Abi apenas pudo dedicarle unas palabras a su madre.En la recepción del hospital se encendió una lucecita amarilla y dos enfermeras oyeron el sonoro pitido que ésta emitió; ambas se dirigieron hacia la habitación contigua a la de Evelyn. La chica reconoció a una de ellas; era Dorothy, la enfermera con la que siempre hablaba cuando iba a visitar a su madre.
-¿Abi?-La mujer la miró a los ojos.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la chica y miró entre sorprendida y asustada a Rose, la muchacha había sacado a Brooke de su mochila y no paraba de pasar las páginas a todo correr, buscando algún conjuro.
-¿Abi, eres tú?-La mujer no había apartado su vista de Abi, pero su compañera no la podía ver.
Caleb se interpuso entre ambas pero la mujer no lo percibió.Rose murmuraba unas palabras a todo correr con el dedo índice y el corazón levantados en el aire; una pequeña chispa azulada salió de ellos, pero en apenas dos segundos se extinguió.Rose miró asustada a Caleb y a Abi. El chico cogió a Abi de la mano y hecho a correr seguido por Rose.
Dorothy miró confusa a Abi, que se perdía con sus compañeros por el largo pasillo del edificio, su compañera se acercó a ella.
-¿Dorothy? ¿con quién hablas?-Preguntó.
-Juraría que ahí mismo estaba Abi .
-¿La hija de Evelyn, la que está en coma?
La mujer asintió.
-Deberías irte a casa, pareces cansada, llevas varios días haciendo horas extras.Áconsejó la mujer.
Dorothy cerró los ojos
-No es mala idea, te veré mañana a las ocho.-Se despidió la mujer aún con la imagen de Abi en su cabeza.
Los chicos salieron del hospital corriendo y comenzaron a recorrer la ciudad en una alocada carrera.
-¡Eh! ¡Mirad por dónde vais!-Gritó el hombre al que Caleb casi tiró al pasar por su lado.
Rose miraba a la gente incrédula mientras rebuscaba en su cabeza el conjuro de invisibilidad.
Pasaron corriendo por delante de un coche de policía sobresaltando a su ocupante; el hombre de mediana edad, bajo y gordo, salió de su coche malhumorado; dejo la hamburguesa mordisqueada sobre el asiento del copiloto.
-¡Niños!¡Deteneos!-Gritó.
Rose y Caleb le ignoraron y aceleraron la marcha, pero Abi frenó en seco y se giró hacia el obeso policía que corría hacia ellos, su barriga se movía a ambos lados colgándole sobre sus pantalones.
-¡Abi!¿Qué diablos estás haciendo?-Chilló Rose en medio de su carrera.
El hombre ya casi estaba su lado.La chica calculó que no mediría mucho más del metro y medio, el hombre la miró enfadado; tenía unos ojos pequeños, que se hundían en sus cuencas y bajo su enorme nariz lucía un espeso bigote negro que parecía una oruga peluda.El hombre se quitó la gorra y se paso un pañuelo por la calva perlada de sudor.Los chicos respiraban entrecortadamente; Abi miró al hombre fijamente.
-¿Qué se supone que estábais haciendo?-Preguntó mirándolos de arriba abajo.
-Agente, llegamos tarde a casa.-Comenzó Caleb.
El hombre no le prestó atención; miraba a Rose que intentaba cerrar su mochila, una parte del libro asomaba por un lado.El hombre se dirigió hacia ella y le arrebató el libro.
-¿Qué es esto?
-Es obvio que un libro.-Respondió Caleb poniendo los ojos en blanco.
El hombre examinó el libro con sus grasientas manos, ignorando a Caleb. Brooke tenía los ojos cerrados y parecía dormido; Abi cruzó los dedos para que no se despertase, o tendrían que dar muchas explicaciones.
-Señor, tenemos que irnos ya, sentimos haberle molestado.-Dijo Rose intentando recuperar el libro; pero el hombre lo apartó.
-No parece un libro corriente, ¡de dónde lo habéis sacado?-Preguntó frunciendo el ceño.
-Fue un regalo de mi difunta abuela.-Mintió Rose.
El hombre la miró a los ojos sin terminas de creerse su historia.
-No os creo, vosotros habéis robado esto.
-No es cierto.-Protestó Abi.
El hombre la cogió del antebrazo rodeándolo con solo una mano y la miró a los ojos.
-Bueno, pues si es verdad vuestros padres no tendrán problema en ir a recogeros a la comisaría.-Dijo empujando a Abi al asiento trasero del coche.
