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domingo, 1 de septiembre de 2013

El miedo acecha (Capítulo 18)

Aquel chico tenía algo raro; Abi sentía una extraña atracción hacia él, como le había pasado con Caleb; pero Nathan se mostraba mucho más amable con ella.La chica calculó que tenía la misma edad que el Guardián.
Abi se fijó que a la espalda llevaba una funda con la forma de una guitarra.El chico advirtió su mirada.
-¿Te gusta la música?-Preguntó sorprendiendo a la chica.
-Mucho.-El muchacho exhibió una amistosa sonrisa.
-¿Tocas la guitarra?
-Lo intento, no soy muy bueno-respondió tímido-¿tú sabes tocarla?
Abi negó con la cabeza.
-Mi padre me estaba enseñando, cuando...-la chica buscó la palabra adecuada-desapareció.
El chico la miró confuso.
-Bueno, al parecer mi padre llevaba una segunda vida...
-Un Guardián.-Escupió Nathan.
Abi lo miró asqueada.
-¿Cómo sabes que es un Guardián?
-¿Por qué si no abandonaría a su familia?
La chica bajo la mirada.
-Además los Guardianes se creen los reyes de todo esto.-Dijo haciendo un gesto con la mano que abarcaba todo el bosque.
-Pensaba que los Guardianes eran los que os protegían.
-¿Quién te dijo eso?
-Caleb.
el chico soltó una sonora carcajada.
-¿Y acaso te crees todo lo que dice ese niñato?
-¡No le llames niñato! Tú no le conoces.-Dijo enfurecida
-¡Uy! a ti te gusta el rubio no?-Abi aparto su encendida mirada de el al notar el calor en sus mejillas.-Bueno, tú tampoco le conoces muy bien.
La chica abrió la boca para contestarle pero al cerró.
-No debes fiarte de los desconocidos, y menos de un Guardián.
-Si no debo fiarme de desconocidos no debería ir contigo.-Respondió.
-Sí, siempre puedes quedarte sentada esperándoles.
Abi miró hacia la lejanía y luego echó a andar; y la boca de Nathan se torció en una sonrisa.

Rose y Caleb entraron a todo correr en el instituto en busca de Bastak para ponerle al corriente de su teoría.Rose casi tiró a Soul, que paseaba despreocupádamente con un montón de libros.
-¡Rose! Lord Peniston te va a matar.-Dijo al ver a su hermana.
-Soul, no tengo tiempo para tus tonterías; tengo que hablar con él ahora.-Respondió esquivando a su hermano ágilmente.
-¿Qué ha pasado?-Preguntó el muchacho, pero su hermana ya subía las escaleras a todo correr, tras su compañero.
Ambos entraron atropelladamente en la biblioteca, recibiendo una reprochadora mirada por parte de Ventua. Bastak y Hans los miraron sobresaltados, estaban sentados en los sofás tapizados de terciopelo, hablando sobre unas técnicas de ataque y el elevado número de Dolontes que tuvieron que combatir durante las últimas semanas.Lord Peniston les dedicó una mirada reprochadora y Hans se puso en pie de un salto.
-¿Se puede saber dónde diablos estábais?-Preguntó enfadado.
Caleb miró a Rose.
-Los hechizos de invisibilidad no funcionan al otro lado.-Explicó la chica.
Ventua, que estaba hojeando un libro, lo cerró y se acercó a ellos para unirse a su conversación.
-¿Y qué hacíais allí?-Preguntó Lord Peniston.
Rose intercambió una mirada con Caleb, este asintió.
-Abi quería ver a su madre...-Hans clavó sus oscuros ojos en los de la chica.
Por la cabeza del hombre pasaron miles de imágenes de su mujer; sus ojos se humedecieron pero Hans no dejó escapar ninguna la lágrima, en lugar de eso tragó saliva intentando deshacer el nudo de su garganta.
-¿Y os vais sin decir nada?-Dijo Lord Peniston.
-¿Dónde está Abi?-Preguntó Hans.
-Vinimos corriendo, no dio seguido nuestro ritmo y se quedó atrás...
-¡¿Qué?!-Exclamó el hombre.
-Cálmate, está bien.-Dijo Caleb.
Hans salió de la biblioteca corriendo, los demás se quedaron en la estancia con el ruido de los pasos del hombre alejándose, rompiendo el silencio.
-Bastak,-el hombre le lanzó una mirada de advertencia-Lord Peniston, en El Inicio hay un fragmento que dice que ``la magia va ligada a la vida, del mismo modo que el bien va ligado al mal...´´-Comenzó Caleb.
Lord Peniston levantó una ceja inquisitívamente.
-La Sombra necesita magia para sobrevivir, pero también necesita vida.Al otro lado los hechizos no funcionaron y Brooke dijo que noto una presencia demoníaca.¿ Es posible que haya logrado atravesar un Portal?-Preguntó el muchacho.
Lord Peniston se pasó la mano por la barbilla pensatívamente, ante la atenta mirada de los chicos.
-Teniendo en cuanta que puede adoptar cualquier forma, es perfectamente factible.
Todos giraron la cabeza hacia Ventua, había permanecido en silencio durante toda la conversación, escuchándola, pero ahora por fin había hablado.
Rose pasó su mirada a Lord Peniston.
-¿Se extiende?-Preguntó-¿Puede matar al otro lado?
-Si puede pasar, sí; necesita una fuente de energía y si vuestra teoría es válida; lo más probable es que ya haya matado.
-Tenemos que hacer algo.
-Rose, me temo que nosotros no podemos hacer nada.-Dijo Lord Peniston pasándole un brazo por su hombro.
La chica rehuyó de él.
-Tenemos que ocuparnos de nuestro propio mundo, La Sombra también nos acecha a nosotros.-Dijo Ventua.
-Pero aún faltan años para que coja fuerza; faltan treinta, es imposible.
-No, los astros se están alineando, en cuanto el Sol estea en su  posición puede pasar cualquier cosa.-Dijo Caleb.-Además, si no me equivoco, cada vez hay más Dolontes; cada vez que un ataque de La Sombra estaba cerca el número de esos bichos se disparaba.
Lord Peniston asintió.
Rose miró a su compañero asustada.
-Pero aún falta, son cien años, está escrito.-Susurró.
-Rose, si los astros se alinean antes no podemos hacer nada.
-Pero... la Cúpula...
-La cúpula caerá, no hay suficiente magia para sostenerla, es demasiado frágil cuando La Sombra cobra fuerza.
-Chicos, calmaos, no va a pasar nada; Rose, aún falta mucho tiempo para un ataque a gran escala...-Comenzó Lord Peniston.
-No nos mientas, tú sabes perfectamente que el ataque sucederá pronto; hay demasiados Dolontes, y si es verdad lo que dicen, La Sombra se está alimentando con la vida del otro lado y nuestra magia.-Dijo clavando sus grises en los del hombre.
No había ni pizca de miedo en ellos, era, más bien, expectación; como si quisiera que la batalla comenzase, eso inquieto a la chica, que cerró sus manos en puños y apretó los dientes. Ella sabía que contra un ataque de La Sombra ninguna de sus técnicas de combata serviría para nada.
-De todos modos, nunca se sabe el momento preciso de un ataque; solo podemos esperar... y rezar.-Añadió Lord Peniston.

Hans corría a toda velocidad por el campo; la ciudad de Campbell se perdía en la lejanía.
Las botas del hombre crujían con cada paso sobre las secas hojas de los árboles. La mente del hombre estaba ocupada con una imagen se su hija; y en su corazón afloró un sentimiento de angustia y miedo por lo que le pudiese suceder a su hija.