotilleis lo que llevo escrito: Abifischer
De nuevo, muchas gracias por todo.

sábado, 15 de febrero de 2014

Capítulo 25: Llamar antes de entrar

La chica permaneció al margen de todo aquello, los ocho se cogieron de las manos y Rose comenzó a murmurar unas palabras en un idioma que Abi no conocía. El suelo comenzó a iluminarse y sobre el grabado del ángel y el demonio apareció un mapa de Arthros, cuatro de los doce puntos estaban iluminados, los que representaban a las ciudades de Millute, Parsena, Seyal y Lunyep. Para cuando Rose acabó de recitar las palabras, el punto donde estaba situada Campbell también se iluminó.
Todos abrieron los ojos para mirar el mapa, pero al parecer tenían otras expectativas, porque en la cara de todos se podía leer la decepción, excepto quizás en la de Lord Peniston, que al parecer ya se esperaba algo así.
-Os dije que no funcionaría-sentenció el hombre.
-Aún pueden activarse...-comenzó Rose.
-Rose, sabíamos que era muy arriesgado, las posibilidades de que todas las ciudades respodieran eran muy remotas-fijo una de las mujeres.
Era realmente guapa; llevaba el pelo recogido en una trenza que le llegaba a la altura de los hombros, y sus ojos eran exactamente iguales a los de Rose y Soul; solo que. a su alrededor, ya se distinguían algunas arrugas propias de la edad.
El hombre que estaba a su lado le pasó el brazo por los hombros en una actitud protectora.
Abi dio por hecho que aquellos eran los padres de sus compañeros. Soul era una versión de aquel hombre cuando era niño.
Caleb se acercó a la chica.
-¿Contenta?-preguntó irónico.
La chica se limitó a darse la vuelta y salir de la estancia, bajó las escaleras y salió del edificio. Nathan seguía junto a la verja, sentado en el suelo. El lobo le dedicó una inquisitiva mirada.
-¡Que hace Nathan aquí?-preguntó Rose a su espalda.
Abi dio un respingo y giró sobre sus talones para enfrentarse a la chica.
-Nos acompañó a Caleb y a mí-respondió encogiéndose de hombros-no sabía que os conociéseis-añadió.
-Sí, bueno; nuestros padres son viejos conocidos.
El lobo asintió.
-Por cierto,¿quieres que te deje algo de ropa para cambiar de forma?-preguntó la chica al ver que no llevaba sus pantalones atados en la pata como solía hacer.
Nathan se tumbó en el suelo y Rose entró en el edificio en busca de algo para Nathan; dejándolos solos.
El silencio volvió a instalarse entre ellos, dejando que fuesen sus mentes las que hablasen.
Abi seguía dándole vueltas a lo ocurrido con Caleb, pero cuanto más pensaba en el chico más confusa se sentía.
Rose no tardó mucho en encontrar la ropa adecuada, unos pantalones y una camisa de Caleb, la chica bajó las escaleras a todo correr y salió del edificio.
El lobo se puso en pie cuando vio aparecer a Rose, la chica le tendió la ropa y Nathan se la llevo tras unos arbustos.
-Pensaba que los Guardianes y los hombres lobo no os llevabais muy bien-comentó Abi.
-Pues no, no tenemos ningún prejuicio hacia ellos, de hecho, hay Guardianes que son hombres lobo. Además, mis padres se llevaban genial con los suyos.
-Por cierto,¿ los que estaban en la sala de entrenamiento eran tus padres?
Rose asintió.
-Y la otra mujer es Tanya, no suele venir mucho por la escuela; ella vas más por libre, pero la necesitábamos para el ritual.
Nathan apareció con su forma humana haciendo una mueca de desagrado.
-¿Tenía que ser ropa de un cambiante?-preguntó molesto.
Rose le lanzó una mirada asesina.
-No le llames así-siseó.
Nathan puso los ojos en blanco.
-¿Para qué es el ritual?-preguntó Abi haciendo que ambos fijasen sus miradas sobre ella.
-¿No os lo explicó Caleb?
-¿Qué tenía que explicarnos?-preguntó el muchacho, receloso.
-Pues que estamos convocando a todos los Guardianes para activar El Círculo.
Nathan mantenía su mirada fija en Rose, sin dar crédito a lo que oía.
-¡¿Estáis locos?!-exclamó.
-Nathan...
-La Cúpula no va aguantar, cada vez es más frágil, y vosotros solo pensáis en quitarle la poca energía que la sostiene-la cortó.
Abi asistía a toda la discusión sin acabar de comprender todo aquello. La chica decidió ir en busca de su compañero, estaba harta de que siempre le ocultase las cosas.
Apenas había entrado en el edificio cuando se encontró a su padre.
-Hija, ven conmigo un momento, quiero presentarte a ...
-¡Ahora no!-dijo malhumorada.
No quería hablar con otra persona que no fuese Caleb, aquel chico le debía una explicación. Dejó a su padre con la palabra en la boca y subió hasta la cuarta planta, donde estaban las habitaciones. Empujó la puerta del muchacho sin llamar; el chico estaba buscando una camisa limpia en el armario y llevaba el torso desnudo; Abi se sonrojó levemente al verle así, pero a él no pareció importarle demasiado.
-No se en tu mundo, pero aquí tenemos la costumbre de llamar a la puerta antes de entrar-dijo mientras se ponía una camisa blanca.
La chica dejó a un lado su vergüenza y cargó contra él.
-¡A ti que te pasa?-preguntó cruzándose de brazos.
El chico enarcó una ceja.
-Contesta.
-¿Qué mosca te ha picado, pelirroja?
La chica odiaba que se hiciese el inocente, él sabía perfectamente por qué estaba enfadada.
-Que no sea una Guardiana como tú, no te da derecho a ocultarme las cosas.
-¡Ah!-exclamó el muchacho- Así que todo este número es por el ritual; pues que sepas que lo hice para protegerte.
Aquello ya era el colmo, ¿cómo podía tener la cara de decirle eso?
-¿Protegerme de qué, exactamente?-la escasa paciencia de la chica comenzaba a agotarse.
-Abi, las cosas no son cómo tú piensas-dijo intentando razonar con su compañera.
-Por el amor de Dios, no me vengas ahora de protector; creo que ya he demostrado que me puedo cuidar sola.
Caleb apretó la mandíbula.
-Ya te lo dije antes, y te lo repito ahora, deja de hacerte la heroína. No eres más que una niña.
-No pensabas eso cuando me besaste- comentó manteniéndose firme-¿o acaso me equivoco?-añadió intentando digerir las palabras de Caleb, ella también podía hacerle daño si eso era lo que quería.
-¡Eso no tiene nada que ver!-exclamó-Además, tú me devolviste el beso-dijo calmándose.
-Tú problema es que te crees superior a todos los demás, siempre vas por ahí haciéndote el interesante, contando las cosas a medias y cuando te pregunto sobre algo  saltas con lo de ``no puedo decírtelo´´ o ``no lo entenderías´´-dijo imitando su voz-cuando el que no quiere entender eres tú. Y si crees que con un simple beso vas a tenerme a tus pies, está muy equivocado, eso te habrá funcionado con otras chicas, pero no lo hará conmigo; yo no soy como ellas.
Caleb había permanecido totalmente mudo durante el discurso de Abi, pero abrió la boca para romper el silencio.
-Digas lo que digas-el chico se acercó a ella y le paso la mano por la mejilla delicadamente, demorándose en su labio inferior-ambos sabemos que te gusto-susurró.
Caleb acercó sus labios a los de la chica. Pero antes de que llegase a ellos, Abi lo empujó y  se giró malhumorada, dejando al chico desconcertado. La chica salió de la habitación dando un portazo.
Respiró profundamente un par de veces para serenarse. Era inútil razonar con aquel chico, y eso le ponía de los nervios.
Caleb supo encajar bien las palabras de la pelirroja, pero no esperaba que rehuyese de esa forma, aquello le había pillado por sorpresa. El chico se dejó caer en su cama, en lo más profundo de su mente sabía que ella tenía razón, Abi no era como las demás chicas, ella tenía algo especial, no sabía el qué, pero lo averiguaría.
Y por otra parte le gustaba hacerla enfadar, estaba adorable cuando le salían esas pequeñas arrugas en la frente.
``¿Pero qué dices? Ha sido una carga para ti desde que llegó, siempre haciendo preguntas y desobedeciendote.´´
El chico lanzó un largo suspiro y cerró los ojos.
``Aunque...quizás sea verdad, y no seamos tan distintos.´´
Cuando la chica bajaba el último tramo de escaleras se encontró con Lord Peniston, que caminaba nervioso de un lado a otro. La muchacha lo miró desconcertada.
-¿Pasa algo?
-¡Oh! No te había visto, pequeña. Non no pasa nada; solo estamos esperando unas confirmaciones-dijo con una sonrisa nerviosa-si quieres ver a tu padre, está en la cocina-añadió.
Abi no tenía ganas de hablar con él, seguía algo molesta porque le había ocultado todo lo referente a Arthros, pero aún le molestaba más que hubiese fingido su propia muerte.
Abi decidió ir en busca de Rose y Nathan. Salió fuera del edificio, pero no estaban allí; volvió a entrar y recorrió todas las plantas hasta llegar a la última.
Se dirigió a la habitación de Rose y abrió la puerta. Apenas transcurrieron unos segundos, pero fueron los suficientes para ver a Nathan levantar la vista del cuello de Rose y la clavarla  en la pelirroja; Rose giró la cabeza y al ver a Abi tiró del edredón de la cama para cubrirse el pecho desnudo. Nathan se separó de la chica como si hubiese sido impulsado por un resorte y se puso la camisa de Caleb en menos de un segundo.
Rose tenía el rostro enrojecido por la vergüenza, pero intentaba esconderlo tras la cascada que formaba su melena suelta.
-Yo...yo-Abi no tenía ni idea de qué decir, no sabía quién de los tres estaba más avergonzado-lo siento-dijo cerrando la puerta detrás suya.
Se quedó en el pasillo, apoyada contra la pared y mirando la puerta de enfrente; la de la habitación de Caleb.
El chico tenía razón, no debería haber entrado sin llamar en una habitación ajena. La chica se sentía horriblemente mal, no tenía ni idea de como les iba a mirar a la cara después de aquello.






