La chica permaneció al margen de todo aquello, los ocho se cogieron de las manos y Rose comenzó a murmurar unas palabras en un idioma que Abi no conocía. El suelo comenzó a iluminarse y sobre el grabado del ángel y el demonio apareció un mapa de Arthros, cuatro de los doce puntos estaban iluminados, los que representaban a las ciudades de Millute, Parsena, Seyal y Lunyep. Para cuando Rose acabó de recitar las palabras, el punto donde estaba situada Campbell también se iluminó.
Todos abrieron los ojos para mirar el mapa, pero al parecer tenían otras expectativas, porque en la cara de todos se podía leer la decepción, excepto quizás en la de Lord Peniston, que al parecer ya se esperaba algo así.
-Os dije que no funcionaría-sentenció el hombre.
-Aún pueden activarse...-comenzó Rose.
-Rose, sabíamos que era muy arriesgado, las posibilidades de que todas las ciudades respodieran eran muy remotas-fijo una de las mujeres.
Era realmente guapa; llevaba el pelo recogido en una trenza que le llegaba a la altura de los hombros, y sus ojos eran exactamente iguales a los de Rose y Soul; solo que. a su alrededor, ya se distinguían algunas arrugas propias de la edad.
El hombre que estaba a su lado le pasó el brazo por los hombros en una actitud protectora.
Abi dio por hecho que aquellos eran los padres de sus compañeros. Soul era una versión de aquel hombre cuando era niño.
Caleb se acercó a la chica.
-¿Contenta?-preguntó irónico.
La chica se limitó a darse la vuelta y salir de la estancia, bajó las escaleras y salió del edificio. Nathan seguía junto a la verja, sentado en el suelo. El lobo le dedicó una inquisitiva mirada.
-¡Que hace Nathan aquí?-preguntó Rose a su espalda.
Abi dio un respingo y giró sobre sus talones para enfrentarse a la chica.
-Nos acompañó a Caleb y a mí-respondió encogiéndose de hombros-no sabía que os conociéseis-añadió.
-Sí, bueno; nuestros padres son viejos conocidos.
El lobo asintió.
-Por cierto,¿quieres que te deje algo de ropa para cambiar de forma?-preguntó la chica al ver que no llevaba sus pantalones atados en la pata como solía hacer.
Nathan se tumbó en el suelo y Rose entró en el edificio en busca de algo para Nathan; dejándolos solos.
El silencio volvió a instalarse entre ellos, dejando que fuesen sus mentes las que hablasen.
Abi seguía dándole vueltas a lo ocurrido con Caleb, pero cuanto más pensaba en el chico más confusa se sentía.
Rose no tardó mucho en encontrar la ropa adecuada, unos pantalones y una camisa de Caleb, la chica bajó las escaleras a todo correr y salió del edificio.
El lobo se puso en pie cuando vio aparecer a Rose, la chica le tendió la ropa y Nathan se la llevo tras unos arbustos.
-Pensaba que los Guardianes y los hombres lobo no os llevabais muy bien-comentó Abi.
-Pues no, no tenemos ningún prejuicio hacia ellos, de hecho, hay Guardianes que son hombres lobo. Además, mis padres se llevaban genial con los suyos.
-Por cierto,¿ los que estaban en la sala de entrenamiento eran tus padres?
Rose asintió.
-Y la otra mujer es Tanya, no suele venir mucho por la escuela; ella vas más por libre, pero la necesitábamos para el ritual.
Nathan apareció con su forma humana haciendo una mueca de desagrado.
-¿Tenía que ser ropa de un cambiante?-preguntó molesto.
Rose le lanzó una mirada asesina.
-No le llames así-siseó.
Nathan puso los ojos en blanco.
-¿Para qué es el ritual?-preguntó Abi haciendo que ambos fijasen sus miradas sobre ella.
-¿No os lo explicó Caleb?
-¿Qué tenía que explicarnos?-preguntó el muchacho, receloso.
-Pues que estamos convocando a todos los Guardianes para activar El Círculo.
Nathan mantenía su mirada fija en Rose, sin dar crédito a lo que oía.
-¡¿Estáis locos?!-exclamó.
-Nathan...
-La Cúpula no va aguantar, cada vez es más frágil, y vosotros solo pensáis en quitarle la poca energía que la sostiene-la cortó.
Abi asistía a toda la discusión sin acabar de comprender todo aquello. La chica decidió ir en busca de su compañero, estaba harta de que siempre le ocultase las cosas.
Apenas había entrado en el edificio cuando se encontró a su padre.
-Hija, ven conmigo un momento, quiero presentarte a ...
-¡Ahora no!-dijo malhumorada.
No quería hablar con otra persona que no fuese Caleb, aquel chico le debía una explicación. Dejó a su padre con la palabra en la boca y subió hasta la cuarta planta, donde estaban las habitaciones. Empujó la puerta del muchacho sin llamar; el chico estaba buscando una camisa limpia en el armario y llevaba el torso desnudo; Abi se sonrojó levemente al verle así, pero a él no pareció importarle demasiado.
-No se en tu mundo, pero aquí tenemos la costumbre de llamar a la puerta antes de entrar-dijo mientras se ponía una camisa blanca.
La chica dejó a un lado su vergüenza y cargó contra él.
-¡A ti que te pasa?-preguntó cruzándose de brazos.
El chico enarcó una ceja.
-Contesta.
-¿Qué mosca te ha picado, pelirroja?
La chica odiaba que se hiciese el inocente, él sabía perfectamente por qué estaba enfadada.
-Que no sea una Guardiana como tú, no te da derecho a ocultarme las cosas.
-¡Ah!-exclamó el muchacho- Así que todo este número es por el ritual; pues que sepas que lo hice para protegerte.
Aquello ya era el colmo, ¿cómo podía tener la cara de decirle eso?
-¿Protegerme de qué, exactamente?-la escasa paciencia de la chica comenzaba a agotarse.
-Abi, las cosas no son cómo tú piensas-dijo intentando razonar con su compañera.
