No sabía si aquello estaba bien o mal, lo único que sabía era que no quería que acabase. Los labios de Caleb ardían y se movían frenéticamente junto a los suyos, su lengua pidió paso abriendo lentamente la boca de la chica para unirse a la suya.
El chico la agarró por la cintura y la sentó sobre su regazo sin apenas esfuerzo, sus cabezas quedaron casi a la misma altura. Las chispas de los ojos de Caleb saltaban frenéticamente en sus pupilas; los ojos de Abi se volvieron de un verde resplandeciente, la chica atrajo a Caleb hacia ella y le besó como nunca jamás había besado a nadie; sus manos viajaron hasta la nuca del muchacho y entrelazó sus dedos en su pelo. Caleb sujetaba firmemente la cintura de la chica con un brazo, dejando el otro libre para pasearse por la espalda de la pelirroja y sujetarle con delicadeza la nuca, impidiendo que ella se separase. Las manos de Abi bajaron por el pecho del chico recorriendo con los dedos los músculos que se adivinaban bajo su ropa.
La chica se separó durante un par de segundos para tomar aire, pero Caleb la volvió a atraer hacia él; una quemazón bajaba por su garganta hasta llegar a la boca del estómago. Sabía que aquello estaba mal; las relaciones entre Guardianes estaban prohibidas, pero nunca antes había sentido algo igual por nadie; le gustaba demasiado que la chica acariciase su piel y ¡por qué negarlo? le encantaba la forma en la que los labios de Abi se movían junto a los suyos; frenéticos, rápidos y delicados al mismo tiempo.
Caleb mordió con suavidad el labio inferior de la chica recibiendo como respuesta una intensificación del beso.
No quería parar, quería besarla de ese modo todos los días, pero la imagen de Hans apareció en su mente haciendo que diese un respingo; intentó apartar la imagen del hombre de su mente y centrarse en Abi, pero esta volvía una y otra vez. Al final optó por apartar a la chica con delicadeza.
Lo primero que vio fueron los brillantes ojos de la chica, su verde resplandecía de una manera extraña que le atraía, si era posible, aún más ; Abi le dedicó una mirada de confusión, sus labios estaban más rojos y sus mejillas encendidas destacaban sobre su piel blanca; tenía el pelo revuelto de una manera extrañamente sexy, el chico apartó la mirada de ella.
Abi, intuyendo que algo no iba bien, se levantó de su regazo y se sentó a su lado. Aquello empezaba a ser algo incómodo.
-Esto no debió pasa-dijo Caleb evitando mirarla a los ojos.
-¿No debió pasar? Pero si tú...
-Sí, ya sé que yo te besé, pero está mal-dijo interrumpiéndola.
``¿Por qué está mal? ¿Acaso no le gustó? Pero él empezó... yo solo le seguí.´´
En la mente de la chica comenzaron a aparecer interrogantes. Ella había sentido una chispa, algo realmente mágico, como una conexión ¿se estaría volviendo paranoica o aquella sensación era real?
Nathan apareció con un par de conejos en la boca y sus ojos lobunos pasaron de Caleb a Abi; el también notó la tensión que les rodeaba, ambos tenían las mejillas enrojecidas. Nathan se limitó a dejar las presas junto a la pequeña hoguera y se tumbó en el suelo observándolos.
Rose subió las escaleras del edificio a todo correr con la mochila le golpeándole la espalda con cada paso que daba.
-Deberías tener un poco de consideración conmigo ¿no crees?
-Cállate, Brooke-respondió gruñendo.
-Solo digo que no es nada cómodo, podrías ir más despacio ¿sabes?
La chica se limitó a soltar otro gruñido y a ignorar las quejas de su libro de magia.
Llegó hasta el despacho de Lord Peniston y abrió la puerta tras oír un ``Adelante´´ por parte del hombre.
Ventua ya estaba en la habitación, junto a Hans y Lord Peniston, los tres estaban leyendo uno de los libros de la biblioteca privada del hombre.
-Tengo noticias-dijo la chica sacando a Brooke de la mochila, y abriéndolo sobre el escritorio.
-Nosotros también, y me temo que no son buenas-Hans lanzó un suspiro, se puso en pie y se dirigió hacia la ventana que daba al jardín.
La chica pasaba las páginas del libro buscando la sección de La Sombra cuando llegó a ella comenzó a pasar las páginas lentamente hasta que se paró en una, al margen de la página había unas anotaciones echas por el antiguo dueño de ese libro. Todos se inclinaron sobre la mesa para poder leer lo que había anotado.
``La Sombra ha atacado Arthros en períodos de cien años durante generaciones; pero estos períodos no son más que una simple coincidencia, La Sombra consigue su máximo poder cuando las siete esferas celestiales están en perfecta alieación. Este fenómeno ha tenido lugar cada cien años, con períodos de variación de hasta doce meses, por lo que los cálculos matemáticos que hacen referencia al tiempo medido mediante el sistema terrenal son incorrectos y por lo tanto nulos...´´
Lord Peniston levantó la vista del libro para mirar a Rose.
-¿desde cuando tienes este libro?
-Desde que empecé a estudiar magia, pero nunca había leído esto; solía centrarme en memorizar los conjuros.respondió la chica.
Un incómodo silencio se quedo flotando en el aire, la tensión era tan grande que podría cortarse con un cuchillo.
Hans se dirigió a la mesa y cerró a Brooke; este parpadeó un par de veces, pero no dijo nada.
- Apenas faltan un par de semanas para la alineación, eso contando con el máximo tiempo posible.
Todos se giraron para clavar sus miradas en Ventua. Había permanecido en silencio todo el tiempo; su voz hizo que Rose diese un respingo; aquel chico era muy bueno en la lucha, siempre acertaba con las flechas y lanzando cuchillos era el mejor. Pero había algo en su forma de actuar que no le gustaba a la chica; siempre se movía entre las sombras, sin hacer el mínimo ruido; raramente hablaba, pero cuando lo hacía sus palabras se convertían en afilados cuchillos que atravesaban la piel de quien le escuchaba; parecía que nada le daba miedo, al igual que Caleb, era uno de esos chicos decididos y misteriosos que lo arriesgaban todo en la batalla.
-Deberíamos prepararnos, si no esto será una masacre- Ventua estaba extrañamente tranquilo.
-Siempre es una masacre, ya lo sabes. Es algo inevitable-Hans había vuelto hasta la ventana y miraba fijamente el jardín.
El hombre seguía pensando en su hija ¿ qué estaría haciendo ahora? No podía evitar preocuparse por ella, al fin y al cabo nunca antes había estado en Arthros y no tenía ni idea de la manera en la que funcionaba todo aquello. Pero por otra parte confiaba en Caleb, para él era un buen chico y sabía, sin lugar a dudas, que se encargaría de cuidar de Abi.
A su alrededor todos hablaban sobre el inminente ataque de La Sombra. Era demasiado pronto y les había cogido por sorpresa.
``¿Cómo es posible que en tantos años nadie se hubiese dado cuenta de lo que provocaba los ataques era la alineación de los astros?´´
En cierto modo esa teoría era muchísimo más factible que la de los cien años. Pero era increíble que nadie antes hubiese pensado en eso.
-Rose, dijiste que tienes a Brooke desde que ingresaste en la escuela de hechicería ¿no?- Preguntó el hombre fijando la vista en la muchacha.
-Sí, a todos los alumnos nos dan un libro de hechicería; pero ya sabes que Brooke es distinto a los demás; perteneció a uno de los integrantes de la Selbua.
-¿Ninguno de tus compañeros tuvo uno igual?
-Que yo sepa no, cuando hicieron la entrega de libro, solo Brooke era distinto; además ya me explicaron que era especial.
-Por eso nadie sabía lo de la alineación, todo tiene sentido-Hans paseaba de un lado a otro con las manos en la espalda.
-Hans, ¿que insinúa?-Preguntó el hombre.
- Los libros de magia son todos iguales, excepto los que poseen los miembros de la Selbua. Cuando uno de ellos muere, le ceden su libro a un alumno que cumpla una serie de condiciones que ellos mismos imponen. Nadie más que el portador del libro puede acceder a él, salvo que su dueño lo consienta. Ningún otro alumno, profesor o incluso mago experimentado puede leerlo sin su consentimiento.
-Por eso nadie sabe nada de la alineación, solo los integrantes de la Selbua... tiene sentido, pero...
-¿Pero qué?-Pregunto Hans deteniéndose y mirando inquisitivamente a Lord Peniston.
-¿Por qué nadie dijo nada? Hay más alumnos que tienen libros de la Selbua, y sin embargo jamás se tuvo noticia de esto.
-Esta escrito a mano, apostaría el cuello a que los demás Portadores no tienen nada escrito sobre la alineación-dijo Rose.
-Bueno, pues el resto de la Selbua debe de saberlo, no creo que esto sea mentira.
-No necesariamente- todas las cabezas se giraron hacia Lord Peniston- quizás lo escribió aquí por miedo a decírselo a los demás, solo podría leer esto el siguiente Portador.
-Pero, Lord Peniston, ¿por qué ocultaría alguien esto? es demasiado importante.
-Quizás por miedo.
Las palabras del hombre se quedaron flotando en el aire, Se miraron unos a otros esperando que alguno hablase; pero todos permanecían en silencio.
-Espero que ninguno de vosotros tenga planes-la voz de Hans resonó por toda la estancia, atrayendo la atención de sus compañeros, que lo miraron sin entender lo que quería decir.
-Hans, no estamos para juegos...-comenzó Lord Peniston.
-Nos vamos a visitar a la Selbua, esto es demasiado importante como para que lo ignoren.
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sábado, 4 de enero de 2014
domingo, 1 de diciembre de 2013
Impulsos de Guardián (Capítulo 22)
Abi había permanecido callada desde que salieron del reino de las hadas; las palabras de Bellie se habían quedado firmemente ancladas en su mente; ¿desde cuándo estaba ella destinada a hacer grandes cosas?¿Que diablos se suponía que tenía que hacer?¿Por qué le cambiaron el nombre?¿Acaso querían ocultar algo? Su cabeza se estaba convirtiendo en un inmenso océano lleno de preguntas.
Caleb jugueteaba con uno de sus cuchillos, distraídamente; parecía que él ya se esperaba aquello; aunque Caleb parecía que jamás se sorprendida de nada. Nathan, por otra parte, seguía sin creerse las palabras de la reina, parecía tan contrariado como la chica.
Era increíble verlos, eran como el día y la noche. Si uno decía blanco, el otro diría negro. Pero ambos tenían algo especial, algo que Abi intentaba descifrar sin éxito alguno.
El único sonido que se apreciaba eran los crujidos de las botas sobre las hojas secas que hacían de alfombra al bosque.
Todos estaban ensimismados cuando un gruñido desgarrador rompió el silencio. Caleb desenvainó la gran espada que llevaba a la espalda, el sol se reflejo en su hoja haciendo brillar los numerosos gravados que la recorrían desde la empuñadura hasta la punta.
¿Cómo un objeto mortífero puede ser tan bello?-pensó Abi
El chico se puso en tensión y todos se quedaron en un silencio sepulcral, sin atreverse a respirar. Otro rugido espantó a los pájaros, que descansaban en las copas de los árboles, que huyeron batiendo sus alas tan rápido como podían.
-Quedaos aquí, -dijo Caleb mirando fijamente a la chica.
Las chispas de sus ojos volvían a saltar frenéticamente dentro de sus pupilas. Caleb siguió caminando y se adentró en un frondoso arbusto.
Abi le siguió, haciendo caso omiso a las palabras de su compañero; encontró a Caleb tumbado en el suelo boca abajo, mirando a través de las hojas; Abi le imitó.
-¿¡Qué diablos haces aquí?!-dijo en un susurró.
La chica le ignoró.
-¡Te dije que te quedases allí, con Nathan!- acto seguido el chico del pelo platino se acuclilló junto a ellos.
-¿Acaso crees que iba a hacerte caso? No soy tu perrito faldero.-el chico le lanzó una acusadora mirada.
Abi no puedo evitar soltar una leve carcajada; resultaba bastante irónico oír eso de un hombre lobo.
Caleb se abalanzó sobre ella, empujándola de lado, justo antes de que una especie de rinoceronte, de alrededor de cuatro metros de altura los aplastase.
El chico se puso en pie de un salto, apartando a la chica; Nathan comenzó a cambiar de forma, rasgando de nuevo la ropa.
Caleb corrió hacia la bestia blandiendo su gran espada; el chico arremetió contra el, pero éste giro con sorprendente rapidez y golpeó al muchacho con una de las púas que nacían en su espalda. Caleb salió disparado por los aires, pero cayó de pie con un equilibrio sorprendente.
Nathan ya saltaba sobre aquel Dolonte en su forma lobuna, parecía una estrella fugaz, su pelaje tenía un brillo platino increíble a la luz del sol.
Ambos atacaban a aquel ser continuamente, intentando matarle. El animal gruñía cada vez que Nathan le mordía o cuando Caleb lograba clavarle la espada.
Abi se fijó en la yugular del animal, un corte en ella lo mataría.
No lo hagas- la parte racional de su cerebro intentaba reprimir sus impulsivos pensamientos.
-¡Caleb, dame un cuchillo!-gritó mientras corría hacia el monstruo.
El muchacho la miró entre asustado y enfadado .
-No seas imbécil, vuelve a dónde estabas-gritó mientras le clavaba la espada e uno de los dedos de la pata, seccionándoselo.
El Dolonte emitió un grito ensordecedor y se dispuso a atacar al muchacho.
-¡Caleb!- el chico la miró preocupado.
-¡Cógelo!- gritó lanzándole uno de los numerosos cuchillos que colgaban de su cinturón. La chica corrió a cogerlo sin saber muy bien que hacía; la voz de su cabeza seguía chillándole que aquello no estaba bien, que se iba a matar, pero la fuerza que le impulsaba a pelear contra aquel ser era mucho más fuerte.
``Estás destinada a hacer grandes cosas´´
¿Y si las palabras de la reina, Bellie eran ciertas? ¿Por qué no intentarlo?
La chica corría hacia la bestia con el cuchillo en mano ante la atenta mirada de Caleb, que comenzaba a arrepentirse de haberle echo caso y darle un cuchillo.