domingo, 9 de febrero de 2014

Capítulo 24: El Círculo

Llegar hasta la Selbua no era tan fácil. Para poder acceder a Zarion, la ciudad de la magia, había que hacer un ritual.
Las ciudades de Arthros estaban situadas en puntos estratégicos, que vistos desde arriba formaban un sol de siete puntas, en cada una de ellas había situada una de las doce ciudades, otras cuatro estaban en el centro del sol, rodeando a Zarion, señalando los puntos cardinales. Esta disposición no era solo el mapa de Arthros, si no también su bandera. Todas las escuelas de Guardianes tenían una hondeando al viento en lo más alto del mástil.
Zarion no existía como un lugar físico,para poder acceder a la ciudad había que activar El Círculo. El Círculo era un anillo plateado alrededor de una cruz, que formaban todas las ciudades al activar las flechas de cada escuela de Guardianes. Las flechas solían estar en la sala de entrenamiento, grabadas en la pared que daba al norte; y solo se podían usar cuando todos los Guardianes pertenecientes a esa escuela estaban presentes y canalizaban su energía hacia ellas. Todo el ritual suponía un inmenso gasto de energía mágico que se destinaba a mantener la Cúpula en pie.
Por esa razón El Círculo solo se activaba en casos de emergencia extrema. El simple hecho de quitarle energía mágica a la Cúpula suponía un riesgo demasiado alto para Arthros; y el hecho de que la última vez que se activó los Dolontes invadieron Arthros de forma masiva, arrasando todo a su paso, solo empeoraba la situación.
-Va a ser demasiado difícil activar El Círculo, no creo que todas las ciudades quieran hacer el ritual solo porque tengamos una nueva teoría sobre los ataques de La Sombra-dijo Ventua mirando fijamente a Hans.
-Ventua, ¿no te das cuenta de que si tenemos razón todo cambiaría?-preguntó Rose.
-¿Qué posibilidades hay de que todo esto salga bien, Lord Peniston?-preguntó el hombre.
-Sinceramente, una entre un millón, quizás más todo esto es una locura.
Todos miraron a su mentor sin dar crédito a lo que oían. ¿Acaso intentaba disuadirles de ir a Zarion?
-Bueno, pues si usted no quiere acompañarnos, no lo haga, pero no intente hacernos cambiar de idea; usted mismo dijo que la teoría de la Alineación podría ser verdadera...
-Podría, tú mismo lo has dicho-dijo cortándole a su compañero.
Ventua y Rose pasaron la mirada de Hans a Lord Peniston, todo aquello era muy extraño.
-Rose, manda un mensaje a cada ciudad para convocarla-dijo Hans sin quitarle el ojo de encima a Lord Peniston-y avisa a Caleb y Abi-añadió.
La chica cogió una tiza de su mochila y dibujó un pentágono en el suelo y se puso de rodillas en su centro; comenzó a murmurar unas palabras y con la misma tiza dibujo un mapa de Arthros sobre su pentágono,nombrando por orden cada ciudad.
-Beneah, Rasathon, Millute, Parsena; Tusha; Seyal- cada vez que nombraba una ciudad, aparecía una llama sobre el punto en el que estaba situada-Fanirt, Campbell, Demali, Ghasor, Lunyep y Zarion-Rose abrió los ojos, delante de ella las llamas crepitaban señalando la situación de cada ciudad, la chica se levantó y sopló las llamas, doce pequeñas columnas de humo ascendieron hasta el techo.
-Listo-sentenció la muchacha.
-¿Y ahora que hacemos?-preguntó Ventua.
-Ahora solo podemos esperar y rezar para que acepten activar El Círculo.-dijo Hans.