-Por el amor de Dios, no me vengas ahora de protector; creo que ya he demostrado que me puedo cuidar sola.
Caleb apretó la mandíbula.
-Ya te lo dije antes, y te lo repito ahora, deja de hacerte la heroína. No eres más que una niña.
-No pensabas eso cuando me besaste- comentó manteniéndose firme-¿o acaso me equivoco?-añadió intentando digerir las palabras de Caleb, ella también podía hacerle daño si eso era lo que quería.
-¡Eso no tiene nada que ver!-exclamó-Además, tú me devolviste el beso-dijo calmándose.
-Tú problema es que te crees superior a todos los demás, siempre vas por ahí haciéndote el interesante, contando las cosas a medias y cuando te pregunto sobre algo saltas con lo de ``no puedo decírtelo´´ o ``no lo entenderías´´-dijo imitando su voz-cuando el que no quiere entender eres tú. Y si crees que con un simple beso vas a tenerme a tus pies, está muy equivocado, eso te habrá funcionado con otras chicas, pero no lo hará conmigo; yo no soy como ellas.
Caleb había permanecido totalmente mudo durante el discurso de Abi, pero abrió la boca para romper el silencio.
-Digas lo que digas-el chico se acercó a ella y le paso la mano por la mejilla delicadamente, demorándose en su labio inferior-ambos sabemos que te gusto-susurró.
Caleb acercó sus labios a los de la chica. Pero antes de que llegase a ellos, Abi lo empujó y se giró malhumorada, dejando al chico desconcertado. La chica salió de la habitación dando un portazo.
Respiró profundamente un par de veces para serenarse. Era inútil razonar con aquel chico, y eso le ponía de los nervios.
Caleb supo encajar bien las palabras de la pelirroja, pero no esperaba que rehuyese de esa forma, aquello le había pillado por sorpresa. El chico se dejó caer en su cama, en lo más profundo de su mente sabía que ella tenía razón, Abi no era como las demás chicas, ella tenía algo especial, no sabía el qué, pero lo averiguaría.
Y por otra parte le gustaba hacerla enfadar, estaba adorable cuando le salían esas pequeñas arrugas en la frente.
``¿Pero qué dices? Ha sido una carga para ti desde que llegó, siempre haciendo preguntas y desobedeciendote.´´
El chico lanzó un largo suspiro y cerró los ojos.
``Aunque...quizás sea verdad, y no seamos tan distintos.´´
Cuando la chica bajaba el último tramo de escaleras se encontró con Lord Peniston, que caminaba nervioso de un lado a otro. La muchacha lo miró desconcertada.
-¿Pasa algo?
-¡Oh! No te había visto, pequeña. Non no pasa nada; solo estamos esperando unas confirmaciones-dijo con una sonrisa nerviosa-si quieres ver a tu padre, está en la cocina-añadió.
Abi no tenía ganas de hablar con él, seguía algo molesta porque le había ocultado todo lo referente a Arthros, pero aún le molestaba más que hubiese fingido su propia muerte.
Abi decidió ir en busca de Rose y Nathan. Salió fuera del edificio, pero no estaban allí; volvió a entrar y recorrió todas las plantas hasta llegar a la última.
Se dirigió a la habitación de Rose y abrió la puerta. Apenas transcurrieron unos segundos, pero fueron los suficientes para ver a Nathan levantar la vista del cuello de Rose y la clavarla en la pelirroja; Rose giró la cabeza y al ver a Abi tiró del edredón de la cama para cubrirse el pecho desnudo. Nathan se separó de la chica como si hubiese sido impulsado por un resorte y se puso la camisa de Caleb en menos de un segundo.
Rose tenía el rostro enrojecido por la vergüenza, pero intentaba esconderlo tras la cascada que formaba su melena suelta.
-Yo...yo-Abi no tenía ni idea de qué decir, no sabía quién de los tres estaba más avergonzado-lo siento-dijo cerrando la puerta detrás suya.
Se quedó en el pasillo, apoyada contra la pared y mirando la puerta de enfrente; la de la habitación de Caleb.
El chico tenía razón, no debería haber entrado sin llamar en una habitación ajena. La chica se sentía horriblemente mal, no tenía ni idea de como les iba a mirar a la cara después de aquello.
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sábado, 15 de febrero de 2014
domingo, 9 de febrero de 2014
Capítulo 24: El Círculo
Llegar hasta la Selbua no era tan fácil. Para poder acceder a Zarion, la ciudad de la magia, había que hacer un ritual.
Las ciudades de Arthros estaban situadas en puntos estratégicos, que vistos desde arriba formaban un sol de siete puntas, en cada una de ellas había situada una de las doce ciudades, otras cuatro estaban en el centro del sol, rodeando a Zarion, señalando los puntos cardinales. Esta disposición no era solo el mapa de Arthros, si no también su bandera. Todas las escuelas de Guardianes tenían una hondeando al viento en lo más alto del mástil.
Zarion no existía como un lugar físico,para poder acceder a la ciudad había que activar El Círculo. El Círculo era un anillo plateado alrededor de una cruz, que formaban todas las ciudades al activar las flechas de cada escuela de Guardianes. Las flechas solían estar en la sala de entrenamiento, grabadas en la pared que daba al norte; y solo se podían usar cuando todos los Guardianes pertenecientes a esa escuela estaban presentes y canalizaban su energía hacia ellas. Todo el ritual suponía un inmenso gasto de energía mágico que se destinaba a mantener la Cúpula en pie.
Por esa razón El Círculo solo se activaba en casos de emergencia extrema. El simple hecho de quitarle energía mágica a la Cúpula suponía un riesgo demasiado alto para Arthros; y el hecho de que la última vez que se activó los Dolontes invadieron Arthros de forma masiva, arrasando todo a su paso, solo empeoraba la situación.
-Va a ser demasiado difícil activar El Círculo, no creo que todas las ciudades quieran hacer el ritual solo porque tengamos una nueva teoría sobre los ataques de La Sombra-dijo Ventua mirando fijamente a Hans.