Por un momento todo a su alrededor desapareció y solo estaba ella ante ese repugnante ser; solo quería luchar contra el y matarlo. Sus ojos se tornaron de un verde esmeraldino y sus pupilas comezaron a dilatarse.
Caleb intentaba clavarle de nuevo la espada, pero estaba más pendiente de la chica que de la bestia.Algo en él le decía que debía bajar a por la chica, cogerla y alejarla del peligro.Nunca antes había sentido esa necesidad por nadie, siempre había luchado junto a Rose o a Ventua y jamás tuvo esa sensación. Pero con Abi era distinto, tenía miedo de que le pasase algo malo, quería protegerla.
Nathan seguía intentando desgarrarle la zona del pecho, dónde debería de estar el corazón del Dolonte.
Abi se apoyó en la pata delantera del ser para saltar de una manera increíble hacia su yugular; era como si de repente fuese un pájaro, parecía que el tiempo se había detenido y que la chica se había quedado flotando en el aire. Abi pasó el cuchillo por el rugoso cuello del Dolonte, rasgándole la piel y seccionándole la yugular; la chica cayó al suelo haciendo una voltereta y volviéndose a poner en pie en apenas unos segundos. Una substancia negra la cubría de pies a cabeza, estaba caliente y resultaba bastante asquerosa al tacto; era la misma substancia que manaba del cuello del ser. Aquella especie de rinoceronte gigante lanzó un último grito haciendo que la sangre de su cuello saliese como una cascada por la herida abierta y por la boca, para más tarde caer pesadamente hacia un lado; haciendo que el suelo temblase bajo su peso.
Caleb la miró sin acabar de creerse lo que acababa de ver. Nathan se acercó a ella, todos estaban salpicados por la misma substancia negra.
-¿estás bien?-preguntó preocupado el rubio.
Abi asintió, ella tampoco estaba muy segura de cómo había saltado de aquella manera.
-Aunque no me vendría mal comer algo,me muero de hambre-había pasado la mayor parte del día funcionando a base de adrenalina y su estómago empezaba a recordarle que seguía ahí.
-Acabas de matar a tu primer Nantura y lo primero que se te ocurre decir es ``me muero de hambre´´ ¿enserio?
La chica se encogió de hombros.
Caleb soltó una sonora carcajada, a la que Abi se unió. Nathan seguía en su forma lobuna, pero enseñó los dientes haciendo un amago de una sonrisa con sus labios de lobo.
-Aunque tienes razón, deberíamos comer algo-sentenció el muchacho.
Nathan salió corriendo hacia el bosque en busca de alguna presa y Caleb se dispuso a encender una pequeña hoguera.
El humo dio paso a una pequeña llama que crepitaba entre las hojas y los pequeños palos que tenía sobre ella.
El chico echó algo más de madera para que el fuego no se extinguiese y se sentó junto a Abi.
-¿Cómo saltaste?Me refiero a... bueno, para no haber tenido nada de entrenamiento manejaste bastante bien la situación.-preguntó con curiosidad.
-Admítelo, rubiales, ha sido increíble; ambos lo sabemos- dijo la chica guiñándole un ojo.
Caleb esbozó una media sonrisa.
-Vale, no lo negaré; jamás he visto algo así, ni los novatos son capaces de hacer eso.¿Cómo lo hiciste?
-Si te digo la verdad, no tengo ni la más remota idea; fue como si de repente todos esos movimientos los hubiese practicado durante toda mi vida; resultó ser demasiado...fácil-dijo tras buscar la palabra adecuada.
-Quizás ya sabías todo eso por ser hija de un Guardián. Cuando éramos pequeños, Lord Peniston siempre nos decía que un futuro Guardián podría enfrentarse a los Dolontes sin haber tenido un entrenamiento previo. Decía que teníamos algo que nos impulsaba a la lucha, no sé como explicarlo.
La chica lo miró pensativamente.
Adoraba la forma en la que aquellos mechones de pelo le caían sobre sus ojos, haciendo que tuviese una apariencia aún más misteriosa y sexy; y sus ojos, sus electrizantes ojos... podría pasarse el día contemplándolos, intentando descifrar los dibujos que esas chispas formaban en sus pupilas.
Abi se dio cuenta de que el chico la miraba fijamente, y notó como el calor subía a sus mejillas sin que ella pudiese hacer nada por evitarlo. Caleb se acercó a ella y le colocó un rizo tras la oreja con delicadeza, dejó que su mano se entretuviese con él y la fue bajando por la acalorada mejilla de la chica sin separar sus ojos de los de Abi. La chica se mordió el labio inferior, sus rostros estaban a escasos centímetros y podía notar el suave aliento del chico; notó como su corazón comenzaba a acelerarse con cada caricia que le hacía Caleb y rezó para que este no pudiese oírlo.
Esas mismas manos que clavaban la espada con decisión sobre un Dolonte, eran ahora extremadamente delicadas y suaves, como si tuviese miedo a herir a la chica.
Abi notó como se le formaba un nudo en la garganta que impedía que la saliva pasase con normalidad. El corazón parecía querer salirse de su pecho.
¿Por qué diablos la miraba así?¿Por qué se comportaba de ese modo? ¿Acaso él no era el chico que la había obligado a ir con él cuando aterrizó en Arthros? Sí, era el mismo chico, el que causó admiración, el chico de los ojos eléctricos.
Por una parte quería besarle, sentir sus labios junto a los suyos; pero por otra parte tenía miedo de la reacción del chico.
Caleb jugueteaba con uno de sus cuchillos, distraídamente; parecía que él ya se esperaba aquello; aunque Caleb parecía que jamás se sorprendida de nada. Nathan, por otra parte, seguía sin creerse las palabras de la reina, parecía tan contrariado como la chica.
Era increíble verlos, eran como el día y la noche. Si uno decía blanco, el otro diría negro. Pero ambos tenían algo especial, algo que Abi intentaba descifrar sin éxito alguno.
El único sonido que se apreciaba eran los crujidos de las botas sobre las hojas secas que hacían de alfombra al bosque.
Todos estaban ensimismados cuando un gruñido desgarrador rompió el silencio. Caleb desenvainó la gran espada que llevaba a la espalda, el sol se reflejo en su hoja haciendo brillar los numerosos gravados que la recorrían desde la empuñadura hasta la punta.
¿Cómo un objeto mortífero puede ser tan bello?-pensó Abi
El chico se puso en tensión y todos se quedaron en un silencio sepulcral, sin atreverse a respirar. Otro rugido espantó a los pájaros, que descansaban en las copas de los árboles, que huyeron batiendo sus alas tan rápido como podían.
-Quedaos aquí, -dijo Caleb mirando fijamente a la chica.
Las chispas de sus ojos volvían a saltar frenéticamente dentro de sus pupilas. Caleb siguió caminando y se adentró en un frondoso arbusto.
Abi le siguió, haciendo caso omiso a las palabras de su compañero; encontró a Caleb tumbado en el suelo boca abajo, mirando a través de las hojas; Abi le imitó.
-¿¡Qué diablos haces aquí?!-dijo en un susurró.
La chica le ignoró.
-¡Te dije que te quedases allí, con Nathan!- acto seguido el chico del pelo platino se acuclilló junto a ellos.
-¿Acaso crees que iba a hacerte caso? No soy tu perrito faldero.-el chico le lanzó una acusadora mirada.
Abi no puedo evitar soltar una leve carcajada; resultaba bastante irónico oír eso de un hombre lobo.
Caleb se abalanzó sobre ella, empujándola de lado, justo antes de que una especie de rinoceronte, de alrededor de cuatro metros de altura los aplastase.
El chico se puso en pie de un salto, apartando a la chica; Nathan comenzó a cambiar de forma, rasgando de nuevo la ropa.
Caleb corrió hacia la bestia blandiendo su gran espada; el chico arremetió contra el, pero éste giro con sorprendente rapidez y golpeó al muchacho con una de las púas que nacían en su espalda. Caleb salió disparado por los aires, pero cayó de pie con un equilibrio sorprendente.
Nathan ya saltaba sobre aquel Dolonte en su forma lobuna, parecía una estrella fugaz, su pelaje tenía un brillo platino increíble a la luz del sol.
Ambos atacaban a aquel ser continuamente, intentando matarle. El animal gruñía cada vez que Nathan le mordía o cuando Caleb lograba clavarle la espada.
Abi se fijó en la yugular del animal, un corte en ella lo mataría.
No lo hagas- la parte racional de su cerebro intentaba reprimir sus impulsivos pensamientos.
-¡Caleb, dame un cuchillo!-gritó mientras corría hacia el monstruo.
El muchacho la miró entre asustado y enfadado .
-No seas imbécil, vuelve a dónde estabas-gritó mientras le clavaba la espada e uno de los dedos de la pata, seccionándoselo.
El Dolonte emitió un grito ensordecedor y se dispuso a atacar al muchacho.
-¡Caleb!- el chico la miró preocupado.
-¡Cógelo!- gritó lanzándole uno de los numerosos cuchillos que colgaban de su cinturón. La chica corrió a cogerlo sin saber muy bien que hacía; la voz de su cabeza seguía chillándole que aquello no estaba bien, que se iba a matar, pero la fuerza que le impulsaba a pelear contra aquel ser era mucho más fuerte.
``Estás destinada a hacer grandes cosas´´
¿Y si las palabras de la reina, Bellie eran ciertas? ¿Por qué no intentarlo?
La chica corría hacia la bestia con el cuchillo en mano ante la atenta mirada de Caleb, que comenzaba a arrepentirse de haberle echo caso y darle un cuchillo.
Por un momento todo a su alrededor desapareció y solo estaba ella ante ese repugnante ser; solo quería luchar contra el y matarlo. Sus ojos se tornaron de un verde esmeraldino y sus pupilas comezaron a dilatarse.
Caleb intentaba clavarle de nuevo la espada, pero estaba más pendiente de la chica que de la bestia.Algo en él le decía que debía bajar a por la chica, cogerla y alejarla del peligro.Nunca antes había sentido esa necesidad por nadie, siempre había luchado junto a Rose o a Ventua y jamás tuvo esa sensación. Pero con Abi era distinto, tenía miedo de que le pasase algo malo, quería protegerla.
Nathan seguía intentando desgarrarle la zona del pecho, dónde debería de estar el corazón del Dolonte.
Abi se apoyó en la pata delantera del ser para saltar de una manera increíble hacia su yugular; era como si de repente fuese un pájaro, parecía que el tiempo se había detenido y que la chica se había quedado flotando en el aire. Abi pasó el cuchillo por el rugoso cuello del Dolonte, rasgándole la piel y seccionándole la yugular; la chica cayó al suelo haciendo una voltereta y volviéndose a poner en pie en apenas unos segundos. Una substancia negra la cubría de pies a cabeza, estaba caliente y resultaba bastante asquerosa al tacto; era la misma substancia que manaba del cuello del ser. Aquella especie de rinoceronte gigante lanzó un último grito haciendo que la sangre de su cuello saliese como una cascada por la herida abierta y por la boca, para más tarde caer pesadamente hacia un lado; haciendo que el suelo temblase bajo su peso.
Caleb la miró sin acabar de creerse lo que acababa de ver. Nathan se acercó a ella, todos estaban salpicados por la misma substancia negra.
-¿estás bien?-preguntó preocupado el rubio.
Abi asintió, ella tampoco estaba muy segura de cómo había saltado de aquella manera.
-Aunque no me vendría mal comer algo,me muero de hambre-había pasado la mayor parte del día funcionando a base de adrenalina y su estómago empezaba a recordarle que seguía ahí.
-Acabas de matar a tu primer Nantura y lo primero que se te ocurre decir es ``me muero de hambre´´ ¿enserio?
La chica se encogió de hombros.
Caleb soltó una sonora carcajada, a la que Abi se unió. Nathan seguía en su forma lobuna, pero enseñó los dientes haciendo un amago de una sonrisa con sus labios de lobo.
-Aunque tienes razón, deberíamos comer algo-sentenció el muchacho.
Nathan salió corriendo hacia el bosque en busca de alguna presa y Caleb se dispuso a encender una pequeña hoguera.
El humo dio paso a una pequeña llama que crepitaba entre las hojas y los pequeños palos que tenía sobre ella.
El chico echó algo más de madera para que el fuego no se extinguiese y se sentó junto a Abi.
-¿Cómo saltaste?Me refiero a... bueno, para no haber tenido nada de entrenamiento manejaste bastante bien la situación.-preguntó con curiosidad.
-Admítelo, rubiales, ha sido increíble; ambos lo sabemos- dijo la chica guiñándole un ojo.
Caleb esbozó una media sonrisa.
-Vale, no lo negaré; jamás he visto algo así, ni los novatos son capaces de hacer eso.¿Cómo lo hiciste?
-Si te digo la verdad, no tengo ni la más remota idea; fue como si de repente todos esos movimientos los hubiese practicado durante toda mi vida; resultó ser demasiado...fácil-dijo tras buscar la palabra adecuada.
-Quizás ya sabías todo eso por ser hija de un Guardián. Cuando éramos pequeños, Lord Peniston siempre nos decía que un futuro Guardián podría enfrentarse a los Dolontes sin haber tenido un entrenamiento previo. Decía que teníamos algo que nos impulsaba a la lucha, no sé como explicarlo.
La chica lo miró pensativamente.
Adoraba la forma en la que aquellos mechones de pelo le caían sobre sus ojos, haciendo que tuviese una apariencia aún más misteriosa y sexy; y sus ojos, sus electrizantes ojos... podría pasarse el día contemplándolos, intentando descifrar los dibujos que esas chispas formaban en sus pupilas.
Abi se dio cuenta de que el chico la miraba fijamente, y notó como el calor subía a sus mejillas sin que ella pudiese hacer nada por evitarlo. Caleb se acercó a ella y le colocó un rizo tras la oreja con delicadeza, dejó que su mano se entretuviese con él y la fue bajando por la acalorada mejilla de la chica sin separar sus ojos de los de Abi. La chica se mordió el labio inferior, sus rostros estaban a escasos centímetros y podía notar el suave aliento del chico; notó como su corazón comenzaba a acelerarse con cada caricia que le hacía Caleb y rezó para que este no pudiese oírlo.
