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sábado, 27 de abril de 2013

Exposición (Capítulo 4)


Las clases transcurrieron lentas, pero por fin llegó el recreo. El timbre sonó anunciando el final de la clase de matemáticas y todos los alumnos recogieron sus cosas y se dirigieron hacia el patio.
Abi se cruzó con Michael y sus amigos, este le saludó.
-Vamos a echar un partido de fútbol, ¿te apuntas?-Le preguntó.
Abi tenía unas ganas irrefrenables de ir a jugar y probar las nuevas jugadas que le había estado enseñando su amigo, pero en lugar de eso, solo dijo:
-Hoy no puedo, le prometí a Nathi que le ayudaría a colocar su puesto para la exposición.
-Vaya, es una pena. Por cierto, al final de las clases no me esperes que voy a casa de un amigo.-Dijo cambiando de tema.
-Como quieras, dijo dándose la vuelta para ir en busca de su amiga.
Nathalie salió de su clase con una enorme caja en las manos.
Abi la ayudó a llevarla hasta el pabellón donde se celebraría la exposición.
-¿Qué hay dentro?-Preguntó intentando abrir un poco la caja, pero su amiga le dio un leve golpecito en la mano.
-No se mira, es una sorpresa.
Justo cuando ambas acabaron de colocarlo todo para la tarde  el timbre sonó y ambas salieron corriendo en dirección a las aulas.
Nathalie estaba visiblemente nerviosa por las exposición. Abi la animaba diciéndole que lo haría muy bien; pero su amiga no estaba muy segura de lo que le decía.
El timbre sonó de nuevo dando por terminadas las clases de ese día y todos los alumnos del centro se dirigieron en una marea, en la que también se vio mezclado algún profesor, hacia la salida.
Abi caminó hasta la estación de bus, pero al final decidió seguir andando hasta el hospital, situado dos calles más abajo.
Paró por el camino para comprarse un bocadillo y enviarle un mensaje a James para avisarle de que no iría a comer a casa.
Al llegar al hospital fue a recepción para buscar a  Dorothy, pero no estaba allí; así que subió a la segunda planta y se dirigió a la habitación 213, en la que estaba su madre.
Abi se sentó junto a la camilla y comenzó a hablarle.
-Hola, mamá. Acabo de salir del instituto. Nathalie me está volviendo loca, está muy nerviosa por su exposición de ciencias. Yo creo que lo hará muy bien, pero ella dice que no.-Abi estaba segura de que su madre podía escucharla y entender todo lo que le decía.-Lo malo es que desde que ese tal  J.P. se presenta a las exposiciones, nadie ha vuelto a ganar.
Su madre emitió un leve gemido y eso hizo que Abi se pusiera de pie y llamara a una enfermera. Una mujer de avanzada edad entró trotando en la habitación y revisó las máquinas, abrió los ojos de su madre iluminándolos con una lucecita mientras la movía a ambos lados.
-¿Le pasa algo?-Preguntó preocupada.
Pero la mujer salió de la habitación sin dirigirle la palabra. Abi salió detrás de ella.
-¡Oiga!, ¡Enfermera!-Dijo alzando la voz.
Unos cuantos médicos la miraron con cara de pocos amigos, la mujer se giró y la miró sin apenas parpadear.
-¿Sí?-Preguntó.
Abi corrió para situarse a su lado.
-Le pregunté si le ocurría algo a mi madre y usted se fue ignorándome.-Explicó mientras cruzaba sus delgados brazos sobre su pecho.
-Está perfectamente.-Dijo volviendo a caminar hacia la recepción.
Allí estaba Dorothy, revisando unos papeles, Abi decidió ir a hablar con ella para ver si la podía ayudar.
-No creo que pase nada, a veces los pacientes en coma hacen ruidos o dicen palabras. Explicó mientras ambas se dirigían a la habitación.
-¿Hablar?, pero si está en coma...
