La sensación de arrepentimiento fue brutal, ella sabía que no había sido justa con su padre a veces las palabras pueden herir más que un puñetazo o una patada. Pero una parte de su mente seguía recordándole lo destrozada que estuvo su madre al enterarse de la supuesta muerte de su marido. Las lágrimas comezaron a nacer en sus ojos, una pequeña gota salada resbaló sobre su mejilla izquierda, y las demás no tardaron en seguirla, empapando su cara, la chica comenzó a reducir el paso hasta quedarse parada, de pie, en mitad del bosque sin saber que hacer ni a dónde ir. Abi parpadeó un par de veces, todo era borroso, se secó las lágrimas con la manga de su vestido, pero seguían brotando más, descontroladamente. La muchacha se apoyó contra el tronco de un árbol y resbaló por el hasta quedarse sentada sobre las hojas; dobló las rodillas, rodeándolas con los brazos para enterrar el rostro en ellos y dejar que las lágrimas recorriesen su cara empapando la tela del vestido. Quería olvidarse de todo, estar en su casa, con su familia y sus amigos; despertar de esa horrible pesadilla...
Nathan agudizó su oído de lobo y escuchó los sollozos de la chica; comenzó a caminar hacia ellos. La chica estaba echa un ovillo, sentada, junto al árbol, parecía tan frágil... como una niña.
Había algo en ella que le traía extraños recuerdos, un escalofrío le recorrió la espalda al darse cuenta de el qué. La imagen de sus padres afloró en la mente del muchacho. Su padre chillándole que era un monstruo mientras le pegaba y su madre rezando a Dios para que desapareciese, al ver como su cuerpo comenzaba a cambiar para convertirse en un lobezno. Nathan recordaba perfectamente como se hacía un ovillo para protegerse de los ataques de su padre cuando tan solo tenía siete años. El chico salió de sus pensamientos y se acercó a Abi para sentarse a su lado sin decir nada, a veces las palabras sobran. La chica levantó la vista, sus ojos estaban más verdes que nunca y brillaban como estrellas.-Nathan se vio así mismo reflejado en ellos.
-Abi...-empezó.
La chica se lanzó a él y le abrazó entre sollozos a Nathan, sorprendido por la repentina reacción de la chica puso los brazos lentamente sobre su espalda y la estrechó contra sí; comenzó a acariciarle el pelo con delicadeza, a pesar de los nudos que tenía en los rizos, su cabello estaba extrañamente suave, y aún conservaba ese olor a pino del champú, ¿ o era el aroma del bosque?
Permanecieron abrazados durante unos minutos, hasta que Abi se calmó y se separó lentamente de él. Sus ojos estaban enrojecidos.
El chico se levantó del suelo y ayudó a Abi a incorporarse.
-Supongo que pensarás que soy una niña llorona-comentó girando la cara.
Nathan puso la mano bajo el mentón de la chica, obligándola a mirarla a los ojos.
-Yo no creo eso-dijo colocándole un mechón de pelo tras la oreja.
Abi notó como se encendían sus mejillas. Nathan bajó la mano, sonrojándose también.
-Tenemos que volver al refugio-dijo evitando mirarla a los ojos.
-Sí.
Ambos echaron a andar sumidos en un profundo silencio que solo se veía interrumpido por el crujido de las hojas bajo sus botas.
El silencioso refugio se había llenado de gente que llevaba su caza a la hoguera para asarla, y de niños que correteaban por los alrededores, ajenos a la llegada de los muchachos.
Todos comezaron a sentarse en el suelo formando un círculo cuando las primeras piezas estuvieron asadas. Y por primera vez repararon en la presencia de los muchachos. La gente comenzó a murmurarse cosas unos a otros sin dejar de mirar a Abi y Nathan, incluso algunos niños la señalaban preguntándose quién era y qué hacía allí.
Nathan, al ver que su compañera comenzaba a sentirse incómoda ante todas las miradas ordenó a todos que guardasen silencio.
-Compañeros, os presento a Abi, la hija de los Grunklee-un corro de exclamaciones rompieron el silencio.
-Eso es imposible,-todas las miradas se posaron sobre un muchacho que jugueteaba con su navaja.-la hija de los Grunklee se llamaba Meredith, y murió cuando era una recién nacida.