Caleb, Abi y Nathan caminaban en un silencio sepulcral, que solo se interrumpía por sus pasos.
Nathan enseguida se dio cuenta de que algo raro pasaba entre Abi y Caleb; ambos evitaban mirarse a los ojos y se notaba la tensión que había entre ellos.
El lobo se preguntaba que habría pasado entre ellos mientras estuvo de caza.
De repente, una bola de fuego apareció ante ellos, la bola se abrió dejando ver un luminoso mensaje que ni Abi ni Nathan entendían; pero Caleb lo leyó en voz alta.
``Se convoca a todos los Guardianes de Campbell a reunirse en su escuela para activar El Círculo´´
Nathan clavó su lobuna mirada en el muchacho.
-¿Qué pasa, hay problemas?-preguntó la chica mirando a ambos.
-Tenemos que darnos prisa; tendremos que correr-sentenció el muchacho.
Abi lanzó un largo suspiro, ¿cómo demonios iba a correr con aquel vestido?
Caleb, notando la frustración de su compañera, se acercó a ella; la cogió de la cintura y la sentó sobre el lomo de Nathan.
Sus manos ardían al contacto con su piel; un escalofrío recorrió la espalda de la chica, apenas fueron unos segundos, pero lo suficiente para notar como sus manos se demoraban en su cintura.
-Más vale que te agarres fuerte-dijo-y tú, procura que no se caiga-añadió refiriéndose al lobo.
Caleb comenzó a correr, pero Nathan enseguida le alcanzó. La chica no salía de su asombro, jamás había visto a nadie correr como Caleb, quizás su velocidad estuviese relacionada con su condición de Kalatary, pero aún así era admirable.
Nathan no tenía nada que envidiarle al rubio, el peso extra de la chica no ralentizaba su ritmo, parecía que no le molestase la presencia de Abi, que se esforzaba por mantener aquel frenético ritmo.
Abi se acordó de las clases de hípica a las que había asistido de niña, pero el lomo de Nathan distaba mucho del de un caballo, era muchísimo más complicado adaptarse a su carrera.
Lo que más le extrañaba a la chica era que Caleb no cambiase de forma, ni tan siquiera en las peleas; la única ver que lo había visto con otra forma fue cuando lo encontró en el campus de su instituto.
Un escalofrío recorrió su espina dorsal al recordar aquel momento. El chico la había sorprendido desde el principio; Caleb era exactamente como un personaje de un libro; el principal, por supuesto, Caleb jamás podría quedar desplazado a un segundo lugar. Todo en él llamaba la atención, desde sus chispeantes ojos hasta la manera en la que vestía y los increíbles movimientos en el combate.
El bosque pronto dio paso al campo, dividido en perfectas parcelas de hierba, trigo y otros cereales; cada poco veían pasar una casa o algún carro tirado por bueyes.
Enseguida pisaron las calles de la ciudad, atravesaron una muralla que Abi jamás había visto, y siguieron subiendo por las empinadas calles que llevaban hasta la escuela de Guardianes.
La gente se apartaba asustada a su paso, desde luego no estaban muy acostumbrados a ver hombres lobos merodeando por los alrededores.
La verja del edificio estaba abierta, pero Caleb, al igual que Nathan, disminuyó la velocidad. El lobo frenó y se agachó jadeante para que la chica pudiese bajar de su lomo.
-Quedaros aquí-dijo Caleb-y más vale que me hagáis caso-añadió mirando a su compañera.
Abi se cruzó de brazos y se quedó allí en pie, viendo como se alejaba Caleb; en cuanto el chico desapareció en el interior del edificio, la chica se inclinó sobre la oreja de Nathan.
-Vamos-le apremió.
Pero Nathan en vez de moverse, se sentó sobre el pavimento.
-¡Nathan!¡Vas a hacerle caso a Caleb?
El lobo soltó un gemido quejumbroso; pero hizo un movimiento con la cabeza indicándole a la chica que fuese sin él. Abi le hizo caso y entró en el edificio, pero no tenía ni idea de dónde ir. Se maldijo así misma por no haber seguido a Caleb antes.
La chica subió el primer tramo de escaleras buscando a Rose o a su padre; pero nada más llegar al segundo piso una mano tiró de ella y la empujó contra la pared, haciendo que se golpease la cabeza.
-¡Auch!-exclamó.
-¿Pero que haces?¡Te dije que no podías venir!-los ojos de Caleb estaban encendidos, las chispas saltaban frenéticamente en sus pupilas, casi tan rápido como cuando la había besado.
-¡Qué pasa?-preguntó ignorando el tono recriminador del chico.
-Abi, deja de comportarte así, no eres una Guardiana-dijo enfadado.
La chica lo empujó en un ataque de furia contenida.
-¡No me digas lo que tengo que hacer!-chilló.
Rose apareció en el pasillo al oír los gritos.
-¿Se puede saber que hacéis gritándoos? Daos prisa, tenemos que empezar el ritual-dijo molesta.
Abi miró inquisitivamente a Caleb.
-¿Ritual?-preguntó.
-Tú solo espera aquí, hazme caso; esto es muy importante y solo los Guardianes pueden entrar...
-¡Chicos!-les gritó Rose.
-Ya voy-respondió el muchacho-tú te vas a quedar aquí, o si no..
-O si no ¿qué?-le desafió la pelirroja.
Caleb optó por girar sobre sus talones y dirigirse hacia la sala de entrenamiento. Aquella chica lograba sacarle de sus casillas. En la sala además de Lord Peniston, Hans, Rose y Ventua había otras dos mujeres y un hombre formando un círculo junto a la pared en la que estaba gravada el dibujo que representaba a un ángel y un demonio alzando sus espadas por encima de sus cabezas dispuestos a descargarlas sobre su adversario.



sábado, 4 de enero de 2014

La Alineación (Capítulo 23)

No sabía si aquello estaba bien o mal, lo único que sabía era que no quería que acabase. Los labios de Caleb ardían y se movían frenéticamente junto a los suyos, su lengua pidió paso abriendo lentamente la boca de la chica para unirse a la suya.
El chico la agarró por la cintura y la sentó sobre su regazo sin apenas esfuerzo, sus cabezas quedaron casi a la misma altura. Las chispas de los ojos de Caleb saltaban frenéticamente en sus pupilas; los ojos de Abi se volvieron de un verde resplandeciente, la chica atrajo a Caleb hacia ella y le besó como nunca jamás había besado a nadie; sus manos viajaron hasta la nuca del muchacho y entrelazó sus dedos en su pelo. Caleb sujetaba firmemente la cintura de la chica con un brazo, dejando el otro libre para pasearse por la espalda de la pelirroja y sujetarle con delicadeza la nuca, impidiendo que ella se separase. Las manos de Abi bajaron por el pecho del chico recorriendo con los dedos los músculos que se adivinaban bajo su ropa.
La chica se separó durante un par de segundos para tomar aire, pero Caleb la volvió a atraer hacia él; una quemazón bajaba por su garganta hasta llegar a la boca del estómago. Sabía que aquello estaba mal; las relaciones entre Guardianes estaban prohibidas, pero nunca antes había sentido algo igual por nadie; le gustaba demasiado que la chica acariciase su piel y ¡por qué negarlo? le encantaba la forma en la que los labios de Abi se movían junto a los suyos; frenéticos, rápidos y delicados al mismo tiempo.
Caleb mordió con suavidad el labio inferior de la chica recibiendo como respuesta una intensificación del beso.
No quería parar, quería besarla de ese modo todos los días, pero la imagen de Hans apareció en su mente haciendo que diese un respingo; intentó apartar la imagen del hombre de su mente y centrarse en Abi, pero esta volvía una y otra vez. Al final optó por apartar a la chica con delicadeza.
Lo primero que vio fueron los brillantes ojos de la chica, su verde resplandecía de una manera extraña que le atraía, si era posible, aún más ; Abi le dedicó una mirada de confusión, sus labios estaban más rojos y sus mejillas encendidas destacaban sobre su piel blanca; tenía el pelo revuelto de una manera extrañamente sexy, el chico apartó la mirada de ella.
Abi, intuyendo que algo no iba bien, se levantó de su regazo y se sentó a su lado. Aquello empezaba a ser algo incómodo.
-Esto no debió pasa-dijo Caleb evitando mirarla a los ojos.
-¿No debió pasar? Pero si tú...
-Sí, ya sé que yo te besé, pero está mal-dijo interrumpiéndola.
``¿Por qué está mal? ¿Acaso no le gustó? Pero él empezó... yo solo le seguí.´´
En la mente de la chica  comenzaron a aparecer interrogantes. Ella había sentido una chispa, algo realmente mágico, como una conexión ¿se estaría volviendo paranoica o aquella sensación era real?
Nathan apareció con un par de conejos en la boca y sus ojos lobunos pasaron de Caleb a Abi; el también notó la tensión que les rodeaba, ambos tenían las mejillas enrojecidas. Nathan se limitó a dejar las presas junto a la pequeña hoguera y se tumbó en el suelo observándolos.