Esas mismas manos que clavaban la espada con decisión sobre un Dolonte, eran ahora extremadamente delicadas y suaves, como si tuviese miedo a herir a la chica.
Abi notó como se le formaba un nudo en la garganta que impedía que la saliva pasase con normalidad. El corazón parecía querer salirse de su pecho.
¿Por qué diablos la miraba así?¿Por qué se comportaba de ese modo? ¿Acaso él no era el chico que la había obligado a ir con él cuando aterrizó en Arthros? Sí, era el mismo chico, el que causó admiración, el chico de los ojos eléctricos.
Por una parte quería besarle, sentir sus labios junto a los suyos; pero por otra parte tenía miedo de la reacción del chico.
viernes, 1 de noviembre de 2013
Bellie, la reina de las hadas (Capítulo 21)
Sus labios eran delicados junto a los de ella, se movían con suavidad, como si el chico tuviese miedo de lastimarla; Nathan bajó su mano hasta su cintura, pero rodeó su cuello con la mano que le quedaba libre para atraerla más hacia él., Abi lanzó una exclamación ahogada y cerró los ojos para dejarse llevar; paso sus brazos por la nuca de Nathan y entrelazó sus dedos con sus cabellos de plata. El chico separó sus labios con los suyos, dando paso a su lengua, que jugaba frenética con la suya; el beso se fue tornando cada vez más salvaje, parecía que el chico no se iba a separar de ella jamás. Abi lo apartó con suavidad para coger aire, pero él apenas le dio tiempo, porque la volvió a asfixiar con otro de sus salvajes besos.
``¡Para! ¡¿Qué haces?!´´ la voz en la mente de Nathan no paraba de chillarle, pero cuanto más le gritaba que aquello no estaba bien más ganas tenía él de seguir; el calor recorría sus venas, quemándole, tenía la sensación de que comenzaría a cambiar en cualquier instante; pero le gustaba sentir ese miedo, hacía que subiese su adrenalina.
Abi abrió los ojos y por un momento vio a Caleb y no a Nathan, la chica le empujó asustada. Nathan la miró sorprendido.
-Esto no está bien-dijo la chica.
-¿Por qué no?- preguntó Nathan acercándose a ella.
-¡Porque no!
Abi se giró, cogió sus cosas y bajó a todo correr por la escalera de mano, pasó por delante de todos los lobos sin parar a mirarles y siguió corriendo tan rápido como se lo permitía su vestido.
Su cabeza era un cúmulo de preguntas ``¿Qué he hecho? ¿Por qué?¿Quién es Meredith?´´
Nathan tardó un poco en reaccionar, pero cuando lo hizo bajó las escaleras y la siguió corriendo; comenzó a cambiar, la ropa quedó en el suelo hecha jirones, Nathan pasó de ser un chico a un lobo polar, de pelaje blanco, en apenas un minuto.
Abi chocó contra alguien y calló al suelo de espaldas.
-Pelirroja ¿qué haces?-la chica subió la vista, ante el sol, se recortaba la figura de un chico rubio con una gran espada en la espalda.
-¡Caleb!-dijo poniéndose en pie sobresaltada.-¿Qué haces aquí?-preguntó recuperando la compostura.
-¿Acaso no es obvio?-preguntó sarcástico- he venido a buscarte, al parecer dedo seguir cuidando de ti y estuvo mal dejarte sola. Sabría que te alegrarías de verme, pero no pensé que te fueras a lanzar de esa manera a mis brazos.
La chica le propinó un puñetazo en el hombro.
-Idiota-dijo.
Acto seguido un lobo blanco apareció junto a ellos. Abi reconoció al instante a su amigo.
Las miradas del Guardián y del lobo se cruzaron, y en los ojos de Caleb comenzaron a saltar esas chispas que hipnotizaban a la chica; pero la mano del chico en la empuñadura de la espada no le daba muy buenas vibraciones a Abi. Nathan le sostuvo su mirada de lobo, desafiante.
-Fuera de aquí, chucho.-dijo Caleb.
Nathan sonrió mostrando sus afilados colmillos.
-Tranquilo,-dijo Abi- es Nathan.
Caleb la miró sorprendido.
-¿Le conoces?- la chica asintió.
Esto es increíble, te dejo sola cinco minutos y te haces amiga de un lobo, ¿en qué piensas?-la chica le dedicó una mirada de odio.
-Ni que te importase mucho lo que me pueda pasar.
-¿cómo?- el chico clavó su eléctrica mirada en la suya.
-Sí, está muy bien abandonar a alguien en el bosque.
Nathan, viendo que aquella discusión podría hacerse más larga, se sentó y estiró las orejas para prestarles atención.
-No soy yo la que se para cada cinco minutos para descansar, ¿sabes? No he venido hasta aquí para escucharte decir tonterías de niña pequeña.
-Nadie te mandó venir, puedo cuidarme sola, no soy ninguna cría.-contestó acusadoramente.
-Por Dios, deja de comportarte como una niña malcriada. No sabes lo preocupado que está tu padre.
-¿Tú sabes quién es Meredith Grunklee?
El chico la miró extrañado.
-¿Qué tiene eso que ver?-Dijo aún más enfadado.
-Pues que al parecer mi padre tiene una hija de la que nadie sabe nada.
-Yo jamás he oído ese nombre, pero podríamos averiguar si esa tal Meredith es tu hermana.
El lobo soltó un gemido.
-Sí, vamos a hacerle una visita a las hadas-Nathan se levantó de mala gana.
El reino de las hadas era realmente increíble, parecía que en sí, era otro mundo dentro de Arthros; todo allí inspiraba paz y el aire estaba inundado por delicados aromas de las diminutas flores que se extendían por todo el valle.
Un inmenso árbol ocupaba todo el círculo de la Luna; un dibujo en el suelo con forma de luna llena que estaba ahí desde que las hadas existían; le había explicado Caleb.
No era un árbol cualquiera, sus ramas se extendían hacia el cielo, formando una inmensa copa que la vista no podía abarcar. De las hojas caía un polvo blanquecino realmente brillante.Era como una cortina inmaterial que caía siempre, sin llegar a agotarse. en el tronco del roble había unas escaleras perfectamente talladas que conducían al interior de la copa.
Caleb empujó levemente a su compañera para que subiese; esta se giró con una acusadora mirada y el muchacho asintió afirmativamente, indicándole el camino. Los chicos subieron escoltados por los pequeños duendes que les habían acompañada desde su llegada al reino de las hadas.
La enorme dopa del árbol era aún más impresionante desde dentro. Las hojas dejaban entrar tímidos rayos de luz, y de las ramas colgaban delicadas guirnaldas de flores entrelazadas. El suelo de la sala estaba hecho de la propia madera del árbol y alrededor de él había una especia de gradas llenas de hadas que debatían algo sobre polvo mágico. Cuando repararon en la presencia de los muchachos comenzaron a cuchichear entre ellos dedicándoles miradas desconfiadas.
Dos tronos, uno hecho con robustas y elegantes ramas, y otro revestido de pequeñas flores; ocupaban la zona más alejada de la entrada. De pie, junto a ambos tronos, la figura de una hermosa mujer se erguía ante ellos.
Abi jamás había visto nada igual. Era una mujer joven, aparentaba unos veinticinco años; su pelo dorado caía hasta el suelo en una cascada de reflejos solares, perfectamente peinada, en los cuales se entrelazaban pequeñas flores blancas. Sobre su cabeza portaba una sencilla corona que formaba un triángulo invertido sobre su frente, en la que brillaba un pequeño diamante. De su espalda salían dos alas idénticas en forma de medias lunas, por las que se extendían pequeñas ramificaciones; en el extremo superior de cada ala colgaba una diminuta campanilla que emitía destellos plateados y un suave y melodioso tintineo con cada movimiento de la mujer.
-Bienvenidos seáis a mi humilde reino- su voz sonaba como el trino de un delicado pájaro y como el rumor de un riachuelo. Todo en ella inspiraba paz y tranquilidad.
Caleb se arrodilló ante ella e inclinó la cabeza hacia adelante, en un acto de cortesía y respecto hacia la reina. Abi y Nathan le imitaron.
-Majestad, es un honor estar ante vuestra persona,-la voz de Caleb sonó firme y segura; haciendo eco en toda la estancia.
La mujer esbozó una delicada sonrisa, adulada por las palabras de el chico; pero acto seguido recuperó la compostura mostrando su semblante serio.
-Supongo que no habéis venido a visitarme para charlar. He oído que necesitáis mi ayuda; pero será mejor que toméis asiento; estaremos más cómodos y disfrutaremos de la privacidad de la Corte-dijo señalando unos cojines con motivos florales esparcidos por el suelo.
Justo después de que la reina formulase esas palabras las hadas comenzaron a abandonar la sala en un silencio sepulcral. Por unos escasos minutos la sala se inundó de un leve batir de las membranosas alas de las hadas.
En apenas dos minutos la sala quedó totalmente vacía, dejando a la reina y a sus invitados solos. Los muchachos tomaron asiento y Nathan se tumbó en el suelo; unos segundos después dos pequeños duendes depositaron ante los invitados una bandeja con pequeñas galletas y unas copas con una bebida de un extraño color púrpura.
La reina miró a Nathan, que seguía en su forma de lobo.
-Supongo que necesitarás algo de ropa si quieres cambiar de forma ¿no?- El lobo hizo un leve asentimiento y los duendes lo condujeron a una sala contigua.
-Bueno, contadme pues, el motivo de vuestra visita-dijo sentándose en el trono de las flores. La mujer colocó su vestido a su alrededor formando una cascada blanca. El hada apoyó su codo sobre el posabrazos para sujetar su cabeza con la mano; sus ojos se clavaron en los de los chicos.
Abi se quedó himnotizada con ellos, a simple vista eran de un color azul oscuro, pero el iris tenía una pequeña parte violácea que rodeaba el otro color.
-Hemos oído que en la familia de los Grunklee hubo una niña, Meredith; esperábamos que usted nos dijese quién es ella- dijo Caleb sacando a Abi de su ensimismamiento. La reina esbozó una sonrisa que mostró sus dientes perfectamente alineados y del color de la nieve.
Acto seguido Nathan entró en su forma de humana vistiendo con la colorida ropa de las hadas; el chico tomó asiento junto a Abi sin decir palabra.
-Meredith, sí, recuerdo a esa niña; jamás hubo un bebé en este mundo con esos ojos; deberíais haberla visto, esa niña está destinada a hacer grandes cosas.
-Entonces... ¿es verdad?... ¿tengo una hermana?-Preguntó Abi.
-Yo no dije tal cosa- contestó la reina con una delicada sonrisa- ¿no te das cuenta?-La chica miró a Caleb desconcertada, pero este tan solo se encogió de hombros.
-Disculpe mi intromisión; pero me temo que ninguno de nosotros entiende lo que nos está diciendo-Nathan no apartó la vista de los ojos de la reina cuando sus compañeros le miraron.
-Que ingenuos sois...Meredith desapareció cuando tan solo era un bebé, pero ha vuelto; ella es una Grunklee; una de las familias de Guardianes; y aunque ella piense que ha llegado a Arthros por una extraña casualidad, no es así; la hora se acerca y es el deber de cualquier Guardián defender nuestro mundo- la mujer hablaba en un tono solemne sin apartar la vista de ellos.
-Pero ¿que tengo yo que ver en todo esto?-Preguntó contrariada- Majestad-añadió al ver la reprochadora mirada de Caleb.
-Pequeña,¿no te das cuenta de que tú eres Meredith? Es tu destino salvar Arthros.
``¡Para! ¡¿Qué haces?!´´ la voz en la mente de Nathan no paraba de chillarle, pero cuanto más le gritaba que aquello no estaba bien más ganas tenía él de seguir; el calor recorría sus venas, quemándole, tenía la sensación de que comenzaría a cambiar en cualquier instante; pero le gustaba sentir ese miedo, hacía que subiese su adrenalina.
Abi abrió los ojos y por un momento vio a Caleb y no a Nathan, la chica le empujó asustada. Nathan la miró sorprendido.
-Esto no está bien-dijo la chica.
-¿Por qué no?- preguntó Nathan acercándose a ella.
-¡Porque no!
Abi se giró, cogió sus cosas y bajó a todo correr por la escalera de mano, pasó por delante de todos los lobos sin parar a mirarles y siguió corriendo tan rápido como se lo permitía su vestido.
Su cabeza era un cúmulo de preguntas ``¿Qué he hecho? ¿Por qué?¿Quién es Meredith?´´
Nathan tardó un poco en reaccionar, pero cuando lo hizo bajó las escaleras y la siguió corriendo; comenzó a cambiar, la ropa quedó en el suelo hecha jirones, Nathan pasó de ser un chico a un lobo polar, de pelaje blanco, en apenas un minuto.
Abi chocó contra alguien y calló al suelo de espaldas.
-Pelirroja ¿qué haces?-la chica subió la vista, ante el sol, se recortaba la figura de un chico rubio con una gran espada en la espalda.
-¡Caleb!-dijo poniéndose en pie sobresaltada.-¿Qué haces aquí?-preguntó recuperando la compostura.
-¿Acaso no es obvio?-preguntó sarcástico- he venido a buscarte, al parecer dedo seguir cuidando de ti y estuvo mal dejarte sola. Sabría que te alegrarías de verme, pero no pensé que te fueras a lanzar de esa manera a mis brazos.
La chica le propinó un puñetazo en el hombro.
-Idiota-dijo.
Acto seguido un lobo blanco apareció junto a ellos. Abi reconoció al instante a su amigo.
Las miradas del Guardián y del lobo se cruzaron, y en los ojos de Caleb comenzaron a saltar esas chispas que hipnotizaban a la chica; pero la mano del chico en la empuñadura de la espada no le daba muy buenas vibraciones a Abi. Nathan le sostuvo su mirada de lobo, desafiante.
-Fuera de aquí, chucho.-dijo Caleb.
Nathan sonrió mostrando sus afilados colmillos.
-Tranquilo,-dijo Abi- es Nathan.
Caleb la miró sorprendido.