-Ventua, ¿no te das cuenta de que si tenemos razón todo cambiaría?-preguntó Rose.
-¿Qué posibilidades hay de que todo esto salga bien, Lord Peniston?-preguntó el hombre.
-Sinceramente, una entre un millón, quizás más todo esto es una locura.
Todos miraron a su mentor sin dar crédito a lo que oían. ¿Acaso intentaba disuadirles de ir a Zarion?
-Bueno, pues si usted no quiere acompañarnos, no lo haga, pero no intente hacernos cambiar de idea; usted mismo dijo que la teoría de la Alineación podría ser verdadera...
-Podría, tú mismo lo has dicho-dijo cortándole a su compañero.
Ventua y Rose pasaron la mirada de Hans a Lord Peniston, todo aquello era muy extraño.
-Rose, manda un mensaje a cada ciudad para convocarla-dijo Hans sin quitarle el ojo de encima a Lord Peniston-y avisa a Caleb y Abi-añadió.
La chica cogió una tiza de su mochila y dibujó un pentágono en el suelo y se puso de rodillas en su centro; comenzó a murmurar unas palabras y con la misma tiza dibujo un mapa de Arthros sobre su pentágono,nombrando por orden cada ciudad.
-Beneah, Rasathon, Millute, Parsena; Tusha; Seyal- cada vez que nombraba una ciudad, aparecía una llama sobre el punto en el que estaba situada-Fanirt, Campbell, Demali, Ghasor, Lunyep y Zarion-Rose abrió los ojos, delante de ella las llamas crepitaban señalando la situación de cada ciudad, la chica se levantó y sopló las llamas, doce pequeñas columnas de humo ascendieron hasta el techo.
-Listo-sentenció la muchacha.
-¿Y ahora que hacemos?-preguntó Ventua.
-Ahora solo podemos esperar y rezar para que acepten activar El Círculo.-dijo Hans.
Caleb, Abi y Nathan caminaban en un silencio sepulcral, que solo se interrumpía por sus pasos.
Nathan enseguida se dio cuenta de que algo raro pasaba entre Abi y Caleb; ambos evitaban mirarse a los ojos y se notaba la tensión que había entre ellos.
El lobo se preguntaba que habría pasado entre ellos mientras estuvo de caza.
De repente, una bola de fuego apareció ante ellos, la bola se abrió dejando ver un luminoso mensaje que ni Abi ni Nathan entendían; pero Caleb lo leyó en voz alta.
``Se convoca a todos los Guardianes de Campbell a reunirse en su escuela para activar El Círculo´´
Nathan clavó su lobuna mirada en el muchacho.
-¿Qué pasa, hay problemas?-preguntó la chica mirando a ambos.
-Tenemos que darnos prisa; tendremos que correr-sentenció el muchacho.
Abi lanzó un largo suspiro, ¿cómo demonios iba a correr con aquel vestido?
Caleb, notando la frustración de su compañera, se acercó a ella; la cogió de la cintura y la sentó sobre el lomo de Nathan.
Sus manos ardían al contacto con su piel; un escalofrío recorrió la espalda de la chica, apenas fueron unos segundos, pero lo suficiente para notar como sus manos se demoraban en su cintura.
-Más vale que te agarres fuerte-dijo-y tú, procura que no se caiga-añadió refiriéndose al lobo.
Caleb comenzó a correr, pero Nathan enseguida le alcanzó. La chica no salía de su asombro, jamás había visto a nadie correr como Caleb, quizás su velocidad estuviese relacionada con su condición de Kalatary, pero aún así era admirable.
Nathan no tenía nada que envidiarle al rubio, el peso extra de la chica no ralentizaba su ritmo, parecía que no le molestase la presencia de Abi, que se esforzaba por mantener aquel frenético ritmo.
Abi se acordó de las clases de hípica a las que había asistido de niña, pero el lomo de Nathan distaba mucho del de un caballo, era muchísimo más complicado adaptarse a su carrera.
Lo que más le extrañaba a la chica era que Caleb no cambiase de forma, ni tan siquiera en las peleas; la única ver que lo había visto con otra forma fue cuando lo encontró en el campus de su instituto.
Un escalofrío recorrió su espina dorsal al recordar aquel momento. El chico la había sorprendido desde el principio; Caleb era exactamente como un personaje de un libro; el principal, por supuesto, Caleb jamás podría quedar desplazado a un segundo lugar. Todo en él llamaba la atención, desde sus chispeantes ojos hasta la manera en la que vestía y los increíbles movimientos en el combate.
El bosque pronto dio paso al campo, dividido en perfectas parcelas de hierba, trigo y otros cereales; cada poco veían pasar una casa o algún carro tirado por bueyes.
Enseguida pisaron las calles de la ciudad, atravesaron una muralla que Abi jamás había visto, y siguieron subiendo por las empinadas calles que llevaban hasta la escuela de Guardianes.
La gente se apartaba asustada a su paso, desde luego no estaban muy acostumbrados a ver hombres lobos merodeando por los alrededores.
La verja del edificio estaba abierta, pero Caleb, al igual que Nathan, disminuyó la velocidad. El lobo frenó y se agachó jadeante para que la chica pudiese bajar de su lomo.
-Quedaros aquí-dijo Caleb-y más vale que me hagáis caso-añadió mirando a su compañera.
Abi se cruzó de brazos y se quedó allí en pie, viendo como se alejaba Caleb; en cuanto el chico desapareció en el interior del edificio, la chica se inclinó sobre la oreja de Nathan.
-Vamos-le apremió.
Pero Nathan en vez de moverse, se sentó sobre el pavimento.
-¡Nathan!¡Vas a hacerle caso a Caleb?
El lobo soltó un gemido quejumbroso; pero hizo un movimiento con la cabeza indicándole a la chica que fuese sin él. Abi le hizo caso y entró en el edificio, pero no tenía ni idea de dónde ir. Se maldijo así misma por no haber seguido a Caleb antes.