Rose subió las escaleras del edificio a todo correr con la mochila le golpeándole la espalda con cada paso que daba.
-Deberías tener un poco de consideración conmigo ¿no crees?
-Cállate, Brooke-respondió gruñendo.
-Solo digo que no es nada cómodo, podrías ir más despacio ¿sabes?
La chica se limitó a soltar otro gruñido y a ignorar las quejas de su libro de magia.
 Llegó hasta el despacho de Lord Peniston y abrió la puerta tras oír un ``Adelante´´ por parte del hombre.
Ventua ya estaba en la habitación, junto a Hans y Lord Peniston, los tres estaban leyendo uno de los libros de la biblioteca privada del hombre.
-Tengo noticias-dijo la chica sacando a Brooke de la mochila, y abriéndolo sobre el escritorio.
-Nosotros también, y me temo que no son buenas-Hans lanzó un suspiro, se puso en pie y se dirigió hacia la ventana que daba al jardín.
La chica pasaba las páginas del libro buscando la sección de La Sombra cuando llegó a ella comenzó a pasar las páginas lentamente hasta que se paró en una, al margen de la página había unas anotaciones echas por el antiguo dueño de ese libro. Todos se inclinaron sobre la mesa para poder leer lo que había anotado.
``La Sombra ha atacado Arthros en períodos de cien años  durante generaciones; pero estos períodos no son más que una simple coincidencia, La Sombra consigue su máximo poder cuando las siete esferas celestiales están en perfecta alieación. Este fenómeno ha tenido lugar cada cien años, con períodos de variación de hasta doce meses, por lo que los cálculos matemáticos que hacen referencia al tiempo medido mediante el sistema terrenal son incorrectos y por lo tanto nulos...´´
Lord Peniston levantó la vista del libro para mirar a Rose.
-¿desde cuando tienes este libro?
-Desde que empecé a estudiar magia, pero nunca había leído esto; solía centrarme en memorizar los conjuros.respondió la chica.
Un incómodo silencio se quedo flotando en el aire, la tensión era tan grande que podría cortarse con un cuchillo.
Hans se dirigió a la mesa y cerró a Brooke; este parpadeó un par de veces, pero no dijo nada.
- Apenas faltan un par de semanas para la alineación, eso contando con el máximo tiempo posible.
Todos se giraron para clavar sus miradas en Ventua. Había permanecido en silencio todo el tiempo; su voz hizo que Rose diese un respingo; aquel chico era muy bueno en la lucha, siempre acertaba con las flechas y lanzando cuchillos era el mejor. Pero había algo en su forma de actuar que no le gustaba a la chica; siempre se movía entre las sombras, sin hacer el mínimo ruido; raramente hablaba, pero cuando lo hacía sus palabras se convertían en afilados cuchillos que atravesaban la piel de quien le escuchaba; parecía que nada le daba miedo, al igual que Caleb, era uno de esos chicos decididos y misteriosos que lo arriesgaban todo en la batalla.
-Deberíamos prepararnos, si no esto será una masacre- Ventua estaba extrañamente tranquilo.
-Siempre es una masacre, ya lo sabes. Es algo inevitable-Hans había vuelto hasta la ventana y miraba fijamente el jardín.
El hombre seguía pensando en su hija ¿ qué estaría haciendo ahora? No podía evitar preocuparse por ella, al fin y al cabo nunca antes había estado en Arthros y no tenía ni idea de la manera en la que funcionaba todo aquello. Pero por otra parte confiaba en Caleb, para él era un buen chico y sabía, sin lugar a dudas, que se encargaría de cuidar de Abi.
A su alrededor todos hablaban sobre el inminente ataque de La Sombra. Era demasiado pronto y les había cogido por sorpresa.
``¿Cómo es posible que en tantos años nadie se hubiese dado cuenta de lo que provocaba los ataques era la alineación de los astros?´´
En cierto modo esa teoría era muchísimo más factible que la de los cien años. Pero era increíble que nadie antes hubiese pensado en eso.
-Rose, dijiste que tienes a Brooke desde que ingresaste en la escuela de hechicería ¿no?- Preguntó  el hombre fijando la vista en la muchacha.
-Sí, a todos los alumnos nos dan un libro de hechicería; pero ya sabes que Brooke es distinto a los demás; perteneció a uno de los integrantes de la Selbua.
-¿Ninguno de tus compañeros tuvo uno igual?
-Que yo sepa no, cuando hicieron la entrega de libro, solo Brooke era distinto; además ya me explicaron que era especial.
-Por eso nadie sabía lo de la alineación, todo tiene sentido-Hans paseaba de un lado a otro con las manos en la espalda.
-Hans, ¿que insinúa?-Preguntó el hombre.
- Los libros de magia son todos iguales, excepto los que poseen los miembros de la Selbua. Cuando uno de ellos muere, le ceden su libro a un alumno que cumpla una serie de condiciones que ellos mismos imponen. Nadie más que el portador del libro puede acceder a él, salvo que su dueño lo consienta. Ningún otro alumno, profesor o incluso mago experimentado puede leerlo sin su consentimiento.
-Por eso nadie sabe nada de la alineación, solo los integrantes de la Selbua... tiene sentido, pero...
-¿Pero qué?-Pregunto Hans deteniéndose y mirando inquisitivamente a Lord Peniston.
-¿Por qué nadie dijo nada? Hay más alumnos que tienen libros de la Selbua, y sin embargo jamás se tuvo noticia de esto.
-Esta escrito a mano, apostaría el cuello a que los demás Portadores no tienen nada escrito sobre la alineación-dijo Rose.
-Bueno, pues el resto de la Selbua debe de saberlo, no creo que esto sea mentira.
-No necesariamente- todas las cabezas se giraron hacia  Lord Peniston- quizás lo escribió aquí por miedo a decírselo a los demás, solo podría leer esto el siguiente Portador.
-Pero, Lord Peniston, ¿por qué ocultaría alguien esto? es demasiado importante.
-Quizás por miedo.
 Las palabras del hombre se quedaron flotando en el aire, Se miraron unos a otros esperando que alguno hablase; pero todos permanecían en silencio.
-Espero que ninguno de vosotros tenga planes-la voz de Hans resonó por toda la estancia, atrayendo la atención de sus compañeros, que lo miraron sin entender lo que quería decir.
-Hans, no estamos para juegos...-comenzó Lord Peniston.
-Nos vamos a visitar a la Selbua, esto es demasiado importante como para que lo ignoren.






domingo, 1 de diciembre de 2013

Impulsos de Guardián (Capítulo 22)