-¿Le conoces?- la chica asintió.
Esto es increíble, te dejo sola cinco minutos y te haces amiga de un lobo, ¿en qué piensas?-la chica le dedicó una mirada de odio.
-Ni que te importase mucho lo que me pueda pasar.
-¿cómo?- el chico clavó su eléctrica mirada en la suya.
-Sí, está muy bien abandonar a alguien en el bosque.
Nathan, viendo que aquella discusión podría hacerse más larga, se sentó y estiró las orejas para prestarles atención.
-No soy yo la que se para cada cinco minutos para descansar, ¿sabes? No he venido hasta aquí para escucharte decir tonterías de niña pequeña.
-Nadie te mandó venir, puedo cuidarme sola, no soy ninguna cría.-contestó acusadoramente.
-Por Dios, deja de comportarte como una niña malcriada. No sabes lo preocupado que está tu padre.
-¿Tú sabes quién es Meredith Grunklee?
El chico la miró extrañado.
-¿Qué tiene eso que ver?-Dijo aún más enfadado.
-Pues que al parecer mi padre tiene una hija de la que nadie sabe nada.
-Yo jamás he oído ese nombre, pero podríamos averiguar si esa tal Meredith es tu hermana.
El lobo soltó un gemido.
-Sí, vamos a hacerle una visita a las hadas-Nathan se levantó de mala gana.
El reino de las hadas era realmente increíble, parecía que en sí, era otro mundo dentro de Arthros; todo allí inspiraba paz y el aire estaba inundado por delicados aromas de las diminutas flores que se extendían por todo el valle.
Un inmenso árbol ocupaba todo el círculo de la Luna; un dibujo en el suelo con forma de luna llena que estaba ahí desde que las hadas existían; le había explicado Caleb.
No era un árbol cualquiera, sus ramas se extendían hacia el cielo, formando una inmensa copa que la vista no podía abarcar. De las hojas caía un polvo blanquecino realmente brillante.Era como una cortina inmaterial que caía siempre, sin llegar a agotarse. en el tronco del roble había unas escaleras perfectamente talladas que conducían al interior de la copa.
Caleb empujó levemente a su compañera para que subiese; esta se giró con una acusadora mirada y el muchacho asintió afirmativamente, indicándole el camino. Los chicos subieron escoltados por los pequeños duendes que les habían acompañada desde su llegada al reino de las hadas.
La enorme dopa del árbol era aún más impresionante desde dentro. Las hojas dejaban entrar tímidos rayos de luz, y de las ramas colgaban delicadas guirnaldas de flores entrelazadas. El suelo de la sala estaba hecho de la propia madera del árbol y alrededor de él había una especia de gradas llenas de hadas que debatían algo sobre polvo mágico. Cuando repararon en la presencia de los muchachos comenzaron a cuchichear entre ellos dedicándoles miradas desconfiadas.
Dos tronos, uno hecho con robustas y elegantes ramas, y otro revestido de pequeñas flores; ocupaban la zona más alejada de la entrada. De pie, junto a ambos tronos, la figura de una hermosa mujer se erguía ante ellos.
Abi jamás había visto nada igual. Era una mujer joven, aparentaba unos veinticinco años; su pelo dorado caía hasta el suelo en una cascada de reflejos solares, perfectamente peinada, en los cuales se entrelazaban pequeñas flores blancas. Sobre su cabeza portaba una sencilla corona que formaba un triángulo invertido sobre su frente, en la que brillaba un pequeño diamante. De su espalda salían dos alas idénticas en forma de medias lunas, por las que se extendían pequeñas ramificaciones; en el extremo superior de cada ala colgaba una diminuta campanilla que emitía destellos plateados y un suave y melodioso tintineo con cada movimiento de la mujer.
-Bienvenidos seáis a mi humilde reino- su voz sonaba como el trino de un delicado pájaro y como el rumor de un riachuelo. Todo en ella inspiraba paz y tranquilidad.
Caleb se arrodilló ante ella e inclinó la cabeza hacia adelante, en un acto de cortesía y respecto hacia la reina. Abi y Nathan le imitaron.
-Majestad, es un honor estar ante vuestra persona,-la voz de Caleb sonó firme y segura; haciendo eco en toda la estancia.
La mujer esbozó una delicada sonrisa, adulada por las palabras de el chico; pero acto seguido recuperó la compostura mostrando su semblante serio.
-Supongo que no habéis venido a visitarme para charlar. He oído que necesitáis mi ayuda; pero será mejor que toméis asiento; estaremos más cómodos y disfrutaremos de la privacidad de la Corte-dijo señalando unos cojines con motivos florales esparcidos por el suelo.
Justo después de que la reina formulase esas palabras las hadas comenzaron a abandonar la sala en un silencio sepulcral. Por unos escasos minutos la sala se inundó de un leve batir de las membranosas alas de las hadas.
En apenas dos minutos la sala quedó totalmente vacía, dejando a la reina y a sus invitados solos. Los muchachos tomaron asiento y Nathan se tumbó en el suelo; unos segundos después dos pequeños duendes depositaron ante los invitados una bandeja con pequeñas galletas y unas copas con una bebida de un extraño color púrpura.
La reina miró a Nathan, que seguía en su forma de lobo.
-Supongo que necesitarás algo de ropa si quieres cambiar de forma ¿no?- El lobo hizo un leve asentimiento y los duendes lo condujeron a una sala contigua.
-Bueno, contadme pues, el motivo de vuestra visita-dijo sentándose en el trono de las flores. La mujer colocó su vestido a su alrededor formando una cascada blanca. El hada apoyó su codo sobre el posabrazos para sujetar su cabeza con la mano; sus ojos se clavaron en los de los chicos.
Abi se quedó himnotizada con ellos, a simple vista eran de un color azul oscuro, pero el iris tenía una pequeña parte violácea que rodeaba el otro color.
-Hemos oído que en la familia de los Grunklee hubo una niña, Meredith; esperábamos que usted nos dijese quién es ella- dijo Caleb sacando a Abi de su ensimismamiento. La reina esbozó una sonrisa que mostró sus dientes perfectamente alineados y del color de la nieve.
Acto seguido Nathan entró en su forma de humana vistiendo con la colorida ropa de las hadas; el chico tomó asiento junto a Abi sin decir palabra.
-Meredith, sí, recuerdo a esa niña; jamás hubo un bebé en este mundo con esos ojos; deberíais haberla visto, esa niña está destinada a hacer grandes cosas.
-Entonces... ¿es verdad?... ¿tengo una hermana?-Preguntó Abi.
-Yo no dije tal cosa- contestó la reina con una delicada sonrisa- ¿no te das cuenta?-La chica miró a Caleb desconcertada, pero este tan solo se encogió de hombros.
-Disculpe mi intromisión; pero me temo que ninguno de nosotros entiende lo que nos está diciendo-Nathan no apartó la vista de los ojos de la reina cuando sus compañeros le miraron.
-Que ingenuos sois...Meredith desapareció cuando tan solo era un bebé, pero ha vuelto; ella es una Grunklee; una de las familias de Guardianes; y aunque ella piense que ha llegado a Arthros por una extraña casualidad, no es así; la hora se acerca y es el deber de cualquier Guardián defender nuestro mundo- la mujer hablaba en un tono solemne sin apartar la vista de ellos.
-Pero ¿que tengo yo que ver en todo esto?-Preguntó contrariada- Majestad-añadió al ver la reprochadora mirada de Caleb.
-Pequeña,¿no te das cuenta de que tú eres Meredith? Es tu destino salvar Arthros.
viernes, 25 de octubre de 2013
¿Quién es Meredith?(Capítulo 20)
La sensación de arrepentimiento fue brutal, ella sabía que no había sido justa con su padre a veces las palabras pueden herir más que un puñetazo o una patada. Pero una parte de su mente seguía recordándole lo destrozada que estuvo su madre al enterarse de la supuesta muerte de su marido. Las lágrimas comezaron a nacer en sus ojos, una pequeña gota salada resbaló sobre su mejilla izquierda, y las demás no tardaron en seguirla, empapando su cara, la chica comenzó a reducir el paso hasta quedarse parada, de pie, en mitad del bosque sin saber que hacer ni a dónde ir. Abi parpadeó un par de veces, todo era borroso, se secó las lágrimas con la manga de su vestido, pero seguían brotando más, descontroladamente. La muchacha se apoyó contra el tronco de un árbol y resbaló por el hasta quedarse sentada sobre las hojas; dobló las rodillas, rodeándolas con los brazos para enterrar el rostro en ellos y dejar que las lágrimas recorriesen su cara empapando la tela del vestido. Quería olvidarse de todo, estar en su casa, con su familia y sus amigos; despertar de esa horrible pesadilla...
Nathan agudizó su oído de lobo y escuchó los sollozos de la chica; comenzó a caminar hacia ellos. La chica estaba echa un ovillo, sentada, junto al árbol, parecía tan frágil... como una niña.
Había algo en ella que le traía extraños recuerdos, un escalofrío le recorrió la espalda al darse cuenta de el qué. La imagen de sus padres afloró en la mente del muchacho. Su padre chillándole que era un monstruo mientras le pegaba y su madre rezando a Dios para que desapareciese, al ver como su cuerpo comenzaba a cambiar para convertirse en un lobezno. Nathan recordaba perfectamente como se hacía un ovillo para protegerse de los ataques de su padre cuando tan solo tenía siete años. El chico salió de sus pensamientos y se acercó a Abi para sentarse a su lado sin decir nada, a veces las palabras sobran. La chica levantó la vista, sus ojos estaban más verdes que nunca y brillaban como estrellas.-Nathan se vio así mismo reflejado en ellos.
-Abi...-empezó.
La chica se lanzó a él y le abrazó entre sollozos a Nathan, sorprendido por la repentina reacción de la chica puso los brazos lentamente sobre su espalda y la estrechó contra sí; comenzó a acariciarle el pelo con delicadeza, a pesar de los nudos que tenía en los rizos, su cabello estaba extrañamente suave, y aún conservaba ese olor a pino del champú, ¿ o era el aroma del bosque?
Permanecieron abrazados durante unos minutos, hasta que Abi se calmó y se separó lentamente de él. Sus ojos estaban enrojecidos.
El chico se levantó del suelo y ayudó a Abi a incorporarse.
-Supongo que pensarás que soy una niña llorona-comentó girando la cara.
Nathan puso la mano bajo el mentón de la chica, obligándola a mirarla a los ojos.
-Yo no creo eso-dijo colocándole un mechón de pelo tras la oreja.
Abi notó como se encendían sus mejillas. Nathan bajó la mano, sonrojándose también.
-Tenemos que volver al refugio-dijo evitando mirarla a los ojos.
-Sí.
Ambos echaron a andar sumidos en un profundo silencio que solo se veía interrumpido por el crujido de las hojas bajo sus botas.
El silencioso refugio se había llenado de gente que llevaba su caza a la hoguera para asarla, y de niños que correteaban por los alrededores, ajenos a la llegada de los muchachos.
Todos comezaron a sentarse en el suelo formando un círculo cuando las primeras piezas estuvieron asadas. Y por primera vez repararon en la presencia de los muchachos. La gente comenzó a murmurarse cosas unos a otros sin dejar de mirar a Abi y Nathan, incluso algunos niños la señalaban preguntándose quién era y qué hacía allí.
Nathan, al ver que su compañera comenzaba a sentirse incómoda ante todas las miradas ordenó a todos que guardasen silencio.
-Compañeros, os presento a Abi, la hija de los Grunklee-un corro de exclamaciones rompieron el silencio.
-Eso es imposible,-todas las miradas se posaron sobre un muchacho que jugueteaba con su navaja.-la hija de los Grunklee se llamaba Meredith, y murió cuando era una recién nacida.
Abi abrió los ojos de par en par, sabía que los Arthrosianos pensaban que estaba muerta, o que había desaparecido; pero nadie había mencionado jamás el nombre de Meredith. La chica miró a Nathan confundida, pero este no dijo nada; solo la cogió de la mano y la llevo a una de las casas que colgaban en los árboles. Ambos subieron a todo correr por la escalerara de mano, dejando atrás el coro de murmullos.
-Nathan,-el chico se giró para mirarla -¿tengo una hermana?
-Es la primera vez que oigo ese nombre, yo no sabía que los Grunklee, nunca tuve noticia de que antes que tú hubiese otro bebé.
-¿Y si yo no soy su hija?-Nathan la miró desconcertado.-Piénsalo nunca estuve aquí, que yo recuerde, nadie me conoce, solo mis padres y ahora sale ese nombre, Meredith...
-Es imposible que no seas la hija de Hans, te pareces mucho a él y también a tu madre.Además apostaría el cuello a que tienes la Marca.
-¿La Marca?- preguntó desconcertada.
-Sí, en cada familia de Guardianes hay una Marca, que todos los descendientes directos llevan. Por ejemplo; los Grunklee, tú familia tiene la marca de una estrella.
Abi asintió recordando la pequeña estrella que tenía en el tobillo izquierdo; sabía que su padre tenía una igual, pero nunca le dio demasiada importancia, para ella era una simple marca de nacimiento.
-¿Vosotros tenéis Marcas?- preguntó con curiosidad.
-¿Los lobos?- el chico soltó una carcajada- claro que no, solo los Guardianes tienen Marcas.
-¿Por qué?
-La leyenda dice que cuando se produjo la División; Dios eligió a unos cuantos hombres y los marcó con distintos símbolos.-hizo una pausa para coger aire-Esos elegidos son los Guardianes, ellos se encargarían de proteger a los demás.
-Tú también crees en Dio, ¿verdad?- el chico la miró contrariado.
-No, eso son todo historias que inventaron los Guardianes.
-¿Por que inventarían algo así?
-Para darse importancia; aunque si que hay algo de cierto en esa historia; al menos al principio de los tiempos sí que nos protegían, pero eso fue hace mucho. Apenas quedan Guardianes dignos de ser respetados, como tu padre.
Abi le miró a los ojos, sin dar crédito a lo que oía.
-Tu concepto de dignidad y el mío son completamente distintos; no creo que sea muy digno abandonar a su familia para venirse a... bueno, a este mundo.-Nathan la miraba entristecido.
