Llegar hasta la Selbua no era tan fácil. Para poder acceder a Zarion, la ciudad de la magia, había que hacer un ritual.
Las ciudades de Arthros estaban situadas en puntos estratégicos, que vistos desde arriba formaban un sol de siete puntas, en cada una de ellas había situada una de las doce ciudades, otras cuatro estaban en el centro del sol, rodeando a Zarion, señalando los puntos cardinales. Esta disposición no era solo el mapa de Arthros, si no también su bandera. Todas las escuelas de Guardianes tenían una hondeando al viento en lo más alto del mástil.
Zarion no existía como un lugar físico,para poder acceder a la ciudad había que activar El Círculo. El Círculo era un anillo plateado alrededor de una cruz, que formaban todas las ciudades al activar las flechas de cada escuela de Guardianes. Las flechas solían estar en la sala de entrenamiento, grabadas en la pared que daba al norte; y solo se podían usar cuando todos los Guardianes pertenecientes a esa escuela estaban presentes y canalizaban su energía hacia ellas. Todo el ritual suponía un inmenso gasto de energía mágico que se destinaba a mantener la Cúpula en pie.
Por esa razón El Círculo solo se activaba en casos de emergencia extrema. El simple hecho de quitarle energía mágica a la Cúpula suponía un riesgo demasiado alto para Arthros; y el hecho de que la última vez que se activó los Dolontes invadieron Arthros de forma masiva, arrasando todo a su paso, solo empeoraba la situación.
-Va a ser demasiado difícil activar El Círculo, no creo que todas las ciudades quieran hacer el ritual solo porque tengamos una nueva teoría sobre los ataques de La Sombra-dijo Ventua mirando fijamente a Hans.
-Ventua, ¿no te das cuenta de que si tenemos razón todo cambiaría?-preguntó Rose.
-¿Qué posibilidades hay de que todo esto salga bien, Lord Peniston?-preguntó el hombre.
-Sinceramente, una entre un millón, quizás más todo esto es una locura.
Todos miraron a su mentor sin dar crédito a lo que oían. ¿Acaso intentaba disuadirles de ir a Zarion?
-Bueno, pues si usted no quiere acompañarnos, no lo haga, pero no intente hacernos cambiar de idea; usted mismo dijo que la teoría de la Alineación podría ser verdadera...
-Podría, tú mismo lo has dicho-dijo cortándole a su compañero.
Ventua y Rose pasaron la mirada de Hans a Lord Peniston, todo aquello era muy extraño.
-Rose, manda un mensaje a cada ciudad para convocarla-dijo Hans sin quitarle el ojo de encima a Lord Peniston-y avisa a Caleb y Abi-añadió.
La chica cogió una tiza de su mochila y dibujó un pentágono en el suelo y se puso de rodillas en su centro; comenzó a murmurar unas palabras y con la misma tiza dibujo un mapa de Arthros sobre su pentágono,nombrando por orden cada ciudad.
-Beneah, Rasathon, Millute, Parsena; Tusha; Seyal- cada vez que nombraba una ciudad, aparecía una llama sobre el punto en el que estaba situada-Fanirt, Campbell, Demali, Ghasor, Lunyep y Zarion-Rose abrió los ojos, delante de ella las llamas crepitaban señalando la situación de cada ciudad, la chica se levantó y sopló las llamas, doce pequeñas columnas de humo ascendieron hasta el techo.
-Listo-sentenció la muchacha.
-¿Y ahora que hacemos?-preguntó Ventua.
-Ahora solo podemos esperar y rezar para que acepten activar El Círculo.-dijo Hans.
Caleb, Abi y Nathan caminaban en un silencio sepulcral, que solo se interrumpía por sus pasos.
Nathan enseguida se dio cuenta de que algo raro pasaba entre Abi y Caleb; ambos evitaban mirarse a los ojos y se notaba la tensión que había entre ellos.
El lobo se preguntaba que habría pasado entre ellos mientras estuvo de caza.
De repente, una bola de fuego apareció ante ellos, la bola se abrió dejando ver un luminoso mensaje que ni Abi ni Nathan entendían; pero Caleb lo leyó en voz alta.
``Se convoca a todos los Guardianes de Campbell a reunirse en su escuela para activar El Círculo´´
Nathan clavó su lobuna mirada en el muchacho.
-¿Qué pasa, hay problemas?-preguntó la chica mirando a ambos.
-Tenemos que darnos prisa; tendremos que correr-sentenció el muchacho.
Abi lanzó un largo suspiro, ¿cómo demonios iba a correr con aquel vestido?
Caleb, notando la frustración de su compañera, se acercó a ella; la cogió de la cintura y la sentó sobre el lomo de Nathan.