Abi había permanecido callada desde que salieron del reino de las hadas; las palabras de Bellie se habían quedado firmemente ancladas en su mente; ¿desde cuándo estaba ella destinada a hacer grandes cosas?¿Que diablos se suponía que tenía que hacer?¿Por qué le cambiaron el nombre?¿Acaso querían ocultar algo? Su cabeza se estaba convirtiendo en un inmenso océano lleno de preguntas.
Caleb jugueteaba con uno de sus cuchillos, distraídamente; parecía que él ya se esperaba aquello; aunque Caleb parecía que jamás se sorprendida de nada. Nathan, por otra parte, seguía sin creerse las palabras de la reina, parecía tan contrariado como la chica.
Era increíble verlos, eran como el día y la noche. Si uno decía blanco, el otro diría negro. Pero ambos tenían algo especial, algo que Abi intentaba descifrar sin éxito alguno.
El único sonido que se apreciaba eran los crujidos de las botas sobre las hojas secas que hacían de alfombra al bosque.
Todos estaban ensimismados cuando un gruñido desgarrador rompió el silencio. Caleb desenvainó la gran espada que llevaba a la espalda, el sol se reflejo en su hoja haciendo brillar los numerosos gravados que la recorrían desde la empuñadura hasta la punta.
¿Cómo un objeto mortífero puede ser tan bello?-pensó Abi
El chico se puso en tensión y todos se quedaron en un silencio sepulcral, sin atreverse a respirar. Otro rugido espantó a los pájaros, que descansaban en las copas de los árboles, que huyeron batiendo sus alas tan rápido como podían.
-Quedaos aquí, -dijo Caleb mirando fijamente a la chica.
Las chispas de sus ojos volvían a saltar frenéticamente dentro de sus pupilas. Caleb siguió caminando y se adentró en un frondoso arbusto.
Abi le siguió, haciendo caso omiso a las palabras de su compañero; encontró a Caleb tumbado en el suelo boca abajo, mirando a través de las hojas; Abi le imitó.
-¿¡Qué diablos haces aquí?!-dijo en un susurró.
La chica le ignoró.
-¡Te dije que te quedases allí, con Nathan!- acto seguido el chico del pelo platino se acuclilló junto a ellos.
-¿Acaso crees que iba a hacerte caso? No soy tu perrito faldero.-el chico le lanzó una acusadora mirada.
Abi no puedo evitar soltar una leve carcajada; resultaba bastante irónico oír eso de un hombre lobo.
Caleb se abalanzó sobre ella, empujándola de lado, justo antes de que una especie de rinoceronte, de alrededor de cuatro metros de altura los aplastase.
El chico se puso en pie de un salto, apartando a la chica; Nathan comenzó a cambiar de forma, rasgando de nuevo la ropa.
Caleb corrió hacia la bestia blandiendo su gran espada; el chico arremetió contra el, pero éste giro con sorprendente rapidez y golpeó al muchacho con una de las púas que nacían en su espalda. Caleb salió disparado por los aires, pero cayó de pie con un equilibrio sorprendente.
Nathan ya saltaba sobre aquel Dolonte en su forma lobuna, parecía una estrella fugaz, su pelaje tenía un brillo platino increíble a la luz del sol.
Ambos atacaban a aquel ser continuamente, intentando matarle. El animal gruñía cada vez que Nathan le mordía o cuando Caleb lograba clavarle la espada.
Abi se fijó en la yugular del animal, un corte en ella lo mataría.
No lo hagas- la parte racional de su cerebro intentaba reprimir sus impulsivos pensamientos.
-¡Caleb, dame un cuchillo!-gritó mientras corría hacia el monstruo.
El muchacho la miró entre asustado y enfadado .
-No seas imbécil, vuelve a dónde estabas-gritó mientras le clavaba la espada e uno de los dedos de la pata, seccionándoselo.
El Dolonte  emitió un grito ensordecedor y se dispuso a atacar al muchacho.
-¡Caleb!- el chico la miró preocupado.
-¡Cógelo!- gritó lanzándole uno de los numerosos cuchillos que colgaban de su cinturón. La chica corrió a cogerlo sin saber muy bien que hacía; la voz de su cabeza seguía chillándole que aquello no estaba bien, que se iba a matar, pero la fuerza que le impulsaba a pelear contra aquel ser era mucho más fuerte.
``Estás destinada a hacer grandes cosas´´
¿Y si las palabras de la reina, Bellie eran ciertas? ¿Por qué no intentarlo?
La chica corría hacia la bestia con el cuchillo en mano ante la atenta mirada de Caleb, que comenzaba a arrepentirse de haberle echo caso y darle un cuchillo.
Por un momento todo a su alrededor desapareció y solo estaba ella ante ese repugnante ser; solo quería luchar contra el y matarlo. Sus ojos se tornaron de un verde esmeraldino y sus pupilas comezaron a dilatarse.
Caleb intentaba clavarle de nuevo la espada, pero estaba más pendiente de la chica que de la bestia.Algo en él le decía que debía bajar a por la chica, cogerla y alejarla del peligro.Nunca antes había sentido esa necesidad por nadie, siempre había luchado junto a Rose o a Ventua y jamás tuvo esa sensación. Pero con Abi era distinto, tenía miedo de que le pasase algo malo, quería protegerla.
Nathan seguía intentando desgarrarle la zona del pecho, dónde debería de estar el corazón del Dolonte.
Abi se apoyó en la pata delantera del ser para saltar de una manera increíble hacia su yugular; era como si de repente fuese un pájaro, parecía que el tiempo se había detenido y que la chica se había quedado flotando en el aire. Abi pasó el cuchillo por el rugoso cuello del Dolonte, rasgándole la piel y seccionándole la yugular; la chica cayó al suelo haciendo una voltereta y volviéndose a poner en pie en apenas unos segundos. Una substancia negra la cubría de pies a cabeza, estaba caliente y resultaba bastante asquerosa al tacto; era la misma substancia que manaba del cuello del ser. Aquella especie de rinoceronte gigante lanzó un último grito haciendo que la sangre de su cuello saliese como una cascada por la herida abierta y por la boca, para más tarde caer pesadamente hacia un lado; haciendo que el suelo temblase bajo su peso.
Caleb la miró sin acabar de creerse lo que acababa de ver. Nathan se acercó a ella, todos estaban salpicados por la misma substancia negra.
-¿estás bien?-preguntó preocupado el rubio.
Abi asintió, ella tampoco estaba muy segura de cómo había saltado de aquella manera.
-Aunque no me vendría mal comer algo,me muero de hambre-había pasado la mayor parte del día funcionando a base de adrenalina y su estómago empezaba a recordarle que seguía ahí.
-Acabas de matar a tu primer Nantura y lo primero que se te ocurre decir es ``me muero de hambre´´ ¿enserio?
La chica se encogió de hombros.
Caleb soltó una sonora carcajada, a la que Abi se unió. Nathan seguía en su forma lobuna, pero enseñó los dientes haciendo un amago de una sonrisa con sus labios de lobo.
-Aunque tienes razón, deberíamos comer algo-sentenció el muchacho.
Nathan salió corriendo hacia el bosque en busca de alguna presa y Caleb se dispuso a encender una pequeña hoguera.
El humo dio paso a una pequeña llama que crepitaba entre las hojas y los pequeños palos que tenía sobre ella.
El chico echó algo más de madera para que el fuego no se extinguiese y se sentó junto a Abi.
-¿Cómo saltaste?Me refiero a... bueno, para no haber tenido nada de entrenamiento manejaste bastante bien la situación.-preguntó con curiosidad.
-Admítelo, rubiales, ha sido increíble; ambos lo sabemos- dijo la chica guiñándole un ojo.
Caleb esbozó una media sonrisa.
-Vale, no lo negaré; jamás he visto algo así, ni los novatos son capaces de hacer eso.¿Cómo lo hiciste?
-Si te digo la verdad, no tengo ni la más remota idea; fue como si de repente todos esos movimientos los hubiese practicado durante toda mi vida; resultó ser demasiado...fácil-dijo tras buscar la palabra adecuada.
-Quizás ya sabías todo eso por ser hija de un Guardián. Cuando éramos pequeños, Lord Peniston siempre nos decía que un futuro Guardián podría enfrentarse a los Dolontes sin haber tenido un entrenamiento previo. Decía que teníamos algo que nos impulsaba a la lucha, no sé como explicarlo.
La chica lo miró pensativamente.
Adoraba la forma en la que aquellos mechones de pelo le caían sobre sus ojos, haciendo que tuviese una apariencia aún más misteriosa y sexy; y sus ojos, sus electrizantes ojos... podría pasarse el día contemplándolos, intentando descifrar los dibujos que esas chispas formaban en sus pupilas.
Abi se dio cuenta de que el chico la miraba fijamente, y notó como el calor subía a sus mejillas sin que ella pudiese hacer nada por evitarlo. Caleb se acercó a ella y le colocó un rizo tras la oreja con delicadeza, dejó que su mano se entretuviese con él y la fue bajando por la acalorada mejilla de la chica sin separar sus ojos de los de Abi. La chica se mordió el labio inferior, sus rostros estaban a escasos centímetros y podía notar el suave aliento del chico; notó como su corazón comenzaba a acelerarse con cada caricia que le hacía Caleb y rezó para que este no pudiese oírlo.
Esas mismas manos que clavaban la espada con decisión sobre un Dolonte, eran ahora extremadamente delicadas y suaves, como si tuviese miedo a herir a la chica.
Abi notó como se le formaba un nudo en la garganta que impedía que la saliva pasase con normalidad. El corazón parecía querer salirse de su pecho.
¿Por qué diablos la miraba así?¿Por qué se comportaba de ese modo? ¿Acaso él no era el chico que la había obligado a ir con él cuando aterrizó en Arthros? Sí, era el mismo chico, el que causó admiración, el chico de los ojos eléctricos.
Por una parte quería besarle, sentir sus labios junto a los suyos; pero por otra parte tenía miedo de la reacción del chico.