-Tú al menos tienes una familia que te quiere; deberías sentirte orgullosa de tu padre, por dejarlo todo para ayudar a su pueblo.-El chico salió de la estancia para apoyarse en la barandilla y contemplar a sus compañeros; que seguían cuchicheando sobre la chica entre bocado y bocado.
-Ponte en mi lugar, nos mintió- dijo al situarse a su lado- lo dimos por muerto y ahora llego aquí y está vivo, con gente que jamás he visto, ¿quién sabe si no tiene otra familia?- La chica tenía las manos cerradas en puños, a ambos lados, su semblante estaba serio, y sus verdosos ojos fueron oscureciéndose hasta llegar a un marrón oscuro, como el de los troncos de los árboles. Nathan se vio , de nuevo, reflejado en ellos, los ojos de la chica brillaban intentando retener las lágrimas. Y por un breve instante Nathan sintió la necesidad de estrecharla entre sus brazos; pero se contuvo al ver que se giraba y volvía a entrar en la cabaña.
No hacía mucho tiempo que la había conocido, pero cuando estaba sola en el bosque le había parecido una niña indefensa, a la que debía proteger; pero ahora veía a una chica fuerte y capaz de valerse por sí misma; por un momento un sentimiento de decepción afloró en él. Su cabeza le decía que era una extraña, Una Grunklee, una futura Guardiana. Pero desde lo más hondo de su corazón un pequeño sentimiento comenzó a crecer, era distinto a todo lo que había sentido antes; y que, por un momento, le asustó.
``¿Qué me pasa?´´
Sus manos temblaban y las cerró en puños para que no se notase; un nudo se formó en su garganta, impidiéndole tragar saliva con facilidad.
-¿Qué haces?-Dijo al ver que la chica recogía sus cosas.
-Quizás tengas razón, quizás mi padre no se merezca que le haga esto; lo mejor será que vuelva...
-¡No!-la cortó, la chica se giró sorprendida- no debes... quiero decir... tu padre te mintió, ¿le vas a perdonar tan fácilmente?- Abi lo miró confusa.
-Pero tú dijiste que debía perdonarlo porque es admirable que viniese a proteger a el pueblo y que es uno de los pocos Guardianes a los que se le debería guardar respeto.
-Ya sé lo que dije, pero no quiero que te vayas- dijo sorprendiendo a Abi y así mismo- al menos deberías comer algo- añadió para disimular.
Sus manos seguían temblando y notaba como el sudor bajaba por su espalda; él mismo se asustó de aquellos nervios incontrolables.
-¿Nathan?-la chica se acercó a él-¿estás bien?-le puso la mano en la frente, el chico podía notar su respiración y el dulce olor de su pelo, un rizo escapó de su coleta y se situó frente a ellos.
Nathan lo cogió con suavidad y se lo colocó detrás de la oreja,acariciándole la mejilla levemente. Abi sintió un escalofrío, sus caras estaban a escasos centímetros de distancia, la chica notó como sus mejillas comenzaban a arder y su corazón comenzaba a latir irregularmente. Nathan acarició sus labio con delicadeza. ``¿Qué estoy haciendo?´´ La mente del chico le chillaba que parase, pero su corazón le ordenaba seguir.
Nathan agudizó su oído de lobo y escuchó los sollozos de la chica; comenzó a caminar hacia ellos. La chica estaba echa un ovillo, sentada, junto al árbol, parecía tan frágil... como una niña.
Había algo en ella que le traía extraños recuerdos, un escalofrío le recorrió la espalda al darse cuenta de el qué. La imagen de sus padres afloró en la mente del muchacho. Su padre chillándole que era un monstruo mientras le pegaba y su madre rezando a Dios para que desapareciese, al ver como su cuerpo comenzaba a cambiar para convertirse en un lobezno. Nathan recordaba perfectamente como se hacía un ovillo para protegerse de los ataques de su padre cuando tan solo tenía siete años. El chico salió de sus pensamientos y se acercó a Abi para sentarse a su lado sin decir nada, a veces las palabras sobran. La chica levantó la vista, sus ojos estaban más verdes que nunca y brillaban como estrellas.-Nathan se vio así mismo reflejado en ellos.
-Abi...-empezó.
La chica se lanzó a él y le abrazó entre sollozos a Nathan, sorprendido por la repentina reacción de la chica puso los brazos lentamente sobre su espalda y la estrechó contra sí; comenzó a acariciarle el pelo con delicadeza, a pesar de los nudos que tenía en los rizos, su cabello estaba extrañamente suave, y aún conservaba ese olor a pino del champú, ¿ o era el aroma del bosque?
Permanecieron abrazados durante unos minutos, hasta que Abi se calmó y se separó lentamente de él. Sus ojos estaban enrojecidos.
El chico se levantó del suelo y ayudó a Abi a incorporarse.
-Supongo que pensarás que soy una niña llorona-comentó girando la cara.
Nathan puso la mano bajo el mentón de la chica, obligándola a mirarla a los ojos.
-Yo no creo eso-dijo colocándole un mechón de pelo tras la oreja.
Abi notó como se encendían sus mejillas. Nathan bajó la mano, sonrojándose también.
-Tenemos que volver al refugio-dijo evitando mirarla a los ojos.
-Sí.
Ambos echaron a andar sumidos en un profundo silencio que solo se veía interrumpido por el crujido de las hojas bajo sus botas.
El silencioso refugio se había llenado de gente que llevaba su caza a la hoguera para asarla, y de niños que correteaban por los alrededores, ajenos a la llegada de los muchachos.
Todos comezaron a sentarse en el suelo formando un círculo cuando las primeras piezas estuvieron asadas. Y por primera vez repararon en la presencia de los muchachos. La gente comenzó a murmurarse cosas unos a otros sin dejar de mirar a Abi y Nathan, incluso algunos niños la señalaban preguntándose quién era y qué hacía allí.
Nathan, al ver que su compañera comenzaba a sentirse incómoda ante todas las miradas ordenó a todos que guardasen silencio.
-Compañeros, os presento a Abi, la hija de los Grunklee-un corro de exclamaciones rompieron el silencio.
-Eso es imposible,-todas las miradas se posaron sobre un muchacho que jugueteaba con su navaja.-la hija de los Grunklee se llamaba Meredith, y murió cuando era una recién nacida.
Abi abrió los ojos de par en par, sabía que los Arthrosianos pensaban que estaba muerta, o que había desaparecido; pero nadie había mencionado jamás el nombre de Meredith. La chica miró a Nathan confundida, pero este no dijo nada; solo la cogió de la mano y la llevo a una de las casas que colgaban en los árboles. Ambos subieron a todo correr por la escalerara de mano, dejando atrás el coro de murmullos.
-Nathan,-el chico se giró para mirarla -¿tengo una hermana?
-Es la primera vez que oigo ese nombre, yo no sabía que los Grunklee, nunca tuve noticia de que antes que tú hubiese otro bebé.
-¿Y si yo no soy su hija?-Nathan la miró desconcertado.-Piénsalo nunca estuve aquí, que yo recuerde, nadie me conoce, solo mis padres y ahora sale ese nombre, Meredith...
-Es imposible que no seas la hija de Hans, te pareces mucho a él y también a tu madre.Además apostaría el cuello a que tienes la Marca.
-¿La Marca?- preguntó desconcertada.
-Sí, en cada familia de Guardianes hay una Marca, que todos los descendientes directos llevan. Por ejemplo; los Grunklee, tú familia tiene la marca de una estrella.
Abi asintió recordando la pequeña estrella que tenía en el tobillo izquierdo; sabía que su padre tenía una igual, pero nunca le dio demasiada importancia, para ella era una simple marca de nacimiento.
-¿Vosotros tenéis Marcas?- preguntó con curiosidad.
-¿Los lobos?- el chico soltó una carcajada- claro que no, solo los Guardianes tienen Marcas.
-¿Por qué?
-La leyenda dice que cuando se produjo la División; Dios eligió a unos cuantos hombres y los marcó con distintos símbolos.-hizo una pausa para coger aire-Esos elegidos son los Guardianes, ellos se encargarían de proteger a los demás.
-Tú también crees en Dio, ¿verdad?- el chico la miró contrariado.
-No, eso son todo historias que inventaron los Guardianes.
-¿Por que inventarían algo así?
-Para darse importancia; aunque si que hay algo de cierto en esa historia; al menos al principio de los tiempos sí que nos protegían, pero eso fue hace mucho. Apenas quedan Guardianes dignos de ser respetados, como tu padre.
Abi le miró a los ojos, sin dar crédito a lo que oía.
-Tu concepto de dignidad y el mío son completamente distintos; no creo que sea muy digno abandonar a su familia para venirse a... bueno, a este mundo.-Nathan la miraba entristecido.
-Tú al menos tienes una familia que te quiere; deberías sentirte orgullosa de tu padre, por dejarlo todo para ayudar a su pueblo.-El chico salió de la estancia para apoyarse en la barandilla y contemplar a sus compañeros; que seguían cuchicheando sobre la chica entre bocado y bocado.
-Ponte en mi lugar, nos mintió- dijo al situarse a su lado- lo dimos por muerto y ahora llego aquí y está vivo, con gente que jamás he visto, ¿quién sabe si no tiene otra familia?- La chica tenía las manos cerradas en puños, a ambos lados, su semblante estaba serio, y sus verdosos ojos fueron oscureciéndose hasta llegar a un marrón oscuro, como el de los troncos de los árboles. Nathan se vio , de nuevo, reflejado en ellos, los ojos de la chica brillaban intentando retener las lágrimas. Y por un breve instante Nathan sintió la necesidad de estrecharla entre sus brazos; pero se contuvo al ver que se giraba y volvía a entrar en la cabaña.
No hacía mucho tiempo que la había conocido, pero cuando estaba sola en el bosque le había parecido una niña indefensa, a la que debía proteger; pero ahora veía a una chica fuerte y capaz de valerse por sí misma; por un momento un sentimiento de decepción afloró en él. Su cabeza le decía que era una extraña, Una Grunklee, una futura Guardiana. Pero desde lo más hondo de su corazón un pequeño sentimiento comenzó a crecer, era distinto a todo lo que había sentido antes; y que, por un momento, le asustó.
``¿Qué me pasa?´´
Sus manos temblaban y las cerró en puños para que no se notase; un nudo se formó en su garganta, impidiéndole tragar saliva con facilidad.
-¿Qué haces?-Dijo al ver que la chica recogía sus cosas.
-Quizás tengas razón, quizás mi padre no se merezca que le haga esto; lo mejor será que vuelva...
-¡No!-la cortó, la chica se giró sorprendida- no debes... quiero decir... tu padre te mintió, ¿le vas a perdonar tan fácilmente?- Abi lo miró confusa.
-Pero tú dijiste que debía perdonarlo porque es admirable que viniese a proteger a el pueblo y que es uno de los pocos Guardianes a los que se le debería guardar respeto.
-Ya sé lo que dije, pero no quiero que te vayas- dijo sorprendiendo a Abi y así mismo- al menos deberías comer algo- añadió para disimular.
Sus manos seguían temblando y notaba como el sudor bajaba por su espalda; él mismo se asustó de aquellos nervios incontrolables.
-¿Nathan?-la chica se acercó a él-¿estás bien?-le puso la mano en la frente, el chico podía notar su respiración y el dulce olor de su pelo, un rizo escapó de su coleta y se situó frente a ellos.
Nathan lo cogió con suavidad y se lo colocó detrás de la oreja,acariciándole la mejilla levemente. Abi sintió un escalofrío, sus caras estaban a escasos centímetros de distancia, la chica notó como sus mejillas comenzaban a arder y su corazón comenzaba a latir irregularmente. Nathan acarició sus labio con delicadeza. ``¿Qué estoy haciendo?´´ La mente del chico le chillaba que parase, pero su corazón le ordenaba seguir.
sábado, 5 de octubre de 2013
El refugio (Capítulo 19)
El sol estaba ya en su punto más alto cuando Nathan hizo que Abi se parase ante una enorme casa de madera situada en la copa de un árbol, como si estuviese suspendida en el aire.Para acceder a ella había una escalera, con una barandilla de madera, que llegaba hasta el suelo rodeando el árbol, como si se tratase de una hiedra.
La chica la contempló boqueabierta.
-Bueno, no te quedes ahí parada; sube-le indicó el muchacho.
Abi, aún sorprendida, comenzó a subir los escalones poco a poco, notando con cada pisada el crujir de la madera. Los escalones dejaron paso a una plataforma de madera que rodeaba toda la casa. Nathan enseguida se situó a su lado. La chica contemplaba anonadada todo. Desde aquella casa se habían construido unas pasarelas de madera con una pequeña tela a ambos lados que hacía de pasamanos, que comunicaba esa casa con otras un poco más pequeñas.
Nathan se apoyó en la barandilla de madera que rodeaba toda la plataforma de la cabaña.
-Bonito ¿verdad?
-Es precioso-Susurró Abi.
-Bienvenida a nuestro refugio-sonrió el muchacho.
-¿Refugio?
-Sí, todas estas cabañas son nuestras casas, vivimos aquí desde niños-explicó.
Al rededor de la cabaña principal, en la que se encontraban, había otras cuatro, una por cada punto cardinal; todas ellas tenían una escalera de mano que llegaba hasta el suelo, y se comunicaban con la principal mediante pasarelas de madera.
De vez en cando por la cabaña situada al este, se veía a una mujer.
-¿Quién es?-preguntó la chica.
-Es Anabela, es como una madre para nosotros.
-¿Nosotros?-la chica enarcó una ceja.
-Sí, todos los que vivimos aquí somos huérfanos, esta es nuestra casa.Normalmente la gente no quieren licántropos en sus familias-dijo el muchacho.
La chica lo miró boqueabierta.
-¿Eres un lobo?
-Hombre lobo, para ser exactos; pero sí. Todos los que vivimos aquí lo somos-dijo señalando las casas de los árboles.
Abi siguió con la mirada el dedo del muchacho sin ver a nadie; excepto aquella mujer, Anabela, todo estaba desierto.La chica lo miró enarcando una ceja.