Sus manos ardían al contacto con su piel; un escalofrío recorrió la espalda de la chica, apenas fueron unos segundos, pero lo suficiente para notar como sus manos se demoraban en su cintura.
-Más vale que te agarres fuerte-dijo-y tú, procura que no se caiga-añadió refiriéndose al lobo.
Caleb comenzó a correr, pero Nathan enseguida le alcanzó. La chica no salía de su asombro, jamás había visto a nadie correr como Caleb, quizás su velocidad estuviese relacionada con su condición de Kalatary, pero aún así era admirable.
Nathan no tenía nada que envidiarle al rubio, el peso extra de la chica no ralentizaba su ritmo, parecía que no le molestase la presencia de Abi, que se esforzaba por mantener aquel frenético ritmo.
Abi se acordó de las clases de hípica a las que había asistido de niña, pero el lomo de Nathan distaba mucho del de un caballo, era muchísimo más complicado adaptarse a su carrera.
Lo que más le extrañaba a la chica era que Caleb no cambiase de forma, ni tan siquiera en las peleas; la única ver que lo había visto con otra forma fue cuando lo encontró en el campus de su instituto.
Un escalofrío recorrió su espina dorsal al recordar aquel momento. El chico la había sorprendido desde el principio; Caleb era exactamente como un personaje de un libro; el principal, por supuesto, Caleb jamás podría quedar desplazado a un segundo lugar. Todo en él llamaba la atención, desde sus chispeantes ojos hasta la manera en la que vestía y los increíbles movimientos en el combate.
El bosque pronto dio paso al campo, dividido en perfectas parcelas de hierba, trigo y otros cereales; cada poco veían pasar una casa o algún carro tirado por bueyes.
Enseguida pisaron las calles de la ciudad, atravesaron una muralla que Abi jamás había visto, y siguieron subiendo por las empinadas calles que llevaban hasta la escuela de Guardianes.
La gente se apartaba asustada a su paso, desde luego no estaban muy acostumbrados a ver hombres lobos merodeando por los alrededores.
La verja del edificio estaba abierta, pero Caleb, al igual que Nathan, disminuyó la velocidad. El lobo frenó y se agachó jadeante para que la chica pudiese bajar de su lomo.
-Quedaros aquí-dijo Caleb-y más vale que me hagáis caso-añadió mirando a su compañera.
Abi se cruzó de brazos y se quedó allí en pie, viendo como se alejaba Caleb; en cuanto el chico desapareció en el interior del edificio, la chica se inclinó sobre la oreja de Nathan.
-Vamos-le apremió.
Pero Nathan en vez de moverse, se sentó sobre el pavimento.
-¡Nathan!¡Vas a hacerle caso a Caleb?
El lobo soltó un gemido quejumbroso; pero hizo un movimiento con la cabeza indicándole a la chica que fuese sin él. Abi le hizo caso y entró en el edificio, pero no tenía ni idea de dónde ir. Se maldijo así misma por no haber seguido a Caleb antes.
La chica subió el primer tramo de escaleras buscando a Rose o a su padre; pero nada más llegar al segundo piso una mano tiró de ella y la empujó contra la pared, haciendo que se golpease la cabeza.
-¡Auch!-exclamó.
-¿Pero que haces?¡Te dije que no podías venir!-los ojos de Caleb estaban encendidos, las chispas saltaban frenéticamente en sus pupilas, casi tan rápido como cuando la había besado.
-¡Qué pasa?-preguntó ignorando el tono recriminador del chico.
-Abi, deja de comportarte así, no eres una Guardiana-dijo enfadado.
La chica lo empujó en un ataque de furia contenida.
-¡No me digas lo que tengo que hacer!-chilló.
Rose apareció en el pasillo al oír los gritos.
-¿Se puede saber que hacéis gritándoos? Daos prisa, tenemos que empezar el ritual-dijo molesta.
Abi miró inquisitivamente a Caleb.
-¿Ritual?-preguntó.
-Tú solo espera aquí, hazme caso; esto es muy importante y solo los Guardianes pueden entrar...
-¡Chicos!-les gritó Rose.
-Ya voy-respondió el muchacho-tú te vas a quedar aquí, o si no..
-O si no ¿qué?-le desafió la pelirroja.
Caleb optó por girar sobre sus talones y dirigirse hacia la sala de entrenamiento. Aquella chica lograba sacarle de sus casillas. En la sala además de Lord Peniston, Hans, Rose y Ventua había otras dos mujeres y un hombre formando un círculo junto a la pared en la que estaba gravada el dibujo que representaba a un ángel y un demonio alzando sus espadas por encima de sus cabezas dispuestos a descargarlas sobre su adversario.
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