Abi abrió los ojos de par en par, sabía que los Arthrosianos pensaban que estaba muerta, o que había desaparecido; pero nadie había mencionado jamás el nombre de Meredith. La chica miró a Nathan confundida, pero este no dijo nada; solo la cogió de la mano y la llevo a una de las casas que colgaban en los árboles. Ambos subieron a todo correr por la escalerara de mano, dejando atrás el coro de murmullos.
-Nathan,-el chico se giró para mirarla -¿tengo una hermana?
-Es la primera vez que oigo ese nombre, yo no sabía que los Grunklee, nunca tuve noticia de que antes que tú hubiese otro bebé.
-¿Y si yo no soy su hija?-Nathan la miró desconcertado.-Piénsalo nunca estuve aquí, que yo recuerde, nadie me conoce, solo mis padres y ahora sale ese nombre, Meredith...
-Es imposible que no seas la hija de Hans, te pareces mucho a él y también a tu madre.Además apostaría el cuello a que tienes la Marca.
-¿La Marca?- preguntó desconcertada.
-Sí, en cada familia de Guardianes hay una Marca, que todos los descendientes directos llevan. Por ejemplo; los Grunklee, tú familia tiene la marca de una estrella.
Abi asintió recordando la pequeña estrella que tenía en el tobillo izquierdo; sabía que su padre tenía una igual, pero nunca le dio demasiada importancia, para ella era una simple marca de nacimiento.
-¿Vosotros tenéis Marcas?- preguntó con curiosidad.
-¿Los lobos?- el chico soltó una carcajada- claro que no, solo los Guardianes tienen Marcas.
-¿Por qué?
-La leyenda dice que cuando se produjo la División; Dios eligió a unos cuantos hombres y los marcó con distintos símbolos.-hizo una pausa para coger aire-Esos elegidos son los Guardianes, ellos se encargarían de proteger a los demás.
-Tú también crees en Dio, ¿verdad?- el chico la miró contrariado.
-No, eso son todo historias que inventaron los Guardianes.
-¿Por que inventarían algo así?
-Para darse importancia; aunque si que hay algo de cierto en esa historia; al menos al principio de los tiempos sí que nos protegían, pero eso fue hace mucho. Apenas quedan Guardianes dignos de ser respetados, como tu padre.
Abi le miró a los ojos, sin dar crédito a lo que oía.
-Tu concepto de dignidad y el mío son completamente distintos; no creo que sea muy digno abandonar a su familia para venirse a... bueno, a este mundo.-Nathan la miraba entristecido.
-Tú al menos tienes una familia que te quiere; deberías sentirte orgullosa de tu padre, por dejarlo todo para ayudar a su pueblo.-El chico salió de la estancia para apoyarse en la barandilla y contemplar a sus compañeros; que seguían cuchicheando sobre la chica entre bocado y bocado.
-Ponte en mi lugar, nos mintió- dijo al situarse a su lado- lo dimos por muerto y ahora llego aquí y está vivo, con gente que jamás he visto, ¿quién sabe si no tiene otra familia?- La chica tenía las manos cerradas en puños, a ambos lados, su semblante estaba serio, y sus verdosos ojos fueron oscureciéndose hasta llegar a un marrón oscuro, como el de los troncos de los árboles. Nathan se vio , de nuevo, reflejado en ellos, los ojos de la chica brillaban intentando retener las lágrimas. Y por un breve instante Nathan sintió la necesidad de estrecharla entre sus brazos; pero se contuvo al ver que se giraba y volvía a entrar en la cabaña.
No hacía mucho tiempo que la había conocido, pero cuando estaba sola en el bosque le había parecido una niña indefensa, a la que debía proteger; pero ahora veía a una chica fuerte y capaz de valerse por sí misma; por un momento un sentimiento de decepción afloró en él. Su cabeza le decía que era una extraña, Una Grunklee, una futura Guardiana. Pero desde lo más hondo de su corazón un pequeño sentimiento comenzó a crecer, era distinto a todo lo que había sentido antes; y que, por un momento, le asustó.
``¿Qué me pasa?´´
Sus manos temblaban y las cerró en puños para que no se notase; un nudo se formó en su garganta, impidiéndole tragar saliva con facilidad.
-¿Qué haces?-Dijo al ver que la chica recogía sus cosas.
-Quizás tengas razón, quizás mi padre no se merezca que le haga esto; lo mejor será que vuelva...