-El coma es como un sueño prolongado; y la gente, en ocasiones, habla en sueños por eso la gente que entra en coma pueden decir cosas.-Dijo interrumpiéndola.
Dorothy repitió el mismo proceso que la otra enfermera.
-Nada, está bien.-Dijo tras examinarla.
Abi se sentó rendida en el sillón que estaba junto a la ventana.
-¿Tú crees que ella oye lo que le digo?-Preguntó alzando la vista.
-No lo sé, pero otros médicos tienen la teoría de que sí. Una cosa es que no pueda contestarte, y otra muy distinta es que te oiga.-Dijo saliendo de la habitación.
Abi se acercó a la camilla y cogió  la mano de su madre con suma delicadeza. Estaba tan delgada que se podía ver el juego de los huesos del metacarpo a través de la fina piel que cubría su mano. Y las venas destacaban sobre su tez blanca como si de pequeños riachuelos violáceos se tratasen.
-Yo sé que algún día te despertarás, y podremos volver a casa.-Dijo mientras le daba un suave beso en la mano.
Abi salió de la habitación, se despidió de Dorothy y caminó hasta casa.
De repente recordó la exposición de su amiga, dejó la mochila sobre su cama y salió corriendo de casa.
No tenía tiempo a esperar al bus así que recorrió toda la distancia que la separaba de su casa a pie un una alocada carrera.El corazón le latía completamente desbocado, tenía la sensación de que en cualquier se le saldría por la boca.
Llegó justo cuando la puerta del pabellón se cerró; tiró de ella para abrirla y se coló entre el gentío, su intención era quedarse al fondo de la sala para no llamar mucho la atención, pero Nathalie la reconoció y comenzó a hacerle señas para que se acercara.A regañadientes Abi cruzó el pabellón y se sentó  a su lado.
-Gracias por venir.-Susurro Nathalie.
-Te lo había prometido.-Contestó.
Los concursantes empezaron a subir a una tarima de madera que habían puesto de forma provisional. Los alumnos subieron a ella y expusieron sus trabajos, cada vez que uno acababa los padres aplaudían orgullosos de sus hijos.
Nathalie fue la cuarta en exponer, estuvo hablando sobre cosas que a Abi le sonaban de otro mundo, durante diez minutos.
Al bajar Nathalie se dirigió hacia su amiga.
-¿Qué tal lo hice?-Preguntó retorciéndose las manos nerviosa.
-Muy bien.-Contestó Abi.
El siguiente en participar fue J.P..Hizo una maqueta del Sistema Solar con todo lujo de detalles. Nathalie se empezó a hundir en la silla, sabía que no iba a ganar.
Después del muchacho, tres chicos más hicieron sus exposiciones;y cuando acabó el último, un tal Matt, que habló sobre la Teoría de la Relatividad, se pasó a la entrega de premios.
El tercer premio fue para Matt y Nathalie recibió la plata por quedar en segundo lugar con su Ley de la Gravedad, pero el ganador fue, de nuevo, J.P.
Nathalie cogió su medalla y salió del pabellón,Abi la siguió.
-¡Hey! Enhorabuena.-La felicitó.
-¡Puaj! Segundo premio, me quedé tan cerca...
-Oye, no seas dura contigo misma, J.P. se trabajó  mucho su maqueta.-Dijo intentando animarla.
-Tienes razón, para el año, yo también haré una maqueta.-Dijo sonriendo.
-¿Te apetece ir a celebrarlo?-Preguntó sonriendo.
-Sí, pero tengo que volver a casa.-Dijo mientras borraba su sonrisa del rostro.
-Bueno, iremos el sábado ¿vale?.-Preguntó Abi.
-¡Genial!, bueno, yo me voy, te veo mañana.-Dijo a modo de despedida.
Abi se echó a andar para ir de vuelta a casa. Pero un sonido entre los arbustos hizo que se pusiese alerta.
Se alejó del gentío y se dirigió a los arbustos de donde provenía el sonido; ya casi era de noche y no se veía mucho.