Rose y Caleb entraron a regañadientes.El muchacho apartó la asquerosa hamburguesa del policía y ocupó el asiento del copiloto.
El motor ronroneó y se puso en marcha; durante el trayecto hasta la comisaría el hombre acabó de comerse su grasienta hamburguesa .Caleb miró a Abi a través de su retrovisor con reproche, y Rose intentaba entender por qué su hechizo de invisibilidad no funcionó.
Brooke estaba en la polvorienta guantera del conductor, entre envoltorios de chocolatinas y snaks. Por primera vez, Abi se fijó en el aspecto del coche; era un Ford bastante viejo, tenía varias abolladuras junto a la puerta del copiloto y en la defensa trasera; además de las abolladuras, el coche, también tenía numerosos rasguños.El interior no estaba mucho mejor, todo estaba lleno de envoltorios y pequeñas manchas de ketchup, chocolate, y unas manchas amarillentas que la chica no puedo adivinar de qué eran.Un diminuto ambientador en forma del pino, colgado del retrovisor, intentaba combatir el apestoso olor a comida precocinada y a sudor.
La comisaría no tenía mejor aspecto que el coche.La pintura azulada de las paredes estaba agrietada y descascarillada, las bombillas de las lamparas parpadeaban de vez en cuando dejando a oscuras la estancia; todo tenía un aspecto lúgubre.Sobre la mayor parte de las mesas se apilaban los papeles de las denuncias mezclados con folletos informativos y periódicos deportivos; también había varios vasos de café para llevar vacíos y algunos envoltorios de comida china desperdigados por la mesa del agente.
Lo único que parecía medianamente ordenado en medio de aquel caos era la mesa del compañero del agente; un tal Rudens, un hombre que rondaba los treinta años,tan solo había unos cuantos informes que revisaba constantemente mientras tecleaba algo en su ordenador.
-Buenas noches, Rudens.-Saludó el hombre.
-Buenas noches, Gary, ¿alguna novedad?-Preguntó sin apartar la vista de la pantalla.
-Unos mocosos corriendo por la calle, intentado esconder esto.-Dijo dejando caer el libro sobre la mesa de su compañero con un sonoro golpe.
El hombre apartó la vista del ordenador para mirar, curioso, el libro; levantó la vista y miró a cada uno de los chicos, hizo una mueca extraña al ver su ropa y centró su atención en Caleb y en su arsenal de cuchillos; lo miró inquisitivamente.
-Espero que esas cosas sean parte de tu disfraz de... lo que sea de que vayas disfrazado.-Murmuró levantándose de su silla y dirigiéndose a él.
Abi comenzó a morderse las uñas, aquello no podía ir peor.
-¿Cuantos años tienes?-Preguntó el llamado Gary, que acababa de darse cuenta de la presencia del chico por primera vez.
-¿Es eso de su incumbencia?-Preguntó el muchacho desafiante.
-Niño, no te hagas el duro y contesta.
-Primero, si no le importa, no me llame niño; y segundo no tengo porque hablar con usted.
El hombre comenzó a enfadarse e intentó quitarle la espada que llevaba a la espalda; pero Caleb se movió más rápido, cogió su brazo, lo giró sobre si mismo y lo colocó a la espalda del hombre; éste maldijo entre dientes. Abi recordó que Michael también le había enseñado esa llave a ella, la había aprendido en sus clases de taekwondo.
El agente más joven se acercó a todo correr intentando parar a Caleb, pero rose se adelantó y le propinó un puñetazo en la cara haciendo se oyera un ¡Clac! y de su nariz comenzó a brotar sangre; el hombre soltó un grito y se llevó las manos a su nariz; Rose corrió a recuperar su libro y Caleb ya sujetaba la puerta de la comisaría; Rose salió la primera, abrazando a Brooke, Abi corría hacia la puerta confusa cunado Gary la cogió del brazo y tiró de ella hacia dentro; el hombre levanto una mano dispuesto a abofetearla en la cara, peor la chica se giró y en un arrebato le propinó una patada en la entrepierna del hombre, éste soltó una maldición haciendo referencia a la madre de la chica y calló de rodillas al suelo, agarrándose la parte golpeada.
La chica corrió hacia un sorprendido Caleb.
-Lo siento.-Gritó mientras salía corriendo de la comisaría.
-¿Dónde aprendiste eso?Creo que me ha dolido hasta a mí.-Comentó el chico.
-No quería, ¿estará bien?-Preguntó preocupada.
El chico estalló en una sonora carcajada, mientras ambos corrían hacia Rose.