-¡No!-la cortó, la chica se giró sorprendida- no debes... quiero decir... tu padre te mintió, ¿le vas a perdonar tan fácilmente?- Abi lo miró confusa.
-Pero tú dijiste que debía perdonarlo porque es admirable que viniese a proteger a el pueblo y que es uno de los pocos Guardianes a los que se le debería guardar respeto.
-Ya sé lo que dije, pero no quiero que te vayas- dijo sorprendiendo a Abi y así mismo- al menos deberías comer algo- añadió para disimular.
Sus manos seguían temblando y notaba como el sudor bajaba por su espalda; él mismo se asustó de aquellos nervios incontrolables.
-¿Nathan?-la chica se acercó a él-¿estás bien?-le puso la mano en la frente, el chico podía notar su respiración y el dulce olor de su pelo, un rizo escapó de su coleta y se situó frente a ellos.
Nathan lo cogió con suavidad y se lo colocó detrás de la oreja,acariciándole la mejilla levemente. Abi sintió un escalofrío, sus caras estaban a escasos centímetros de distancia, la chica notó como sus mejillas comenzaban a arder y su corazón comenzaba a latir irregularmente. Nathan acarició sus labio con delicadeza. ``¿Qué estoy haciendo?´´ La mente del chico le chillaba que parase, pero su corazón le ordenaba seguir.
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viernes, 25 de octubre de 2013
sábado, 5 de octubre de 2013
El refugio (Capítulo 19)
El sol estaba ya en su punto más alto cuando Nathan hizo que Abi se parase ante una enorme casa de madera situada en la copa de un árbol, como si estuviese suspendida en el aire.Para acceder a ella había una escalera, con una barandilla de madera, que llegaba hasta el suelo rodeando el árbol, como si se tratase de una hiedra.
La chica la contempló boqueabierta.
-Bueno, no te quedes ahí parada; sube-le indicó el muchacho.
Abi, aún sorprendida, comenzó a subir los escalones poco a poco, notando con cada pisada el crujir de la madera. Los escalones dejaron paso a una plataforma de madera que rodeaba toda la casa. Nathan enseguida se situó a su lado. La chica contemplaba anonadada todo. Desde aquella casa se habían construido unas pasarelas de madera con una pequeña tela a ambos lados que hacía de pasamanos, que comunicaba esa casa con otras un poco más pequeñas.
Nathan se apoyó en la barandilla de madera que rodeaba toda la plataforma de la cabaña.
-Bonito ¿verdad?
-Es precioso-Susurró Abi.
-Bienvenida a nuestro refugio-sonrió el muchacho.
-¿Refugio?
-Sí, todas estas cabañas son nuestras casas, vivimos aquí desde niños-explicó.
Al rededor de la cabaña principal, en la que se encontraban, había otras cuatro, una por cada punto cardinal; todas ellas tenían una escalera de mano que llegaba hasta el suelo, y se comunicaban con la principal mediante pasarelas de madera.
De vez en cando por la cabaña situada al este, se veía a una mujer.
-¿Quién es?-preguntó la chica.
-Es Anabela, es como una madre para nosotros.
-¿Nosotros?-la chica enarcó una ceja.
-Sí, todos los que vivimos aquí somos huérfanos, esta es nuestra casa.Normalmente la gente no quieren licántropos en sus familias-dijo el muchacho.
La chica lo miró boqueabierta.
-¿Eres un lobo?
-Hombre lobo, para ser exactos; pero sí. Todos los que vivimos aquí lo somos-dijo señalando las casas de los árboles.
Abi siguió con la mirada el dedo del muchacho sin ver a nadie; excepto aquella mujer, Anabela, todo estaba desierto.La chica lo miró enarcando una ceja.
-Bueno, ahora quizás estén correteando por el bosque, pero jamás se saltan las comidas, así que dentro de
poco estarán aquí-dijo mirando la posición del sol.
Hans se detuvo ante el árbol que contenía el Portal y miró al rededor.
-¡Abi!-chilló.
Unos pájaros que estaban posados sobre las ramas de los árboles salieron volando, emitiendo unos chillidos de protesta.
-¡Abi!
Nada, silencio.
Hans se adentró en el bosque gritando el nombre de su hija y escuchando el rumor del viento entre las hojas, con la esperanza de oír la voz de su hija.