viernes, 1 de noviembre de 2013

Bellie, la reina de las hadas (Capítulo 21)

Sus labios eran delicados junto a los de ella, se movían con suavidad, como si el chico tuviese miedo de lastimarla; Nathan bajó su mano hasta su cintura, pero rodeó su cuello con la mano que le quedaba libre para atraerla más hacia él., Abi lanzó una exclamación ahogada y cerró los ojos para dejarse llevar; paso sus brazos por la nuca de Nathan y entrelazó sus dedos con sus cabellos de plata. El chico separó sus labios con los suyos, dando paso a su lengua, que jugaba frenética con la suya; el beso se fue tornando cada vez más salvaje, parecía que el chico no se iba a separar de ella jamás. Abi lo apartó con suavidad para coger aire, pero él apenas le dio tiempo, porque la volvió a asfixiar con otro de sus salvajes besos.
``¡Para! ¡¿Qué haces?!´´ la voz en la mente de Nathan no paraba de chillarle, pero cuanto más le gritaba que aquello no estaba bien más ganas tenía él de seguir; el calor recorría sus venas, quemándole, tenía la sensación de que comenzaría a cambiar en cualquier instante; pero le gustaba sentir ese miedo, hacía que subiese su adrenalina.
Abi abrió los ojos y por un momento vio a Caleb y no a Nathan, la chica le empujó asustada. Nathan la miró sorprendido.
-Esto no está bien-dijo la chica.
-¿Por qué no?- preguntó Nathan acercándose a ella.
-¡Porque no!
Abi se giró, cogió sus cosas y bajó a todo correr por la escalera de mano, pasó por delante de todos los lobos sin parar a mirarles y siguió corriendo tan rápido como se lo permitía su vestido.
Su cabeza era un cúmulo de preguntas ``¿Qué he hecho? ¿Por qué?¿Quién es Meredith?´´
Nathan tardó un poco en reaccionar, pero cuando lo hizo bajó las escaleras y la siguió corriendo; comenzó a cambiar, la ropa quedó en el suelo hecha jirones, Nathan pasó de ser un chico a un lobo polar, de pelaje blanco, en apenas un minuto.


Abi chocó contra alguien y calló al suelo de espaldas.
-Pelirroja ¿qué haces?-la chica subió la vista, ante el sol, se recortaba la figura de un chico rubio con una gran espada en la espalda.
-¡Caleb!-dijo poniéndose en pie sobresaltada.-¿Qué haces aquí?-preguntó recuperando la compostura.
-¿Acaso no es obvio?-preguntó sarcástico- he venido a buscarte, al parecer dedo seguir cuidando de ti y estuvo mal dejarte sola. Sabría que te alegrarías de verme, pero no pensé que te fueras a lanzar de esa manera a mis brazos.
La chica le propinó un puñetazo en el hombro.
-Idiota-dijo.
Acto seguido un lobo blanco apareció junto a ellos. Abi reconoció al instante a su amigo.
Las miradas del Guardián y del lobo se cruzaron, y en los ojos de Caleb comenzaron a saltar esas chispas que hipnotizaban a la chica; pero la mano del chico en la empuñadura de la espada no le daba muy buenas vibraciones a Abi. Nathan le sostuvo su mirada de lobo, desafiante.
-Fuera de aquí, chucho.-dijo Caleb.
Nathan sonrió mostrando sus afilados colmillos.
-Tranquilo,-dijo Abi- es Nathan.
Caleb la miró sorprendido.
-¿Le conoces?- la chica asintió.
Esto es increíble, te dejo sola cinco minutos y te haces amiga de un lobo, ¿en qué piensas?-la chica le dedicó una mirada de odio.
-Ni que te importase mucho lo que me pueda pasar.
-¿cómo?- el chico clavó su eléctrica mirada en la suya.
-Sí, está muy bien abandonar a alguien en el bosque.
Nathan, viendo que aquella discusión podría hacerse más larga, se sentó y estiró las orejas para prestarles atención.
-No soy yo la que se para cada cinco minutos para descansar, ¿sabes? No he venido hasta aquí para escucharte decir tonterías de niña pequeña.
-Nadie te mandó venir, puedo cuidarme sola, no soy ninguna cría.-contestó acusadoramente.
-Por Dios, deja de comportarte como una niña malcriada. No sabes lo preocupado que está tu padre.
-¿Tú sabes quién es Meredith Grunklee?
El chico la miró extrañado.
-¿Qué tiene eso que ver?-Dijo aún más enfadado.
-Pues que al parecer mi padre tiene una hija de la que nadie sabe nada.
-Yo jamás he oído ese nombre, pero podríamos averiguar si esa tal Meredith es tu hermana.
El lobo soltó un gemido.
-Sí, vamos a hacerle una visita a las hadas-Nathan se levantó de mala gana.