-Bueno, ahora quizás estén correteando por el bosque, pero jamás se saltan las comidas, así que dentro de
poco estarán aquí-dijo mirando la posición del sol.
Hans se detuvo ante el árbol que contenía el Portal y miró al rededor.
-¡Abi!-chilló.
Unos pájaros que estaban posados sobre las ramas de los árboles salieron volando, emitiendo unos chillidos de protesta.
-¡Abi!
Nada, silencio.
Hans se adentró en el bosque gritando el nombre de su hija y escuchando el rumor del viento entre las hojas, con la esperanza de oír la voz de su hija.
De repente oyó unas fuertes pisadas sobre las crujientes hojas que hacían de alfombra sobre el césped del bosque, se giró sobre sus talones, desenvainando las dos espadas que llevaba a ambos lados del cinturón.
Un enorme lagarto, del tamaño de un hombre, se apoyaba sobre sus dos únicas patas, que acababan en unas afiladas garras, y una cola llena de espinas venenosas que recorría toda su columna, hasta llegar al cráneo, en el que apenas se distinguían los pequeños ojos negros, del tamaño de canicas. Excepto algún diente roto, los demás eran afilados como cuchillos y la biscosa lengua se movía entre ellos, soltando pequeños chorros negruzcos de veneno, que brotaban de los numerosos grumos que tenía. Su piel estaba llena de escamas negras y rojas, del color de la sangre.
-Genial-murumuró el hombre por lo bajo, antes de correr hacia él para clavar sobre la parte superior de una de sus patas sus dos espadas.
El animal gimió y giró su cabeza rápidamente hacia el hombre, dispuesto a morderle para inyectar su veneno en su cuerpo; pero Hans fue más rápido y le propinó una patada en el ojo. El animal chilló, retrocediendo dos pasos, de su ojo izquierdo comenzó a brotar sangre.
-¿Qué ha sido eso?-preguntó Abi al escuchar un chillido que rompió la calma del bosque.
-Apostaría el cuello a que es un Dolonte.-dijo el muchacho mientras echaba a correr por la plataforma y bajaba las escaleras.
Abi bajó tras él.
-¿Qué haces?Quédate aquí.
-¡No! Voy contigo.
El chico la miró a los ojos, Abi no se dejó intimidar y le mantuvo la mirada.
-En serio, es peligroso.
Abi se cruzó de brazos, y Nathan puso los ojos en blanco.
-No me harás caso, ¿verdad?-la chica negó con la cabeza y esbozó una tímida sonrisa.
-Si, claro, pon cara de niña buena,-Abi enseguida borró su sonrisa-anda, coge esto-dijo dándole un cuchillo.
Abi pasó el dedo índice sobre la fina hoja del cuchillo y lo guardó en el cinturón del vestido.
El chico echó a correr seguido de Abi hacia el lugar de dónde producía aquel chillido desgarrador.
Cuando llegaron encontraron a un hombre de espaldas limpiando una espada ensangrentada sobre el cuerpo de un animal.
La chica enseguida desvió la mirada hacia el ser que yacía inerte en el suelo, manando sangre negruzca de dónde debía estar situado el corazón.
El hombre se giró al sentir la presencia de los muchachos y pasó su mirada de Nathan a Abi, deteniéndose sobre ella, mientras sus labios pronunciaban su nombre. Hans se acercó a ella y la abrazó.
-¿Dónde se supone que estabas?-preguntó entre enfadado y aliviado.
-Nathan me iba a llevar con vosotros...-comenzó.
-¿¡Qué?!-exclamó.-¿Cómo se te ocurre irte así?¿Y quién se supone qué es él?Te he dicho mil veces que no hables con desconocidos y menos irte con ellos...
-¡Papá!-le cortó-Estoy viva ¿vale? y Nathan tan solo quería ayudarme.
-¿Un lobo?¿pero no ves lo peligroso que es? podría haberte matado-dijo mirando al muchacho despectivamente.
-Perdone por ayudar a su hija cuando sus ``amigos´´ la dejan sola. Tanto usted como yo sabemos que este mundo es peligroso-dijo sosteniéndole la mirada.
-Cuando tengas una hija entenderás por qué me preocupo tanto por ella-dijo acusadoramente.
-No eres el mejor ejemplo de padre ¿sabes?-Hans miró sorprendido a la chica.
-¿Cómo dices?
-Ni que fueras tan buen padre-Hans abrió los ojos como platos, sorprendido ante las crudas palabras de su hija.-Fingir tu propia muerte para venirte a un mundo totalmente independiente al nuestro, dejando a tu familia sola.
Un incómodo silencio se quedó flotando en el aire, podría cortarse la tensión con un cuchillo.
El hombre tragó saliva.
-En cierto modo, entiendo que estés enfadada conmigo, y no espero que me perdones;-el hombre hizo una pausa para coger aire-pero tienes que entender que aquí me necesitaban...
-¿Quién?¿Acaso hay alguien aquí más importante que mamá? No se si eres consciente de que ella está en un hospital, intentando despertar de un coma.
El hombre abrió la boca para replicar, pero la cerró sin emitir sonido alguno. Abi se giró y salió corriendo por dónde habían llegado.
Nathan miró a Hans y luego a la figura de la chica que ya se perdía entre los árboles.El chico se encogió de hombros y cuando iba a echar a correr detrás de Abi, Hans le agarró por el brazo deteniéndole. El chico se giró y clavó su mirada en los ojos del hombre, de dónde las lágrimas luchaban por salir. El hombre tragó saliva antes de hablar, para deshacer el nudo que tenía en la garganta.
-Cuida de ella-susurró.
El chico asintió.
Hans soltó su brazo, se dio la vuelta, cogió la espada que estaba limpiando justo antes de que llegasen los chicos. Cuidadosamente la envainó en la funda que colgaba de su cinturón y hachó a andar, roto por las duras palabras de su hija.
La chica la contempló boqueabierta.
-Bueno, no te quedes ahí parada; sube-le indicó el muchacho.
Abi, aún sorprendida, comenzó a subir los escalones poco a poco, notando con cada pisada el crujir de la madera. Los escalones dejaron paso a una plataforma de madera que rodeaba toda la casa. Nathan enseguida se situó a su lado. La chica contemplaba anonadada todo. Desde aquella casa se habían construido unas pasarelas de madera con una pequeña tela a ambos lados que hacía de pasamanos, que comunicaba esa casa con otras un poco más pequeñas.
Nathan se apoyó en la barandilla de madera que rodeaba toda la plataforma de la cabaña.
-Bonito ¿verdad?
-Es precioso-Susurró Abi.
-Bienvenida a nuestro refugio-sonrió el muchacho.
-¿Refugio?
-Sí, todas estas cabañas son nuestras casas, vivimos aquí desde niños-explicó.
Al rededor de la cabaña principal, en la que se encontraban, había otras cuatro, una por cada punto cardinal; todas ellas tenían una escalera de mano que llegaba hasta el suelo, y se comunicaban con la principal mediante pasarelas de madera.
De vez en cando por la cabaña situada al este, se veía a una mujer.
-¿Quién es?-preguntó la chica.
-Es Anabela, es como una madre para nosotros.
-¿Nosotros?-la chica enarcó una ceja.
-Sí, todos los que vivimos aquí somos huérfanos, esta es nuestra casa.Normalmente la gente no quieren licántropos en sus familias-dijo el muchacho.
La chica lo miró boqueabierta.
-¿Eres un lobo?
-Hombre lobo, para ser exactos; pero sí. Todos los que vivimos aquí lo somos-dijo señalando las casas de los árboles.
Abi siguió con la mirada el dedo del muchacho sin ver a nadie; excepto aquella mujer, Anabela, todo estaba desierto.La chica lo miró enarcando una ceja.
-Bueno, ahora quizás estén correteando por el bosque, pero jamás se saltan las comidas, así que dentro de
poco estarán aquí-dijo mirando la posición del sol.
Hans se detuvo ante el árbol que contenía el Portal y miró al rededor.
-¡Abi!-chilló.
Unos pájaros que estaban posados sobre las ramas de los árboles salieron volando, emitiendo unos chillidos de protesta.
-¡Abi!
Nada, silencio.
Hans se adentró en el bosque gritando el nombre de su hija y escuchando el rumor del viento entre las hojas, con la esperanza de oír la voz de su hija.
De repente oyó unas fuertes pisadas sobre las crujientes hojas que hacían de alfombra sobre el césped del bosque, se giró sobre sus talones, desenvainando las dos espadas que llevaba a ambos lados del cinturón.
Un enorme lagarto, del tamaño de un hombre, se apoyaba sobre sus dos únicas patas, que acababan en unas afiladas garras, y una cola llena de espinas venenosas que recorría toda su columna, hasta llegar al cráneo, en el que apenas se distinguían los pequeños ojos negros, del tamaño de canicas. Excepto algún diente roto, los demás eran afilados como cuchillos y la biscosa lengua se movía entre ellos, soltando pequeños chorros negruzcos de veneno, que brotaban de los numerosos grumos que tenía. Su piel estaba llena de escamas negras y rojas, del color de la sangre.
-Genial-murumuró el hombre por lo bajo, antes de correr hacia él para clavar sobre la parte superior de una de sus patas sus dos espadas.
El animal gimió y giró su cabeza rápidamente hacia el hombre, dispuesto a morderle para inyectar su veneno en su cuerpo; pero Hans fue más rápido y le propinó una patada en el ojo. El animal chilló, retrocediendo dos pasos, de su ojo izquierdo comenzó a brotar sangre.
-¿Qué ha sido eso?-preguntó Abi al escuchar un chillido que rompió la calma del bosque.
-Apostaría el cuello a que es un Dolonte.-dijo el muchacho mientras echaba a correr por la plataforma y bajaba las escaleras.
Abi bajó tras él.
-¿Qué haces?Quédate aquí.
-¡No! Voy contigo.
El chico la miró a los ojos, Abi no se dejó intimidar y le mantuvo la mirada.
-En serio, es peligroso.
Abi se cruzó de brazos, y Nathan puso los ojos en blanco.
-No me harás caso, ¿verdad?-la chica negó con la cabeza y esbozó una tímida sonrisa.
-Si, claro, pon cara de niña buena,-Abi enseguida borró su sonrisa-anda, coge esto-dijo dándole un cuchillo.
Abi pasó el dedo índice sobre la fina hoja del cuchillo y lo guardó en el cinturón del vestido.
El chico echó a correr seguido de Abi hacia el lugar de dónde producía aquel chillido desgarrador.
Cuando llegaron encontraron a un hombre de espaldas limpiando una espada ensangrentada sobre el cuerpo de un animal.
La chica enseguida desvió la mirada hacia el ser que yacía inerte en el suelo, manando sangre negruzca de dónde debía estar situado el corazón.
El hombre se giró al sentir la presencia de los muchachos y pasó su mirada de Nathan a Abi, deteniéndose sobre ella, mientras sus labios pronunciaban su nombre. Hans se acercó a ella y la abrazó.
-¿Dónde se supone que estabas?-preguntó entre enfadado y aliviado.
-Nathan me iba a llevar con vosotros...-comenzó.
-¿¡Qué?!-exclamó.-¿Cómo se te ocurre irte así?¿Y quién se supone qué es él?Te he dicho mil veces que no hables con desconocidos y menos irte con ellos...
-¡Papá!-le cortó-Estoy viva ¿vale? y Nathan tan solo quería ayudarme.
-¿Un lobo?¿pero no ves lo peligroso que es? podría haberte matado-dijo mirando al muchacho despectivamente.
-Perdone por ayudar a su hija cuando sus ``amigos´´ la dejan sola. Tanto usted como yo sabemos que este mundo es peligroso-dijo sosteniéndole la mirada.
-Cuando tengas una hija entenderás por qué me preocupo tanto por ella-dijo acusadoramente.
-No eres el mejor ejemplo de padre ¿sabes?-Hans miró sorprendido a la chica.
-¿Cómo dices?
-Ni que fueras tan buen padre-Hans abrió los ojos como platos, sorprendido ante las crudas palabras de su hija.-Fingir tu propia muerte para venirte a un mundo totalmente independiente al nuestro, dejando a tu familia sola.
Un incómodo silencio se quedó flotando en el aire, podría cortarse la tensión con un cuchillo.
El hombre tragó saliva.
-En cierto modo, entiendo que estés enfadada conmigo, y no espero que me perdones;-el hombre hizo una pausa para coger aire-pero tienes que entender que aquí me necesitaban...
-¿Quién?¿Acaso hay alguien aquí más importante que mamá? No se si eres consciente de que ella está en un hospital, intentando despertar de un coma.
El hombre abrió la boca para replicar, pero la cerró sin emitir sonido alguno. Abi se giró y salió corriendo por dónde habían llegado.
Nathan miró a Hans y luego a la figura de la chica que ya se perdía entre los árboles.El chico se encogió de hombros y cuando iba a echar a correr detrás de Abi, Hans le agarró por el brazo deteniéndole. El chico se giró y clavó su mirada en los ojos del hombre, de dónde las lágrimas luchaban por salir. El hombre tragó saliva antes de hablar, para deshacer el nudo que tenía en la garganta.
-Cuida de ella-susurró.
El chico asintió.
Hans soltó su brazo, se dio la vuelta, cogió la espada que estaba limpiando justo antes de que llegasen los chicos. Cuidadosamente la envainó en la funda que colgaba de su cinturón y hachó a andar, roto por las duras palabras de su hija.
domingo, 1 de septiembre de 2013
El miedo acecha (Capítulo 18)
Aquel chico tenía algo raro; Abi sentía una extraña atracción hacia él, como le había pasado con Caleb; pero Nathan se mostraba mucho más amable con ella.La chica calculó que tenía la misma edad que el Guardián.
Abi se fijó que a la espalda llevaba una funda con la forma de una guitarra.El chico advirtió su mirada.
-¿Te gusta la música?-Preguntó sorprendiendo a la chica.
-Mucho.-El muchacho exhibió una amistosa sonrisa.
-¿Tocas la guitarra?
-Lo intento, no soy muy bueno-respondió tímido-¿tú sabes tocarla?
Abi negó con la cabeza.
-Mi padre me estaba enseñando, cuando...-la chica buscó la palabra adecuada-desapareció.