De repente oyó unas fuertes pisadas sobre las crujientes hojas que hacían de alfombra sobre el césped del bosque, se giró sobre sus talones, desenvainando las dos espadas que llevaba a ambos lados del cinturón.
Un enorme lagarto, del tamaño de un hombre, se apoyaba sobre sus dos únicas patas, que acababan en unas afiladas garras, y una cola llena de espinas venenosas que recorría toda su columna, hasta llegar al cráneo, en el que apenas se distinguían los pequeños ojos negros, del tamaño de canicas. Excepto algún diente roto, los demás eran afilados como cuchillos y la biscosa lengua se movía entre ellos, soltando pequeños chorros negruzcos de veneno, que brotaban de los numerosos grumos que tenía. Su piel estaba llena de escamas negras y rojas, del color de la sangre.
-Genial-murumuró el hombre por lo bajo, antes de correr hacia él para clavar sobre la parte superior de una de sus patas sus dos espadas.
El animal gimió y giró su cabeza rápidamente hacia el hombre, dispuesto a morderle para inyectar su veneno en su cuerpo; pero Hans fue más rápido y le propinó una patada en el ojo. El animal chilló, retrocediendo dos pasos, de su ojo izquierdo comenzó a brotar sangre.
-¿Qué ha sido eso?-preguntó Abi al escuchar un chillido que rompió la calma del bosque.
-Apostaría el cuello a que es un Dolonte.-dijo el muchacho mientras echaba a correr por la plataforma y bajaba las escaleras.
Abi bajó tras él.
-¿Qué haces?Quédate aquí.
-¡No! Voy contigo.
El chico la miró a los ojos, Abi no se dejó intimidar y le mantuvo la mirada.
-En serio, es peligroso.
Abi se cruzó de brazos, y Nathan puso los ojos en blanco.
-No me harás caso, ¿verdad?-la chica negó con la cabeza y esbozó una tímida sonrisa.
-Si, claro, pon cara de niña buena,-Abi enseguida borró su sonrisa-anda, coge esto-dijo dándole un cuchillo.
Abi pasó el dedo índice sobre la fina hoja del cuchillo y lo guardó en el cinturón del vestido.
El chico echó a correr seguido de Abi hacia el lugar de dónde producía aquel chillido desgarrador.
Cuando llegaron encontraron a un hombre de espaldas limpiando una espada ensangrentada sobre el cuerpo de un animal.
La chica enseguida desvió la mirada hacia el ser que yacía inerte en el suelo, manando sangre negruzca de dónde debía estar situado el corazón.
El hombre se giró al sentir la presencia de los muchachos y pasó su mirada de Nathan a Abi, deteniéndose sobre ella, mientras sus labios pronunciaban su nombre. Hans se acercó a ella y la abrazó.
-¿Dónde se supone que estabas?-preguntó entre enfadado y aliviado.
-Nathan me iba a llevar con vosotros...-comenzó.
-¿¡Qué?!-exclamó.-¿Cómo se te ocurre irte así?¿Y quién se supone qué es él?Te he dicho mil veces que no hables con desconocidos y menos irte con ellos...
-¡Papá!-le cortó-Estoy viva ¿vale? y Nathan tan solo quería ayudarme.
-¿Un lobo?¿pero no ves lo peligroso que es? podría haberte matado-dijo mirando al muchacho despectivamente.
-Perdone por ayudar a su hija cuando sus ``amigos´´ la dejan sola. Tanto usted como yo sabemos que este mundo es peligroso-dijo sosteniéndole la mirada.
-Cuando tengas una hija entenderás por qué me preocupo tanto por ella-dijo acusadoramente.
-No eres el mejor ejemplo de padre ¿sabes?-Hans miró sorprendido a la chica.
-¿Cómo dices?
-Ni que fueras tan buen padre-Hans abrió los ojos como platos, sorprendido ante las crudas palabras de su hija.-Fingir tu propia muerte para venirte a un mundo totalmente independiente al nuestro, dejando a tu familia sola.
Un incómodo silencio se quedó flotando en el aire, podría cortarse la tensión con un cuchillo.
El hombre tragó saliva.
-En cierto modo, entiendo que estés enfadada conmigo, y no espero que me perdones;-el hombre hizo una pausa para coger aire-pero tienes que entender que aquí me necesitaban...
-¿Quién?¿Acaso hay alguien aquí más importante que mamá? No se si eres consciente de que ella está en un hospital, intentando despertar de un coma.