La chica subió el primer tramo de escaleras buscando a Rose o a su padre; pero nada más llegar al segundo piso una mano tiró de ella y la empujó contra la pared, haciendo que se golpease la cabeza.
-¡Auch!-exclamó.
-¿Pero que haces?¡Te dije que no podías venir!-los ojos de Caleb estaban encendidos, las chispas saltaban frenéticamente en sus pupilas, casi tan rápido como cuando la había besado.
-¡Qué pasa?-preguntó ignorando el tono recriminador del chico.
-Abi, deja de comportarte así, no eres una Guardiana-dijo enfadado.
La chica lo empujó en un ataque de furia contenida.
-¡No me digas lo que tengo que hacer!-chilló.
Rose apareció en el pasillo al oír los gritos.
-¿Se puede saber que hacéis gritándoos? Daos prisa, tenemos que empezar el ritual-dijo molesta.
Abi miró inquisitivamente a Caleb.
-¿Ritual?-preguntó.
-Tú solo espera aquí, hazme caso; esto es muy importante y solo los Guardianes pueden entrar...
-¡Chicos!-les gritó Rose.
-Ya voy-respondió el muchacho-tú te vas a quedar aquí, o si no..
-O si no ¿qué?-le desafió la pelirroja.
Caleb optó por girar sobre sus talones y dirigirse hacia la sala de entrenamiento. Aquella chica lograba sacarle de sus casillas. En la sala además de Lord Peniston, Hans, Rose y Ventua había otras dos mujeres y un hombre formando un círculo junto a la pared en la que estaba gravada el dibujo que representaba a un ángel y un demonio alzando sus espadas por encima de sus cabezas dispuestos a descargarlas sobre su adversario.
Las ciudades de Arthros estaban situadas en puntos estratégicos, que vistos desde arriba formaban un sol de siete puntas, en cada una de ellas había situada una de las doce ciudades, otras cuatro estaban en el centro del sol, rodeando a Zarion, señalando los puntos cardinales. Esta disposición no era solo el mapa de Arthros, si no también su bandera. Todas las escuelas de Guardianes tenían una hondeando al viento en lo más alto del mástil.
Zarion no existía como un lugar físico,para poder acceder a la ciudad había que activar El Círculo. El Círculo era un anillo plateado alrededor de una cruz, que formaban todas las ciudades al activar las flechas de cada escuela de Guardianes. Las flechas solían estar en la sala de entrenamiento, grabadas en la pared que daba al norte; y solo se podían usar cuando todos los Guardianes pertenecientes a esa escuela estaban presentes y canalizaban su energía hacia ellas. Todo el ritual suponía un inmenso gasto de energía mágico que se destinaba a mantener la Cúpula en pie.
Por esa razón El Círculo solo se activaba en casos de emergencia extrema. El simple hecho de quitarle energía mágica a la Cúpula suponía un riesgo demasiado alto para Arthros; y el hecho de que la última vez que se activó los Dolontes invadieron Arthros de forma masiva, arrasando todo a su paso, solo empeoraba la situación.
-Va a ser demasiado difícil activar El Círculo, no creo que todas las ciudades quieran hacer el ritual solo porque tengamos una nueva teoría sobre los ataques de La Sombra-dijo Ventua mirando fijamente a Hans.
-Ventua, ¿no te das cuenta de que si tenemos razón todo cambiaría?-preguntó Rose.
-¿Qué posibilidades hay de que todo esto salga bien, Lord Peniston?-preguntó el hombre.
-Sinceramente, una entre un millón, quizás más todo esto es una locura.
Todos miraron a su mentor sin dar crédito a lo que oían. ¿Acaso intentaba disuadirles de ir a Zarion?
-Bueno, pues si usted no quiere acompañarnos, no lo haga, pero no intente hacernos cambiar de idea; usted mismo dijo que la teoría de la Alineación podría ser verdadera...
-Podría, tú mismo lo has dicho-dijo cortándole a su compañero.
Ventua y Rose pasaron la mirada de Hans a Lord Peniston, todo aquello era muy extraño.
-Rose, manda un mensaje a cada ciudad para convocarla-dijo Hans sin quitarle el ojo de encima a Lord Peniston-y avisa a Caleb y Abi-añadió.
La chica cogió una tiza de su mochila y dibujó un pentágono en el suelo y se puso de rodillas en su centro; comenzó a murmurar unas palabras y con la misma tiza dibujo un mapa de Arthros sobre su pentágono,nombrando por orden cada ciudad.
-Beneah, Rasathon, Millute, Parsena; Tusha; Seyal- cada vez que nombraba una ciudad, aparecía una llama sobre el punto en el que estaba situada-Fanirt, Campbell, Demali, Ghasor, Lunyep y Zarion-Rose abrió los ojos, delante de ella las llamas crepitaban señalando la situación de cada ciudad, la chica se levantó y sopló las llamas, doce pequeñas columnas de humo ascendieron hasta el techo.
-Listo-sentenció la muchacha.
-¿Y ahora que hacemos?-preguntó Ventua.
-Ahora solo podemos esperar y rezar para que acepten activar El Círculo.-dijo Hans.
Caleb, Abi y Nathan caminaban en un silencio sepulcral, que solo se interrumpía por sus pasos.
Nathan enseguida se dio cuenta de que algo raro pasaba entre Abi y Caleb; ambos evitaban mirarse a los ojos y se notaba la tensión que había entre ellos.
El lobo se preguntaba que habría pasado entre ellos mientras estuvo de caza.
De repente, una bola de fuego apareció ante ellos, la bola se abrió dejando ver un luminoso mensaje que ni Abi ni Nathan entendían; pero Caleb lo leyó en voz alta.
``Se convoca a todos los Guardianes de Campbell a reunirse en su escuela para activar El Círculo´´
Nathan clavó su lobuna mirada en el muchacho.
-¿Qué pasa, hay problemas?-preguntó la chica mirando a ambos.
-Tenemos que darnos prisa; tendremos que correr-sentenció el muchacho.
Abi lanzó un largo suspiro, ¿cómo demonios iba a correr con aquel vestido?