El chico la miró confuso.
-Bueno, al parecer mi padre llevaba una segunda vida...
-Un Guardián.-Escupió Nathan.
Abi lo miró asqueada.
-¿Cómo sabes que es un Guardián?
-¿Por qué si no abandonaría a su familia?
La chica bajo la mirada.
-Además los Guardianes se creen los reyes de todo esto.-Dijo haciendo un gesto con la mano que abarcaba todo el bosque.
-Pensaba que los Guardianes eran los que os protegían.
-¿Quién te dijo eso?
-Caleb.
el chico soltó una sonora carcajada.
-¿Y acaso te crees todo lo que dice ese niñato?
-¡No le llames niñato! Tú no le conoces.-Dijo enfurecida
-¡Uy! a ti te gusta el rubio no?-Abi aparto su encendida mirada de el al notar el calor en sus mejillas.-Bueno, tú tampoco le conoces muy bien.
La chica abrió la boca para contestarle pero al cerró.
-No debes fiarte de los desconocidos, y menos de un Guardián.
-Si no debo fiarme de desconocidos no debería ir contigo.-Respondió.
-Sí, siempre puedes quedarte sentada esperándoles.
Abi miró hacia la lejanía y luego echó a andar; y la boca de Nathan se torció en una sonrisa.
Rose y Caleb entraron a todo correr en el instituto en busca de Bastak para ponerle al corriente de su teoría.Rose casi tiró a Soul, que paseaba despreocupádamente con un montón de libros.
-¡Rose! Lord Peniston te va a matar.-Dijo al ver a su hermana.
-Soul, no tengo tiempo para tus tonterías; tengo que hablar con él ahora.-Respondió esquivando a su hermano ágilmente.
-¿Qué ha pasado?-Preguntó el muchacho, pero su hermana ya subía las escaleras a todo correr, tras su compañero.
Ambos entraron atropelladamente en la biblioteca, recibiendo una reprochadora mirada por parte de Ventua. Bastak y Hans los miraron sobresaltados, estaban sentados en los sofás tapizados de terciopelo, hablando sobre unas técnicas de ataque y el elevado número de Dolontes que tuvieron que combatir durante las últimas semanas.Lord Peniston les dedicó una mirada reprochadora y Hans se puso en pie de un salto.
-¿Se puede saber dónde diablos estábais?-Preguntó enfadado.
Caleb miró a Rose.
-Los hechizos de invisibilidad no funcionan al otro lado.-Explicó la chica.
Ventua, que estaba hojeando un libro, lo cerró y se acercó a ellos para unirse a su conversación.
-¿Y qué hacíais allí?-Preguntó Lord Peniston.
Rose intercambió una mirada con Caleb, este asintió.
-Abi quería ver a su madre...-Hans clavó sus oscuros ojos en los de la chica.
Por la cabeza del hombre pasaron miles de imágenes de su mujer; sus ojos se humedecieron pero Hans no dejó escapar ninguna la lágrima, en lugar de eso tragó saliva intentando deshacer el nudo de su garganta.
-¿Y os vais sin decir nada?-Dijo Lord Peniston.
-¿Dónde está Abi?-Preguntó Hans.
-Vinimos corriendo, no dio seguido nuestro ritmo y se quedó atrás...
-¡¿Qué?!-Exclamó el hombre.
-Cálmate, está bien.-Dijo Caleb.
Hans salió de la biblioteca corriendo, los demás se quedaron en la estancia con el ruido de los pasos del hombre alejándose, rompiendo el silencio.
-Bastak,-el hombre le lanzó una mirada de advertencia-Lord Peniston, en El Inicio hay un fragmento que dice que ``la magia va ligada a la vida, del mismo modo que el bien va ligado al mal...´´-Comenzó Caleb.
Lord Peniston levantó una ceja inquisitívamente.
-La Sombra necesita magia para sobrevivir, pero también necesita vida.Al otro lado los hechizos no funcionaron y Brooke dijo que noto una presencia demoníaca.¿ Es posible que haya logrado atravesar un Portal?-Preguntó el muchacho.
Lord Peniston se pasó la mano por la barbilla pensatívamente, ante la atenta mirada de los chicos.
-Teniendo en cuanta que puede adoptar cualquier forma, es perfectamente factible.
Todos giraron la cabeza hacia Ventua, había permanecido en silencio durante toda la conversación, escuchándola, pero ahora por fin había hablado.
Rose pasó su mirada a Lord Peniston.
-¿Se extiende?-Preguntó-¿Puede matar al otro lado?
-Si puede pasar, sí; necesita una fuente de energía y si vuestra teoría es válida; lo más probable es que ya haya matado.
-Tenemos que hacer algo.
-Rose, me temo que nosotros no podemos hacer nada.-Dijo Lord Peniston pasándole un brazo por su hombro.
La chica rehuyó de él.
-Tenemos que ocuparnos de nuestro propio mundo, La Sombra también nos acecha a nosotros.-Dijo Ventua.
-Pero aún faltan años para que coja fuerza; faltan treinta, es imposible.
-No, los astros se están alineando, en cuanto el Sol estea en su posición puede pasar cualquier cosa.-Dijo Caleb.-Además, si no me equivoco, cada vez hay más Dolontes; cada vez que un ataque de La Sombra estaba cerca el número de esos bichos se disparaba.
Lord Peniston asintió.
Rose miró a su compañero asustada.
-Pero aún falta, son cien años, está escrito.-Susurró.
-Rose, si los astros se alinean antes no podemos hacer nada.
-Pero... la Cúpula...
-La cúpula caerá, no hay suficiente magia para sostenerla, es demasiado frágil cuando La Sombra cobra fuerza.
-Chicos, calmaos, no va a pasar nada; Rose, aún falta mucho tiempo para un ataque a gran escala...-Comenzó Lord Peniston.
-No nos mientas, tú sabes perfectamente que el ataque sucederá pronto; hay demasiados Dolontes, y si es verdad lo que dicen, La Sombra se está alimentando con la vida del otro lado y nuestra magia.-Dijo clavando sus grises en los del hombre.
No había ni pizca de miedo en ellos, era, más bien, expectación; como si quisiera que la batalla comenzase, eso inquieto a la chica, que cerró sus manos en puños y apretó los dientes. Ella sabía que contra un ataque de La Sombra ninguna de sus técnicas de combata serviría para nada.
-De todos modos, nunca se sabe el momento preciso de un ataque; solo podemos esperar... y rezar.-Añadió Lord Peniston.
Hans corría a toda velocidad por el campo; la ciudad de Campbell se perdía en la lejanía.
Las botas del hombre crujían con cada paso sobre las secas hojas de los árboles. La mente del hombre estaba ocupada con una imagen se su hija; y en su corazón afloró un sentimiento de angustia y miedo por lo que le pudiese suceder a su hija.
Abi se fijó que a la espalda llevaba una funda con la forma de una guitarra.El chico advirtió su mirada.
-¿Te gusta la música?-Preguntó sorprendiendo a la chica.
-Mucho.-El muchacho exhibió una amistosa sonrisa.
-¿Tocas la guitarra?
-Lo intento, no soy muy bueno-respondió tímido-¿tú sabes tocarla?
Abi negó con la cabeza.
-Mi padre me estaba enseñando, cuando...-la chica buscó la palabra adecuada-desapareció.
El chico la miró confuso.
-Bueno, al parecer mi padre llevaba una segunda vida...
-Un Guardián.-Escupió Nathan.
Abi lo miró asqueada.
-¿Cómo sabes que es un Guardián?
-¿Por qué si no abandonaría a su familia?
La chica bajo la mirada.
-Además los Guardianes se creen los reyes de todo esto.-Dijo haciendo un gesto con la mano que abarcaba todo el bosque.
-Pensaba que los Guardianes eran los que os protegían.
-¿Quién te dijo eso?
-Caleb.
el chico soltó una sonora carcajada.
-¿Y acaso te crees todo lo que dice ese niñato?
-¡No le llames niñato! Tú no le conoces.-Dijo enfurecida
-¡Uy! a ti te gusta el rubio no?-Abi aparto su encendida mirada de el al notar el calor en sus mejillas.-Bueno, tú tampoco le conoces muy bien.
La chica abrió la boca para contestarle pero al cerró.
-No debes fiarte de los desconocidos, y menos de un Guardián.
-Si no debo fiarme de desconocidos no debería ir contigo.-Respondió.
-Sí, siempre puedes quedarte sentada esperándoles.
Abi miró hacia la lejanía y luego echó a andar; y la boca de Nathan se torció en una sonrisa.
Rose y Caleb entraron a todo correr en el instituto en busca de Bastak para ponerle al corriente de su teoría.Rose casi tiró a Soul, que paseaba despreocupádamente con un montón de libros.
-¡Rose! Lord Peniston te va a matar.-Dijo al ver a su hermana.
-Soul, no tengo tiempo para tus tonterías; tengo que hablar con él ahora.-Respondió esquivando a su hermano ágilmente.
-¿Qué ha pasado?-Preguntó el muchacho, pero su hermana ya subía las escaleras a todo correr, tras su compañero.
Ambos entraron atropelladamente en la biblioteca, recibiendo una reprochadora mirada por parte de Ventua. Bastak y Hans los miraron sobresaltados, estaban sentados en los sofás tapizados de terciopelo, hablando sobre unas técnicas de ataque y el elevado número de Dolontes que tuvieron que combatir durante las últimas semanas.Lord Peniston les dedicó una mirada reprochadora y Hans se puso en pie de un salto.
-¿Se puede saber dónde diablos estábais?-Preguntó enfadado.
Caleb miró a Rose.
-Los hechizos de invisibilidad no funcionan al otro lado.-Explicó la chica.
Ventua, que estaba hojeando un libro, lo cerró y se acercó a ellos para unirse a su conversación.
-¿Y qué hacíais allí?-Preguntó Lord Peniston.
Rose intercambió una mirada con Caleb, este asintió.
-Abi quería ver a su madre...-Hans clavó sus oscuros ojos en los de la chica.
Por la cabeza del hombre pasaron miles de imágenes de su mujer; sus ojos se humedecieron pero Hans no dejó escapar ninguna la lágrima, en lugar de eso tragó saliva intentando deshacer el nudo de su garganta.
-¿Y os vais sin decir nada?-Dijo Lord Peniston.
-¿Dónde está Abi?-Preguntó Hans.
-Vinimos corriendo, no dio seguido nuestro ritmo y se quedó atrás...
-¡¿Qué?!-Exclamó el hombre.
-Cálmate, está bien.-Dijo Caleb.
Hans salió de la biblioteca corriendo, los demás se quedaron en la estancia con el ruido de los pasos del hombre alejándose, rompiendo el silencio.
-Bastak,-el hombre le lanzó una mirada de advertencia-Lord Peniston, en El Inicio hay un fragmento que dice que ``la magia va ligada a la vida, del mismo modo que el bien va ligado al mal...´´-Comenzó Caleb.
Lord Peniston levantó una ceja inquisitívamente.
-La Sombra necesita magia para sobrevivir, pero también necesita vida.Al otro lado los hechizos no funcionaron y Brooke dijo que noto una presencia demoníaca.¿ Es posible que haya logrado atravesar un Portal?-Preguntó el muchacho.
Lord Peniston se pasó la mano por la barbilla pensatívamente, ante la atenta mirada de los chicos.
-Teniendo en cuanta que puede adoptar cualquier forma, es perfectamente factible.
Todos giraron la cabeza hacia Ventua, había permanecido en silencio durante toda la conversación, escuchándola, pero ahora por fin había hablado.
Rose pasó su mirada a Lord Peniston.
-¿Se extiende?-Preguntó-¿Puede matar al otro lado?
-Si puede pasar, sí; necesita una fuente de energía y si vuestra teoría es válida; lo más probable es que ya haya matado.
-Tenemos que hacer algo.
-Rose, me temo que nosotros no podemos hacer nada.-Dijo Lord Peniston pasándole un brazo por su hombro.
La chica rehuyó de él.
-Tenemos que ocuparnos de nuestro propio mundo, La Sombra también nos acecha a nosotros.-Dijo Ventua.
-Pero aún faltan años para que coja fuerza; faltan treinta, es imposible.
-No, los astros se están alineando, en cuanto el Sol estea en su posición puede pasar cualquier cosa.-Dijo Caleb.-Además, si no me equivoco, cada vez hay más Dolontes; cada vez que un ataque de La Sombra estaba cerca el número de esos bichos se disparaba.
Lord Peniston asintió.
Rose miró a su compañero asustada.
-Pero aún falta, son cien años, está escrito.-Susurró.
-Rose, si los astros se alinean antes no podemos hacer nada.
-Pero... la Cúpula...
-La cúpula caerá, no hay suficiente magia para sostenerla, es demasiado frágil cuando La Sombra cobra fuerza.
-Chicos, calmaos, no va a pasar nada; Rose, aún falta mucho tiempo para un ataque a gran escala...-Comenzó Lord Peniston.
-No nos mientas, tú sabes perfectamente que el ataque sucederá pronto; hay demasiados Dolontes, y si es verdad lo que dicen, La Sombra se está alimentando con la vida del otro lado y nuestra magia.-Dijo clavando sus grises en los del hombre.
No había ni pizca de miedo en ellos, era, más bien, expectación; como si quisiera que la batalla comenzase, eso inquieto a la chica, que cerró sus manos en puños y apretó los dientes. Ella sabía que contra un ataque de La Sombra ninguna de sus técnicas de combata serviría para nada.
-De todos modos, nunca se sabe el momento preciso de un ataque; solo podemos esperar... y rezar.-Añadió Lord Peniston.
Hans corría a toda velocidad por el campo; la ciudad de Campbell se perdía en la lejanía.
Las botas del hombre crujían con cada paso sobre las secas hojas de los árboles. La mente del hombre estaba ocupada con una imagen se su hija; y en su corazón afloró un sentimiento de angustia y miedo por lo que le pudiese suceder a su hija.
lunes, 12 de agosto de 2013
Nathan (Capítulo 17)
Abi no estaba segura de cómo llegaron tan rápido al instituto, mientras recuperaba la compostura alzó la vista hacia la alta verja y se preguntó cómo llegar al otro lado.