Un pequeño gruñido hizo que la chica diese un paso hacia atrás.
Separó con cautela unas ramas del arbusto, una silueta encogida sobre si misma emitida leves gruñidos.Tenía la forma de un perro, un perro bastante grande. Abi se fijó más, tenía una pata ensangrentada, intentó acercarse pero el pero le gruñó.
-No tengas miedo, no te haré daño, pequeñín.-Dijo poniendo voz dulce, acercó la mano para tocarle el pelo con cautela, el perro no hizo ademán de apartarse, Abi terminó de acercar la mano y comenzó a acariciarle suavemente.-¿Lo ves? , no te voy a lastimar..., vaya, esa herida no tiene muy buena pinta ¿verdad?, ¿que hiciste chiquitín?.-Intentó cogerlo, pero era demasiado pesado para llevarlo en brazos; tenía que pensar en algo.


Zapatillas de baile (Capítulo 3)


Abi tomó aire y se vistió, comenzó a intentar desenredarse el pelo.
Después de secárselo bajó a  la cocina.
Llevaba puesto su pantalón de pijama con florecillas y una camiseta con el dibujo de un caballo blanco. Fue a la cocina.
Mery estaba junto a su hijo acabando de preparar la cena para esa noche. Abi comenzó a poner la mesa sumida en sus pensamientos y cando acabó se fue al salón y encendió la consola y la televisión.
Se giró en el sofá y miró a Michael.
-¿Una partidita?-Preguntó enarcando una ceja.
-Te arrepentirás de habérmelo pedido.-Respondió mientras saltaba sobre el sofá para acomodarse junto a la chica y coger un mando de la consola.
Estuvieron un buen rato retándose el uno al otro a una partida tras otra.
Mery les llamó desde la cocina para que se sentaran a la mesa. Y justo en ese momento James apareció en el recibidor de la casa.
La cena transcurrió entre conversaciones sobre el trabajo de James y las noticias del telediario.
Cuando Abi acabó su cena les dio las buenas noches y subió a cepillarse los dientes. Después se dirigió a su cuarto y se arrodilló frente a la cama. De debajo de ella sacó una pequeña caja de color blanco con dibujos de lazos negros  y la abrió, dentro estaban unas zapatillas negras de ballet. buscó bajo la cama y sacó una caja del mismo color que la de las zapatillas, pero más grande, la abrió y sacó un vestido negro lleno de piedrecillas blancas que adornaban el corsé y el borde de la falda de tutú. Con aquel vestido su madre había bailado El lago de los cisnes, y se lo había cedido a su hija al ver que esta era una excelente bailarina. Pero después del accidente había dejado el baile y tan solo se acordaba de él cuando sacaba aquellas cajas.
Mery llamó a la puerta y Abi se apresuró a guardarlo todo bajo la cama antes de decir un ``adelante´´.
Mery abrió la puerta, entró y la cerró tras de sí.
-No deberías de dejar el baile.-Dijo al ver una esquina de la caja asomando bajo el edredón de la cama.
Abi se sentó en la alfombra cruzando las piernas.
-¿Qué sentido tiene bailar, si mamá no puede disfrutarlo?-Preguntó alzando las vista.
Mery se sentó a su lado y le cogió la mano.
-No sé, pero si verdaderamente te gusta algo deberías luchar por ello y no tirar nunca  la toalla.-Respondió.
-Me gustaría que mamá se despertara y que todo volviese a ser como antes.-Murmuró.
Mery lanzó un leve suspiro.
-¿Quién sabe? Quizás cuando menos te lo esperes el mundo da un giro y la suerte te vuelve a sonreír. Nunca es tarde para que las cosas mejoren.
-Ojalá tengas razón.-Dijo bajando la vista al suelo.
Mery le dio un beso de buenas noches y se fue.
Esas pequeñas charlas que mantenía con Mery le infundían valor y le animaban a no perder la esperanza y a seguir hacia adelante.