El hombre abrió la boca para replicar, pero la cerró sin emitir sonido alguno. Abi se giró y salió corriendo por dónde habían llegado.
Nathan miró a Hans y luego a la figura de la chica que ya se perdía entre los árboles.El chico se encogió de hombros y cuando iba a echar a correr detrás de Abi, Hans le agarró por el brazo deteniéndole. El chico se giró y clavó su mirada en los ojos del hombre, de dónde las lágrimas luchaban por salir. El hombre tragó saliva antes de hablar, para deshacer el nudo que tenía en la garganta.
-Cuida de ella-susurró.
El chico asintió.
Hans soltó su brazo, se dio la vuelta, cogió la espada que estaba limpiando justo antes de que llegasen los chicos. Cuidadosamente la envainó en la funda que colgaba de su cinturón y hachó a andar, roto por las duras palabras de su hija.
La chica la contempló boqueabierta.
-Bueno, no te quedes ahí parada; sube-le indicó el muchacho.
Abi, aún sorprendida, comenzó a subir los escalones poco a poco, notando con cada pisada el crujir de la madera. Los escalones dejaron paso a una plataforma de madera que rodeaba toda la casa. Nathan enseguida se situó a su lado. La chica contemplaba anonadada todo. Desde aquella casa se habían construido unas pasarelas de madera con una pequeña tela a ambos lados que hacía de pasamanos, que comunicaba esa casa con otras un poco más pequeñas.
Nathan se apoyó en la barandilla de madera que rodeaba toda la plataforma de la cabaña.
-Bonito ¿verdad?
-Es precioso-Susurró Abi.
-Bienvenida a nuestro refugio-sonrió el muchacho.
-¿Refugio?
-Sí, todas estas cabañas son nuestras casas, vivimos aquí desde niños-explicó.
Al rededor de la cabaña principal, en la que se encontraban, había otras cuatro, una por cada punto cardinal; todas ellas tenían una escalera de mano que llegaba hasta el suelo, y se comunicaban con la principal mediante pasarelas de madera.
De vez en cando por la cabaña situada al este, se veía a una mujer.
-¿Quién es?-preguntó la chica.
-Es Anabela, es como una madre para nosotros.
-¿Nosotros?-la chica enarcó una ceja.
-Sí, todos los que vivimos aquí somos huérfanos, esta es nuestra casa.Normalmente la gente no quieren licántropos en sus familias-dijo el muchacho.
La chica lo miró boqueabierta.
-¿Eres un lobo?
-Hombre lobo, para ser exactos; pero sí. Todos los que vivimos aquí lo somos-dijo señalando las casas de los árboles.
Abi siguió con la mirada el dedo del muchacho sin ver a nadie; excepto aquella mujer, Anabela, todo estaba desierto.La chica lo miró enarcando una ceja.
-Bueno, ahora quizás estén correteando por el bosque, pero jamás se saltan las comidas, así que dentro de
poco estarán aquí-dijo mirando la posición del sol.
Hans se detuvo ante el árbol que contenía el Portal y miró al rededor.
-¡Abi!-chilló.
Unos pájaros que estaban posados sobre las ramas de los árboles salieron volando, emitiendo unos chillidos de protesta.
-¡Abi!
Nada, silencio.
Hans se adentró en el bosque gritando el nombre de su hija y escuchando el rumor del viento entre las hojas, con la esperanza de oír la voz de su hija.
De repente oyó unas fuertes pisadas sobre las crujientes hojas que hacían de alfombra sobre el césped del bosque, se giró sobre sus talones, desenvainando las dos espadas que llevaba a ambos lados del cinturón.
Un enorme lagarto, del tamaño de un hombre, se apoyaba sobre sus dos únicas patas, que acababan en unas afiladas garras, y una cola llena de espinas venenosas que recorría toda su columna, hasta llegar al cráneo, en el que apenas se distinguían los pequeños ojos negros, del tamaño de canicas. Excepto algún diente roto, los demás eran afilados como cuchillos y la biscosa lengua se movía entre ellos, soltando pequeños chorros negruzcos de veneno, que brotaban de los numerosos grumos que tenía. Su piel estaba llena de escamas negras y rojas, del color de la sangre.
-Genial-murumuró el hombre por lo bajo, antes de correr hacia él para clavar sobre la parte superior de una de sus patas sus dos espadas.