-¡Abi!¿Qué haces? ven aquí.-Ordenó Rose; estaba justo bajo la rama del árbol que habían usado para salir del recinto del instituto.
Caleb juntó las manos formando una especie de cuenco en el que Rose apoyó su pie y el muchacho la impulsó; la chica se agarró a la rama y se sentó sobre ella con la elegancia de un felino. Caleb hizo lo mismo con Abi y cuando ambas estaban sobre el árbol el muchacho cogió carrerilla y saltó encaramándose a la rama, con un elegante balanceo se puso de pie y caminó sobre ella como si fuese la acera de la ciudad, con otro movimiento se dejó caer en la hierba; el chico le ofreció su mano a Rose pero esta la rechazó y se dejó caer con suavidad; Abi, en cambio, aceptó la ayuda del muchacho.
-Vamos, tenemos que irnos ya.-Los apremió Rose.
-Tranquila hay tiempo.-Contestó Caleb.
-No debimos pegarles, fue horrible.-Murmuró Abi.
Los chicos la miraron sin dar crédito a lo que oían.
-Bueno, si aún quieres pasar la noche en mugriento calabozo, por mí adelante, aunque tendrías que dar muchas explicaciones.-Comentó el chico.
Abi puso los ojos en blanco y comenzó a buscar el árbol que llevaba a a Arthros.
-¿Qué paso con tu hechizo?Pensaba que tenías controlado todo ese asunto de la magia.
-No sé, nunca me había pasado algo igual; de repente fue como si nunca hubiese tenido capacidad mágica; los conjuros no funcionaban...
-Eso ya lo vi, la próxima vez asegúrate de que no falle nada; no podemos pasearnos por la ciudad pegando a la gente.-Le reprochó Caleb.
-No fue culpa mía, no sé que ha pasado.-Se disculpó la chica.
-Si no eres capaz ni de memorizar un par de hechizo es mejor que no vengas, te convertirás en un estorbo.
-Vale, pues a ver que tal se te da a ti la magia.-respondió enfadada.
Caleb fijó sus eléctricos ojos en ella, pequeños destellos luminosos bailaban en ellos, saltando de un lado a otro. Rose apartó su mirada, se sentó en el suelo cruzando las piernas y sacó a Brooke de su mochila, el libro abrió los ojos cuando la chica introdujo la llave en el candado.
-Brooke, ¿por qué no funcionó el conjuro?-Preguntó la chica.
-Este mundo apenas tiene magia, ya lo sabes; aquí es más difícil mantener los conjuros durante mucho tiempo.Pero,además de eso, hay algo distinto; como una presencia maligna, de origen demoníaco.
-¿Dolontes?-Preguntó la muchacha.
-No creo, es más poderoso.
-¿Origen demoníaco?Ummm...-La chica comenzó a arrancar briznas de hierba pensativamente.
Caleb estaba a unos metros más alejado de las chicas,apoyado en el tronco de un árbol jugueteando con uno de sus cuchillos.
-¿La Sombra?-Dijo levantando la mirada de su cuchillo.
Abi y Rose se giraron al unísono y le miraron fijamente.
-Caleb, La Sombra no afecta a este mundo, apenas hay magia en él; y necesita la magia para vivir.-Dijo la chica.
-Sí, pero hay algo que también necesita.
-¿El qué?-Preguntó Abi con curiosidad.
El chico paso la mirada de Abi a Rose y luego volvió a detenerla sobre la pelirroja.
-Vida.
Rose lanzó una exclamación ahogada.
-Piénsalo, Rose, tiene sentido, ``La magia va ligada a la vida...´´
-``...del mismo modo que el bien va ligado al mal.´´-Acabó Rose.
-Está todo en el Inicio.-Dijo Caleb.
La imagen del libro apareció en la mente de Abi; Rose y Caleb se dirigieron hacia el árbol por el que Abi había llegado a Arthros por primera vez; la chica los siguió.
-¿Cómo no nos dimos cuenta antes?Durante todo nuestro entrenamiento, resulta demasiado obvio.-Comentó Rose.
-Lo más raro es que nadie se haya dado cuenta de ello, el Inicio existe desde la División y todos los Guardianes lo han leído a lo largo de generaciones.-Dijo Caleb atravesando el árbol.
Rose y Abi le siguieron, la sensación de levitación las inundó, pero esta vez Abi no se mareó; aterrizaron en el otro lado con un elegante salto.
Calen había echado a correr por el bosque, Rose enseguida se unió a su carrera con la mochila golpeándole la espalda con cada movimiento de la chica; Abi intentaba situarse a su altura, pero cada vez que lograba acercarse a ellos sus piernas protestaban.
-Chicos, esperadme.-Jadeó.
-Abi, espéranos aquí, tenemos que hablar con Bastak urgentemente.-Dijo Rose sin parar su alocada carrera.
La chica se paró en seco, su corazón martilleaba frenéticamente contra su pecho como si quisiera desgarrar su carne para salir al exterior. Abi se apoyó en sus rodillas para recuperar el aliento.
-``Y yo que pensaba que los entrenamientos eran duros´´-Pensó
La chica alzó la vista hacia el cielo; a lo lejos el manto nocturno de las estrellas comenzaba a dar paso a unas luces rosadas que indicaban el comienzo de un nuevo día en aquel mundo. Abi cogió una bocanada de aire para luego quedarse sin aliento ante la atenta mirada del muchacho que colgaba boca abajo de la rama de un árbol.
-¡Hola!-Saludó
Abi dio un paso hacia atrás sin apartar la vista de él.
-Tranquila, no muerdo.-dijo con una sonrisa,-bueno, no a las chicas estraviadas.-Añadió mientras se soltaba del árbol y aterrizaba tras dar una voltereta en el aire.
La chica no dijo nada se limitó a evaluarlo con la mirada. Su pelo era blanco, con unos pequeños toques azules, estaba recogido en una pequeña coleta situada sobre su nuca, pero los mechones del flequillo,demasiado largos, caían sobre sus oscuros ojos.
-Que descortés por mi parte, me llamo Nathan, Nathan Leemarcks.-Dijo con una leve reverencia.
-Abi Fis... Abi Grunklee.-Dijo al recordar el apellido de su padre.
El chico no puedo ocultar su asombro.
-Grunklee dices, esa familia hace años que desapareció.
-Mi padre, Hans, sigue vivo y mi madre también.
-He dicho que han desaparecido, no que hayan muerto. Huir no es lo mismo que morir.-Comentó el muchacho.
-Bueno, no tengo por qué escucharte, tengo cosas mejores que hacer.-Dijo malhumorada.
-¿cómo esperar a esos ``amiguitos´´ tuyos que te dejan tirada?-Preguntó.
La chica lo miró a los ojos; en la cara del muchacho se dibujó una sonrisa como la de Michael.
-Tú no sabes nada, es un asunto muy importante.
-Sí, eso ya lo pude comprobar, para que tus ``amigos´´ se olviden de ti debe de ser algo muy importante.
Abi bajó la vista al suelo sin querer admitir las palabras del muchacho.
-Anda, ven conmigo, no es bueno que andes sola.-Y otra vez apareció aquella media sonrisa.
-¡Abi!¿Qué haces? ven aquí.-Ordenó Rose; estaba justo bajo la rama del árbol que habían usado para salir del recinto del instituto.
Caleb juntó las manos formando una especie de cuenco en el que Rose apoyó su pie y el muchacho la impulsó; la chica se agarró a la rama y se sentó sobre ella con la elegancia de un felino. Caleb hizo lo mismo con Abi y cuando ambas estaban sobre el árbol el muchacho cogió carrerilla y saltó encaramándose a la rama, con un elegante balanceo se puso de pie y caminó sobre ella como si fuese la acera de la ciudad, con otro movimiento se dejó caer en la hierba; el chico le ofreció su mano a Rose pero esta la rechazó y se dejó caer con suavidad; Abi, en cambio, aceptó la ayuda del muchacho.
-Vamos, tenemos que irnos ya.-Los apremió Rose.
-Tranquila hay tiempo.-Contestó Caleb.
-No debimos pegarles, fue horrible.-Murmuró Abi.
Los chicos la miraron sin dar crédito a lo que oían.
-Bueno, si aún quieres pasar la noche en mugriento calabozo, por mí adelante, aunque tendrías que dar muchas explicaciones.-Comentó el chico.
Abi puso los ojos en blanco y comenzó a buscar el árbol que llevaba a a Arthros.
-¿Qué paso con tu hechizo?Pensaba que tenías controlado todo ese asunto de la magia.
-No sé, nunca me había pasado algo igual; de repente fue como si nunca hubiese tenido capacidad mágica; los conjuros no funcionaban...
-Eso ya lo vi, la próxima vez asegúrate de que no falle nada; no podemos pasearnos por la ciudad pegando a la gente.-Le reprochó Caleb.
-No fue culpa mía, no sé que ha pasado.-Se disculpó la chica.
-Si no eres capaz ni de memorizar un par de hechizo es mejor que no vengas, te convertirás en un estorbo.
-Vale, pues a ver que tal se te da a ti la magia.-respondió enfadada.
Caleb fijó sus eléctricos ojos en ella, pequeños destellos luminosos bailaban en ellos, saltando de un lado a otro. Rose apartó su mirada, se sentó en el suelo cruzando las piernas y sacó a Brooke de su mochila, el libro abrió los ojos cuando la chica introdujo la llave en el candado.
-Brooke, ¿por qué no funcionó el conjuro?-Preguntó la chica.
-Este mundo apenas tiene magia, ya lo sabes; aquí es más difícil mantener los conjuros durante mucho tiempo.Pero,además de eso, hay algo distinto; como una presencia maligna, de origen demoníaco.
-¿Dolontes?-Preguntó la muchacha.
-No creo, es más poderoso.
-¿Origen demoníaco?Ummm...-La chica comenzó a arrancar briznas de hierba pensativamente.
Caleb estaba a unos metros más alejado de las chicas,apoyado en el tronco de un árbol jugueteando con uno de sus cuchillos.
-¿La Sombra?-Dijo levantando la mirada de su cuchillo.
Abi y Rose se giraron al unísono y le miraron fijamente.
-Caleb, La Sombra no afecta a este mundo, apenas hay magia en él; y necesita la magia para vivir.-Dijo la chica.
-Sí, pero hay algo que también necesita.
-¿El qué?-Preguntó Abi con curiosidad.
El chico paso la mirada de Abi a Rose y luego volvió a detenerla sobre la pelirroja.
-Vida.
Rose lanzó una exclamación ahogada.
-Piénsalo, Rose, tiene sentido, ``La magia va ligada a la vida...´´
-``...del mismo modo que el bien va ligado al mal.´´-Acabó Rose.
-Está todo en el Inicio.-Dijo Caleb.
La imagen del libro apareció en la mente de Abi; Rose y Caleb se dirigieron hacia el árbol por el que Abi había llegado a Arthros por primera vez; la chica los siguió.
-¿Cómo no nos dimos cuenta antes?Durante todo nuestro entrenamiento, resulta demasiado obvio.-Comentó Rose.
-Lo más raro es que nadie se haya dado cuenta de ello, el Inicio existe desde la División y todos los Guardianes lo han leído a lo largo de generaciones.-Dijo Caleb atravesando el árbol.
Rose y Abi le siguieron, la sensación de levitación las inundó, pero esta vez Abi no se mareó; aterrizaron en el otro lado con un elegante salto.
Calen había echado a correr por el bosque, Rose enseguida se unió a su carrera con la mochila golpeándole la espalda con cada movimiento de la chica; Abi intentaba situarse a su altura, pero cada vez que lograba acercarse a ellos sus piernas protestaban.
-Chicos, esperadme.-Jadeó.
-Abi, espéranos aquí, tenemos que hablar con Bastak urgentemente.-Dijo Rose sin parar su alocada carrera.
La chica se paró en seco, su corazón martilleaba frenéticamente contra su pecho como si quisiera desgarrar su carne para salir al exterior. Abi se apoyó en sus rodillas para recuperar el aliento.
-``Y yo que pensaba que los entrenamientos eran duros´´-Pensó
La chica alzó la vista hacia el cielo; a lo lejos el manto nocturno de las estrellas comenzaba a dar paso a unas luces rosadas que indicaban el comienzo de un nuevo día en aquel mundo. Abi cogió una bocanada de aire para luego quedarse sin aliento ante la atenta mirada del muchacho que colgaba boca abajo de la rama de un árbol.
-¡Hola!-Saludó
Abi dio un paso hacia atrás sin apartar la vista de él.
-Tranquila, no muerdo.-dijo con una sonrisa,-bueno, no a las chicas estraviadas.-Añadió mientras se soltaba del árbol y aterrizaba tras dar una voltereta en el aire.
La chica no dijo nada se limitó a evaluarlo con la mirada. Su pelo era blanco, con unos pequeños toques azules, estaba recogido en una pequeña coleta situada sobre su nuca, pero los mechones del flequillo,demasiado largos, caían sobre sus oscuros ojos.
-Que descortés por mi parte, me llamo Nathan, Nathan Leemarcks.-Dijo con una leve reverencia.
-Abi Fis... Abi Grunklee.-Dijo al recordar el apellido de su padre.
El chico no puedo ocultar su asombro.
-Grunklee dices, esa familia hace años que desapareció.
-Mi padre, Hans, sigue vivo y mi madre también.
-He dicho que han desaparecido, no que hayan muerto. Huir no es lo mismo que morir.-Comentó el muchacho.
-Bueno, no tengo por qué escucharte, tengo cosas mejores que hacer.-Dijo malhumorada.
-¿cómo esperar a esos ``amiguitos´´ tuyos que te dejan tirada?-Preguntó.
La chica lo miró a los ojos; en la cara del muchacho se dibujó una sonrisa como la de Michael.
-Tú no sabes nada, es un asunto muy importante.
-Sí, eso ya lo pude comprobar, para que tus ``amigos´´ se olviden de ti debe de ser algo muy importante.
Abi bajó la vista al suelo sin querer admitir las palabras del muchacho.
-Anda, ven conmigo, no es bueno que andes sola.-Y otra vez apareció aquella media sonrisa.
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