-Pero, por desgracia, las cosas no son tan bonitas como te las pintan.-Se dijo así misma y volvió a entrar en un estado melancolía.
Se metió en la cama y apagó la luz .Lo único que necesitaba era descansar; mañana sería otro día.
El despertador comenzó a sonar indicándole que sus sueños debían tocar a su fin y que tenía clase.
Abi se levantó, se desperezó y se dirigió al baño para asearse. Intentó hacerse una de esas trenzas que llevaba su amiga, pero todo quedó en una maraña de rizos, así que desistió y lo dejo a su aire.
Bajó las escaleras hacia la cocina aún medio adormilada y pensando en la conversación de la noche pasada.
Michael estaba con la cara de un zombie y Abi estaba segura de que acabaría en el bol lleno de cereales que tenía frente a él.
James hacía rato que había salido de casa hacia su trabajo y Mery tenía el día libre.
-¡Michael!-Gritó.
El chico pegó un brinco en la silla y miró a su alrededor desconcertado.
-¡Acábate el desayuno que os tenéis que ir!-Exclamó la mujer.
Abi se echó la mochila al hombro y salió de casa seguida de un adormilado Michael.
Caminaron hasta la parada del bus que estaba en la esquina de su calle.
Durante el trayecto en bus Michael echó una cabezadita y Abi se puso a escuchar música.
Al llegar al instituto Michael y Abi se despidieron.
``Smith´s High School´´ era un gran edificio de cinco plantas que formaban una U y rodeaba el patio central donde la mayor parte del alumnado pasaba el recreo y sus horas libres. Un poco más separado de las aulas estaban el pabellón, las pistas deportivas y las piscinas cubiertas.
Todo el complejo estaba rodeado de una zona verde; y una verja de color negro delimitaba las dimensiones del instituto.
El apellido que daba nombre al instituto provenía de un antiguo clérigo que residía en lo que antes era un monasterio que la Iglesia cedió a la educación, a petición de Joseph Smith.
A medida que pasaron los años se añadieron el pabellón, las pistas y la piscina.
Abi cruzó el arco de la entrada donde figuraba el nombre del instituto e intentó localizar a Nathalie.
A Abi no se le daba muy bien hacer amigos, era bastante tímida; pero desde que empezó la escuela de infantil se hizo amiga de la niña extrovertida y simpática que era.
Ahora Nathalie era una chica de 16 años con ojos marrón oscuro y melena rubia que le caía totalmente lisa a la altura de la cintura y que cada día estaba recogida en peinados totalmente diferentes.
Nathalie era bastante alta, en comparación con Abi, y delgada. Elle tenía el cuerpo que toda adolescente desea, lleno de estilosas curvas. Era lo que Abi consideraba ``la chica por la que todo el mundo babea´´.
Además de su físico despampanante era una persona muy alegre y simpática.Estaba en el club de animadoras del equipo de baloncesto del instituto y también era presidenta del club de ciencias.
Nathalie era como un prototipo de chica perfecta: guapa, lista y simpática.
-¡Hey!-La saludó.-¿Qué tal?
-Buenos días Nathi,-Contestó con una sonrisa.-Bien, ¿y tú?.
-¡Genial!, Hoy es el Gran Día.-Dijo entusiasmada.
-Espera, recuérdame que pasaba  en el ``Gran Día´´.-Dijo simulando unas comillas con los dedos.
-Hoy es la exposición de el club de ciencias, ¿recuerdas?-Preguntó mirándola fijamente.
-¡Ah!Vaya, lo siento, creo que padezco amnesia.
-Vendrás a verme, ¿no?-Preguntó inquieta.
-Claro, me muero de ganas por ver tu explicación sobre la ley de la gravedad.-Contestó guiñándole un ojo.
-¡No seas sarcástica! Sé que no te gusta la ciencia, pero sabes que me haría mucha ilusión que vinieras; mis padres trabajan y no pueden ver la exposición.
-Bueno, tus padres no podrán ir a verte, pero yo estaré allí, no te preocupes.-La tranquilizó.-Además, quiero ver como le quitas el premio a J.P.-Añadió.