Caleb, notando la frustración de su compañera, se acercó a ella; la cogió de la cintura y la sentó sobre el lomo de Nathan.
Sus manos ardían al contacto con su piel; un escalofrío recorrió la espalda de la chica, apenas fueron unos segundos, pero lo suficiente para notar como sus manos se demoraban en su cintura.
-Más vale que te agarres fuerte-dijo-y tú, procura que no se caiga-añadió refiriéndose al lobo.
Caleb comenzó a correr, pero Nathan enseguida le alcanzó. La chica no salía de su asombro, jamás había visto a nadie correr como Caleb, quizás su velocidad estuviese relacionada con su condición de Kalatary, pero aún así era admirable.
Nathan no tenía nada que envidiarle al rubio, el peso extra de la chica no ralentizaba su ritmo, parecía que no le molestase la presencia de Abi, que se esforzaba por mantener aquel frenético ritmo.
Abi se acordó de las clases de hípica a las que había asistido de niña, pero el lomo de Nathan distaba mucho del de un caballo, era muchísimo más complicado adaptarse a su carrera.
Lo que más le extrañaba a la chica era que Caleb no cambiase de forma, ni tan siquiera en las peleas; la única ver que lo había visto con otra forma fue cuando lo encontró en el campus de su instituto.
Un escalofrío recorrió su espina dorsal al recordar aquel momento. El chico la había sorprendido desde el principio; Caleb era exactamente como un personaje de un libro; el principal, por supuesto, Caleb jamás podría quedar desplazado a un segundo lugar. Todo en él llamaba la atención, desde sus chispeantes ojos hasta la manera en la que vestía y los increíbles movimientos en el combate.
El bosque pronto dio paso al campo, dividido en perfectas parcelas de hierba, trigo y otros cereales; cada poco veían pasar una casa o algún carro tirado por bueyes.
Enseguida pisaron las calles de la ciudad, atravesaron una muralla que Abi jamás había visto, y siguieron subiendo por las empinadas calles que llevaban hasta la escuela de Guardianes.
La gente se apartaba asustada a su paso, desde luego no estaban muy acostumbrados a ver hombres lobos merodeando por los alrededores.
La verja del edificio estaba abierta, pero Caleb, al igual que Nathan, disminuyó la velocidad. El lobo frenó y se agachó jadeante para que la chica pudiese bajar de su lomo.
-Quedaros aquí-dijo Caleb-y más vale que me hagáis caso-añadió mirando a su compañera.
Abi se cruzó de brazos y se quedó allí en pie, viendo como se alejaba Caleb; en cuanto el chico desapareció en el interior del edificio, la chica se inclinó sobre la oreja de Nathan.
-Vamos-le apremió.
Pero Nathan en vez de moverse, se sentó sobre el pavimento.
-¡Nathan!¡Vas a hacerle caso a Caleb?
El lobo soltó un gemido quejumbroso; pero hizo un movimiento con la cabeza indicándole a la chica que fuese sin él. Abi le hizo caso y entró en el edificio, pero no tenía ni idea de dónde ir. Se maldijo así misma por no haber seguido a Caleb antes.
La chica subió el primer tramo de escaleras buscando a Rose o a su padre; pero nada más llegar al segundo piso una mano tiró de ella y la empujó contra la pared, haciendo que se golpease la cabeza.
-¡Auch!-exclamó.
-¿Pero que haces?¡Te dije que no podías venir!-los ojos de Caleb estaban encendidos, las chispas saltaban frenéticamente en sus pupilas, casi tan rápido como cuando la había besado.
-¡Qué pasa?-preguntó ignorando el tono recriminador del chico.
-Abi, deja de comportarte así, no eres una Guardiana-dijo enfadado.
La chica lo empujó en un ataque de furia contenida.
-¡No me digas lo que tengo que hacer!-chilló.
Rose apareció en el pasillo al oír los gritos.
-¿Se puede saber que hacéis gritándoos? Daos prisa, tenemos que empezar el ritual-dijo molesta.
Abi miró inquisitivamente a Caleb.
-¿Ritual?-preguntó.
-Tú solo espera aquí, hazme caso; esto es muy importante y solo los Guardianes pueden entrar...
-¡Chicos!-les gritó Rose.
-Ya voy-respondió el muchacho-tú te vas a quedar aquí, o si no..
-O si no ¿qué?-le desafió la pelirroja.
Caleb optó por girar sobre sus talones y dirigirse hacia la sala de entrenamiento. Aquella chica lograba sacarle de sus casillas. En la sala además de Lord Peniston, Hans, Rose y Ventua había otras dos mujeres y un hombre formando un círculo junto a la pared en la que estaba gravada el dibujo que representaba a un ángel y un demonio alzando sus espadas por encima de sus cabezas dispuestos a descargarlas sobre su adversario.
sábado, 4 de enero de 2014
La Alineación (Capítulo 23)
No sabía si aquello estaba bien o mal, lo único que sabía era que no quería que acabase. Los labios de Caleb ardían y se movían frenéticamente junto a los suyos, su lengua pidió paso abriendo lentamente la boca de la chica para unirse a la suya.
El chico la agarró por la cintura y la sentó sobre su regazo sin apenas esfuerzo, sus cabezas quedaron casi a la misma altura. Las chispas de los ojos de Caleb saltaban frenéticamente en sus pupilas; los ojos de Abi se volvieron de un verde resplandeciente, la chica atrajo a Caleb hacia ella y le besó como nunca jamás había besado a nadie; sus manos viajaron hasta la nuca del muchacho y entrelazó sus dedos en su pelo. Caleb sujetaba firmemente la cintura de la chica con un brazo, dejando el otro libre para pasearse por la espalda de la pelirroja y sujetarle con delicadeza la nuca, impidiendo que ella se separase. Las manos de Abi bajaron por el pecho del chico recorriendo con los dedos los músculos que se adivinaban bajo su ropa.