El reino de las hadas era realmente increíble, parecía que en sí, era otro mundo dentro de Arthros; todo allí inspiraba paz y el aire estaba inundado por delicados aromas de las diminutas flores que se extendían por todo el valle.
Un inmenso árbol ocupaba todo el círculo de la Luna; un dibujo en el suelo con forma de luna llena que estaba ahí desde que las hadas existían; le había explicado Caleb.
No era un árbol cualquiera, sus ramas se extendían hacia el cielo, formando una inmensa copa que la vista no podía abarcar. De las hojas caía un polvo blanquecino realmente brillante.Era como una cortina inmaterial que caía siempre, sin llegar a agotarse. en el tronco del roble había unas escaleras perfectamente talladas que conducían al interior de la copa.
Caleb empujó levemente a su compañera para que subiese; esta se giró con una acusadora mirada y el muchacho asintió afirmativamente, indicándole el camino. Los chicos subieron escoltados por los pequeños duendes que les habían acompañada desde su llegada al reino de las hadas.
La enorme dopa del árbol era aún más impresionante desde dentro. Las hojas dejaban entrar tímidos rayos de luz, y de las ramas colgaban delicadas guirnaldas de flores entrelazadas. El suelo de la sala estaba hecho de la propia madera del árbol y alrededor de él había una especia de gradas llenas de hadas que debatían algo sobre polvo mágico. Cuando repararon en la presencia de los muchachos comenzaron a cuchichear entre ellos dedicándoles miradas desconfiadas.
Dos tronos, uno hecho con robustas y elegantes ramas, y otro revestido de pequeñas flores; ocupaban la zona más alejada de la entrada. De pie, junto a ambos tronos, la figura de una hermosa mujer se erguía ante ellos.
Abi jamás había visto nada igual. Era una mujer joven, aparentaba unos veinticinco años; su pelo dorado caía hasta el suelo en una cascada de reflejos solares, perfectamente peinada, en los cuales se entrelazaban pequeñas flores blancas. Sobre su cabeza portaba una sencilla corona que formaba un triángulo invertido sobre su frente, en la que brillaba un pequeño diamante. De su espalda salían dos alas idénticas en forma de medias lunas, por las que se extendían pequeñas ramificaciones; en el extremo superior de cada ala colgaba una diminuta campanilla que emitía destellos plateados y un suave y melodioso tintineo con cada movimiento de la mujer.
-Bienvenidos seáis a mi humilde reino- su voz sonaba como el trino de un delicado pájaro y como el rumor de un riachuelo. Todo en ella inspiraba paz y tranquilidad.
Caleb se arrodilló ante ella e inclinó la cabeza hacia adelante, en un acto de cortesía y respecto hacia la reina. Abi y Nathan le imitaron.
-Majestad, es un honor estar ante vuestra persona,-la voz de Caleb sonó firme y segura; haciendo eco en toda la estancia.
La mujer esbozó una delicada sonrisa, adulada por las palabras de el chico; pero acto seguido recuperó la compostura mostrando su semblante serio.
-Supongo que no habéis venido a visitarme para charlar. He oído que necesitáis mi ayuda; pero será mejor que toméis asiento; estaremos más cómodos y disfrutaremos de la privacidad de la Corte-dijo señalando unos cojines con motivos florales esparcidos por el suelo.
Justo después de que la reina formulase esas palabras las hadas comenzaron a abandonar la sala en un silencio sepulcral. Por unos escasos minutos la sala se inundó de un leve batir de las membranosas alas de las hadas.
En apenas dos minutos la sala quedó totalmente vacía, dejando a la reina y a sus invitados solos. Los muchachos tomaron asiento y Nathan se tumbó en el suelo; unos segundos después dos pequeños duendes depositaron ante los invitados una bandeja con pequeñas galletas y unas copas con una bebida de un extraño color púrpura.
La reina miró a Nathan, que seguía en su forma de lobo.
-Supongo que necesitarás algo de ropa si quieres cambiar de forma ¿no?- El lobo hizo un leve asentimiento y los duendes lo condujeron a una sala contigua.
-Bueno, contadme pues, el motivo de vuestra visita-dijo sentándose en el trono de las flores. La mujer colocó su vestido a su alrededor formando una cascada blanca. El hada apoyó su codo sobre el posabrazos para sujetar su cabeza con la mano; sus ojos se clavaron en los de los chicos.
Abi se quedó himnotizada con ellos, a simple vista eran de un color azul oscuro, pero el iris tenía una pequeña parte violácea que rodeaba el otro color.
-Hemos oído que en la familia de los Grunklee hubo una niña, Meredith; esperábamos que usted nos dijese quién es ella- dijo Caleb sacando a Abi de su ensimismamiento. La reina esbozó una sonrisa que mostró sus dientes perfectamente alineados y del color de la nieve.
Acto seguido Nathan entró en su forma de humana vistiendo con la colorida ropa de las hadas; el chico tomó asiento junto a Abi sin decir palabra.
-Meredith, sí, recuerdo a esa niña; jamás hubo un bebé en este mundo con esos ojos; deberíais haberla visto, esa niña está destinada a hacer grandes cosas.
-Entonces... ¿es verdad?... ¿tengo una hermana?-Preguntó Abi.
-Yo no dije tal cosa- contestó la reina con una delicada sonrisa- ¿no te das cuenta?-La chica miró a Caleb desconcertada, pero este tan solo se encogió de hombros.
-Disculpe mi intromisión; pero me temo que ninguno de nosotros entiende lo que nos está diciendo-Nathan no apartó la vista de los ojos de la reina cuando sus compañeros le miraron.
-Que ingenuos sois...Meredith desapareció cuando tan solo era un bebé, pero ha vuelto; ella es una Grunklee; una de las familias de Guardianes; y aunque ella piense que ha llegado a Arthros por una extraña casualidad, no es así; la hora se acerca y es el deber de cualquier Guardián defender nuestro mundo- la mujer hablaba en un tono solemne sin apartar la vista de ellos.
-Pero ¿que tengo yo que ver en todo esto?-Preguntó contrariada- Majestad-añadió al ver la reprochadora mirada de Caleb.
-Pequeña,¿no te das cuenta de que tú eres Meredith? Es tu destino salvar Arthros.









viernes, 25 de octubre de 2013

¿Quién es Meredith?(Capítulo 20)

La sensación de arrepentimiento fue brutal, ella sabía que no había sido justa con su padre a veces las palabras pueden herir más que un puñetazo o una patada. Pero una parte de su mente seguía recordándole lo destrozada que estuvo su madre al enterarse de la supuesta muerte de su marido. Las lágrimas comezaron a nacer en sus ojos, una pequeña gota salada resbaló sobre su mejilla izquierda, y las demás no tardaron en seguirla, empapando su cara, la chica comenzó a reducir el paso hasta quedarse parada, de pie, en mitad del bosque sin saber que hacer ni a dónde ir. Abi parpadeó un par de veces, todo era borroso, se secó las lágrimas con la manga de su vestido, pero seguían brotando más, descontroladamente. La muchacha se apoyó contra el tronco de un árbol y resbaló por el hasta quedarse sentada sobre las hojas; dobló las rodillas, rodeándolas con los brazos para enterrar el rostro en ellos y dejar que las lágrimas recorriesen su cara empapando la tela del vestido. Quería olvidarse de todo, estar en su casa, con su familia y sus amigos; despertar de esa horrible pesadilla...