-¡Puff! J.P. lleva años ganando, no sé de que va a hablar, desde que participa él nadie ha vuelto a ganar.-Dijo preocupada.
-Lo que cuenta es participar, tenlo siempre en cuenta; y si no ganas,bueno...no serás la mayor celebrito del instituto, pero seguirás siendo ``Nathalie Brown, la mejor alumna de todo su curso´´.-Dijo Abi haciendo una perfecta imitación de la directora del centro.Y Nathalie comenzó a sonreir.

Nuevos sabores (Capítulo 2)


Hacía mucho frío y ambos iban totalmente abrigados y con las manos en los bolsillos.
-Sinceramente, no sé como eres capaz de comer helados en pleno invierno.-Dijo Michael. Cuando habló sus palabras se convirtieron en pequeñas volutas de humo que se perdieron en el gélido aire de invierno.
-Simplemente adoro comer helados, me da igual la época del año.-Dijo encogiéndose de hombros.
-Algún día enfermarás y yo tendré que cuidar de ti.-Comentó mientras le revolvía el pelo cariñosamente. Abi esbozó una tímida sonrisa y Michael le correspondió con otra.Doblaron la esquina.
Desde que estaba en casa de su tío; ella y Michael iban todas las semanas al Charlie´s Chocolate. el CC, como era conocido por toda la gente, era una cafetería situada a dos manzanas de la casa de Michael; era un pequeño local muy acogedor en el que se servía el mejor chocolate de la ciudad.
Tenía las paredes de ladrillos rojos y de ellas colgaban numerosas fotos en blanco y negro de paisajes y coches antiguos. Los sofás que había por todo el establecimiento eran de cuero negro. Además Charlie era muy amable con los clientes y siempre les recibía con los brazos abiertos.Era una de esas personas que empatizaban con la gente con mucha facilidad.
Abi empujó la pesada puerta de cristal y entró seguida de su amigo.
-Buenas tardes, chicos.-Les saludó un sonriente Charlie desde la barra, dónde estaba sirviendo uno de sus famosos chocolates a la taza.-¿Todo bien?.
-¡Claro!-Contestó Michael.-¿Y tú, cómo te va?-Preguntó el chico mientras se quitaba la chaqueta y se sentaba en uno de los altos taburetes situados a lo largo de la barra.
-No me puedo quejar.-Dijo con una amplia sonrisa.-¿Y tú, que tal pequeña?-Preguntó mientras le revolvía el pelo como lo había echo Michael antes.
-Bien, pero te agradecería que no me despeinases,el viento ya lo hace.-Respondió mientras  intentaba colocarse los rizos en sus sitio.-Por cierto¿te queda helado de chocolate?-Preguntó.
-Lo cierto es que no, en esta época del año la gente no lo pide así que no encargué más.-Explicó encogiéndose de hombros.
Abi se apoyó  con los codos en la barra.
-Pero me tomaré la libertad de invitaros a mi nueva creación.-Dijo Charlie guiñándole un ojo a Abi.
Esta se enderezó.
-¿De qué se trata esta vez?-Preguntó con curiosidad.
_chocolate con nata, copos de maíz y naranja rallada.
-¿En serio?¿Copod de maíz?-Preguntó Michael abriendo los ojos como platos.Pero Charlie ya había desaparecido dentro de la cocina.
-Pues a mi me parece una idea genial.-Comentó Abi con una sonrisa.
-Ya, claro, pero es que tú comes nubes de gominola, café con leche y copos de maíz para desayunar; por no hablar de las mezclas de batidos que haces.
Abi puso los ojos en blanco y Michael le sacó la lengua a modo de respuesta. Charlie apareció con sendas tazas de chocolate.
-¿Tengo que probarlo?-Preguntó desconfiado.
-Pero si está buenísimo.-Dijo Abi.
Ambos la miraron fijamente.