El animal gimió y giró su cabeza rápidamente hacia el hombre, dispuesto a morderle para inyectar su veneno en su cuerpo; pero Hans fue más rápido y le propinó una patada en el ojo. El animal chilló, retrocediendo dos pasos, de su ojo izquierdo comenzó a brotar sangre.
-¿Qué ha sido eso?-preguntó Abi al escuchar un chillido que rompió la calma del bosque.
-Apostaría el cuello a que es un Dolonte.-dijo el muchacho mientras echaba a correr por la plataforma y bajaba las escaleras.
Abi bajó tras él.
-¿Qué haces?Quédate aquí.
-¡No! Voy contigo.
El chico la miró a los ojos, Abi no se dejó intimidar y le mantuvo la mirada.
-En serio, es peligroso.
Abi se cruzó de brazos, y Nathan puso los ojos en blanco.
-No me harás caso, ¿verdad?-la chica negó con la cabeza y esbozó una tímida sonrisa.
-Si, claro, pon cara de niña buena,-Abi enseguida borró su sonrisa-anda, coge esto-dijo dándole un cuchillo.
Abi pasó el dedo índice sobre la fina hoja del cuchillo y lo guardó en el cinturón del vestido.
El chico echó a correr seguido de Abi hacia el lugar de dónde producía aquel chillido desgarrador.
Cuando llegaron encontraron a un hombre de espaldas limpiando una espada ensangrentada sobre el cuerpo de un animal.
La chica enseguida desvió la mirada hacia el ser que yacía inerte en el suelo, manando sangre negruzca de dónde debía estar situado el corazón.
El hombre se giró al sentir la presencia de los muchachos y pasó su mirada de Nathan a Abi, deteniéndose sobre ella, mientras sus labios pronunciaban su nombre. Hans se acercó a ella y la abrazó.
-¿Dónde se supone que estabas?-preguntó entre enfadado y aliviado.
-Nathan me iba a llevar con vosotros...-comenzó.
-¿¡Qué?!-exclamó.-¿Cómo se te ocurre irte así?¿Y quién se supone qué es él?Te he dicho mil veces que no hables con desconocidos y menos irte con ellos...
-¡Papá!-le cortó-Estoy viva ¿vale? y Nathan tan solo quería ayudarme.
-¿Un lobo?¿pero no ves lo peligroso que es? podría haberte matado-dijo mirando al muchacho despectivamente.
-Perdone por ayudar a su hija cuando sus ``amigos´´ la dejan sola. Tanto usted como yo sabemos que este mundo es peligroso-dijo sosteniéndole la mirada.
-Cuando tengas una hija entenderás por qué me preocupo tanto por ella-dijo acusadoramente.
-No eres el mejor ejemplo de padre ¿sabes?-Hans miró sorprendido a la chica.
-¿Cómo dices?
-Ni que fueras tan buen padre-Hans abrió los ojos como platos, sorprendido ante las crudas palabras de su hija.-Fingir tu propia muerte para venirte a un mundo totalmente independiente al nuestro, dejando a tu familia sola.
Un incómodo silencio se quedó flotando en el aire, podría cortarse la tensión con un cuchillo.
El hombre tragó saliva.
-En cierto modo, entiendo que estés enfadada conmigo, y no espero que me perdones;-el hombre hizo una pausa para coger aire-pero tienes que entender que aquí me necesitaban...
-¿Quién?¿Acaso hay alguien aquí más importante que mamá? No se si eres consciente de que ella está en un hospital, intentando despertar de un coma.
El hombre abrió la boca para replicar, pero la cerró sin emitir sonido alguno. Abi se giró y salió corriendo por dónde habían llegado.
Nathan miró a Hans y luego a la figura de la chica que ya se perdía entre los árboles.El chico se encogió de hombros y cuando iba a echar a correr detrás de Abi, Hans le agarró por el brazo deteniéndole. El chico se giró y clavó su mirada en los ojos del hombre, de dónde las lágrimas luchaban por salir. El hombre tragó saliva antes de hablar, para deshacer el nudo que tenía en la garganta.
-Cuida de ella-susurró.
El chico asintió.
Hans soltó su brazo, se dio la vuelta, cogió la espada que estaba limpiando justo antes de que llegasen los chicos. Cuidadosamente la envainó en la funda que colgaba de su cinturón y hachó a andar, roto por las duras palabras de su hija.
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