La chica se separó durante un par de segundos para tomar aire, pero Caleb la volvió a atraer hacia él; una quemazón bajaba por su garganta hasta llegar a la boca del estómago. Sabía que aquello estaba mal; las relaciones entre Guardianes estaban prohibidas, pero nunca antes había sentido algo igual por nadie; le gustaba demasiado que la chica acariciase su piel y ¡por qué negarlo? le encantaba la forma en la que los labios de Abi se movían junto a los suyos; frenéticos, rápidos y delicados al mismo tiempo.
Caleb mordió con suavidad el labio inferior de la chica recibiendo como respuesta una intensificación del beso.
No quería parar, quería besarla de ese modo todos los días, pero la imagen de Hans apareció en su mente haciendo que diese un respingo; intentó apartar la imagen del hombre de su mente y centrarse en Abi, pero esta volvía una y otra vez. Al final optó por apartar a la chica con delicadeza.
Lo primero que vio fueron los brillantes ojos de la chica, su verde resplandecía de una manera extraña que le atraía, si era posible, aún más ; Abi le dedicó una mirada de confusión, sus labios estaban más rojos y sus mejillas encendidas destacaban sobre su piel blanca; tenía el pelo revuelto de una manera extrañamente sexy, el chico apartó la mirada de ella.
Abi, intuyendo que algo no iba bien, se levantó de su regazo y se sentó a su lado. Aquello empezaba a ser algo incómodo.
-Esto no debió pasa-dijo Caleb evitando mirarla a los ojos.
-¿No debió pasar? Pero si tú...
-Sí, ya sé que yo te besé, pero está mal-dijo interrumpiéndola.
``¿Por qué está mal? ¿Acaso no le gustó? Pero él empezó... yo solo le seguí.´´
En la mente de la chica comenzaron a aparecer interrogantes. Ella había sentido una chispa, algo realmente mágico, como una conexión ¿se estaría volviendo paranoica o aquella sensación era real?
Nathan apareció con un par de conejos en la boca y sus ojos lobunos pasaron de Caleb a Abi; el también notó la tensión que les rodeaba, ambos tenían las mejillas enrojecidas. Nathan se limitó a dejar las presas junto a la pequeña hoguera y se tumbó en el suelo observándolos.
Rose subió las escaleras del edificio a todo correr con la mochila le golpeándole la espalda con cada paso que daba.
-Deberías tener un poco de consideración conmigo ¿no crees?
-Cállate, Brooke-respondió gruñendo.
-Solo digo que no es nada cómodo, podrías ir más despacio ¿sabes?
La chica se limitó a soltar otro gruñido y a ignorar las quejas de su libro de magia.
Llegó hasta el despacho de Lord Peniston y abrió la puerta tras oír un ``Adelante´´ por parte del hombre.
Ventua ya estaba en la habitación, junto a Hans y Lord Peniston, los tres estaban leyendo uno de los libros de la biblioteca privada del hombre.
-Tengo noticias-dijo la chica sacando a Brooke de la mochila, y abriéndolo sobre el escritorio.
-Nosotros también, y me temo que no son buenas-Hans lanzó un suspiro, se puso en pie y se dirigió hacia la ventana que daba al jardín.
La chica pasaba las páginas del libro buscando la sección de La Sombra cuando llegó a ella comenzó a pasar las páginas lentamente hasta que se paró en una, al margen de la página había unas anotaciones echas por el antiguo dueño de ese libro. Todos se inclinaron sobre la mesa para poder leer lo que había anotado.
``La Sombra ha atacado Arthros en períodos de cien años durante generaciones; pero estos períodos no son más que una simple coincidencia, La Sombra consigue su máximo poder cuando las siete esferas celestiales están en perfecta alieación. Este fenómeno ha tenido lugar cada cien años, con períodos de variación de hasta doce meses, por lo que los cálculos matemáticos que hacen referencia al tiempo medido mediante el sistema terrenal son incorrectos y por lo tanto nulos...´´
Lord Peniston levantó la vista del libro para mirar a Rose.
-¿desde cuando tienes este libro?
-Desde que empecé a estudiar magia, pero nunca había leído esto; solía centrarme en memorizar los conjuros.respondió la chica.
Un incómodo silencio se quedo flotando en el aire, la tensión era tan grande que podría cortarse con un cuchillo.
Hans se dirigió a la mesa y cerró a Brooke; este parpadeó un par de veces, pero no dijo nada.
- Apenas faltan un par de semanas para la alineación, eso contando con el máximo tiempo posible.
Todos se giraron para clavar sus miradas en Ventua. Había permanecido en silencio todo el tiempo; su voz hizo que Rose diese un respingo; aquel chico era muy bueno en la lucha, siempre acertaba con las flechas y lanzando cuchillos era el mejor. Pero había algo en su forma de actuar que no le gustaba a la chica; siempre se movía entre las sombras, sin hacer el mínimo ruido; raramente hablaba, pero cuando lo hacía sus palabras se convertían en afilados cuchillos que atravesaban la piel de quien le escuchaba; parecía que nada le daba miedo, al igual que Caleb, era uno de esos chicos decididos y misteriosos que lo arriesgaban todo en la batalla.
-Deberíamos prepararnos, si no esto será una masacre- Ventua estaba extrañamente tranquilo.
-Siempre es una masacre, ya lo sabes. Es algo inevitable-Hans había vuelto hasta la ventana y miraba fijamente el jardín.
El hombre seguía pensando en su hija ¿ qué estaría haciendo ahora? No podía evitar preocuparse por ella, al fin y al cabo nunca antes había estado en Arthros y no tenía ni idea de la manera en la que funcionaba todo aquello. Pero por otra parte confiaba en Caleb, para él era un buen chico y sabía, sin lugar a dudas, que se encargaría de cuidar de Abi.
A su alrededor todos hablaban sobre el inminente ataque de La Sombra. Era demasiado pronto y les había cogido por sorpresa.
``¿Cómo es posible que en tantos años nadie se hubiese dado cuenta de lo que provocaba los ataques era la alineación de los astros?´´
En cierto modo esa teoría era muchísimo más factible que la de los cien años. Pero era increíble que nadie antes hubiese pensado en eso.