-¿Qué? Esta rico.-Comentó encogiéndose de hombros.
-Te dije que le gustaría.Dijo Charlie mirando a Michael.
-Te olvidas de que Abi tiene un metabolismo extrañamente fuerte que es capaz de digerir casi cualquier cosa.-Explicó mientras apartaba la taza.
-Solo prueba un poco.-Dijo Charlie antes de darse la vuelta e ir a atender a otro cliente.
-¡Puaj!Casi que mejor paso.
-Vamos, solo es un poco.-Dijo la chica mientras una cuchara rebosante de aquella mezcla.
Michael lo probó a duras penas y empezó a hacer muecas de asco.
-Deja de hacer el tonto, Charlie intenta hacer nuevas mezclas para atraer clientes, y se parte el coco pensando que ingredientes mezclar.- Explicó la muchacha.
Pues, sinceramente, yo creo que cogió lo primero que vio y lo mezclo.-Dijo mirando la taza.
Abi cogió la taza de su compañero y se la empezó a beber. Michael la miró atónito.
-¿Qué?Si tú no la quieres la tomaré yo.
-No sé como comiendo lo que comes puedes ser tan pequeña y delgaducha.
-No soy pequeña, tan solo,poco alta.-Explicó Abi.
Charlie volvió junto a ellos cuando Michael estaba a punto de replicar.
-¿Y bien, qué os parece?-Preguntó frotándose las manos.
-Está buenísimo.-Contestó la chica con una sonrisa.
-¿En serio? No estaba muy seguro de ponerlo a la venta...-Explicó el hombre.
-A los clientes les encantará.-Dijo Abi guiñándole un ojo.
Bueno, nosotros nos tenemos que ir.-Dijo Michael al consultar su reloj.-Se hace tarde y mamá estará preguntándose dónde estamos.
-Apostaría el cuello a que sabe que estáis aquí..-Comentó Charlie.
-Sí, pero Michael tiene razón..Tenemos que irnos a casa.
-Bueno, pues volved cuando queráis, ya sabéis que aquí siempre sois bienvenidos.-Dijo a modo de despedida.
Los chicos se despidieron desde la puerta.
Aún hacía mucho frío fuera, así que apuraron el paso para recorrer las dos manzanas que les separaban de su casa.
-Por cierto, Dorothy me mandó recuerdos para ti.-Dijo de repente la chica al acordarse de su madre en el hospital.
Michael sonrió levemente.
-Es un cielo de persona; es muy amiga de mamá y papá.-Explicó el muchacho.
Abi sonrió y siguió caminando a su lado. Michael tenía razón; Dorothy era una gran persona, siempre que se cruzaban por el hospital se interesaba por el resto de la familia.
Llegaron a casa en menos de diez minutos.Al abrir la puerta el calor del hogar les inundó y un suave aroma a pasta les reveló de que la cena de esa noche eran spaguettis.
-¡Por fin volvéis!-Dijo Mery sonriéndoles.
Ambos de despojaron de sus abrigos, pero Michael se fue al salón y la chica subió a darse una ducha.
Mientras dejaba que el agua cayese sobre ella, resbalándole por todo el cuerpo; volvieron a su mente las imágenes del accidente.Se vio así misma y a su madre de camino a una de las audiciones más importantes a las que estaba invitada.Recordaba perfectamente el olor de vainilla del perfume de su madre, y la canción de ``I belive i can fly´´ sonando por la radio.
Recordó el asfalto mojada sobre el cual su coche trazaba las delicadas curvas de la sinuosa carretera.Y por último vislumbró el camión que se cruzó en medio del trayecto, y la colisión de ambos vehículos.
Involuntariamente se llevó la mano al hombro izquierdo dónde tenía la cicatriz en forma de media luna que le ocupaba casi todo el omóplato.
Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos y a resbalarle por las mejillas para mezclarse con el agua de la ducha.
 no lloraba por el dolor que había sufrido en el momento del impacto, si no que lloraba por su madre, por los cinco meses en una cama, y por los médicos que no sabían si despertaría algún día o si su coma se volvería irreversible e iría a la tumba.
