Las clases transcurrieron lentas, pero por fin llegó el recreo. El
timbre sonó anunciando el final de la clase de matemáticas y todos los alumnos
recogieron sus cosas y se dirigieron hacia el patio.
Abi se cruzó con Michael y sus amigos, este le saludó.
-Vamos a echar un partido de fútbol, ¿te apuntas?-Le preguntó.
Abi tenía unas ganas irrefrenables de ir a jugar y probar las
nuevas jugadas que le había estado enseñando su amigo, pero en lugar de eso,
solo dijo:
-Hoy no puedo, le prometí a Nathi que le ayudaría a colocar su
puesto para la exposición.
-Vaya, es una pena. Por cierto, al final de las clases no me
esperes que voy a casa de un amigo.-Dijo cambiando de tema.
-Como quieras, dijo dándose la vuelta para ir en busca de su
amiga.
Nathalie salió de su clase con una enorme caja en las manos.
Abi la ayudó a llevarla hasta el pabellón donde se celebraría la
exposición.
-¿Qué hay dentro?-Preguntó intentando abrir un poco la caja, pero
su amiga le dio un leve golpecito en la mano.
-No se mira, es una sorpresa.
Justo cuando ambas acabaron de colocarlo todo para la tarde
el timbre sonó y ambas salieron corriendo en dirección a las aulas.
Nathalie estaba visiblemente nerviosa por las exposición. Abi la
animaba diciéndole que lo haría muy bien; pero su amiga no estaba muy segura de
lo que le decía.
El timbre sonó de nuevo dando por terminadas las clases de ese día
y todos los alumnos del centro se dirigieron en una marea, en la que también se
vio mezclado algún profesor, hacia la salida.
Abi caminó hasta la estación de bus, pero al final decidió seguir
andando hasta el hospital, situado dos calles más abajo.
Paró por el camino para comprarse un bocadillo y enviarle un
mensaje a James para avisarle de que no iría a comer a casa.
Al llegar al hospital fue a recepción para buscar a Dorothy,
pero no estaba allí; así que subió a la segunda planta y se dirigió a la
habitación 213, en la que estaba su madre.
Abi se sentó junto a la camilla y comenzó a hablarle.
-Hola, mamá. Acabo de salir del instituto. Nathalie me está volviendo
loca, está muy nerviosa por su exposición de ciencias. Yo creo que lo hará muy
bien, pero ella dice que no.-Abi estaba segura de que su madre podía escucharla
y entender todo lo que le decía.-Lo malo es que desde que ese tal J.P. se
presenta a las exposiciones, nadie ha vuelto a ganar.
Su madre emitió un leve gemido y eso hizo que Abi se pusiera de
pie y llamara a una enfermera. Una mujer de avanzada edad entró trotando en la
habitación y revisó las máquinas, abrió los ojos de su madre iluminándolos con
una lucecita mientras la movía a ambos lados.
-¿Le pasa algo?-Preguntó preocupada.
Pero la mujer salió de la habitación sin dirigirle la palabra. Abi
salió detrás de ella.
-¡Oiga!, ¡Enfermera!-Dijo alzando la voz.
Unos cuantos médicos la miraron con cara de pocos amigos, la mujer
se giró y la miró sin apenas parpadear.
-¿Sí?-Preguntó.
Abi corrió para situarse a su lado.
-Le pregunté si le ocurría algo a mi madre y usted se fue
ignorándome.-Explicó mientras cruzaba sus delgados brazos sobre su pecho.
-Está perfectamente.-Dijo volviendo a caminar hacia la recepción.
Allí estaba Dorothy, revisando unos papeles, Abi decidió ir a
hablar con ella para ver si la podía ayudar.
-No creo que pase nada, a veces los pacientes en coma hacen ruidos
o dicen palabras. Explicó mientras ambas se dirigían a la habitación.
-¿Hablar?, pero si está en coma...
-El coma es como un sueño prolongado; y la gente, en ocasiones,
habla en sueños por eso la gente que entra en coma pueden decir cosas.-Dijo
interrumpiéndola.
Dorothy repitió el mismo proceso que la otra enfermera.
-Nada, está bien.-Dijo tras examinarla.
Abi se sentó rendida en el sillón que estaba junto a la ventana.
-¿Tú crees que ella oye lo que le digo?-Preguntó alzando la vista.