-Rose, dijiste que tienes a Brooke desde que ingresaste en la escuela de hechicería ¿no?- Preguntó el hombre fijando la vista en la muchacha.
-Sí, a todos los alumnos nos dan un libro de hechicería; pero ya sabes que Brooke es distinto a los demás; perteneció a uno de los integrantes de la Selbua.
-¿Ninguno de tus compañeros tuvo uno igual?
-Que yo sepa no, cuando hicieron la entrega de libro, solo Brooke era distinto; además ya me explicaron que era especial.
-Por eso nadie sabía lo de la alineación, todo tiene sentido-Hans paseaba de un lado a otro con las manos en la espalda.
-Hans, ¿que insinúa?-Preguntó el hombre.
- Los libros de magia son todos iguales, excepto los que poseen los miembros de la Selbua. Cuando uno de ellos muere, le ceden su libro a un alumno que cumpla una serie de condiciones que ellos mismos imponen. Nadie más que el portador del libro puede acceder a él, salvo que su dueño lo consienta. Ningún otro alumno, profesor o incluso mago experimentado puede leerlo sin su consentimiento.
-Por eso nadie sabe nada de la alineación, solo los integrantes de la Selbua... tiene sentido, pero...
-¿Pero qué?-Pregunto Hans deteniéndose y mirando inquisitivamente a Lord Peniston.
-¿Por qué nadie dijo nada? Hay más alumnos que tienen libros de la Selbua, y sin embargo jamás se tuvo noticia de esto.
-Esta escrito a mano, apostaría el cuello a que los demás Portadores no tienen nada escrito sobre la alineación-dijo Rose.
-Bueno, pues el resto de la Selbua debe de saberlo, no creo que esto sea mentira.
-No necesariamente- todas las cabezas se giraron hacia Lord Peniston- quizás lo escribió aquí por miedo a decírselo a los demás, solo podría leer esto el siguiente Portador.
-Pero, Lord Peniston, ¿por qué ocultaría alguien esto? es demasiado importante.
-Quizás por miedo.
Las palabras del hombre se quedaron flotando en el aire, Se miraron unos a otros esperando que alguno hablase; pero todos permanecían en silencio.
-Espero que ninguno de vosotros tenga planes-la voz de Hans resonó por toda la estancia, atrayendo la atención de sus compañeros, que lo miraron sin entender lo que quería decir.
-Hans, no estamos para juegos...-comenzó Lord Peniston.
-Nos vamos a visitar a la Selbua, esto es demasiado importante como para que lo ignoren.
El chico la agarró por la cintura y la sentó sobre su regazo sin apenas esfuerzo, sus cabezas quedaron casi a la misma altura. Las chispas de los ojos de Caleb saltaban frenéticamente en sus pupilas; los ojos de Abi se volvieron de un verde resplandeciente, la chica atrajo a Caleb hacia ella y le besó como nunca jamás había besado a nadie; sus manos viajaron hasta la nuca del muchacho y entrelazó sus dedos en su pelo. Caleb sujetaba firmemente la cintura de la chica con un brazo, dejando el otro libre para pasearse por la espalda de la pelirroja y sujetarle con delicadeza la nuca, impidiendo que ella se separase. Las manos de Abi bajaron por el pecho del chico recorriendo con los dedos los músculos que se adivinaban bajo su ropa.
La chica se separó durante un par de segundos para tomar aire, pero Caleb la volvió a atraer hacia él; una quemazón bajaba por su garganta hasta llegar a la boca del estómago. Sabía que aquello estaba mal; las relaciones entre Guardianes estaban prohibidas, pero nunca antes había sentido algo igual por nadie; le gustaba demasiado que la chica acariciase su piel y ¡por qué negarlo? le encantaba la forma en la que los labios de Abi se movían junto a los suyos; frenéticos, rápidos y delicados al mismo tiempo.
Caleb mordió con suavidad el labio inferior de la chica recibiendo como respuesta una intensificación del beso.
No quería parar, quería besarla de ese modo todos los días, pero la imagen de Hans apareció en su mente haciendo que diese un respingo; intentó apartar la imagen del hombre de su mente y centrarse en Abi, pero esta volvía una y otra vez. Al final optó por apartar a la chica con delicadeza.
Lo primero que vio fueron los brillantes ojos de la chica, su verde resplandecía de una manera extraña que le atraía, si era posible, aún más ; Abi le dedicó una mirada de confusión, sus labios estaban más rojos y sus mejillas encendidas destacaban sobre su piel blanca; tenía el pelo revuelto de una manera extrañamente sexy, el chico apartó la mirada de ella.
Abi, intuyendo que algo no iba bien, se levantó de su regazo y se sentó a su lado. Aquello empezaba a ser algo incómodo.
-Esto no debió pasa-dijo Caleb evitando mirarla a los ojos.
-¿No debió pasar? Pero si tú...
-Sí, ya sé que yo te besé, pero está mal-dijo interrumpiéndola.
``¿Por qué está mal? ¿Acaso no le gustó? Pero él empezó... yo solo le seguí.´´
En la mente de la chica comenzaron a aparecer interrogantes. Ella había sentido una chispa, algo realmente mágico, como una conexión ¿se estaría volviendo paranoica o aquella sensación era real?
Nathan apareció con un par de conejos en la boca y sus ojos lobunos pasaron de Caleb a Abi; el también notó la tensión que les rodeaba, ambos tenían las mejillas enrojecidas. Nathan se limitó a dejar las presas junto a la pequeña hoguera y se tumbó en el suelo observándolos.
Rose subió las escaleras del edificio a todo correr con la mochila le golpeándole la espalda con cada paso que daba.
-Deberías tener un poco de consideración conmigo ¿no crees?
-Cállate, Brooke-respondió gruñendo.
-Solo digo que no es nada cómodo, podrías ir más despacio ¿sabes?
La chica se limitó a soltar otro gruñido y a ignorar las quejas de su libro de magia.