Dolía decirlo, dolía pensarlo; pero, sobre todo, dolía la idea de perder a su madre.
Abi suspiró, cerró el grifo, se enrolló en una toalla y salió de la ducha. Se secó el pelo y se miró al espejo.
-Llorar no va a arreglar las cosas.-Susurró.


Hospital (Capítulo 1)


Podía escuchar el sonido del viento a través del cristal de la ventana, un silbido constante que traía las gotas de lluvia y las estampaba contra el cristal.
Abi estaba sentada en el alféizar de la ventana y tenía la vista perdida entre los coches que circulaban por la carretera y la gente que corría por la acera bajo sus paraguas.
En la camilla estaba tendida una mujer de media edad; tenía la piel pálida como la cal y sus cabellos eran de un color dorado apagado; su rostro estaba relajado y su pecho subía y bajaba al compás de su respiración.
La máquina a la que Evelyn estaba conectada emitía un leve pitido con cada pulsación que registraba de la mujer.
Abi se giró y bajó de un pequeño salto del alféizar, era una muchacha de dieciséis años, baja para su edad y delgada. Tenía el pelo anaranjado y unos ojos serios de color verde que encerraban el dolor y la ansiedad que había soportado durante los últimos días. Bajo ellos se adivinaban unas medias lunas grises provocadas por su falta de sueño. Su boca no era más que una fina línea bajo la  pequeña nariz estaba cubierta de diminutas pecas.
La chica se acercó a la camilla y tomó la mano de su madre con suma delicadeza, comenzó a darle suaves caricias y le colocó el pelo.
Aún tumbada en una camilla totalmente pálida y delgada, su madre parecía un hermosa diosa, como las de los partenones griegos de su libro de arte. Sus cabellos dorados se le ondulaban en las puntas y le caían sobre los hombros. Evelyn siempre llamaba la atención cuando paseaba por la calle, era como un ángel. Abi siempre había envidiado su belleza y siempre quiso parecerse un poco más a ella.
El reloj que llevaba la chica comenzó a pitar anunciando que ya eran las cinco de la tarde. La muchacha cogió su abrigo y se acercó a su madre para depositarle un beso de despedida y salió de la habitación.
Los pasillos del hospital tenían las paredes de color verde y los suelos estaban cubiertos de baldosas blancas, estaban llenos de médicos y enfermeras que iban y venían a las distintas habitaciones para atender a los pacientes. El aire olía a puré y a medicinas.
Abi se cruzó con una mujer que rondaba los cincuenta años, tenía su misma estatura y el pelo, ya con raíces de color cano, lo llevaba recogido en una coleta alta; sus ojos eran de un color marrón oscuro.
-¿Ya te vas, Abi?-Preguntó mientras revisaba la carpeta que llevaba.
-Sí,le prometí a Michael que le ayudaría con el coche.-Contestó mientras lanzaba un leve suspiro.
-Bueno, mándales recuerdos de mi parte.-Dijo mientras le colocaba un rizo detrás de la oreja.
-Descuida, lo haré.-Dijo mientras se alejaba.
Empujó la puerta giratoria que daba a la calle, y un viento gélido la recibió clavándose en su piel como si fueran cuchillos helados; se arrebujó en su abrigo y se colocó los auriculares, la música comenzó a sonar, palpitando en los oídos; se echó a andar mientras pensaba en todo lo sucedido durante los últimos cinco meses.
Después del accidente se tuvo que mudar a Miami con su tía Gerda y sus primos Jack de diecisiete años y Nicola de nueve. James y Gerda se había divorciado cuando su hijo tan solo tenía siete años y James se había vuelto a casar.Ahora tenía otro hijo mayor. A Abi siempre le había caído muy bien su tío James y cuando se enteró de que su madre estaba hospitalizada en Brooklyn no dudo en ofrecerle su casa a la chica para pasar unos días.