-No lo sé, pero otros médicos tienen la teoría de que sí. Una cosa
es que no pueda contestarte, y otra muy distinta es que te oiga.-Dijo saliendo
de la habitación.
Abi se acercó a la camilla y cogió la mano de su madre con
suma delicadeza. Estaba tan delgada que se podía ver el juego de los huesos del
metacarpo a través de la fina piel que cubría su mano. Y las venas destacaban
sobre su tez blanca como si de pequeños riachuelos violáceos se tratasen.
-Yo sé que algún día te despertarás, y podremos volver a
casa.-Dijo mientras le daba un suave beso en la mano.
Abi salió de la habitación, se despidió de Dorothy y caminó hasta
casa.
De repente recordó la exposición de su amiga, dejó la mochila
sobre su cama y salió corriendo de casa.
No tenía tiempo a esperar al bus así que recorrió toda la
distancia que la separaba de su casa a pie un una alocada carrera.El corazón le
latía completamente desbocado, tenía la sensación de que en cualquier se le
saldría por la boca.
Llegó justo cuando la puerta del pabellón se cerró; tiró de ella
para abrirla y se coló entre el gentío, su intención era quedarse al fondo de
la sala para no llamar mucho la atención, pero Nathalie la reconoció y comenzó
a hacerle señas para que se acercara.A regañadientes Abi cruzó el pabellón y se
sentó a su lado.
-Gracias por venir.-Susurro Nathalie.
-Te lo había prometido.-Contestó.
Los concursantes empezaron a subir a una tarima de madera que
habían puesto de forma provisional. Los alumnos subieron a ella y expusieron
sus trabajos, cada vez que uno acababa los padres aplaudían orgullosos de sus
hijos.
Nathalie fue la cuarta en exponer, estuvo hablando sobre cosas que
a Abi le sonaban de otro mundo, durante diez minutos.
Al bajar Nathalie se dirigió hacia su amiga.
-¿Qué tal lo hice?-Preguntó retorciéndose las manos nerviosa.
-Muy bien.-Contestó Abi.
El siguiente en participar fue J.P..Hizo una maqueta del Sistema
Solar con todo lujo de detalles. Nathalie se empezó a hundir en la silla, sabía
que no iba a ganar.
Después del muchacho, tres chicos más hicieron sus exposiciones;y cuando
acabó el último, un tal Matt, que habló sobre la Teoría de la Relatividad, se
pasó a la entrega de premios.
El tercer premio fue para Matt y Nathalie recibió la plata por
quedar en segundo lugar con su Ley de la Gravedad, pero el ganador fue, de nuevo,
J.P.
Nathalie cogió su medalla y salió del pabellón,Abi la siguió.
-¡Hey! Enhorabuena.-La felicitó.
-¡Puaj! Segundo premio, me quedé tan cerca...
-Oye, no seas dura contigo misma, J.P. se trabajó mucho su
maqueta.-Dijo intentando animarla.
-Tienes razón, para el año, yo también haré una maqueta.-Dijo
sonriendo.
-¿Te apetece ir a celebrarlo?-Preguntó sonriendo.
-Sí, pero tengo que volver a casa.-Dijo mientras borraba su
sonrisa del rostro.
-Bueno, iremos el sábado ¿vale?.-Preguntó Abi.
-¡Genial!, bueno, yo me voy, te veo mañana.-Dijo a modo de
despedida.
Abi se echó a andar para ir de vuelta a casa. Pero un sonido entre
los arbustos hizo que se pusiese alerta.
Se alejó del gentío y se dirigió a los arbustos de donde provenía
el sonido; ya casi era de noche y no se veía mucho.
Un pequeño gruñido hizo que la chica diese un paso hacia atrás.
Separó con cautela unas ramas del arbusto, una silueta encogida
sobre si misma emitida leves gruñidos.Tenía la forma de un perro, un perro
bastante grande. Abi se fijó más, tenía una pata ensangrentada, intentó
acercarse pero el pero le gruñó.
-No tengas miedo, no te haré daño, pequeñín.-Dijo poniendo voz
dulce, acercó la mano para tocarle el pelo con cautela, el perro no hizo ademán
de apartarse, Abi terminó de acercar la mano y comenzó a acariciarle
suavemente.-¿Lo ves? , no te voy a lastimar..., vaya, esa herida no tiene muy
buena pinta ¿verdad?, ¿que hiciste chiquitín?.-Intentó cogerlo, pero era
demasiado pesado para llevarlo en brazos; tenía que pensar en algo.