Llegó hasta el despacho de Lord Peniston y abrió la puerta tras oír un ``Adelante´´ por parte del hombre.
Ventua ya estaba en la habitación, junto a Hans y Lord Peniston, los tres estaban leyendo uno de los libros de la biblioteca privada del hombre.
-Tengo noticias-dijo la chica sacando a Brooke de la mochila, y abriéndolo sobre el escritorio.
-Nosotros también, y me temo que no son buenas-Hans lanzó un suspiro, se puso en pie y se dirigió hacia la ventana que daba al jardín.
La chica pasaba las páginas del libro buscando la sección de La Sombra cuando llegó a ella comenzó a pasar las páginas lentamente hasta que se paró en una, al margen de la página había unas anotaciones echas por el antiguo dueño de ese libro. Todos se inclinaron sobre la mesa para poder leer lo que había anotado.
``La Sombra ha atacado Arthros en períodos de cien años durante generaciones; pero estos períodos no son más que una simple coincidencia, La Sombra consigue su máximo poder cuando las siete esferas celestiales están en perfecta alieación. Este fenómeno ha tenido lugar cada cien años, con períodos de variación de hasta doce meses, por lo que los cálculos matemáticos que hacen referencia al tiempo medido mediante el sistema terrenal son incorrectos y por lo tanto nulos...´´
Lord Peniston levantó la vista del libro para mirar a Rose.
-¿desde cuando tienes este libro?
-Desde que empecé a estudiar magia, pero nunca había leído esto; solía centrarme en memorizar los conjuros.respondió la chica.
Un incómodo silencio se quedo flotando en el aire, la tensión era tan grande que podría cortarse con un cuchillo.
Hans se dirigió a la mesa y cerró a Brooke; este parpadeó un par de veces, pero no dijo nada.
- Apenas faltan un par de semanas para la alineación, eso contando con el máximo tiempo posible.
Todos se giraron para clavar sus miradas en Ventua. Había permanecido en silencio todo el tiempo; su voz hizo que Rose diese un respingo; aquel chico era muy bueno en la lucha, siempre acertaba con las flechas y lanzando cuchillos era el mejor. Pero había algo en su forma de actuar que no le gustaba a la chica; siempre se movía entre las sombras, sin hacer el mínimo ruido; raramente hablaba, pero cuando lo hacía sus palabras se convertían en afilados cuchillos que atravesaban la piel de quien le escuchaba; parecía que nada le daba miedo, al igual que Caleb, era uno de esos chicos decididos y misteriosos que lo arriesgaban todo en la batalla.
-Deberíamos prepararnos, si no esto será una masacre- Ventua estaba extrañamente tranquilo.
-Siempre es una masacre, ya lo sabes. Es algo inevitable-Hans había vuelto hasta la ventana y miraba fijamente el jardín.
El hombre seguía pensando en su hija ¿ qué estaría haciendo ahora? No podía evitar preocuparse por ella, al fin y al cabo nunca antes había estado en Arthros y no tenía ni idea de la manera en la que funcionaba todo aquello. Pero por otra parte confiaba en Caleb, para él era un buen chico y sabía, sin lugar a dudas, que se encargaría de cuidar de Abi.
A su alrededor todos hablaban sobre el inminente ataque de La Sombra. Era demasiado pronto y les había cogido por sorpresa.
``¿Cómo es posible que en tantos años nadie se hubiese dado cuenta de lo que provocaba los ataques era la alineación de los astros?´´
En cierto modo esa teoría era muchísimo más factible que la de los cien años. Pero era increíble que nadie antes hubiese pensado en eso.
-Rose, dijiste que tienes a Brooke desde que ingresaste en la escuela de hechicería ¿no?- Preguntó el hombre fijando la vista en la muchacha.
-Sí, a todos los alumnos nos dan un libro de hechicería; pero ya sabes que Brooke es distinto a los demás; perteneció a uno de los integrantes de la Selbua.
-¿Ninguno de tus compañeros tuvo uno igual?
-Que yo sepa no, cuando hicieron la entrega de libro, solo Brooke era distinto; además ya me explicaron que era especial.
-Por eso nadie sabía lo de la alineación, todo tiene sentido-Hans paseaba de un lado a otro con las manos en la espalda.
-Hans, ¿que insinúa?-Preguntó el hombre.
- Los libros de magia son todos iguales, excepto los que poseen los miembros de la Selbua. Cuando uno de ellos muere, le ceden su libro a un alumno que cumpla una serie de condiciones que ellos mismos imponen. Nadie más que el portador del libro puede acceder a él, salvo que su dueño lo consienta. Ningún otro alumno, profesor o incluso mago experimentado puede leerlo sin su consentimiento.
-Por eso nadie sabe nada de la alineación, solo los integrantes de la Selbua... tiene sentido, pero...
-¿Pero qué?-Pregunto Hans deteniéndose y mirando inquisitivamente a Lord Peniston.
-¿Por qué nadie dijo nada? Hay más alumnos que tienen libros de la Selbua, y sin embargo jamás se tuvo noticia de esto.
-Esta escrito a mano, apostaría el cuello a que los demás Portadores no tienen nada escrito sobre la alineación-dijo Rose.
-Bueno, pues el resto de la Selbua debe de saberlo, no creo que esto sea mentira.
-No necesariamente- todas las cabezas se giraron hacia Lord Peniston- quizás lo escribió aquí por miedo a decírselo a los demás, solo podría leer esto el siguiente Portador.
-Pero, Lord Peniston, ¿por qué ocultaría alguien esto? es demasiado importante.
-Quizás por miedo.
Las palabras del hombre se quedaron flotando en el aire, Se miraron unos a otros esperando que alguno hablase; pero todos permanecían en silencio.
-Espero que ninguno de vosotros tenga planes-la voz de Hans resonó por toda la estancia, atrayendo la atención de sus compañeros, que lo miraron sin entender lo que quería decir.
-Hans, no estamos para juegos...-comenzó Lord Peniston.
-Nos vamos a visitar a la Selbua, esto es demasiado importante como para que lo ignoren.
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