Abi llegó a la casa de su tío y se puso a buscar las llaves que le habían prestado, se dio cuenta de que se las había olvidado, así que llamó al timbre.
Un chico de 18 años abrió la puerta, tenía el pelo castaño claro totalmente revuelto y los mechones, demasiado largos, le caían sobre los dorados ojos.
-¿Las llaves otra vez?-Preguntó enarcando una ceja.
-Sí,-contestó-no sé dónde tengo la cabeza.-Explicó encogiéndose de hombros.
-Anda, pasa.-Dijo mientras le cogía de la mano y tiraba suavemente de ella hacia el interior de la casa.
Abi se quitó los auriculares y colgó el abrigo en el perchero. Michael recorrió el pasillo y salió por la puerta de atrás para ir al garaje. Abi salió detrás de él. Bajo el todoterreno de James se veían las zapatillas de deporte del chico.
-Pásame una llave del número 12.-Dijo mientras estiraba la mano hacia ella.
-¿Alguna novedad por el hospital?-Preguntó Michael desde debajo del coche.
-No, todo sigue igual.-Dijo Abi mientras se sentaba con las piernas cruzadas y le pasaba la llave a Michael.
El chico salió de debajo del coche limpiándose las manos con un trapo.
-Bueno, esto ya está.-Comentó mientras se levantaba.-No era tan complicado.-Explicó guiñándole un ojo a la chica.
-Pensé que necesitabas mi ayuda.
-Papá me echó una mano, hoy tardaste más de lo normal.-Explicó encogiéndose de hombros.
Abi siempre fue hija única y a pesar de tener primos mayores y menores que ella siempre tuvo curiosidad por saber lo que era tener un hermano o una hermana. Y durante el tiempo que llevaba en casa de James, Michael se había comportado como un hermano mayor.
Abi entró en la casa y se dispuso a subir las escaleras para dirigirse al cuarto en el que se hospedaba, pero se encontró con Mery, la mujer de su tío James
-No sabía que ya estabas en casa.-Dijo a modo de saludo.
Su melena negra brillaba a la luz de las lámparas y sus ojos color miel, como los de su hijo, se clavaron en los suyos.
-Acabo de llegar hace veinte minutos.-Dijo mientras bajaba la vista.
Abi siempre fue una chica reservada y la mirada de aquella mujer la intimidaba, aunque en otras ocasiones se comportase como una madre cariñosa.
Mery siguió bajando las escaleras para dirigirse a la cocina. La chica no sabía como una mujer tan seria podía tener un hijo tan extrovertido como Michael. Siempre supuso que el chico habría heredado el carácter  de su padre,un tal Peter. A Michael no le gustaba hablar de él.
Abi se metió en su habitación y se tumbó en la cama  mirando la lámpara del techo.
Echaba de menos a la tía Gerda y a sus primos, pero sobretodo odiaba no tener a su padre con ella. La chica giró la cabeza hacia la mesita de noche dónde había una foto de ella junto a sus padres. Abi soltó un gemido y se tumbó boca abajo, no tenía ganas de hacer nada.
-¿Acaso piensas quedarte tirada en la cama todo el día?
Abi se giró hacia la puerta, a través de la cortina de rizos que tenía delante de los ojos. Michael estaba apoyado en el marco de la puerta y la miraba inquisitivamente. Abi soltó un bufido y le dio la espalda.
-¡Oh!¡Venga ya!-Dijo el muchacho mientras se acercaba a la cama.-No me dirás qué prefieres quedarte aquí a tomarte un helado conmigo.
Abi se giró.
-¿De chocolate?-Preguntó en un murmullo casi inaudible.
Michael puso los ojos en blanco, gesto que s ele había pegado de ella.
-De lo que quieras.-Dijo cogiéndola de la mano para incorporarla.
La muchacha se levantó y bajó las escaleras seguida de Michael; se pusieron los abrigos y salieron a la fría calle. Los dos se echaron a andar sumidos en un silencio absoluto.