Nathan agudizó su oído de lobo y escuchó los sollozos de la chica; comenzó a caminar hacia ellos. La chica estaba echa un ovillo, sentada, junto al árbol, parecía tan frágil... como una niña.
Había algo en ella que le traía extraños recuerdos, un escalofrío le recorrió la espalda al darse cuenta de el qué. La imagen de sus padres afloró en la mente del muchacho. Su padre chillándole que era un monstruo mientras le pegaba y su madre rezando a Dios para que desapareciese, al ver como su cuerpo comenzaba a cambiar para convertirse en un lobezno. Nathan recordaba perfectamente como se hacía un ovillo para protegerse de los ataques de su padre cuando tan solo tenía siete años. El chico salió de sus pensamientos y se acercó a Abi para sentarse a su lado sin decir nada, a veces las palabras sobran. La chica levantó la vista, sus ojos estaban más verdes que nunca y brillaban como estrellas.-Nathan se vio así mismo reflejado en ellos.
-Abi...-empezó.
La chica se lanzó a él y le abrazó entre sollozos a Nathan, sorprendido por la repentina reacción de la chica puso los brazos lentamente sobre su espalda y la estrechó contra sí; comenzó a acariciarle el pelo con delicadeza, a pesar de los nudos que tenía en los rizos, su cabello estaba extrañamente suave, y aún conservaba ese olor a pino del champú, ¿ o era el aroma del bosque?
Permanecieron abrazados durante unos minutos, hasta que Abi se calmó y se separó lentamente de él. Sus ojos estaban enrojecidos.
El chico se levantó del suelo y ayudó a Abi a incorporarse.
-Supongo que pensarás que soy una niña llorona-comentó girando la cara.
Nathan puso la mano bajo el mentón de la chica, obligándola a mirarla a los ojos.
-Yo no creo eso-dijo colocándole un mechón de pelo tras la oreja.
Abi notó como se encendían  sus mejillas. Nathan bajó la mano, sonrojándose también.
-Tenemos que volver al refugio-dijo evitando mirarla a los ojos.
-Sí.
Ambos echaron a andar sumidos en un profundo silencio que solo se veía interrumpido por el crujido de las hojas bajo sus botas.
El silencioso refugio se había llenado de gente que llevaba su caza a la hoguera para asarla, y de niños que correteaban por los alrededores, ajenos a la llegada de los muchachos.
Todos comezaron a sentarse en el suelo formando un círculo cuando las primeras piezas estuvieron asadas. Y por primera vez repararon en la presencia de los muchachos. La gente comenzó a murmurarse cosas unos a otros sin dejar de mirar a Abi y Nathan, incluso algunos niños la señalaban preguntándose quién era y qué hacía allí.
Nathan, al ver que su compañera comenzaba a sentirse incómoda ante todas las miradas ordenó a todos que guardasen silencio.
-Compañeros, os presento a Abi, la hija de los Grunklee-un corro de exclamaciones rompieron el silencio.
-Eso es imposible,-todas las miradas se posaron sobre un muchacho que jugueteaba con su navaja.-la hija de los Grunklee se llamaba Meredith, y murió cuando era una recién nacida.
Abi abrió los ojos de par en par, sabía que los Arthrosianos pensaban que estaba muerta, o que había desaparecido; pero nadie había mencionado jamás el nombre de Meredith. La chica miró a Nathan confundida, pero este no dijo nada; solo la cogió de la mano y la llevo a una de las casas que colgaban en los árboles. Ambos subieron a todo correr por la escalerara de mano, dejando atrás el coro de murmullos.
-Nathan,-el chico se giró para mirarla -¿tengo una hermana?
-Es la primera vez que oigo ese nombre, yo no sabía que los Grunklee, nunca tuve noticia de que antes que tú hubiese otro bebé.
-¿Y si yo no soy su hija?-Nathan la miró desconcertado.-Piénsalo nunca estuve aquí, que yo recuerde, nadie me conoce, solo mis padres y ahora sale ese nombre, Meredith...
-Es imposible que no seas la hija de Hans, te pareces mucho a él y también a tu madre.Además apostaría el cuello a que tienes la Marca.
-¿La Marca?- preguntó desconcertada.
-Sí, en cada familia de Guardianes hay una Marca, que todos los descendientes directos llevan. Por ejemplo; los Grunklee, tú familia tiene la marca de una estrella.
Abi asintió recordando la pequeña estrella que tenía en el tobillo izquierdo; sabía que su padre tenía una igual, pero nunca le dio demasiada importancia, para ella era una simple marca de nacimiento.
-¿Vosotros tenéis Marcas?- preguntó con curiosidad.
-¿Los lobos?- el chico soltó una carcajada- claro que no, solo los Guardianes tienen Marcas.
-¿Por qué?
-La leyenda dice que cuando se produjo la División; Dios eligió a  unos cuantos hombres y los marcó con distintos símbolos.-hizo una pausa para coger aire-Esos elegidos son los Guardianes, ellos se encargarían de proteger a los demás.
-Tú también crees en Dio, ¿verdad?- el chico la miró contrariado.
-No, eso son todo historias que inventaron los Guardianes.
-¿Por que inventarían algo así?
-Para darse importancia; aunque si que hay algo de cierto en esa historia; al menos al principio de los tiempos sí que nos protegían, pero eso fue hace mucho. Apenas quedan Guardianes dignos de ser respetados, como tu padre.
Abi le miró a los ojos, sin dar crédito a lo que oía.
-Tu concepto de dignidad y el mío son completamente distintos; no creo que sea muy digno abandonar a su familia para venirse a... bueno, a este mundo.-Nathan la miraba entristecido.
-Tú al menos tienes una familia que te quiere; deberías sentirte orgullosa de tu padre, por dejarlo todo para ayudar a su pueblo.-El chico salió de la estancia para apoyarse en la barandilla y contemplar a sus compañeros; que seguían cuchicheando sobre la chica entre bocado y bocado.
-Ponte en mi lugar, nos mintió- dijo al situarse a su lado- lo dimos por muerto y ahora llego aquí y está vivo, con gente que jamás he visto, ¿quién sabe si no tiene otra familia?- La chica tenía las manos cerradas en puños, a ambos lados, su semblante estaba serio, y sus verdosos ojos fueron oscureciéndose hasta llegar a un marrón oscuro, como el de los troncos de los árboles. Nathan se vio , de nuevo, reflejado en ellos, los ojos de la chica brillaban intentando retener las lágrimas. Y por un breve instante Nathan sintió la necesidad de estrecharla entre sus brazos; pero se contuvo al ver que se giraba y volvía a entrar en la cabaña.
No hacía mucho tiempo que la había conocido, pero cuando estaba sola en el bosque le había parecido una niña indefensa, a la que debía proteger; pero ahora veía a una chica fuerte y capaz de valerse por sí misma; por un momento un sentimiento de decepción afloró en él. Su cabeza le decía que era una extraña, Una Grunklee, una futura Guardiana. Pero desde lo más hondo de su corazón un pequeño sentimiento comenzó a crecer, era distinto a todo lo que había sentido antes; y que, por  un momento, le asustó.
``¿Qué me pasa?´´
Sus manos temblaban y las cerró en puños para que no se notase; un nudo se formó en su garganta, impidiéndole tragar saliva con facilidad.
-¿Qué haces?-Dijo al ver que la chica recogía sus cosas.
-Quizás tengas razón, quizás mi padre no se merezca que le haga esto; lo mejor será que vuelva...
-¡No!-la cortó, la chica se giró sorprendida- no debes... quiero decir... tu padre te mintió, ¿le vas a perdonar tan fácilmente?- Abi lo miró confusa.
-Pero tú dijiste que debía perdonarlo porque es admirable que viniese a proteger a el pueblo y que es uno de los pocos Guardianes a los que se le debería guardar respeto.
-Ya sé lo que dije, pero no quiero que te vayas- dijo sorprendiendo a Abi y así mismo- al menos deberías comer algo- añadió para disimular.
Sus manos seguían temblando y notaba como el sudor bajaba por su espalda; él mismo se asustó de aquellos nervios incontrolables.
-¿Nathan?-la chica se acercó a él-¿estás bien?-le puso la mano en la frente, el chico podía notar su respiración y el dulce olor de su pelo, un rizo escapó de su coleta y se situó frente a ellos.
Nathan lo cogió con suavidad y se lo colocó detrás de la oreja,acariciándole la mejilla levemente. Abi sintió un escalofrío, sus caras estaban a escasos centímetros de distancia, la chica notó como sus mejillas comenzaban a arder y su corazón comenzaba a latir irregularmente. Nathan acarició sus labio con delicadeza. ``¿Qué estoy haciendo?´´ La mente del chico le chillaba que parase, pero su corazón le ordenaba seguir.